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Miguel de la Madrid Hurtado
Cambio de rumbo
FRANCISCO LABASTIDA
Marzo de 2009.
Grande Normal Chico

Tuve el honor de ser Secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal con el presidente Miguel De la Madrid Hurtado, desde diciembre de 1982 hasta abril de 1986. Antes había colaborado con él como Subsecretario de Programación, cuando él era Secretario de Programación y Presupuesto y anteriormente como Director de Promoción Fiscal en la Secretaría de Hacienda, cuando él era Subsecretario de Crédito.

Cuando él inicia su campaña como candidato a la Presidencia yo permanezco en la Subsecretaría de Programación, responsabilidad desde la que tengo la posibilidad de ver el rápido deterioro de la economía mexicana y de las finanzas públicas. Cuando se expropia la Banca, formo parte del muy reducido comité que se encarga de evaluar, junto con otros funcionarios, cómo superar las muy difíciles, serias y peligrosas circunstancias del país. Tengo en ese tiempo la oportunidad de intercambiar puntos de vista con el que era candidato, después Presidente electo y posteriormente Presidente Constitucional. Durante su gobierno como Secretario de Energía fui miembro del gabinete económico.

Cito estos antecedentes para explicar que mis afirmaciones están fundadas y derivan no de un conocimiento superficial o coyuntural sino de un conocimiento cercano de quien fue Presidente de México.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que el Presidente De la Madrid tenía un conocimiento profundo, objetivo, realista de las circunstancias en las cuales se encontraba el país cuando asumió la Presidencia, en todos sus aspectos, así como de los enormes riesgos que corría nuestra Nación.

Independientemente de las múltiples conversaciones entre ambos o en los Gabinetes a los cuales nos convocaba; recuerdo con precisión que él conocía el serio riesgo de que el país tuviera un estallido social si no se controlaba la crisis económica, el desempeño y la inflación.

Recuerdo que estaba muy consciente de las difíciles circunstancias que el país tenía.

Recordemos las circunstancias, los hechos: en primer termino, que en 1981 el déficit de las finanzas públicas era del 15% P.I.B., equivalente, a 150,000 millones de dólares por año en valores actuales; en segundo término, que el precio del barril de petróleo de la mezcla mexicana era de sólo 15 dólares por barril y que la inmensa mayoría de los expertos pronosticaban una fuerte caída del precio de petróleo para principios de 1983. El Banco de México tenía un poco más de un mil millones de dólares de reservas (incluyendo DEG) y no había divisas para importar alimentos, refacciones, medicinas o pasta de dientes. En mi opinión es la crisis económica más seria que el país ha vivido en las últimas décadas.

En este contexto, el presidente De la Madrid me encargó que hiciéramos todo lo posible por evitar que el precio del petróleo se colapsara. Para evitar ello, el 6 de diciembre, a escasos días de tomar la Presidencia, Subsecretarios de S.H.C.P. de SEMIP, SER, de SECOFI y un subdirector de PEMEX iniciaron un viaje para establecer los primeros contactos con exportadores e importadores de petróleo. Logramos detener la caída de los precios del petróleo, del cual dependía en gran medida el presupuesto del Gobierno. Recuerdo que me encargó también que rediseñáramos las empresas del sector público. Que buscáramos que fueran más eficientes, productivas y transparentes. Que en los sectores industriales que no se justificara que estuvieran en el sector público federal, desincorporábamos esas empresas, se las pasáramos a los Gobiernos de los Estados (Coordemex y Real del Monte entre otros), o las pusiéramos a disposición de la Secretaría de Hacienda para que se encargaran de su venta.

Me encargó también que en aquellos sectores en donde era conveniente que la producción del país creciera, impulsáramos su desarrollo. Eso lo hicimos en los casos de electrónica y computación, creando empresas de software al 50/50 con empresas privadas y en productos de sales básicas para medicina como la penicilina, bajo el mismo esquema.

El propósito era claro: lograr que saliéramos de la emergencia económica con los menores costos sociales posibles. Me encargó que siempre informáramos a la población objetiva y verazmente con el propósito de que estuviera debidamente informada, recuerdo muy bien que en algún momento se decía; "ya no queremos realidades, mejor promesas"

El Presidente De la Madrid era muy ordenado. En la primer parte de los acuerdos siempre veíamos el seguimiento de los asuntos en proceso; en segundo término los nuevos problemas que requerían de su decisión, obviamente con nuestra opinión, y al final las propuestas de nuevas estrategias y acciones en función de las nuevas circunstancias que habían surgido en el país.

En mi opinión, no ha habido en las ultimas décadas del país, un Gobierno que se enfrentara a tantas dificultades; sólo enumero algunas de las mas serias: 1) La crisis económica con la que asume la Presidencia; 2) El terremoto de 1985, que costó más de 10,000 vidas y destruyó una buena cantidad de edificios y viviendas en la Ciudad de México y 3) La Crisis de los precios del petróleo en 1986 (se llega a vender a 5 dólares el barril de petróleo).

Estoy convencido que el Presidente De la Madrid puso siempre por delante los intereses del país en la toma de decisiones. Se puede estar o no de acuerdo con las decisiones que haya tomado, pero no hay duda que siempre las impulsó su gran sentido de responsabilidad, su patriotismo y el gran amor por México que siempre ha tenido.