Miguel de la Madrid Hurtado
Cambio de rumbo

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11 AÑOS DE VIDA EDITORIAL
1990–2000

 

MENSAJE DEL LIC. MIGUEL DE LA MADRID H.
SOBRE LA GESTIÓN DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA 1990–2000.
A LA JUNTA DIRECTIVA EN LA SESIÓN DEL 11 DE OCTUBRE DE 2000

 

11 AÑOS DE VIDA EDITORIAL

 

Al hacer un balance de los más de 66 años de existencia de nuestra casa editorial, se puede afirmar que el Fondo se ha consolidado como un organismo cultural que se distingue por su autonomía editorial, científica y académica. Tales características le han permitido ser una institución con clara vocación plural y amplia apertura hacia todas las corrientes del pensamiento. Once años de ese largo periodo han correspondido a mi gestión próxima a concluir. A esa estimulante tarea me refiero en este documento.

Los antecedentes

Los diagnósticos de 1989, previos al primer periodo de la administración actual, ya advertían que se había cumplido con la intención de buscar nuevos lectores y ganar otros mercados, ampliando el arco de cobertura de nuestro catálogo. Pero ese crecimiento no siempre ocurrió de manera armónica: fue una expansión vertiginosa, sin el dinamismo que requería la organización. Así, se identificaron entonces, grandes problemas estructurales sobre los que el Fondo de Cultura Económica debía tomar con urgencia acciones correctivas:

  • Un inventario de libros excesivamente alto: más de nueve millones de ejemplares en casa matriz;
  • Una caída de las ventas superior a 50% con respecto a los primeros años de la década de los años ochenta;
  • Un exceso de contrataciones;
  • Un proceso de producción congestionado, con rezago acumulado de más de 900 títulos;
  • Un proceso de contratación sumamente lento, y
  • Tiempos cada vez más amplios para la publicación de obras.

El alto inventario y la caída de las ventas, fue resultado de la crisis económica que el país resintió desde el principio de 1982 y no pudo ser superada por otros hechos supervinientes, como el descenso de los precios internacionales del petróleo en 1985 y 1986, y los terremotos que afectaron, principalmente, a la ciudad de México en 1985 y que obligaron a ampliar el gasto público.

Para dar continuidad al acervo editorial –ciertamente, de los más significativos y completos de nuestra lengua– y así consolidar esta espléndida obra de cultura, sin la cual no se comprende cabalmente el México moderno, –se dijo desde 1989–, era menester llevar a cabo un proceso constante de modernización de los sistemas administrativos.

Mi gestión, a punto de culminar, se inició en 1990. Durante ella se han realizado diversos ajustes estructurales y técnicos, y los principales propósitos que orientaron nuestro quehacer en estos últimos once años fueron:

  • Mantener y acrecentar el prestigio editorial del Fondo de Cultura Económica en México y en el extranjero.
  • Conservar el perfil académico de la institución mediante la publicación de libros que apoyaran la educación media superior y superior.
  • Otorgar a un público cada vez más amplio la oportunidad de obtener colecciones accesibles; sabíamos que la formación de lectores era indispensable para cumplir con nuestra misión.
  • Emprender un gran esfuerzo de modernización de las instalaciones, los procesos, los sistemas, los productos y los servicios, con el objeto de que el Fondo de Cultura Económica –de una manera productiva y armónica– se capitalizara y ampliara sus perspectivas, integración y desarrollo.

Dichos propósitos se convirtieron en realidades durante estos años, en dos periodos consecutivos:

El primer reto: 1990–1994

Un estudio inicial realizado en la primera etapa de esta administración, mostró que el Fondo poseía un elevado prestigio internacional, pues se había convertido en unas de las principales casas editoriales, no sólo del país sino del mundo de habla hispana. Sin embargo, su misión original había sido rebasada; más aun, la productividad había decaído, como resultado de los mismos cambios acelerados: de las 33 colecciones que había en 1990, casi la mitad habían sido creadas en los últimos diez años.

Si bien la diversificación en el acervo editorial pretendía hacer asequibles al público el conocimiento actual y las distintas expresiones de cultura, el desmedido crecimiento sin una circulación apropiada había ocasionado diversos problemas:

  • Publicación de títulos poco comerciales;
  • Tirajes excesivos, e
  • Inventario de libros obsoletos.

El gran incremento de títulos se reflejó en la recepción en bodega de aproximadamente 9 millones de ejemplares en casa matriz, sin considerar los que había en nuestras sucursales en el extranjero (actualmente subsidiarias). Gracias a un plan de ventas dirigido al sector educativo en México, se logró reducir considerablemente esta cifra. Al avanzar los trabajos de control de inventarios en el extranjero, se calculó que el conjunto ascendía, por lo menos, a 13 millones de libros.

Ante este panorama, era clara la necesidad de racionalizar la producción. Para ello, fue necesario definir una nueva misión institucional que nos llevaría a:

  • Hacer difusión cultural y técnica dirigida a un público de educación superior;
  • Hacer hincapié en temas de actualidad;
  • Considerar criterios comerciales en la elección de títulos, sin perjuicio de la calidad cultural.
  • Apoyar a los autores mexicanos y latinoamericanos, y
  • Evitar la publicación de libros sumamente especializados.

Se determinó también que, en lo general, era conveniente establecer como promedio, tirajes de 2 000 ejemplares.

También se detectaron otros problemas:

  • Prolongados periodos de contratación de derechos;
  • Extensos lapsos de inactividad que ampliaban los tiempos requeridos para las traducciones, la corrección, el cotejo y marcado tipográficos, lo cual implicaba hasta el 25% de los costos de producción;
  • Como consecuencia de los retrasos en el proceso editorial, existía un gran número de obras que llegaban a producción con los derechos vencidos.

Por otra parte, el estudio demostró también que no se conocían las necesidades reales del mercado, por lo que nos dimos a la tarea de conformar comités de especialistas para cada una de las áreas, constituidos por académicos de reconocido prestigio que generosamente aceptaron colaborar en la selección de obras con criterios de calidad y coyuntura académica. Más aun, los funcionarios de mayor antigüedad en la institución hicieron hincapié en la necesidad de mejorar la calidad editorial y de nuestra producción.

En relación con nuestra filial, Impresora y Encuadernadora Progreso, S.A. (IEPSA), otro estudio planteó un cuestionamiento importante. Por un lado, la modernización del Fondo exigía que esta subsidiaria fuera tan competitiva como los talleres externos; por otro, debía definirse la viabilidad económica de IEPSA, a mediano y largo plazos. Se hizo un diagnóstico integral de la filial, y se elaboró y ejecutó un programa integral de reestructuración y modernización tecnológica, así como de ampliación y diversificación de la cartera de clientes; principalmente en el sector educativo federal. Se emprendió la tarea, no sólo para aumentar su competitividad, sino, incluso, para mejorar la calidad de su producción.

Como se verá, a la fecha IEPSA opera con utilidades y ha generado recursos propios para nuevas inversiones.

También se advirtió que el esquema de fijación de precios de los libros no cubría el total de los costos incurridos. Para solucionar dicho problema, se creó un Sistema Integral de Costos, al cual se incorporaron éstos de forma más eficaz.

En cuanto a las sucursales en el extranjero, se encontró que su desempeño había decaído notablemente. Pero en la casa matriz también se hizo evidente la necesidad de contar con un control de gestión, a fin de implantar orden y disciplina en todo el proceso operativo.

Así, los análisis demostraron la necesidad de realizar mejoras sintetizadas en los siguientes puntos:

  • Maximizar la eficacia y eficiencia de la organización;
  • Fortalecer la normatividad de las funciones sustantivas y de apoyo;
  • Fortalecer la infraestructura humana en todos los niveles, y
  • Lograr una mayor delegación de autoridad en los niveles inferiores.

La gran conclusión de este diagnóstico señalaba que el Fondo de Cultura Económica se había rezagado desde los puntos de vista administrativo, productivo y comercial; lo cual, en virtud de la competencia editorial esperada, auguraba una difícil supervivencia para la institución. Por ello, se requería un cambio profundo y sustancial en todas sus áreas y funciones.

En consecuencia, se planteó un conjunto de directrices de modernización operativa para ayudar a la editorial a retomar su liderazgo, a la vez que se debían corregir debilidades de corte administrativo: desde la falta de procedimientos estandarizados hasta la ausencia de programas de gestión de recursos humanos.

Fue así como en 1990 y 1991 se intensificaron las acciones tendientes a reducir aún más el inventario de libros. Por ello, se tomaron medidas respecto de los inventarios de obras clasificadas como obsoletas o de lento movimiento en el almacén central, los cuales descendieron de 8 a 2.6 millones en 1990. Así mismo, se cancelo un número importante de contratos con autores, traductores y dictaminadores, y se dejaron de producir diversas obras. En las sucursales del exterior se tomaron también medidas para desincorporar, mediante un plan de 4 años, casi 4 millones de ejemplares.

Por otra parte, en vista de la difícil situación por la que atravesaba la industria editorial, a partir de 1990 el Fondo puso especial cuidado en el aspecto comercial, logrando evitar una drástica caída en las ventas y consiguiendo un importante repunte, con la correspondiente reducción de inventarios. En cuanto a la estructura organizativa, ésta se fortaleció de manera especial.

En el ámbito internacional, se llevó a cabo un programa de modernización y reestructuración. La casa matriz comenzó así a revertir los resultados negativos de las sucursales para reformar el sistema y transformarlas en subsidiarias, ampliando la red y considerando programas editoriales propios en algunas de ellas.

Ante los riesgos de los antiguos inmuebles en el país, se construyeron las nuevas instalaciones en las inmediaciones del Ajusco, asiento actual de la casa matriz, las cuales destacan por ser funcionales y seguras. Se construyeron también bodegas para materia prima y producto terminado en las ciudades de México, Monterrey y Guadalajara, y se remozaron las oficinas administrativas de la distribuidora de Monterrey.

Esta administración formuló igualmente diversos estudios técnicos y manuales; por otra parte, se inició la modernización de los sistemas para el control financiero y administrativo. Un importante punto de inflexión fue la incorporación de equipos de cómputo, suficientes y compatibles, para hacer de la informática una herramienta que procurase un cambio radical al trabajo de la entidad. Todo esto implicaba mejorar la situación financiera e incrementar la eficiencia administrativa a través de la planeación, la modernización integral y tecnológica, el control de gestión y el desarrollo de la organización, reduciéndose la plantilla, previo el análisis de los casos.

Así, de acuerdo con este proceso de racionalización, se diseñó y llevó a cabo una estrategia editorial en materia de calidad y pertinencia comercial. Para lograr los niveles de competitividad necesarios, se establecieron metas que representaron una reducción gradual de los tiempos de contratación, traducción, cotejo y marcaje, así como las demás actividades del proceso editorial.

Todas las acciones emprendidas se encaminaron al cumplimiento eficaz de la misión del Fondo de Cultura Económica. En consecuencia, se buscó contribuir a la difusión de la cultura y del conocimiento universal a través de la edición de obras de calidad de autores, tanto de habla hispana como de otras lenguas, y a producirlas con oportunidad, calidad y costo competitivos.

En síntesis, durante la primera etapa de esta gestión (1990–1994) se realizó una serie de medidas cuyos efectos resultaron muy significativos. Esos años exigieron metas ambiciosas pero realistas, que implicaron el incremento de la productividad y la disminución de los costos. Sin embargo, había aún mucho camino por recorrer…

El nuevo reto: 1995–2000

A instancias de la Secretaria de Educación Pública, y de acuerdo con nuestra propuesta, la Comisión Intersecretarial de Gasto Financiamiento dictaminó favorablemente la constitución el Fondo de Cultura Económica como organismo descentralizado para fines culturales, por considerarse que esa estructura era idónea, dado el carácter institucional de sus actividades en torno a la cultura y las relaciones que debe guardar con el gobierno de la República.

El 26 de julio de 1994, fecha de su publicación en el Diario Oficial, entró en vigor el Decreto Ejecutivo Federal de creación del organismo. En él se señalaron sus objetivos, se precisó la forma de integrar el patrimonio, se establecieron los órganos administrativos y la estructura orgánica, así como sus atribuciones; también se crearon los órganos de vigilancia y de control interno, y se ordenó la disolución y liquidación de la empresa Fondo de Cultura Económica S.A. de C.V. Por otra parte, se transfirieron al organismo descentralizado todos los activos muebles e inmuebles, derechos y obligaciones de la anterior sociedad. Consecuentemente, se llevó a cabo la reestructuración orgánica de la institución.

Posteriormente, el Estatuto Orgánico emitido por la Junta Directiva del Fondo de Cultura Económica en la Sesión de 13 de Septiembre de 1995 y publicado en el Diario Oficial (6 de octubre de 1995), precisó el objeto del organismo y los actos y actividades que puede llevar a cabo para su cumplimiento. El 13 de junio de 1998 la Junta Directiva aprobó cambios en la estructura, publicados en el Diario Oficial el 18 de diciembre (y la respectiva aclaración del 16 de marzo del 1999), con los cuales se fortalecía uno de los proyectos más relevantes de la editorial: las obras para niños y jóvenes.

Por otra parte, de acuerdo con la versión aprobada por la Junta Directiva del FCE en su sesión del 10 de marzo de 1999, se precisó también nuestra misión en los siguientes términos:

"El Fondo de Cultura Económica es un organismo descentralizado que edita, publica, comercializa y difunde obras de la cultura universal, particularmente iberoamericana, para contribuir a la formación de lectores, estudiantes y profesionales, en armonía con las políticas educativas y culturales del Estado."

Durante este segundo periodo de la actual gestión (1995–2000), el Fondo de Cultura Económica ha generado una serie de nuevas acciones en materia de modernización, desarrollo y calidad, que le han permitido consolidarse como una de las editoriales más reconocidas en el ámbito cultural iberoamericano.

Actualmente, la institución tienes dos líneas de desarrollo: la primera la constituye la edición, producción y comercialización de libros al mayoreo y la venta directa a instituciones; la segunda corresponde a la venta en sus librerías, y su mercado es el consumidor final.

En materia administrativa y de coordinación editorial, conviene destacar lo siguiente de la etapa 1995– 2000:

  • Se pusieron en marcha diversas medidas para mejorar los procesos sustantivos, relacionados con el control de las diversas etapas de las obras, y el aseguramiento de la calidad.
  • Se continuó la modernización tecnológica de IEPSA (inversión física, desarrollo informático y desarrollo personal), que produce el 96% de los libros del Fondo, y se implantaron reformas administrativas con resultados financieros positivos, prestando servicios también a otros clientes diversos a casa matriz.
  • Se profundizó la modernización de la gestión de la editorial con acciones en materia de planeación, programación, evaluación y control, mediante la creación de comités y comisiones internas que, en esta etapa, al finalizar el mes de noviembre, se habrán reunido unas 300 sesiones para deliberar.
  • Se fortaleció la cultura de la medición del desempeño.
  • Se impulsó el incremento de los recursos propios para operación, en términos reales, los cuales se han llegado a elevar hasta una participación cercana a 43%. Este esfuerzo de la entidad se corresponde, además, con una tendencia histórica declinante de los recursos fiscales a valores constantes; así, en 1994 significaban el 73% del presupuesto y para este ejercicio representaran solo el 57%. Empero, hemos podido elevar la productividad, no solo por la contención del gasto y el ahorro, sino porque, sin incrementos presupuestales simétricos, se ha logrado producir proporcionalmente más.
  • En este sentido, cabe señalar que la situación financiera del organismo muestra solvencia y liquidez (el índice de solvencia refleja más de $5.00 por cada peso de las obligaciones a corto plazo, y el capital de trabajo, en términos de solvencia inmediata, muestra $1.72 para hacer frente a cada peso a corto plazo); asimismo, no hay endeudamientos gravosos, pues el organismo debe sólo 6 centavos por cada peso invertido en activos totales. Por otra parte, la capitalización de la editorial es evidente debido a que, por cada peso del activo, 93 centavos pertenecen al organismo. En síntesis, la entidad no está endeudada, cuenta con alta liquidez y con patrimonio fortalecido.
  • Se mejoraron las instalaciones, mediante la construcción de nuevos edificios o la remodelación de la infraestructura disponible, como:
    • La modernización de las instalaciones del almacén central de libros de Iztapalapa y la construcción de un edificio que cumple con las normas de seguridad y condiciones para conservar el acervo de negativos.
    • La construcción de la librería Fray Servando Teresa de Mier y las oficinas de la Delegación en Monterrey.
    • La construcción de la librería Octavio Paz, y la apertura de las oficinas de la Gerencia de Obras para Niños y Jóvenes.
    • La construcción de la librería José Luis Martínez y de las oficinas de la delegación en Guadalajara.
    • El aula de capacitación en cómputo, y la unidad que alberga el aula del Centro de Capacitación en Calidad, las bodegas, el almacén de papelería, así como el salón para actividades culturales y deportivas.
    • La remodelación de la librería Daniel Cosío Villegas; y
    • La instalación de los locales de "Paseo por los libros" en la estación Pino Suárez del Metro, y el de la Biblioteca de Ciencia y Tecnología del IPN, que en breve iniciará sus operaciones.
    • Si para efectos de conocer el incremento de los activos fijos en las etapas de gestión, de acuerdo con sus valores en libros, se hiciesen los cálculos entre 1990 y 2000, considerando en la comparación valores constantes actualizados al 31 de agosto pasado, resultaría que este es seis veces más alto. Ciertamente, la cifra de $167.6 millones del activo fijo, en los libros de contabilidad, a dicha fecha, resulta considerablemente mayor de estimarse con valores reales. Conviene también recordar que una proporción muy significativa se ha obtenido con recursos propios.
  • En la misma etapa que nos ocupa (1995–2000), se impulsó la modernización informática a través de sistemas, tecnología, automatización y software específico para las necesidades del Fondo, que permiten contar con información actualizada y confiable. Destacan los siguientes puntos:
    • La dotación de equipos de cómputo para 67% de los empleados. Ciertamente, una buena proporción.
    • Un esquema en–línea las 24 horas de los 365 días del año, en las instalaciones de casa matriz, almacén central, dos delegaciones y siete librerías.
    • El diseño de una página WEB con información general y específica sobre la operación institucional, el catálogo y los servicios que presta el Fondo. En ese sentido, se obtuvo el certificado de Verisign para dar seguridad a las transacciones; cabe señalar que la página rediseñada estará disponible este año también en portugués e inglés.
    • Un sistema local de Intranet y un sistema de Extranet por medio del cual las subsidiarias tienen acceso, a través de Internet, al sistema de control de obras en su mismo sistema local.
  • Entre los aspectos más relevantes de las metas de modernización pueden mencionarse también: el modelo de consolidación contable de carácter corporativo entre casa matriz y las diez subsidiarias, en proceso de ejecución. La reestructuración operativa de las subsidiarias en España, Colombia, Guatemala y Perú, y la operación vía Internet de los sistemas de Control de Obras y de Información General de las subsidiarias; el programa de selección e inducción de personal; la instrumentación y consolidación del Sistema de Planeación Institucional; la reducción del tiempo y el costo de producción de los libros; la elaboración e implementación del Sistema de Información General; la instrumentación del Sistema de Costos Estándar; el establecimiento de un Sistema de Directorios Especializados; el diseño y aplicación de un Método de Evaluación del Desempeño; y la incorporación del soporte para el año 2000 en los sistemas informáticos del FCE. Asimismo, con la finalidad de mejorar la calidad de los servicios que proporcionan las gerencias y coordinaciones generales, se actualizó el Sistema de Estándares de Calidad e Indicadores de Desempeño que quedo conformado por 128 estándares y 128 indicadores.
    Parte sustantiva de nuestra misión editorial es hacer que nuestras obras lleguen verdaderamente al público, de suerte que el lector potencial esté enterado de la existencia de nuestros títulos, es decir, no sólo debemos editar, sino difundir y vender lo que editamos, y para ello tomamos las siguientes medidas:
  • Se puso en práctica una nueva dinámica en cuanto a comercialización, promoción y publicidad, que dio realce a nuestra presencia en el mercado editorial. Entre los principales aspectos pueden mencionarse:
    • Un cambio de enfoque en materia de publicidad y la incorporación de elementos de mercadotecnia en la toma de decisiones.
    • Definición de un paquete básico para la difusión de las novedades y primeras ediciones, que incluyó presentaciones, encartes e inserciones en revistas y periódicos de alta circulación, así como promoción en radio y televisión, divulgación en nuestra Gaceta, la edición de boletines bibliográficos y catálogos especializados.
      Actualmente, la combinación de estos medios permite promover al año más de 2000 títulos de nuestro catálogo, entre novedades, nuevas ediciones y reimpresiones.
    • Organización de conferencias, homenajes y seminarios en torno de nuestros autores y sobre obras básicas o de relevancia coyuntural de nuestro catálogo editorial.
    • Diversas estrategias comerciales mediante las cuales se logró incrementar, de 1996 a 2000, las ventas en valores en 123.6%, y las ventas en ejemplares en 46.5%
    • Por otra parte, la magnitud del acervo del organismo exigía el establecimiento de librerías propias para ofrecer y exhibir nuestro fondo editorial y el de otras editoriales con catálogos afines o complementarios al nuestro, así como la aplicación de diversas políticas de carácter comercial. Gracias a tales medidas, en este rubro se logró un crecimiento en los seis últimos años en 676% en valores y de 255% en ejemplares.
    • Como resultado de estas acciones sobre los inventarios de fondo editorial propio, que al cierre del mes de septiembre pasado sumaban 4.5 millones de ejemplares, ahora equivalen a menos de dos años de ventas, con base en la demanda efectiva de los últimos tres años -ventas más envíos capitalizables a subsidiarias–. Esto contrasta con la situación en 1990, cuando los inventarios de casa matriz representaban cinco años del promedio de ventas de 1987–1989. Por otra parte, cabe destacar la sensible reducción del añejamiento de las obras del inventario, su índice de rotación y capacidad de liquidez. En efecto, de la cifra mencionada al mes de septiembre, el 80% corresponde a ediciones de los últimos cinco años, incluyendo el año en curso; visto con mayor rigor, más del 49% del total son ediciones de los dos últimos años, mientras que, en 1991, apenas, menos del 53% del inventario correspondía a ediciones de los últimos cinco años.
  • En el área internacional, aún el lapso 1995–2000, concretamente en las subsidiarias, se consideró la adquisición de equipos de tirajes cortos; dado el pronóstico favorable, se procedió a su instalación en la subsidiaria de Buenos Aires. Asimismo, hubo intercambio de publicaciones con la casa matriz y también entró en operación otra subsidiaria en Guatemala, para un total de nueve en el extranjero.
    Ahora bien, entre las tareas editoriales más significativas, si se considera el cumplimiento de la programación al 30 de noviembre próximo, pueden mencionarse:
  • La creación de nuevas colecciones para atender otros nichos de mercado, entre las que destacan:
    • La serie Fondo 2000, con 108 títulos editados en una presentación de bajo precio, los cuales recogen obras o fragmentos sobresalientes del catálogo histórico del Fondo; su propósito es despertar el interés por la buena lectura y apoyar la educación media y media superior.
    • El proyecto Periolibros, que significó un esfuerzo conjunto con la UNESCO para poner al alcance del mundo de habla hispana, a través de múltiples diarios, las obras de grandes autores iberoamericanos; ese proyecto permitió reproducir alrededor de 120 millones de ejemplares.
    • La colección Entre Voces, constituida por 19 fonogramas, en disco compacto y en cassette, de autores de habla hispana; se trata de obras, en algunos casos, leídas por los autores.
  • Se consolidaron también las colecciones y proyectos que a continuación se mencionan:
    • La colección de Libros para Niños y Jóvenes, integrada por 280 títulos que pretende fomentar el hábito de la lectura en este sector de la población; la colección de música infantil "Tu canto: Son para niños", y la colección "Historias de México". Con este mismo objetivo, se convoca anualmente al Concurso Literario a la Orilla del Viento, a partir de 1992, y al Concurso para Libro Ilustrado "A la Orilla del Viento", desde 1996. Por otra parte, es necesario mencionar la creación de la "Red de Animación a la Lectura", planeada para actualizar a profesionales relacionados con la formación de lectores, la cual tiene entre sus actividades el desarrollo y la promoción de programas de capacitación a docentes y bibliotecarios. Asimismo se lanzó la publicación del periódico "Espacios para la Lectura", con una circulación de casi 40 000 ejemplares en el mundo de habla hispana; así como la colección del mismo nombre, dirigida a profesionales.
    • La colección "La Ciencia para Todos", que tiene una función vocacional en los temas científicos, la cual está conformada por 182 títulos y se ha convertido en pilar para la divulgación de la ciencia y la tecnología. Otro aspecto de su desarrollo radica en el concurso bianual "La Ciencia para Todos", desde 1989, el cual constituye un esfuerzo para fomentar la lectura de temas científicos entre los jóvenes mexicanos. En el penúltimo concurso (1997–1998) participaron mas de 27 000 jóvenes de 12 a 22 años, y en el de 1999–2000 lo hicieron más de 22 000. Además, con nuestro patrocinio y asesoría, también se lleva a cabo este concurso en la Republica de Cuba, a partir de 1998.
    • Los libros de Texto de Secundaria, con 28 títulos estrictamente apegados a los programas de la SEP, contribuyen asimismo a la estabilidad de precios en favor de los gobiernos estatales y federales, y de los padres de familia.
    • El Programa de Fomento Editorial SEP–DGETI–FCE, con 160 títulos, y el concurso de profesores de materias tecnológicas para publicar sus obras.
    • La edición de 18 de los códices más notables de la cultura mesoamericana, como un proyecto precursor entre las editoriales de habla hispana.
    • En colaboración con el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), se llevó a cabo un proyecto novedoso para fomentar, promover y difundir el conocimiento a través de los medios masivos. Así, se diseñó el acceso, a través de la Intranet, de la Red Escolar a libros de cuatro ámbitos de nuestro Catálogo: "La Ciencia para Todos", "Fondo 2000", "Breves Historias de los Estados" y los diversos diccionarios de nuestro sello. Por otra parte, se realizó la producción de varios CD–ROM, que contienen 218 de nuestros títulos.
    • Conviene tener presente, en este breve recuento, que el Fondo participa en la organización del Premio Anual de Literatura Latinoamericana y del Caribe "Juan Rulfo", desde su creación. Además, con frecuencia realiza concursos, talleres, programas, festivales y seminarios.
  • Finalmente, se robusteció el Catálogo del Fondo de Cultura Económica mediante las siguientes acciones:
    • La restauración metódica de nuestro catálogo histórico, tanto de casa matriz como de las subsidiarias. Una vez actualizado el catálogo, se revisó, además, la vigencia de cada título para definir finalmente el Catálogo Patrimonial del Fondo de Cultura Económica en casa matriz y subsidiarias.
    • El Catálogo General en disco compacto, con innovaciones en cuanto a sonido, mayor facilidad de manejo, mayor claridad de datos y mayor rapidez de acceso.
    • La ampliación del programa de coediciones, que incluye la colaboración de cerca de 300 instituciones académicas y gubernamentales nacionales y del extranjero, de 1939 a 2000, de México y del extranjero, para coadyuvar a la mayor difusión de obras de interés nacional e internacional.

Importancia Internacional del Fondo de Cultura Económica

El Fondo de Cultura Económica ha colaborado en la integración de América Latina. El fortalecimiento de la editorial como decisión del Estado mexicano ha sido un gran acierto. Por tal razón, la historia cultural de Latinoamérica esta inseparablemente ligada a la de nuestra casa editorial. De hecho, ciertos fenómenos de vida cultural de la región son explicables por la repercusión de ideas difundidas por el Fondo. Para muchas generaciones de estudiantes y profesionales, nuestro sello ha sido fuente inseparable de conocimiento, al satisfacer tanto sus necesidades técnicas como sus inquietudes intelectuales; más aún, muchos de nuestros títulos son libros de texto en diversos países. De hecho, es frecuente que en licitaciones internacionales ganen el concurso nuestros libros. De ahí la conveniencia de fortalecer una institución que ha demostrado su utilidad en la formación del capital humano, uno de los hilos que tejen la telaraña del desarrollo económico y social

Al hacer un balance de los más de 66 años de existencia del Fondo de Cultura Económica, se puede afirmar que la institución, convertida en una pequeña empresa multinacional con las nueve subsidiarias en igual número de países, se distingue por su autonomía editorial, científica y académica, lo que le ha permitido tener una clara vocación plural y con amplia apertura hacia todas las corrientes del pensamiento.

El Fondo y sus subsidiarias tienen una producción que rebasa a cualquier editorial de su tipo. Hablamos, en promedio, de más de 750 títulos anuales entre novedades y reimpresiones, ante una media de 50 títulos de editoriales similares. Las subsidiarias no solo promueven la cultura de México en los países donde operan y distribuyen los libros de FCE–México: algunas tienen un programa editorial propio, como son los casos de Argentina, Chile y España, con títulos exitosos. Así, es frecuente que el FCE–Argentina publique obras con tirajes de 100 mil ejemplares y que en algunas presentaciones estén presentes el Presidente de la Republica, miembros del gabinete y, por supuesto, distinguidos intelectuales. Tanto la subsidiaria de Argentina como la que opera en Chile son activas promotoras de las relaciones culturales del Mercosur, y así se ha reconocido recientemente. En Chile, la subsidiaria se ha especializado, además de la literatura de calidad, en la edición de los libros más importantes de la CEPAL sobre la economía latinoamericana. En Guatemala, el Fondo es el centro cultural más importante del país, a partir de ahí se cubre la demanda centroamericana. En Perú, la presencia de nuestra editorial obedece a las fuertes raíces históricas que nos unen con ese país: mestizaje, virreinato, luchas indígenas, y la afirmación de un nacionalismo cada vez más neutralizado por la globalización. En Colombia, además de distribuir los libros publicados en México en las subsidiarias de Argentina, Chile y España, la subsidiaria realiza un programa importante de reimpresiones para atender al mercado colombiano, y es un centro maquilador de la casa matriz debido a sus menores costos de producción. Igualmente podría mencionarse, la importancia de las otras subsidiarias ubicadas en España, los Estados Unidos, Venezuela y Brasil, tanto en la cultura de esos países como en la proyección de la nuestra.

Aproximación a 11 años de actividad editorial

El entorno actual. Si al tomar posesión en 1990 de la Dirección General del Fondo de Cultura Económica nos encontramos con un vasto y enciclopédico catálogo, cuya limitación principal era la discontinuidad de las líneas argumentales de las colecciones y la insuficiencia de textos actuales sobre nuestra región, nuestra época y nuestra circunstancia, al iniciar la etapa 1995–2000 la situación era, desde luego, muy distinta. Durante esta segunda época se continuaron proyectos y argumentos editoriales iniciados en la primera. La agenda asociada al Tratado de Libre Comercio y los temas relacionados con la globalidad; el temario vinculado con los procesos electorales, los candidatos y los partidos políticos; el examen del pasado inmediato de las instituciones y procesos de nuestro país, la interrogación sobre actores políticos como la Iglesia o de procesos sociales novedosos como la mutación religiosa, o bien, las diversas encuestas sobre pobreza y gobernabilidad en México y América Latina, son , sin duda, algunas de las contribuciones editoriales significativas de este periodo a través de muy diversos títulos. Así, los de Julio A. Millán y Alonso Concheiro, México 2030; los libros de Preguntas a los candidatos (primero a la jefatura de gobierno del Distrito Federal -en 1997– y a la Presidencia de la Republica en 1994 y 2000), coordinados por Federico Reyes Heroles; las historias de Partidos Políticos, como la del PAN (por Soledad Loaeza) y la del PRI (por Miguel González Compeán); las obras sobre Derecho electoral, como el de Dieter Nohlen, o sobre Derecho ecológico, de Raúl Brañes, todos, expresan esa línea editorial diversificada y plural. De esta incontestable diversidad dan cuenta nítida los títulos incluidos en la serie Vida y Pensamiento de México, en la que autores tan disímbolos como Carlos Castillo Peraza, Fernando Zertuche o Agustín Basave supieron presentar y antologar el pensamiento y la obra de figuras como Manuel Gómez Morín, Ricardo Flores Magón o Andrés Molina Enríquez. Asimismo, vale recordar la publicación de las Obras completas de Jesús Reyes Heroles, y El poder judicial en el ordenamiento mexicano de Héctor Fix Zamudio y José Ramón Cossío Díaz. La idea de documentar e interrogar críticamente el entorno y el momento actual se extiende, desde luego, al ámbito regional; por ello, los programas editoriales de nuestras filiales han incluido obras de sociólogos, economistas e historiadores como Víctor L. Urquidi y Leopoldo Solís de México, y Luis Alberto Romero, Raúl Prebisch, Aldo Ferrer y Natalio Botana, en nuestra filial de Argentina. En ese mismo horizonte destacan en Brasil, Celso Furtado, Helio Jaguaribe y Darcy Ribeyro, mientras que en Chile sobresalen Alejandro Foxley, Aníbal Pinto, Manuel Antonio Garretón, Norberto Lechner o Ricardo French–Davis.

América Latina. La vocación latinoamericana del Fondo de Cultura Económica no sólo se expresa a través de una red de subsidiarias y representaciones en todo el orbe iberoamericano, sino, fundamentalmente, a través de su catálogo. Una de las líneas maestras más significativas, primero de la gestión 1990–1994 y luego de la que va de 1995 a 2000, recalcó, precisamente, ese énfasis en la historia y la cultura iberoamericanas. El Fondo de Cultura Económica es una de las escasas editoriales de nuestra lengua capaz de ofrecer al lector una visión integral de la historia, el saber y la cultura latinoamericanas de ayer y de hoy.

Este vasto proyecto latinoamericano comprende colecciones explícitamente dedicadas a estos temas, como la colección Tierra Firme, las series del Fideicomiso Historia de las Américas (también coeditadas con El Colegio de México), la Colección Archivos (coeditada con la Asociación Archivos de la Literatura Latinoamericana, del Caribe y África del Siglo XX y UNESCO); o bien, series como la de Economía Latinoamericana, la de Constituciones de Americana Latina, la de Breves Historias de América Latina, incluidas en la colección Popular; las antologías de pensadores, políticos y hombres de acción latinoamericanos, para no hablar de proyectos de alcance continental como la serie Periolibros, que difundió una biblioteca iberoamericana de 60 autores ilustrados por otros tantos artistas plásticos, a través de más de una veintena de diarios y con tirajes promedio de dos millones de ejemplares mensuales. Desde luego, la presencia latinoamericana permea nuestra acción y nuestro catálogo, y la búsqueda y publicación de autores y temas afines con esta preocupación recorre nuestras colecciones: desde la literatura, la economía y la política, hasta la ciencia y los libros para niños.

Por sólo dar algunos altos nombres, diremos que entre 1990 y 1994 el Fondo de Cultura Económica publicó en sus colecciones de literatura a Augusto Monterroso, Teresa de la Parra, Álvaro Mutis, Luis Cardoza y Aragón, José Lezama Lima, Luis Loayza, Germán Arciniegas, José Martí, José Bianco, Ludwig Zeller, Víctor Canicio, Gustavo Luis Carrera, Manuel Ruano, José Balza, Juan Gustavo Cobo Borda, Nicanor Parra, Eliseo Diego, Gabriela Mistral, Alejandra Pizarnik y Salomón de la Selva, entre otros.

Destaca en esos años la publicación en español del poeta portugués Fernando Pessoa: El primer Fausto. Más allá del océano, en Cuadernos de la Gaceta. Se editaron obras sobre la revista Sur, la novela hispanoamericana de fines de siglo, las vanguardias literarias de Hispanoamérica, la nueva novela histórica latinoamericana y la literatura escrita por mujeres en América Latina, entre otros temas. Y, entre 1995 y 2000, publicamos a Bella Josef, Roberto Echavarren, Sylvia Molloy, Arturo Uslar Pietri, Pedro Henríquez Ureña, Rafael Cadenas y Jorge Carrera Andrade, entre otros. Así como la obra del poeta lusitano Fernando Pessoa: Mensagem. Poemas esotéricos, coeditada con la colección Archivos, y del mismo autor, Drama en gente, publicado este año, en traducción de Francisco Cervantes. Sobresalen también los escritores brasileños Nélida Piñon, narradora que obtuviera en 1995 el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe "Juan Rulfo", cuya obra El calor de las cosas y otros cuentos apareció recientemente, y José Sarney, con El dueño del mar en la colección Tezontle. También, desde luego, se hicieron ediciones y publicaciones de autores latinoamericanos en nuestras filiales. Entre ellos destacan: en Perú, el Inca Garcilaso, César Vallejo y Julio Ramón Ribeyro; en Chile, Enrique Lihn y Gonzalo Rojas; en España, Camilo José Cela, Guillermo Cabrera Infante, Dulce María Loynaz, Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, quienes aparecieron en la colección de "Premios Cervantes" coeditada con la Universidad de Alcalá de Henares.

En el campo de la filosofía, otros autores relevantes de Iberoamérica editados en ese periodo (1990–1994) fueron Eugenio María de Hostos, Leopoldo Zea, Fernando Salmerón, María Zambrano, Luis Villoro, Celso Lafer, y J.G. Merquior. En el periodo reciente destacan, en un grupo de por sí notable, Adolfo Sánchez Vázquez, Ramón Xirau, Juliana González y Olbeth Hansberg de Rossi. Por otra parte, en otras áreas ocupan un lugar destacado las obras de pensadores latinoamericanos en general, y mexicanos en particular, como Guadalupe Pacheco Méndez, Víctor Flores Olea, Rafael Segovia, Luis Medina, Mario de la Cueva, Abelardo Villegas, Olga Pellicer, así como Rómulo Betancourt, Rodrigo Borja y el franco mexicano Jean Meyer. Nuestro catálogo incluye también numerosas obras notables para el conocimiento de América Latina como El espejo enterrado, de Carlos Fuentes, y Guerra y paz en América Central y Las fuerzas políticas en América Central, de Alain Rouquier.

Las breves menciones anteriores dan cuenta del esfuerzo por reunir lo indispensable y extender los proyectos editoriales de este periodo hacia las corrientes de pensamiento más recientes.

México. Resulta curioso cómo la fuerza del Catálogo del Fondo de Cultura Económica asociado a temas no literarios ha llevado a algunas personas a pensar que nuestra institución no edita suficientes libros de literatura, narrativa y poesía. No insistiremos aquí en la edición de las Obras completas de nuestro Premio Nobel Octavio Paz (cuyo 15 volúmenes son coeditados con el Círculo de Lectores de España), y sería imposible agotar en un texto de esta índole la tarea editorial emprendida en este campo. Mencionaremos apenas algunos nombres significativos para el periodo 1990–1994: Sergio Pitol, Juan García Ponce, Carlos Pellicer, Emilio Carballido y Juan Vicente Melo, y para el periodo 1995–2000 los de Alí Chumacero, Rosario Castellanos, Salvador Novo, Artemio del Valle–Arizpe, Salvador Díaz Mirón, Manuel José Othón, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, Jaime Sabines, Margarita Michelena, José Gorostiza, Rubén Bonifaz Nuño, Héctor Azar, Hugo Argüelles, Francisco Rojas González, Renato Leduc, Jaime García Terrés, Eduardo Lizalde, Fernando del Paso, José Emilio Pacheco, Alejandro Rossi, Homero Aridjis, Hugo Gutiérrez Vega, Jaime Labastida y Marco Antonio Montes de Oca, entre otros, que son muestra de nuestra preocupación por hacer llegar al público, en ediciones cuidadas por los autores o por destacados especialistas, lo más significativo de nuestras letras.

Por otra parte, el Fondo de Cultura Económica ha sido un semillero para el desarrollo del pensamiento y la creación literaria, y ha cumplido su cometido al estimular en su oportunidad a múltiples voces. Dicha tarea implica abrir espacios, sobre todo cuando éstos sólo pueden ser generados desde una perspectiva de estimulo para la cultura, sin consideraciones crematísticas. Esta ha sido la casa de los más distinguidos creadores mexicanos, y nos satisface que todos aquellos que desarrollaron en ella su talento encuentren ahora, en la culminación, ofertas de su interés una vez cumplido el ciclo desarrollado con nosotros. Nunca hemos aspirado a totalizar ningún ámbito cultural y es legítima la aspiración de todos estos escritores, pero no sería adecuado que el Fondo concentrase recursos en una competencia editorial que no está en sus intereses, en detrimento de los verdaderos objetivos institucionales.

Iniciado desde 1989 pero realizado a partir de 1992, Códices Mexicanos es, hasta la fecha, el proyecto con que nuestra institución ha contribuido a la memoria mexicana. Los Códices Mexicanos publicados por el Fondo de Cultura Económica son únicos, no solo por la calidad en la reproducción de las laminas, debida a la editorial austriaca Adeva, sino por los estudios que acompañan a cada uno de estos libros sagrados del México antiguo.

Sobra decir que la historia y la antropología mexicanas han encontrado en nuestro catálogo un lugar propicio, donde las obras de José Luis Martínez (fecundo autor tan cercano a nosotros), Miguel León Portilla, Alfredo López Austin, Eduardo Matos o Enrique González Pedrero (con el primer tomo de su Santa Anna. País de un solo hombre) conviven en relación critica con nombres de mexicanistas tan eminentes en el ámbito internacional, como los de Linda Schele (El bosque de los reyes), Michael Coe (Descifrando los Códices Mayas), Gordon Brotherson (La cuarta palabra), Serge Gruzinsky (Historia del Nuevo Mundo) o el eminente François Chevalier. Ni la historia del México colonial (James Lockhart: Los nahuas después de la conquista) ni la del México independiente (los libros de Roberto Castelán sobre Bustamante o de Josefina Vázquez sobre la Guerra de 1847 con los Estados Unidos, y de Álvaro Matute acerca del Pensamiento historiográfico mexicano del siglo XIX) han faltado en nuestro Catálogo. Quizá el proyecto más consistente, ambicioso y abarcador en este horizonte sea el de la Biblioteca Mexicana coordinada por el Dr. Enrique Florescano y coeditada por el Fondo con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. La Biblioteca Mexicana presenta en una docena de volúmenes una visión panorámica del saber, la cultura y las instituciones culturales en México a través de títulos como: El patrimonio nacional de México, Un siglo de educación en México, La ciencia política en México, Las políticas económicas en México, La UNAM, su estructura, sus aportes, su crisis, su futuro, Cosmovisión, ritual e identidad de los pueblos indígenas en México, y de obras sobre el estado actual de las ciencias naturales, las exactas, las de la salud y las artes plásticas, entre otros temas. La Biblioteca Mexicana es una verdadera enciclopedia del México contemporáneo que da cuenta de la riqueza y diversidad del saber y las prácticas culturales en México.

Por supuesto, tampoco han estado ausentes la historia del México contemporáneo, como los libros de y sobre Plutarco Elías Calles, o los diversos títulos sobre sus cambios (a guisa de ejemplo, el de Nora Lustig, México: Hacia la reconstrucción de una economía). Desde luego esa presencia también está reflejada en forma pormenorizada en las diversas historias de los estados de la República, coeditados con el Fideicomiso de Historia de las Américas y El Colegio de México, con los cuales, igualmente, promovimos entre muchos títulos El desarrollo estabilizador: reflexiones sobre una época de Antonio Ortiz Mena, y La política económica en México, 1950–1994 de Enrique Cárdenas, de la importante serie sobre la historia de las finanzas públicas, de 1850 a nuestros días. México indígena contemporáneo no podría quedar fuera de nuestro acervo, y así lo hacen patente los títulos de Carlos Montemayor (Arte y trama del cuento indígena) y Luis Villoro (Las grandes corrientes del indigenismo en México).

Otra colección de gran aliento es la iniciada en coedición con la Facultad de Arquitectura de la UNAM. En efecto, Historia de la arquitectura y el urbanismo mexicanos es una obra que da cuenta pormenorizada e ilustrada del desarrollo arquitectónico y urbanístico del país. El avance de la obra planeada en nueve tomos se desarrolla de acuerdo con las investigaciones efectuadas en los seminarios respectivos. Hasta la fecha, han publicado el primer tomo de la arquitectura virreinal, desde la conquista hasta finalizar el siglo XVI, y el segundo tomo que abarca el período de 1876 a 1911. Este año, esperamos ver publicado el tomo correspondiente al siglo XVII, y dejaremos varios manuscritos para diversos volúmenes.

Traducciones. Si hacer que América Latina pueda leerse y descubrirse a sí misma fue uno de los ejes de nuestra decisión editorial, otro eje buscó inscribir la discusión contemporánea en el ámbito mexicano e iberoamericano por conducto de la política de traducciones de grandes textos contemporáneos. Destacamos sólo algunos para dar idea de esa riqueza: de Ernst Nolte, La guerra civil europea; de François Furef, El pasado de una ilusión; de Martin Heidegger, Estudios sobre mística medieval; de Remo Bodei, Geometría de las pasiones, amén de libros de autores tan relevantes como Karl Popper, Gershom Sholem, Georges Duby, Thomas Nagel o Georges Dumezil, por sólo mencionar algunos, sin olvidar las traducciones que sobre crítica literaria de primer nivel se han hecho, como es el caso de la trilogía El estilo griego, del premio Nobel 1953 Giorgos Seferis, en un esfuerzo más por mantener al día esta área de saber.

Las traducciones han alimentado sustanciosamente las colecciones de la casa dedicadas a las ciencias sociales. Fueron, desde el principio, una de las principales tareas del fondo, y, desde luego, causa de su buena fama entre los lectores de lengua española. Constituyen un terreno en el que la editorial ha ganado un espacio merecido que debe seguir cultivando. Por ello, destacaremos algunos autores cuya traducción al español significa una adquisición valiosa y duradera.

En la colección de Economía debemos mencionar a Martha Nussbaum y al premio Nobel Amartya Sen; a Albert O. Hirshman, un autor fiel a nuestro sello; a Oliver E. Williamson y a Douglass North, todos ellos candidatos seguros a una larga vida editorial. Sus aportaciones, tan diversas por las materias de su estudio, coinciden en el carácter innovador y sugerente; son las bisagras que articulan conocimientos pasados y futuros. En política, derecho y sociología, Alain Touraine, Mauro Cappelleti, Jürgen Habermas, Michel Foucault o Mario Butone se inscriben en el mismo orden de excelencia. No obstante, las obras traducidas recogen también una amplia variedad de nombres y temas, trátese de análisis específicos de ciertas regiones y momentos de la transmisión de conocimientos, o de compilaciones de información. En el periodo abundan ejemplos: autores dedicados a América Latina (Bulmer Thomas y Nora Lustig, en las colecciones de economía), a la filosofía política y al derecho (Barry, Rawls, Oakshott), al análisis económico del derecho (Posner, Cooter y Ulen, para atenernos a muy pocos ejemplos), o a la transmisión de conocimientos (Renouvira y Quoselle, estudiosos de las relaciones internacionales, y Key Kennedy y Peters, destacados autores de libros de texto de economía).

En el periodo 1995–2000 destacan, en el área del saber político, social y económico, las traducciones de las obras de Henry Kissinger, Dieter Nohlen, Fernand Braudel, y Gaetano Mosca, así como los trabajos de Raymond Aron y Norbert Elias, todos ellos, pensadores contemporáneos.

No debe olvidarse en este recuento las obras reeditadas constantemente de George Sabine, John Maynard Keynes, Eric Roll y Max Weber. En estas materias también se incluye la perspectiva de las escuelas de Turín, representada por Norberto Bobbio, y la de Florencia, representada por Giovanni Sartori; igualmente, se publicaron obras de autores clásicos como Thomas Hobbes, Alexis de Tocqueville y Condorcet.

Finalmente, merece singular mención la serie Nuevas Lecturas de Política y Gobierno, compuesta hasta ahora por 19 títulos, en particular relacionados con políticas públicas, burocracia y gobierno, siguiendo las sugerencias de las escuelas de ciencias políticas y sociales.

Ciencia. En México, la divulgación de la ciencia se ha desarrollado notablemente a través de las publicaciones y los proyectos del Fondo de Cultura Económica. Varias instituciones han participado como coeditoras: la UNAM y el IPN, sin olvidar el apoyo que se ha recibido por parte de la SEP y del CONACYT. Con 182 títulos publicaos hasta la fecha, destacan en el periodo 1989–1994 las obras de Elías Trabulse, Simón Brailowsky, Shahen Hacyan, Isaac Schifter, Julieta Fierro, Juan Luis Cifuentes y Adolfo Martínez Palomo.

El impulso que recibieron nuestras colecciones científicas en el periodo 1995–2000 se mantuvo con una lista de notables autores: Eric Temple Bell, Ronald Duncan y Samuel Thomas Khuni, Peter B. Medawar y el premio Nobel Roald Hoffman; Ludwig von Bertalanffy, Jeremy Legget y Jacques Theys; Carl Djerassi y Roger Penrose. Igualmente, deben mencionarse las obras de Teófilo Herrera, Daniel Ramos Sánchez, Carlos Vázquez Yáñez, así como a Anita Hoffman, Victoria Tudela y, muy especialmente, a la autora del único diccionario de astronomía en lengua española: Isabel Ferro Ramos.

Destacan también personalidades de la ciencia mexicana como Herminia Pasantes, Juan Ramón de la Fuente, Guillermo Soberón, Manuel Peimbert, José Sarukhán, Leopoldo García Colín, Ana María Cetto, Jorge Flores Valdés. Enrique Otero, Ruy Pérez Tamayo, Luis Felipe Rodríguez, Julio Frenk, Jaime Sepúlveda, Léia Scheinvar y Helia Bravo.

Educación y Pedagogía. Esta colección ocupa un lugar destacado, pues ofrece bibliografía especializada de primer orden a investigadores, maestros y público en general en equilibrada proporción de autores extranjeros y nacionales.

Clásicos de la pedagogía, como Nicola Abbagno, Jean Chateau y Guy Avanzini, integran el catálogo de esta especialidad desde hace varias décadas, y se unen en la actualidad a nombres como los de Pablo Latapí, Carlos Muñoz Izquierdo, Gilberto Guevara Niebla y Carlos Ornelas, autores que han publicado desde 1995 a la fecha. Todo ello sin pasar por alto, entre otras, las contribuciones relacionadas con la educación de los derechos humanos de José Bonifacio Barba y la investigación critica de Sylvia Schmelkes y Elsie Rockwell, en torno a la educación en el aula.

Niños y Jóvenes, y Libros de Texto de Secundaria. Como ya se ha mencionado, también durante el periodo 1995–2000 cobraron gran auge las colecciones de Libros para Niños y Jóvenes y de Libros de Texto de Secundaria; la segunda, si bien inició con antelación, se consolidó en este periodo. La alta calidad de los textos publicados en estas colecciones y la renovadora actitud manifiesta y expuesta en ellos explican la forma espontánea y receptiva con que el mercado -agobiado por el convencionalismo y el adocenamiento- ha acogido nuestros proyectos.

Asuntos que se sugiere considerar durante la siguiente administración.

La principal línea de desarrollo y modernización del Fondo de Cultura Económica fue la actualización permanente de su catálogo de obras, cuyos títulos significan una contribución al desarrollo del pensamiento y del conocimiento, como parte del enriquecimiento cultural de los lectores. En este sentido, se recomienda revisar frecuentemente las colecciones existentes, incorporar nuevos títulos y evitar el agotamiento de las obras clásicas, o de alta y permanente demanda. Aquí cabe señalar la medida adoptada para dar oportunidad a la próxima administración de imprimir sus directrices desde el inicio de su gestión, en el sentido de sólo programar o registrar en casa matriz el tren de producción de 2001, hasta 50% de 2002, hasta 10%; y de 2003, hasta 5%. Lo anterior significa alrededor de 300 obras –100 primeras ediciones y 200 nuevas ediciones o reimpresiones–, y sólo 60 y 30 primeras ediciones, respectivamente.

Los procesos editorial y de producción industrial de nuestra institución se simplificaron, lo cual se reflejó en la disminución de los costos y de los tiempos de producción. En lo que se refiere a los productos, se modificó la calidad de los libros, se mantuvo un diseño moderno en los fondos e interiores y se ampliaron las ediciones en medios no impresos. Pero sería conveniente en el futuro modificar los procesos para expandir el desarrollo de productos diferentes que satisfagan las mismas necesidades, como CD–ROM o nuevas páginas WEB, especialmente ante la competencia de empresas internacionales, tanto libreras como editoras.

Las acciones en materia de calidad representaron un esfuerzo importante para mejorar los procesos, productos y servicios del Fondo. Estas acciones, junto con los programas de capacitación y profesionalización del personal, constituyen la base para aplicar un programa de calidad bajo el modelo que, de acuerdo con el objeto social y las características editoriales y comerciales de la entidad, se considere más conveniente. Se sugiere, para ello, profundizar en los Lineamientos para el Aseguramiento de la Calidad hasta ahora desarrollados.

Por otra parte, la necesidad de contar con nuevas formas de comercialización, particularmente el llamado comercio electrónico a través de Internet, hace imperativa la revisión cuidadosa de los obstáculos y beneficios que pudiera tener el Fondo en materia de distribución y protección de los derechos de autor.

En cuanto a los canales de distribución, la experiencia ha demostrado que las librerías propias permiten la ventaja de exhibir el catálogo completo de la editorial, acercando con mayor oportunidad nuestros libros al lector, lo cual no es posible en el caso de los grupos libreros con los que trabaja el Fondo, por falta de espacio de exhibición. Esta situación subraya la necesidad de consolidar el perfil académico de las siete librerías existentes y de incrementar los niveles de exhibición, tanto de nuestro fondo editorial, como de otros de carácter análogo. Por ello, es aconsejable explorar la conveniencia de abrir más librerías, bajo criterios selectivos.

Con el fin de fortalecer nuestras ventas en el mercado tradicional, se sugiere continuar la promoción de convenios institucionales en los que el Fondo aporta asesoría técnica a la institución o gobierno que proporciona los recursos financieros, para la apertura de librerías como las ya establecidas en las ciudades de Zacatecas, Cuautla, Pachuca, Saltillo, Colima y Querétaro.

Los programas editoriales de Obras para Niños y Jóvenes, Libros de Texto de Secundaria y Ciencia para Todos han probado su eficacia en el cumplimiento de los propósitos para los cuales fueron creados. Sin embargo, aún tienen un enorme potencial por explotar. Se sugiere por ello, evaluar si es factible, desde el punto de vista operativo y financiero, fortalecer y desarrollar la estructura de las siguientes áreas: La Gerencia de Obras para Niños y Jóvenes; la Subgerencia de Proyectos Especiales y el Departamento de Libros de Texto y Bibliotecas. De esta forma se aprovecharía la experiencia de lo realizado y se recurriría a los equipos especializados, que emplean esquemas de comercialización adecuados para los diferentes mercados y estrategias de promoción orientadas a fortalecer el gusto por la lectura.

Las subsidiarias en el extranjero cumplen de conformidad con la política exterior del gobierno mexicano, con el objetivo de funcionar como embajadas culturales en los países donde se localizan. Es preciso atenderlas de manera permanente para que funcionen con el mayor grado de eficiencia posible y tengan como meta una mayor autosuficiencia financiera.

Sobra decir que a esta administración no le fue posible desarrollar cabalmente todas las ideas que han articulado sus programas editoriales. Una de ellas -acaso la principal- concierne a la recreación de la identidad y la cultura nacionales en el contexto de la globalización. Si la presente administración afirmó los valores nacionales y regionales a través de proyectos como las breves historias de los estados y de los países de América Latina o su muy amplio y plural catálogo de publicaciones latinoamericanas, consideramos que dichos proyectos representan a su vez la semilla de futuras acciones tendientes a la reinvención de la cultura nacional a través de la afirmación de diversas identidades regionales. De ahí, por ejemplo, que a las historias políticas de los estados deban seguir las historias de la cultura, del arte y de las letras en cada una de las entidades federativas. De ahí también que resulte imperioso invitar a colaborar más estrechamente a escritores e intelectuales tanto de los estados de la república como de los Estados Unidos, España, Portugal, el Caribe y en general los países de nuestra América, todo ello, desde luego, sin perjuicio de que el Fondo de Cultura Económica prosiga su acción en pro de la difusión de las ideas y expresiones del saber y la cultura universal. Sabemos que, en esta hora de mundialización y la sincronía, una de las formas más solidas de afirmar las culturas e identidades nacionales consiste en buscar y afirmar sus nexos con las diversas regiones políticas y culturales de que forma parte México. Sabemos también que hemos plantado en nuestro vivero no pocas semillas -algunas ya con incontestable desarrollo- de lo que son y serán las identidades nacionales y culturales de la región.

Finalmente, el Fondo de Cultura Económica deberá buscar un esquema razonable de control externo que le permita una mayor autonomía de gestión como empresa productiva y comercial, en favor de la cultura. Cabe mencionar la "tramitología" burocrática que se padece, y la dificultad para conseguir la aprobación de plazas de vendedores y de otras decisiones relacionadas con el mercado, lo cual representa un alto costo de oportunidad en términos de la agilidad requerida por el proceso de comercialización, así como los tabuladores del personal que, por la necesidad de especialización editorial, no corresponden a los niveles de la administración pública.

La gran obra editorial que respalda el prestigio del Fondo de Cultura Económica es el resultado de una combinación de esfuerzos. Por un lado, la tarea de académicos, intelectuales y creadores; por otro lado, el compromiso del Estado expresado en recursos fiscales. Son muchas las obras en nuestro catálogo que, por sus características, difícilmente se hubieran publicado en empresas de carácter privado. Por ello, para preservar y estimular la cultura escrita es recomendable que el Fondo mantenga su estructura actual de organismo descentralizado de servicio cultural, con una clara función social de apoyo, promoción y difusión de la cultura, la ciencia, la tecnología y demás manifestaciones del conocimiento humano.

La dirección general de la entidad reconoce el apoyo destacado de la Secretaria de Educación Pública y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, así como el de las demás dependencias del Ejecutivo Federal vinculadas al órgano de gobierno del organismo. Igualmente, ha sido muy apreciable la colaboración de las instituciones de educación superior representadas en nuestra Junta Directiva: la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Metropolitana, el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Tecnológico Autónomo de México y la institución hermana, El Colegio de México. Asimismo, expreso mi reconocimiento personal e institucional a la colaboración amplia, decidida y dedicada de los servidores públicos, mandos medios y superiores, y en general a todos los trabajadores que me acompañaron en este largo esfuerzo de once años de vida editorial.

Miguel de la Madrid H.


México, D.F. a 11 de octubre de 2000