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Miguel de la Madrid Hurtado
Cambio de rumbo

De la Madrid, amigo de Brasil, por José Sarney


Grande Normal Chico

 

Publicado en Reforma el 4 de abril de 2012

Hoy la Ciudad de México fue sacudida por un temblor. En septiembre de 1985 yo viajaba a Nueva York para la apertura de la Asamblea de las Naciones Unidas. La Ciudad de México había sufrido un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter, y reportaban millares de muertos. Yo tenía plena conciencia del liderazgo que Brasil y México ejercían y sentí que era importante interrumpir el viaje para manifestar la solidaridad brasileña. Fue en esa ocasión que conocí al Presidente Miguel de la Madrid. Conmovidos ante la terrible tragedia, supe de su dimensión humana y de hombre de Estado. El habernos encontrado en aquel momento de inconmensurable sufrimiento forjó los lazos inmensamente sólidos de la amistad que nos uniría para siempre.

Dos años después, en agosto de 1987, yo regresé al país en visita oficial. Miguel de la Madrid me esperaba con una frase que mostraba la importancia de nuestras relaciones: "México quiere ser el amigo más cercano de Brasil".

En aquel entonces pude responder: "Comienzo este viaje con la emoción de quien visita un viejo amigo, con los ojos ávidos, los brazos extendidos para un largo abrazo, el corazón acelerado por el ansia del encuentro y del largo apretón de manos, que transmite la voluntad de estar juntos". Me refería a México pero era una premonición del grado de nuestra relación personal.

Las relaciones entre los dos países estaban estancadas, y había una sorda desconfianza. México comenzaba a salir de una grave crisis económica. De la Madrid la enfrentó con determinación, habilitando a México para su incorporación al GATT, el gran regulador económico del comercio internacional de entonces. Nos cupo vencer el espíritu competitivo y pasar a una cooperación fructífera, en la que ambos países rechazaban la idea de pagar la deuda -eran los tiempos de las crisis de las deudas externas- al costo del desarrollo económico. México y Brasil tenían y tienen oportunidades y problemas comunes, que pueden y deben ser enfrentados bajo una perspectiva conjunta, y ese fue el camino que seguimos.

Admirador y estudioso de la literatura mexicana, pude en aquella visita conocer la fantástica riqueza de sus monumentos, la exuberancia de sus artesanías, la categoría extraordinaria de sus artistas. Tuve el privilegio de conocer personalmente a sus escritores y de hacerme amigo de Carlos Fuentes y de Octavio Paz.

Fijamos en Acapulco las bases de lo que sería llamado Grupo de Río, o Grupo de Apoyo a Contadora, y que fue de gran importancia en la solución de los problemas de América Central y el Caribe.

Después de nuestros mandatos presidenciales, ambos participamos del InterAction Council, organización formada por exjefes de Estado y de Gobierno, alcanzando un grado de cercanía que se volvió una sólida amistad. Volvimos a encontrarnos varias veces por este mundo, y siempre pude aprender de su cultura y sabiduría.

En la intimidad Miguel de la Madrid era un hombre siempre preocupado con los destinos de México y de América Latina. Como yo, creía que juntos -Brasil y México- tenemos un papel que cumplir ante las futuras generaciones, que no nos perdonarán si a él renunciamos: el diseño de una América Latina de paz, de democracia, de justicia social y, sobre todo, integrada.

En 1998 fui el anfitrión en Brasil de la reunión del InterAction. Después del encuentro tuvimos algunos días para dedicarlos a nuestra amistad, y pude entonces servir de guía a Doña Paloma y Don Miguel de la Madrid en una visita a la Amazonia, al Pantanal brasileño y a las Cataratas de Iguazú. Fueron días de convivencia intensa y extremamente agradables en los que, ambos matrimonios, recorrimos miles de kilómetros juntos, en la siempre sorprendente y fascinante naturaleza de mi tierra.

Después de la Presidencia, Miguel de la Madrid se dedicó al Fondo de Cultura Económica, al que dio nuevo vigor, con la reforma de las estructuras físicas y de las líneas editoriales, haciendo que volviese a ser una de las grandes editoriales del mundo, donde su contribución para la paz y el desarrollo económico, social y cultural -el desarrollo humano- es un valor que quedará para las futuras generaciones. Para mí, es una pérdida personal, que duele como la de alguien cercano, pero también con la comprensión plena de un hombre de Estado.

El autor es Presidente del Senado Federal y del Congreso de Brasil, Miembro de la Academia Brasileira de Letras, Ex Presidente de Brasil (1985-1990).