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Miguel de la Madrid Hurtado
Cambio de rumbo
Discurso del Lic. Enrique de la Madrid

Grande Normal Chico

 

 

 

México, D.F., 2 de abril de 2012

Señor Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.

Licenciada Margarita Zavala.

Señor Presidente Salinas.

Señores miembros del Gabinete del Presidente Calderón.

Señores representantes de los Poderes Judicial y Legislativo.

Señores Gobernadores.

Señores Secretarios de la Defensa y Marina.

Señores Presidentes de los organismos autónomos.

Señores Diputados.

Señoras Diputadas y Senadoras.

Muy buenas tardes tengan todos ustedes.

A nombre de mi madre y de la familia De la Madrid Cordero, quiero agradecer su presencia en este lugar tan emblemático para el país, pero también, tan cargado de significado para quienes hoy honramos la memoria del Presidente Miguel de la Madrid Hurtado.

En este edificio, en una tarde como esta, el 25 de septiembre de 1981, nuestro padre recibió el apoyo de los sectores de su partido, para nominarlo candidato a la Presidencia de la República.

Hoy, estamos cerrando el ciclo vital de un hombre cuya vida es la prueba del México que es posible, cuando lograr crecer ante la adversidad y tener oportunidades de acceder a la educación, contando además con el privilegio que significa haber estudiado en la Universidad Nacional Autónoma de México, haber alcanzado, también, los sueños y poder así servir a su país y devolverle lo mucho que éste le entregó.

México le dio a nuestros padres valores y principios.

Ese esfuerzo se recompensa hoy con el reconocimiento como el que se le brinda por el Estado mexicano.

El valor de la honradez, la dignidad y la lealtad con que condujo su vida pública y privada.

La imagen que queremos hoy compartirles es una imagen que se nutre desde el espacio familiar y aquí, la objetividad consiste en hablar de Miguel de la Madrid Hurtado no sólo desde el análisis de su gestión, sino también, desde el lado humano que definió su personalidad y su visión de país, una visión que se forjó tras la pérdida abrupta de su padre en su amada Colima, partiendo de una vida de sacrificio y esfuerzo que le permitió abrirse paso guiado siempre por una madre viuda que a sus tempranos 20 años llegó al Distrito Federal para trabajar intensamente y poder mantener y educar a sus dos hijos: Alicia y Miguel.

Miguel de la Madrid Hurtado fue hijo de la cultura del esfuerzo, pero también, de una sociedad generosa y de un país plural y diverso, que le brindó la oportunidad de servirlo gobernando.

Para él, la renovación moral consistía en gobernar con el ejemplo. Para sus hijos ese ejemplo nos permite hoy hablar de frente, decir las cosas por su nombre y trabajar honradamente, compartiendo una vida familiar plena y un México para todos lleno de futuro.

Veo aquí a muchos de sus amigos. Algunos se han adelantado. También, nos honra la presencia de muchas personalidades, que desde distintas trincheras, e incluso, formas distintas de pensar, coincidieron con él, en que el consenso y el diálogo, son la única manera de superar cualquier crisis y de construir un México mejor.

Fue ese consenso de pactos, con todos los sectores productivos del país, lo que al Presidente De la Madrid le permitió administrar la crisis, y sentar las bases de la estabilidad económica, que afortunadamente, hoy gozamos.

Aquí están muchos miembros de la Generación del Medio Siglo, que imaginaron un país que supieron transformar. A nuestro padre, le agradecemos el permitirnos conocer a México y sentirlo como una segunda piel. Sus hijos, le debemos eso, pero también, le debemos su nobleza, su generosidad, su presencia cercana y su amistad incondicional.

Miguel de la Madrid gobernó con el temple de la razón y la pasión comprometida; la pasión capaz de someter la vanidad y el derroche, aunque por ser justo, honesto, austero y firme, no siempre se le comprenda.

Su fortaleza fue su carácter. Por eso tuvo el espíritu republicano que le permitió sortear las distintas crisis económicas, iniciar la renegociación de la deuda externa, y enfrentar, junto con el país entero, desgracias como fue el Chichonal, San Juanico, el Huracán Gilberto, el Terremoto de 1985.

Siempre dijo que México es más grande que sus problemas. Nunca tomó una sola decisión que no estuviese apegada al Estado de Derecho. Como abogado, siempre creyó en que cualquier acción de Gobierno tendría que estar dentro del marco de la ley.

Miguel de la Madrid fue un reformista, cuya administración destacó por una enorme transformación del marco jurídico de nuestro país, que permitió diseñar las políticas públicas a fin de construir un cambio con rumbo.

Hoy, rendimos un homenaje de Estado a un hombre de Estado. Un hombre que siempre antepuso los intereses del país, incluso, a costa de la imagen personal.

Siempre creyó que el trabajo y los resultados eran la mejor manera de trabajar por México y que el prestigio era una consecuencia que se alcanza cuando se mira más allá del corto plazo.

Era un convencido de la dignidad presidencial como factor de cohesión de los mexicanos, con ella administró la peor crisis de la historia moderna, impulsó la reconstrucción del país con un sistema de planeación democrática aún vigente, fomentó un método de austeridad sin precedentes y una política anticorrupción que sentó las bases de las instituciones de transparencia que hoy tenemos.

Tuvo, asimismo, la visión y la determinación necesarias para insertar a México en el nuevo contexto global como una acción necesaria e indispensable para lograr una economía dinámica y sentar las bases de nuestro crecimiento. Así entramos al GATT, precursor del Tratado de Libre Comercio.

Hoy, México es una de las economías más abiertas del mundo. Pero, también, diseñó políticas públicas orientadas a lo local, a la descentralización de la vida nacional, al fortalecimiento del municipio, al desarrollo regional.

La fortaleza del Federalismo y la pluralidad política que hoy tenemos, tienen, también, su origen el entramado institucional que en ese entonces construyeron todos los mexicanos.

Es aquí donde se encuentra una de sus principales aportaciones en la construcción de la vida democrática de México.

Quiero decirles que no podríamos entender lo que fue Miguel de la Madrid sin nuestra madre: su Paloma.

Nuestra herencia es el prestigio de sus nombres. Les debemos una familia unida, con oportunidades de educación, valores y principios, y, sobre todo, un enorme amor a México.

En las manos tenemos un legado que exige hacer exactamente lo mismo con la generación que sigue, la generación de sus nietos.

Señor Presidente.

Licenciada Margarita.

De nuevo, muchas gracias.

El gesto que usted ha tenido contribuye a la construcción de la memoria histórica, agradecemos su gentileza para reunirnos a todos en estos momentos difíciles para la familia.

No sólo nos sentimos reconfortados, sino, también, afortunados, por este espacio donde hacemos un alto para mirar la historia que nos tocó vivir.

Muy buenas tardes