La campaña electoral


En 1982 la campaña electoral de Miguel de la Madrid se desplegó en todas sus modalidades y, a partir de marzo, en un contexto político mucho más intenso, pues se iniciaron las campañas de los candidatos, tanto de su partido como de los de oposición, al Congreso de la Unión en todas las entidades federativas y en 300 distritos electorales federales que cubrían el país. El Partido Revolucionario Institucional puso en marcha un gran programa de movilización de toda su fuerza, que incluía formas novedosas de relación del candidato con el partido, además de un amplio esquema de organización y de acción electoral.

El candidato y las bases del partido

Como ya se mencionó, Miguel de la Madrid se reunió en cada una de sus giras estatales con el Comité Directivo Estatal (CDE) de su partido. Estos encuentros, que desde mediados de noviembre incluyeron a dirigentes de comités seccionales y comités municipales, a partir de enero se efectuaron en el marco de Asambleas Estatales de la Organización Partidista para la Discusión de la Plataforma Electoral y la Consulta Popular. Convocadas por los CDE, estas asambleas eran parte de un proceso de integración de todos los organismos territoriales priístas de cada entidad federativa. A cada asamblea se convocó a todos los dirigentes de comités municipales y seccionales. La asamblea se reunía de modo que su sesión de clausura coincidiera con la gira estatal respectiva de Miguel de la Madrid. En 1982 se hicieron en total 19 giras de este tipo, y sólo en Tamaulipas no hubo propiamente una asamblea, aunque sí se reunió el candidato con el CDE y representantes de los comités de base.

Simultáneamente, conforme al Programa General de Trabajo de la Secretaría de Organización del CEN del PRI, se inició en todos los estados la realización de asambleas seccionales, con el fin de que todos los comités de ese nivel quedaran adecuadamente integrados. Después de efectuadas esas asambleas, en cada estado se procedió de igual modo con los comités municipales. Así, al pasar Miguel de la Madrid de una gira estatal a otra, se le informaba del grado de avance de esta integración de los cuadros de base del partido. Al finalizar esta experiencia, la mayoría de los comités seccionales y municipales habían sido renovados y otros habían sido ratificados por sus respectivas asambleas. Mediante diversos mecanismos, decididos por cada CDE, se procuró que las asambleas seccionales fueran efectivamente democráticas, de modo que la base eligiera a sus dirigentes. Además, conociendo la importancia de los comités de base para la acción electoral y propagandística, se distribuyeron entre los seccionales formas para que cada uno llevara a cabo una consulta popular entre la población de su jurisdicción, con lo que el proceso de consulta tuvo una nueva modalidad. También se estableció en el programa que en cada asamblea seccional o municipal se abriera una reflexión colectiva sobre la ideología revolucionaria, sobre la Plataforma Electoral del partido, sobre la situación de éste ante el electorado y, en cada estado, sobre un tema específico concerniente a la vida partidaria.

De este modo, en las sucesivas asambleas estatales, clausuradas con la presencia del candidato a la Presidencia de la República, así como en el proceso de su preparación y seguimiento, se trataron los siguientes temas: en Chiapas, la militancia partidista; en Nayarit, el nacionalismo; en Sinaloa, las metas del partido; en Baja California Sur, la modernización; en Campeche, la función histórica del partido; en Tabasco, la reforma política; en Coahuila, la oposición; en Yucatán, la función del partido en la planeación democrática; en Quintana Roo, la moral revolucionaria; en Tamaulipas, la democratización del partido; en San Luis Potosí, el abstencionismo; en Veracruz, la organización política; en Oaxaca, el partido y la Revolución Mexicana; en Hidalgo, la función de promoción y gestoría; en Tlaxcala, las relaciones entre partido y gobierno; en el Estado de México, la alianza de los sectores; en Morelos, la consulta popular; en Guanajuato, la formación de dirigentes, y en Querétaro, el modelo de partido.

Las asambleas estatales y, en general, las municipales y seccionales, se caracterizaron por la apertura y la franqueza con las que se discutieron los temas asignados en cada entidad federativa y por el nivel autocrítico de las discusiones. Fue un proceso que despertó un gran entusiasmo entre los cuadros de base del partido, que por primera vez se sintieron tomados en cuenta. El secretario general del CDE de Yucatán, por ejemplo, dijo en la asamblea estatal de Mérida, el 7 de marzo, que los comités municipales y seccionales percibían que los cambios propuestos para el partido ya estaban comenzando, desde el momento en que se les tomaba en cuenta para opinar sobre temas nacionales y no solamente, como solía ocurrir, en el momento de llamar a la población a ejercer el voto en favor del PRI. Previamente, el 28 de enero, el subsecretario de Divulgación Ideológica del CDE de Sinaloa había señalado que se estaba demostrando que no había tema, por difícil que fuera, que no pudiera ser analizado por los cuadros de todos los niveles de la estructura territorial del partido.


En San Luis Potosí, el 22 de marzo, la presidenta de un comité seccional expresó su reconocimiento al hecho de que, por primera ocasión, "un candidato presidencial tiene una reunión con la infantería del partido, los comités seccionales y municipales". En Guanajuato, el 26 de mayo, otra dirigente de un comité seccional explicó que se había sentido gratamente sorprendida por haber sido invitada a una asamblea municipal en la ciudad de León y de que se le hubiera permitido hacer uso de la palabra, sin haber estado programada. "Yo pensaba: ¿Quién tendría la varita de virtud que hizo que nos juntáramos todos los de los comités seccionales; quién está calibrando la importancia de los comités seccionales; quién está diciendo que de veras somos gente... que somos el pilar del PRI, que somos los que estamos viendo las votaciones, que somos los que estamos en la casilla? ¿Quién tendría la varita mágica? Señor: ¿por qué la había escondido tanto tiempo?", añadió, dirigiéndose al candidato.

En Toluca, Estado de México, entidad en la que se habían celebrado comicios municipales en el mes de noviembre en medio de una atmósfera de divisionismo del PRI en algunos municipios, los representantes de los comités seccionales y municipales que hablaron ante Miguel de la Madrid plantearon con una gran claridad lo mismo que en varios otros estados se expuso fragmentadamente, en cuanto a la desconsideración con que eran tratados los cuadros de base del partido. El representante de los comités municipales se quejó de que las autoridades constituidas, que en su gran mayoría eran del partido, dijeran que los comités municipales "les movían el tapete" cuando gestionaban algo ante ellas. Por el otro lado, explicó que tampoco los seccionales encontraban respuesta, ni tenían capacidad de gestión y promoción, lo que en conjunto los dejaba sin capacidad de lucha por los intereses populares.

Por su parte, la portavoz de los comités seccionales señaló que éstos participaban en todas las campañas municipales, distritales, estatales y federales, y exigían "ser tomados en cuenta para todas las actividades de nuestro partido, es decir, no sólo en temporada de campaña... Ya no es posible seguir siendo un partido mágico que sólo aparece cuando desea el voto popular... Si se quiere fortalecer al partido se debe escuchar a los comités seccionales, a través de la consulta popular permanente, en la toma de decisiones políticas... Estamos cansados de que se nos concentre en mítines masivos; para nosotros es más importante que los candidatos recorran nuestras colonias... que la nueva moral se manifieste antes que nada en el seno de nuestro propio partido... si los comités seccionales recibimos los apoyos necesarios y somos escuchados en nuestras denuncias y demandas, nuestro partido y su gobierno se verán más fortalecidos".

Una constante en las asambleas de todos los niveles, así como en los discursos pronunciados ante De la Madrid en las estatales, fue la crítica y el rechazo al arribismo, a quienes entraban al partido sin convicción ideológica, sólo para satisfacer ambiciones personales y, con frecuencia, desplazando a militantes auténticos. Repetidamente se habló de la necesidad de depurar al partido de esos elementos, de evitar a los oportunistas y a los indolentes. Los priístas demandaron reiteradamente que los candidatos del partido a puestos de elección popular fueran seleccionados de entre los verdaderos militantes, como uno de los rasgos de la renovación moral en el partido.

En diversas ocasiones los dirigentes de las bases del partido, con una gran participación de mujeres a nivel de seccionales, expusieron las dificultades que enfrentaban en el trabajo de promover el voto en favor de su partido, por las dudas que expresaba la gente: "nos encontramos muchas veces con preguntas de las que no sabemos respuestas. Por ejemplo, cuando nos dicen: 'A ver si ahora sí cumplen', 'todos son iguales' o '¿para qué, si de todas maneras ganan?"' A continuación explicó y propuso una solución fundada en las bases priístas, que, aseguró, estaban dispuestas a un nuevo esfuerzo con el PRI y con Miguel de la Madrid: "Mire usted, la gente que no cree, la que no vota, no es porque crea en otros, no; es gente común y corriente que lo único que quiere es que la respeten y que le cumplan, nada más recordemos que la mula no era arisca, la hicieron. Yo creo que si nosotros los respetamos y les cumplimos, podremos exigirles que cumplan y que jalen parejo, y seguro que cumplen... Si los comités seccionales no tenemos respuesta, si no podemos ponernos al frente de las demandas de nuestras gentes, si no hacemos caso de lo que nos dicen, si no nos dan la oportunidad de organizar a la gente sin que se diga que nos estamos saliendo del huacal, si sólo en épocas de campaña les pedimos que participen, la gente pierde la confianza y hasta el humor para hablar de estas cosas y ya no nos buscan para resolver sus asuntos si saben que no podemos ayudarles... [cuando me pregunten] ¿y eso de las formas de la consulta popular que llenamos?, ¿qué pasó?, ¿qué va a pasar?', no sé qué les voy a contestar".


Otra crítica frecuente hecha por los cuadros del partido fue sobre el divorcio entre quienes ocupaban puestos de elección popular o cargos en la administración pública y las demandas de las bases del partido, olvidando sus compromisos de origen. En tres ocasiones se denunció que las autoridades atendían con mayor eficacia las demandas de la oposición, porque éstas se manifestaban ruidosamente. Como partido en el poder, señalaron algunos oradores, la administración pública no podía ser neutra ideológicamente. Hubo también varias críticas a la utilización que se hacía del partido como caja de resonancia para alabar las acciones del gobierno acríticamente.


Simultáneamente, los oradores del partido refrendaban que el PRI era todavía la mejor opción para el pueblo, pues desde la Revolución sus gobiernos habían logrado importantes transformaciones sociales, mediante un sistema institucional, cuya meta superior era instaurar una sociedad igualitaria. Así, en estas asambleas se manifestó la necesidad de transformar los estilos y procedimientos de trabajo, especialmente en relación con los comités municipales y seccionales, pero sin lesionar los principios ideológicos. El PRI era el partido que mantenía el proceso de cambio en un marco de estabilidad política y paz social, alejado de "las reacciones que rechazan los cambios y de los impacientes que sin medir las consecuencias proponen cambios desordenados y violentos", como lo expresó un dirigente estatal del MNJR en la asamblea efectuada el 11 de febrero en la ciudad de Campeche. La oposición, se dijo en Monclova, Coahuila, el 25 de febrero, sostenía ideologías catastrofistas, que en lugar de elevarla conciencia del pueblo la aplastaban. El 26 de mayo, en la asamblea de Guanajuato, se señaló que los partidos minoritarios especulaban con la crisis económica, la cual se hacía cada vez más perceptible.

Los priístas que hablaron en la clausura de estas asambleas ante su candidato a la Presidencia de la República propusieron fortalecer la capacidad de promoción y gestoría de los comités de base, como medio para enfrentar a los verdaderos enemigos, que no eran los partidos de oposición, sino la injusticia social, el burocratismo, el caciquismo y la indiferencia. Los priístas hidalguenses plantearon la creación de un sistema nacional de promoción y gestoría partidario. Una demanda común fue hacer de la consulta popular un mecanismo permanente, que continuara después de las elecciones, con lo que se lograría "la verdadera movilización popular, misma que es la válvula de seguridad de nuestro sistema político", en palabras de un representante del CDE de Morelos. El 1 de febrero, en La Paz, Baja California Sur, el secretario general del CDE propuso que se fomentara la carrera política como medio para formar cuadros sólidos en el partido.

En las primeras asambleas estatales celebradas en 1982 se discutieron y aprobaron los respectivos programas nacionales de los comités directivos estatales. En los estados en los que la asamblea se efectuó a partir de marzo, se daban a conocer los avances del programa previamente puesto en marcha. Los resultados eran distintos, según las características de cada entidad federativa. Así, el 5 de enero, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, se expuso que se había iniciado el trabajo de integración de los comités seccionales, que incluía la realización de las asambleas respectivas. En Culiacán, Sinaloa, se informó el 28 del mismo mes que se llevaba un adelanto de 70% en la integración de los seccionales, mientras que en Baja California se había llegado a 100% de los 155 seccionales para el 1 de febrero.

El día 15 se tenía, en Tabasco, un adelanto de 66%. En Chetumal, Quintana Roo, se explicó el 11 de marzo que desde 1981 se habían integrado debidamente todos los comités de base. En Oaxaca, estado con 570 municipios, 262 de éstos tenían una sola sección electoral, se indicó el 4 de abril. Para el 26 de mayo en Guanajuato se tenían integrados todos los seccionales, de los cuales 80% habían sido renovados. En varios estados se informó que se habían formado brigadas de promoción del voto, tanto a nivel seccional como municipal. En cada una de las Asambleas Estatales para la Discusión de la Plataforma Electoral y la Consulta Popular el candidato del PRI a la Presidencia de la República pronunciaba un discurso sobre temas partidistas, incluido el que específicamente se hubiera asignado para discusión en el estado. Terminada la asamblea, el discurso del candidato se reproducía y distribuía profusamente en toda la estructura partidista del país, cuyos diversos órganos sectoriales y territoriales analizaban las palabras de De la Madrid en reuniones de reflexión ideológica.

En varias de estas intervenciones el candidato aseveró que el partido se había mantenido en el poder por más de 50 años, porque había sabido sostener la alianza entre las clases mayoritarias del país. El Partido Revolucionario Institucional, recordó De la Madrid en Pachuca, Hidalgo, el 15 de abril, había surgido como el elemento fundamental de unión política entre los mexicanos, en torno a los principios de la Revolución, y se había convertido en la fuerza transformadora más importante de la sociedad mexicana. Citando a Plutarco Elías Calles, fundador del Partido Nacional Revolucionario, antecedente del PRI, en dos ocasiones el candidato manifestó que México ya no era un país de caudillos o iluminados, sino uno de instituciones y leyes, donde el partido era una pieza fundamental. En otras ocasiones, sostuvo que el PRI conservaba el poder porque era fiel a las ideas de la Revolución y, respondiendo a su naturaleza como alianza pluriclasista, el partido y el gobierno emanado de él no podían trabajar para minorías privilegiadas. El partido, repetía, seguía siendo la mejor opción para el pueblo, a pesar de los errores cometidos. "Somos un partido político que no promete el paraíso terrenal en el corto plazo, pero sí el avance sistemático, sólido, profundo, en la construcción del proyecto nacional que es la Revolución Mexicana", asentó en San Luis Potosí el 22 de marzo.


En más de la mitad de estos actos con el PRI en los estados, el candidato agradeció a sus correligionarios el trabajo de campaña que estaban realizando y su participación en la gira estatal. En la asamblea de Baja California Sur, el 1 de febrero, De la Madrid resaltó la importancia que le daba a las reuniones con el partido, "porque sé que dependo de él... Mi partido es el que organiza mi campaña, es el que me acerca a las voces auténticas de los sectores populares, es el que debe impulsar la exposición clara y franca de los problemas y el apuntamiento responsable de las soluciones".

En Guanajuato, durante la penúltima gira estatal, el candidato manifestó a los priístas del estado que debía a su partido el éxito arrollador que estaba teniendo la campaña. También en Baja California Sur el candidato se comprometió a gobernar con su partido: "Pienso seguir apoyándome en el partido: pienso seguir oyéndolo, no sólo para elecciones, sino para el gobierno. Ofrezco a mi partido fortalecerlo después de las elecciones y durante mi gobierno." En Villahermosa, el 15 de febrero, De la Madrid declaró que no quería gobernar solo, por lo que era preciso fortalecer al PRI, pues para las luchas que habría que emprender en el futuro inmediato no sería suficiente la fuerza del gobierno ni la del Presidente de la República. La fuerza fundamental, dijo, debía ser el partido, a través de la organización popular. Más tarde, en su encuentro con los priístas de Veracruz, indicó que no sólo aspiraba a la Presidencia de la República sino también a la dirigencia nacional del PRI, y añadió que sabría nutrir al gobierno con el partido.

En sus discursos ante las asambleas estatales, De la Madrid alentó la autocrítica y expresó la necesidad de reforzar, democratizar y modernizar a su partido. El 31 de marzo, en Jalapa, Veracruz, hizo ver a su audiencia que era significativo que se estuviera haciendo campaña no sólo hacia afuera del partido sino también hacia adentro del mismo. Añadió que había habido quien, "entre el grupo de priístas más distinguidos se sorprendiera de que en el curso de una campaña política sexenal nosotros mismos, los dirigentes nacionales y el propio candidato a la Presidencia de la República, planteáramos la necesidad de modernizar, reforzar y reformar al partido. Se prestó, inclusive, a que nuestros contendientes señalaran que el partido estaba reconociendo la insuficiencia de su organización y abriendo un flanco a la oposición". Sin embargo, aseguró, la autocrítica que se ejercía demostraba "que somos una organización auténticamente revolucionaria, que no le tememos al cambio y que estamos dispuestos a seguir conduciéndolo, transformando si fuera necesario algunos aspectos de nuestro propio partido. Esto es más una demostración de solidez y fuerza que de debilidad. Los hechos lo están acreditando. El partido está entusiasmado... porque vivimos desde ahora, dentro de la campaña, un proceso de cambio. Que reflexionemos juntos, bases y dirigencia, sobre los problemas partidistas es un adelanto y muestra la democratización interna que queremos." Era necesario, explicó en Oaxaca, que a partir de las bases los priístas se acostumbraran a debatir libremente, unidos en los principios ideológicos y discutiendo las soluciones y los métodos. Para ello, debía aplicarse la regla democrática de que las mayorías mandan, sin que las minorías pierdan sus derechos o sean excluidas o perseguidas.

Miguel de la Madrid reiteró varias veces en las asambleas estatales del PRI su rechazo al oportunismo dentro del partido, a los políticos de temporal, a quienes utilizaban al partido para satisfacer ambiciones personales, a los que cuando no lograban sus propósitos buscaban posiciones en otros partidos y demostraban su falta de convicción ideológica. El modo más efectivo de evitar estas lacras, decía, era reforzar el carácter ideológico del partido, incluyendo en esta tarea a los comités seccionales y municipales. El candidato rechazó también que el partido se activara únicamente para elecciones, para lo cual propuso repetidamente que la estructura territorial se incorporara a todas las tareas partidistas permanentes y se ampliara su capacidad de promoción y gestoría.


Ante las críticas a funcionarios que en e] poder se olvidaban de su filiación partidista, De la Madrid aseveró que el PRI no era un mero instrumento de apoyo al gobierno, sino que debía tener autonomía de acción y facultad de crítica al gobierno, según explicó en la asamblea estatal de Tamaulipas, el 20 de marzo. "El partido forma y conforma el poder y, en caso necesario, lo reforma. Entendamos esta relación de nuestro sistema político: desde luego que hay un paralelismo importante entre la acción del gobierno revolucionario y la del partido revolucionario. Esta relación, que no siempre se comprende, hace que algunos funcionarios del gobierno piensen que el partido no tiene derecho a exponer los problemas con toda franqueza; a criticar al gobierno porque, se dice, sería un acto de deslealtad del partido... Hay que separar los papeles... el gobierno proviene del partido, pero una vez integrado está sujeto a la acción del partido en cuanto a exposición de problemas y críticas de actuación." La legitimidad la daba el voto, abundó el candidato en otras ocasiones, pero la oportunidad política la daba el partido, por lo que quienes ocupaban puestos de elección popular, así como quienes tenían un cargo en las administraciones priístas, debían lealtad al PRI. Otras veces, como en la asamblea de Toluca, criticó a las "autoridades blandengues que se dejan presionar por minorías anarquistas que sólo buscan su propio provecho". Y en la siguiente asamblea estatal, la de Morelos, añadió que no era sano acostumbrarse a que las autoridades actuaran bajo esas presiones. Era preferible, dijo, que el partido, que sabía plantear los problemas ante las autoridades, fuera el mejor abogado de las causas populares y se convirtiera en vigilante del cumplimiento de los programas de gobierno.

Miguel de la Madrid hizo un llamado constante a su partido para emprender un proceso de transformación interna del mismo, renovando estilos de trabajo y procedimientos, de modo que las decisiones tuvieran cada día más su origen en las bases del partido. La modernización que proponía, explicó varias veces, no estaba motivada por la existencia de alguna amenaza seria que viniera de los partidos de oposición, sino por las mayores responsabilidades que tendría que seguir asumiendo el PRI en el futuro.

El candidato resaltó en diversas oportunidades la importancia de la estructura territorial o vertical del partido; por ejemplo, en la asamblea estatal celebrada en Ciudad Victoria, Tamaulipas: "Si bien el nivel horizontal, el que se integra con los grandes sectores de nuestro partido, es una de sus bases fundamentales, puesto que aglutina con fuerza a las clases populares del país, es indudable que la movilización del partido se refleja, fundamentalmente, a través de sus cuadros en la integración vertical". Acerca de la integración de los organismos territoriales, advirtió que no bastaba con que lo estuvieran los comités estatales, sino que era indispensable integrar debidamente los municipales y seccionales. Esto tenía que hacerse, agregó, mediante mecanismos democráticos, de modo que los dirigentes fueran seleccionados por los militantes de base. "La democratización del partido es un punto fundamental en la democratización integral de nuestra vida social... El partido debe ofrecer ejemplo de prácticas democráticas en la integración de sus comités seccionales y municipales." Esto debía ser parte de la reforma política interna con la que el partido debía responder al proceso general de la reforma política emprendida en el sexenio del presidente López Portillo.

De la Madrid estuvo de acuerdo con sus partidarios de base en la necesidad de fortalecer la capacidad ideológica y la de promoción y gestoría de los comités en ese nivel, pues uno de los requisitos para la modernización y actividad permanente del partido era ajustar la plataforma ideológica y los programas del PRI conforme a las demandas populares captadas por los comités de base. Tenían que ampliarse las posibilidades de promoción y gestoría en este nivel, con una doble vertiente, expuso el candidato en la asamblea de los priístas hidalguenses: por un lado, los comités seccionales y municipales debían cumplir una función de intermediación entre los intereses populares y el gobierno. Por otro, debían fomentar la organización popular y la participación en torno a proyectos específicos. De esta manera, el partido se mantendría a la vanguardia de las luchas populares y no ocurriría que otros grupos o partidos tomaran las banderas del pueblo ante las autoridades.


Acerca de la oposición, en estas reuniones partidarias De la Madrid expresó con frecuencia que los priístas respetaban a los partidos minoritarios, pero no les temían, y aun alentaban su participación. En la asamblea de Tabasco el candidato del PRI recordó que el sistema había ampliado los espacios de participación de los partidos opositores desde el sexenio del presidente Adolfo López Mateos, con los diputados de partido al Congreso de la Unión, lo cual se había profundizado con la participación de nuevos partidos impulsada por la reforma política de López Portillo. En ambas ocasiones, observó el candidato, se les había dado a las minorías un acceso y tribuna mayor de lo que correspondía realmente a su fuerza.

La oposición, repetía De la Madrid, no representaba una verdadera amenaza para el PRI. No tenía propuestas completas ni viables de gobierno y las que tenía eran ajenas a la mayoría del pueblo. Por eso las minorías no superaban la crítica negativa y el quejido perpetuo, según apuntó ante los tabasqueños. Tampoco tenían imaginación e ideológicamente veían hacia atrás o hacia los lados, precisó en Coahuila. Más adelante, en Guanajuato, reiteró que las campañas de la oposición se fincaban "más en criticar nuestros defectos que en ofrecer sus propias propuestas... son simplemente reflejo y reacción de lo que vamos haciendo nosotros, ellos no toman la iniciativa".

Algunos de los pronunciamientos del candidato sobre su partido llamaron especialmente la atención de los comentaristas de la prensa atentos a los acontecimientos políticos. Así, destacaron la insistencia en dinamizar la ideología revolucionaria y en convertir al PRI en un interlocutor permanente del próximo gobierno, con una mayor autonomía. Relacionado con esto, se comentó favorablemente que el candidato hubiera expresado la necesidad de dar contenido a la descentralización política a través de una modernización de su partido, que incluyera otorgar mayores márgenes de autonomía y nuevas formas de acción a los comités estatales y de base.

A fines de enero y principios de febrero la prensa señaló que el discurso partidista del candidato se había vuelto más combativo. Suscitó este comentario un discurso de Miguel de la Madrid en Los Mochis, Sinaloa, el 30 de enero, en el que reconoció cómo en ocasiones se habían infiltrado en el PRI fuerzas reaccionarias que pretendían apoderarse del partido y trabajar desde él en proyectos destructivos de los principios de la Revolución. "No dejaremos que las fuerzas de la antidemocracia y que las fuerzas enemigas de la libertad puedan apoderarse de la política revolucionaria", manifestó el candidato. La prensa destacó que De la Madrid había hecho esta declaración en un estado políticamente difícil, en el que en elecciones recientes el PRI había llevado a varias presidencias municipales a banqueros y empresarios. En general, se comentó que el candidato mostraba una actitud decidida y sincera de depurar al partido, pues en varias ocasiones habló en contra del oportunismo dentro del PRI y de quienes militaban por intereses particulares o de grupo, sin una auténtica convicción ideológica.

Campaña general: organización y acción electoral

Desde fines de enero y durante febrero la actividad política dentro del PRI y del resto de los partidos políticos en todo el país se fue haciendo cada vez más intensa, debido al proceso de selección de los candidatos a senadores y diputados federales, cuya elección coincidía con la de Presidente de la República. En el PRI este proceso culminó el 4 de marzo, fecha del 53 aniversario de la fundación del partido por el entonces llamado Jefe Máximo, Plutarco Elías Calles. Ese día el presidente del CEN del PRI, Pedro Ojeda Paullada, tomó la protesta, en un acto solemne celebrado en el Teatro Ferrocarrilero de la ciudad de México, a 32 candidatos a senadores, a 300 a diputados federales y a igual número de suplentes.

En la selección de los 728 candidatos del PRI, propietarios y suplentes, que fue la que más de cerca siguió la opinión pública, participaron más de 7 000 aspirantes a las candidaturas en las listas originales, elaboradas en los estados por los gobernadores, delegados generales del CEN y representantes de los sectores, y depuradas por un equipo dirigido por el candidato Miguel de la Madrid, el presidente del CEN, Pedro Ojeda Paullada, y el secretario general del mismo, Manuel Bartlett Díaz. El 28 de febrero el partido en el poder celebró 32 convenciones electorales estatales, incluido el Distrito Federal, y 300 convenciones distritales, en las que fueron elegidos los candidatos del partido al Congreso de la Unión.

El 4 de marzo fue señalado por el PRI como una Jornada Nacional de Integración Partidista. Por la mañana, en la ceremonia de toma de protesta de los candidatos, el aspirante a la Presidencia de la República, el presidente del CEN y los representantes de los tres sectores leyeron sendos mensajes a quienes habían sido elegidos para competir por la representación popular en el Congreso de la Unión.

En su discurso, Miguel de la Madrid hizo un amplio análisis de su partido. Afirmó que pocas organizaciones políticas en el mundo podían exhibir los resultados alcanzados por el PRI. El partido se había mantenido en el poder porque sostenía el proyecto con el que se identificaba el pueblo mexicano. Conservando sus principios, el partido de la Revolución impulsaba un proceso permanente de cambio mediante las instituciones y las leyes, pues sabía adaptarse a las circunstancias cambiantes de la nación. Era una organización, aseveró el candidato, que sabía ejercer la autocrítica dentro de sus propios parámetros. Por estas razones, el partido se mantenía a la vanguardia del pueblo y enarbolaba las mejores banderas, las que se identificaban con las aspiraciones nacionales. El PRI sabía gobernar, pues tenía la práctica de lo difícil y escuchaba las demandas populares. Finalmente, el candidato sostuvo que el partido tenía los mejores hombres y mueres.

De la Madrid recordó a los candidatos que sus nombres habían surgido "como expresión de sus agrupaciones, de los sectores y de la militancia organizada, conforme a las condiciones políticas que el próximo Congreso Federal demanda", y señaló: "Son ustedes un fiel reflejo de la composición política del partido de la Revolución... representan, auténtica y claramente, la militancia de nuestra organización. Aquí están -y lo digo con orgullo y respeto- líderes obreros que se han ganado, en la lucha sindical, el apoyo de sus agremiados; dirigentes campesinos apegados a su base, cerca del surco y de las necesidades del campo; dirigentes de numerosas organizaciones populares; pero también profesionales, empleados públicos, maestros y técnicos". Asimismo, las mujeres estaban representadas, agregó el candidato, con el mayor contingente que había presentado el PRI en una contienda electoral: seis candidatas a senadoras propietarias y 16 suplentes, y 39 candidatas a diputadas propietarias y 66 suplentes, casi el doble que en la legislatura vigente en ese momento. Entre los candidatos, continuó De la Madrid, había "líderes nacionales conocidos en todo el país y antiguos legisladores que regresarán al Congreso... Pero aquí están también militantes que no son conocidos a nivel nacional, pero sí lo son en sus distritos, en los grupos que los han propuesto y en el partido, que los aprecia y reconoce por su trabajo en la base".

El candidato señaló que las campañas de sus compañeros enriquecerían la que ya estaba en curso y reiteró su llamado a realizar una campaña unificada, "la nueva campaña de la Revolución Mexicana". Añadió que el PRI estaba a la altura de los retos que implicaba la reforma política, que debía concebirse "como un esquema normativo para fortalecer el sistema democrático y no para vulnerarlo, y como principio de perfeccionamiento que, si promovemos para el exterior, para ser congruente tenemos que aplicar al interior de nuestra propia organización".


De la Madrid conminó a sus correligionarios a fincar su acción en la consulta popular, "para así reforzar y actualizar nuestro proyecto histórico nacional'. Había que convencer a la ciudadanía de acudir a las urnas y de que cada voto por el PRI era "un voto por la consolidación y permanencia de nuestras libertades, por la recuperación de la economía y por la transformación integral y justiciera de la sociedad". El partido de la Revolución, finalizó, era el único que podía superar las dificultades presentes.

El mismo día, 4 de marzo, el PRI hizo entrega a la Comisión Federal Electoral de la solicitud de registro ante ese órgano de la candidatura de Miguel de la Madrid a la Presidencia de la República. En un acto celebrado en el Salón Juárez de la Secretaría de Gobernación, el titular de esta dependencia, Enrique Olivares Santana, recibió la solicitud. Acompañaban al candidato y a la dirigencia del CEN la mayor parte de los presidentes de los CDE y de los delegados generales del partido. Por la tarde, ya sin la presencia del candidato a la Presidencia de la República, los miembros del CEN tuvieron una reunión de trabajo con los candidatos que habían protestado en la mañana. El presidente del CEN, Pedro Ojeda Paullada, el secretario general, Manuel Bartlett Díaz, el secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Integración Partidista, Francisco Rojas Gutiérrez, la secretaria de Organización, Silvia Hernández, el secretario de Acción Electoral, Guillermo González López, el secretario de Información y Propaganda, Miguel González Avelar, la directora de Promoción y Gestoría de la Comunidad, Beatriz Paredes Rangel, el director general del IEPES, Carlos Salinas de Gortari, el coordinador general de Documentación y Análisis, José Ramón López Portillo, y el secretario de Divulgación Ideológica, Arturo Romo Gutiérrez, hicieron una amplia exposición del plan de la campaña general del PRI en lo concerniente a sus áreas de competencia, describiendo los medios específicos que varios de ellos ponían a disposición de los candidatos del partido a diputados federales y senadores.

Tanto Ojeda Paullada como Bartlett Díaz subrayaron la necesidad de hacer una campaña unitaria, "una misma campaña llevada a cabo en 300 distritos y en 32 entidades", en palabras de Bartlett. En su discurso de apertura, el presidente del CEN recordó que en noviembre se había iniciado el proceso de selección de quienes podían ser designados como candidatos al Congreso de la Unión por las convenciones estatales y distritales. "Este procedimiento que, como ustedes saben, fue arduo, fue muy responsable, fue muy amplio, fue con la intervención de todos los sectores, fue con la opinión de muchos hombres que han estado cerca de la política nacional, cerca de nuestras necesidades y problemas, había, pues, de concluir venturosamente -como hoy concluye- con la protesta de ustedes para hacerse cargo de esa tremenda responsabilidad."

Por su parte, el secretario general del CEN y coordinador general de la campaña presidencial manifestó el orgullo del CEN y de todos los organismos de los estados por la composición del grupo de candidatos a diputados y senadores, pues había personas de primer nivel, conocidos nacionalmente, y otras cuyo prestigio era local, "ganado en los distritos, en las comunidades, en los ejidos, es un prestigio que el partido respeta, admira y considera que es el adecuado para llegar a los puestos de representación".

La mayor parte de los demás expositores del CEN resaltaron la importancia del trabajo en y de la base, tanto para su organización, como para su acción electoral. Si bien todos se pusieron a disposición de los candidatos, se señaló que la instancia principal de apoyo de su trabajo eran los CDE y los sectores en los estados, que serían el punto de articulación de las directivas de campaña en el trabajo de base. Los delegados generales serían el enlace entre el PRI de los estados y el CEN.

Durante esta Jornada de Integración Partidista se entregó a los candidatos a senadores y diputados un portafolios con distintos materiales que cubrían todos los aspectos de una campaña, tanto generales como específicos de las entidades federativas y distritos electorales: leyes, documentos básicos del partido, textos del Presidente de la República pronunciados en los estados, ideas y discursos de Miguel de la Madrid, información política por estado y por distrito con datos sobre elecciones anteriores, monografías estatales, documentos de las reuniones de consulta popular del IEPES y de los CEPES, normas para las tareas de información y propaganda, métodos para realizar el proceso de consulta popular y para sistematizar las tesis y compromisos de los candidatos, programas de las secretarías del CEN. Mediante un sistema de información y documentación, estos portafolios se complementaron en el transcurso de la campaña con materiales relativos a los estados y los distritos, incluidos los discursos de Miguel de la Madrid.

Al clausurar el evento, Ojeda Paullada resaltó a los candidatos la necesidad de establecer contacto personal con los electores, sabiendo llegar hasta ellos. Insistió en la importancia de integrar la actividad partidista en los CDE. El presidente del CEN explicó que para el 15 de mayo debía concluir una primera etapa en todas las campañas, después de un primer recorrido por toda la circunscripción estatal o distrital de cada candidato y de haber capturado y procesado la información derivada de la consulta popular, con el apoyo del CEPES de cada estado. Asimismo, recomendó a los candidatos comenzar sus respectivas campañas tres días después, domingo 7 de marzo, en todas las capitales estatales y cabeceras de distrito. Propuso que en estos actos inaugurales se hiciera llegar el mensaje que el candidato a la Presidencia de la República había pronunciado ese mismo día en la ceremonia de toma de protesta de los candidatos, que se hablara del 53 aniversario del PRI y que los candidatos emitieran sus primeros mensajes electorales.

En las primeras dos semanas de marzo se registraron ante las autoridades electorales competentes los candidatos a senadores y diputados, tanto del PRI como de la oposición. El PRI era el único partido que normalmente postulaba candidatos a todos los puestos de elección popular. Para los partidos minoritarios eran mucho más importantes las elecciones para diputados que las de senadores, pues en éstas el triunfo se obtenía únicamente por el principio de mayoría, mientras que en aquéllas se lograba también mediante el principio de representación proporcional, que daba a las minorías la posibilidad de tener representantes en la Cámara de Diputados de acuerdo con la proporción de votos de minoría obtenidos en las circunscripciones plurinominales. Para 1982 la Comisión Federal Electoral determinó, en noviembre, 300 circunscripciones uninominales y, en enero, cuatro plurinominales, conforme a las facultades que la ley electoral le señalaba. Para competir por las diputaciones de representación proporcional, cada partido registraba una lista de candidatos por cada circunscripción plurinominal.

Según el porcentaje de los votos que cada organización obtuviera, se le daba un número determinado de puestos en la Cámara de Diputados, siguiendo el orden con el que los candidatos estuvieran anotados en las listas. Por esto, si bien los partidos opositores postulaban algunos candidatos a senadores y a diputados por mayoría relativa, hacían sus campañas sobre todo con el propósito de obtener cargos de representación proporcional.



Para fines de marzo se encontraban en marcha todas las campañas de los partidos políticos para la renovación del Congreso de la Unión. De este modo, actos similares a los que ya realizaban los candidatos a la Presidencia de la República se multiplicaron en todo el país, lo que hizo permanente la actividad electoral en prácticamente todos los municipios. Los candidatos a senadores y diputados se unían a las actividades de quienes competían por la Presidencia de la República, cuando éstos visitaban los estados respectivos. En el caso del PRI, los aspirantes al Congreso de la Unión difundieron intensamente las tesis y pronunciamientos de Miguel de la Madrid, lo que les dio a éstos una nueva y ubicua resonancia, favorable a la campaña por la Presidencia de la República.

El PRI llevó a cabo una intensa labor combinada de organización, de consulta popular y de acción electoral propiamente dicha. Desde el 13 de enero se había creado una Comisión Nacional de Integración Partidista, al frente de la cual se designó, como secretario ejecutivo, al secretario de Finan zas del CEN, Francisco Rojas Gutiérrez. La comisión fue integrada con el fin de obtener contribuciones de las organizaciones priístas para la campaña, auxiliar en el seguimiento de los programas de trabajo que ejecutaban los diversos organismos del partido y proponer políticas de integración partidista. A partir del mes de abril, bajo la coordinación de la comisión, se efectuaron ocho reuniones regionales de Integración Partidista.

Por otro lado, a partir de enero el oficial mayor del PRI, Adolfo Lugo Verduzco, realizó un recorrido por todas las entidades federativas, con la misión de supervisar la tarea de integración de los organismos territoriales y su funcionamiento electoral, poniendo especial atención en los comités municipales y seccionales. El oficial mayor hizo este trabajo en coordinación con las secretarías de Organización y de Acción Electoral, así como con el IEPES y la Dirección de Promoción y Gestoría. Normalmente, la visita de Lugo Verduzco a los estados se verificó posteriormente a la respectiva gira estatal del candidato a la Presidencia de la República. Su programa consistía en una reunión con los representantes de los sectores en los estados, una más con el CDE y visitas a un número adecuado de comités municipales y seccionales en diversos municipios. Desde marzo, participaban en estas reuniones los candidatos del estado al Congreso de la Unión. Finalmente, se hacía una evaluación y se acordaban programas de acción y estrategias para reforzar la elección democrática de los dirigentes de base, así como las acciones partidistas en distritos con dificultades especiales. Asimismo, se convenían estrategias de comunicación y formas para ubicar las tareas primordiales de promoción y gestoría en los comités seccionales. Un objetivo importante que se cumplía con estas acciones era mantener viva la movilización partidaria.

Al finalizar la campaña electoral se habían integrado, mediante las asambleas estatutarias, un total de 41 947 comités seccionales, 2 228 municipales y casi todos los CDE. A través de sus delegados en las entidades federativas, la Secretaría de Organización del CEN había levantado un padrón de dirigentes de todos los niveles, que quedó integrado por 174 000 nombres y se había hecho un registro de las actividades partidistas de quienes ocupaban cargos de elección popular o tenían puestos en la administración pública.

Por lo que respecta a la acción electoral, en cada estado se llevó a cabo un programa específico, que seguía las normas del Programa Nacional Básico de Acción Electoral, adaptadas a las necesidades propias de cada estado; éstas se habían determinado inicialmente mediante diagnósticos de la situación política elaborados por los CDE entre noviembre y diciembre de 1981.

Como parte de la acción electoral, el programa de afiliación, iniciado el 12 de noviembre, logró, para finales de junio, afiliar a 2.2 millones de nuevos miembros. Para esto se instalaron en todos los estados 600 módulos de afiliación. De acuerdo con el programa general de la Secretaría de Organización del CEN, el partido contaba con 16.9 millones de afiliados.

Otro programa al que se dio una gran importancia, con el fin de disminuir el abstencionismo electoral, fue el de coordinación con el Registro Nacional de Electores (RNE) para contribuir al empadronamiento de los ciudadanos, requisito indispensable para poder ejercer el derecho de voto. Para esto se crearon brigadas de promoción del voto en casi todos los estados, cuyo trabajo se enfocó, como el de afiliación, primordialmente a las mujeres y a la población de entre 17 y 23 años, aproximadamente nueve millones de jóvenes, que representaban 39% del total de electores potenciales y votarían por primera vez para Presidente de la República en 1982. El RNE estableció agencias de empadronamiento en lugares sugeridos por representantes del PRI y se implantó un mecanismo para dar atención especial a las organizaciones y grupos de los tres sectores del partido. Al cerrarse el plazo para el empadronamiento, el 31 de mayo, se habían registrado en el padrón electoral 31.5 millones de ciudadanos; resultado en el que el apoyo de los priístas fue de una gran importancia.

También en colaboración con las autoridades electorales federales y locales, el PRI propuso nombres de ciudadanos para integrar las mesas directivas de casillas electorales, quienes estarían en la base del proceso el día mismo de las elecciones. Asimismo, se efectuó una intensa labor de capacitación de estas personas. Al terminar el período de campaña, el PRI había registrado debidamente a representantes del partido y de los candidatos ante todos los organismos electorales y todas las casillas de votación. En conjunto, el partido propuso a poco más de 400 000 funcionarios de casilla, titulares y suplentes, y acreditó a casi 213 000 representantes de partido y de candidatos. Para la proposición de funcionarios de casillas y para el nombramiento de representantes del partido en las mismas, se adoptó el criterio de procurar que fueran miembros de los comités seccionales del partido, los representantes de los candidatos fueron designados por éstos o por los sectores a los que pertenecían. Los comités seccionales apoyaron a los candidatos en la identificación de representantes y en la verificación de la ubicación de casillas y de requisitos legales previstos para los funcionarios de las mismas. A la gran mayoría de estos últimos y de los representantes les fueron impartidos cursos de capacitación electoral, que incluían aspectos legales, funciones que debían cumplir, procedimientos de cómputo del sufragio y nociones sobre lo contencioso electoral. Para esto se diseñaron, imprimieron y distribuyeron diversos folletos instructivos.


Para promover el voto en favor del PRI se buscaba que cada militante se comprometiera a obtener un mínimo de votantes convencidos. En algunos casos, los militantes llevaban listas de ciudadanos que aceptaban o ratificaban votar por el PRI. Estas listas eran presentadas a los comités seccionales y municipales. Participaron en esta tarea miembros de estos comités y, en las áreas urbanas, de comités de manzana y acera.

Para realizar el proceso de consulta popular en sus respectivos estados y distritos los candidatos participaron en las reuniones formales de consulta popular y tuvieron disponible un gran apoyo de información proporcionado por los CEPES, que contaban con abundantes datos, tanto políticos como socioeconómicos, sobre las características de las distintas circunscripciones electorales.

Para impulsar la tarea de promoción y gestoría entre los candidatos, acompañó a cada uno un brigadista, que se encargaba de sistematizar las demandas expresadas por la gente en la consulta popular, para poder distinguir las que pudieran ser encauzadas por el partido en el corto plazo ante las autoridades administrativas y agilizar procedimientos o trámites de casos más complejos. Estos militantes, lo mismo que los de las brigadas de promoción del voto, mostraron, en general, una alta eficacia en el impulso a todas las acciones electorales. Su trabajo fue orientado particularmente a secciones o distritos electorales especialmente difíciles.

Simultáneamente, los candidatos del PRI procuraban mantener una relación constante con los medios de comunicación para difundir sus principios, las ideas del candidato a la Presidencia de la República, sus propias posiciones ante los problemas de sus respectivas circunscripciones y crónicas de los actos de sus campañas electorales. Por su parte, el candidato a la Presidencia de la República continuó utilizando intensivamente los medios electrónicos de comunicación, tanto a nivel estatal como nacional, para transmitir sus mensajes a la ciudadanía.

Por lo que respecta a la información que Miguel de la Madrid recibía diariamente sobre el curso de la campana, la situación política general y la opinión pública, se mantuvo una unidad de análisis de la opinión pública en la Secretaría de Información y Propaganda del CEN del PRI, así como una investigación de campo constante, a base de encuestas, para informar al candidato sobre el estado de la opinión y las demandas sociales de los estados que visitaba.

A partir de las líneas comunes señaladas por la Secretaría de Información y Propaganda del CEN, el trabajo propagandístico del PRI en todos los niveles fue de una gran intensidad. Para esta tarea el titular de dicha secretaría se reunió con los secretarios de Información y Propaganda de los CDE y de las organizaciones sectoriales, y conjuntamente se planearon cuatro etapas. La primera, de octubre a diciembre de 1981, de presencia; la siguiente, de penetración conceptual, de enero de 1982 al 15 de mayo; la tercera, de promoción directa del voto, hasta una semana antes de las elecciones, y la última, posterior a los comicios, de evaluación.

Los elementos propagandísticos visuales se produjeron en las localidades, donde se agregaban ciertas peculiaridades a los modelos generales de carteles, pasacalles, mantas, pancartas y estandartes. En prácticamente todas las ciudades y poblaciones importantes se colocaron profusamente carteles priístas en paredes y postes, que en algunos lugares competían con carteles de la oposición, por lo común menos numerosos. Las otras formas mencionadas de propaganda eran más frecuentemente utilizadas en los actos celebrados en calles y plazas públicas, o para adornar las calles alrededor de un auditorio o salón en el que se realizara un acto partidista o aquéllas por las que transitaban los candidatos en su trabajo proselitista. Una parte de esta propaganda podía usarse varias veces en el transcurso de la campaña.

También, previo permiso de los propietarios, se pintaron coloridamente miles de bardas con propaganda del PRI, en la que se mezclaban el símbolo del partido, los nombres de los candidatos, tanto a la Presidencia de la República como al Congreso de la Unión, lemas partidistas y el emblema de la campaña de Miguel de la Madrid, una doble M formada por barras inclinadas y verticales. En estas "pintas" predominaban los colores verde y rojo. Según la región de que se tratara, esta forma de propaganda convivía en varios lugares con las "pintas" de uno o más partidos de oposición. El PRI utilizó también "espectaculares", grandes anuncios colocados generalmente sobre los edificios en las áreas urbanas, que permanecían iluminados durante la noche.

Para el apoyo de los organismos sectoriales a todas estas tareas, el CEN suscribió 2 122 acuerdos con otras tantas organizaciones, ligas campesinas y sindicatos, que de este modo participaron en las actividades de promoción del voto y de propaganda. En conjunto, la propaganda priísta fue un factor de movilización, por la participación de miles de simpatizantes en su producción y colocación. La propaganda se intensificó aún más dos semanas antes del cierre de las campañas.

La extensión y la eficacia de todas estas tareas fue variable, según la situación de cada estado y, dentro de éstos, de cada distrito electoral. Según el caso, el CEN prestaba un apoyo menor o mayor a la actividad partidista en los estados. En general, se orientaron más esfuerzos hacia las zonas que presentaban mayores dificultades, ya por la presencia de algún partido de oposición o de un grado muy elevado de abstencionismo. Por otro lado, se procuró invariablemente llevar a cabo la acción electoral de manera totalmente limpia, para no dar pretexto a imputaciones de la oposición.


La comunicación al interior del PRI se fortaleció elevando el tiraje de la revista ideológica del partido, La República, de 30 000 a 50 000 ejemplares. Para la campaña se abrió una sección especial en la revista, de crítica a las posiciones de los partidos minoritarios. El director de la revista era Salvador Carmona Amorós. Además, desde principios de marzo se editó un periódico semanal, El Revolucionario, que en las semanas siguientes llegó a un tiraje de un millón de ejemplares, que se distribuían en todo el país.

Por otro lado, la Coordinación General de Documentación y Análisis, la Secretaría de Información y Propaganda, el IEPES y los organismos sectoriales produjeron folletos, revistas y libros, con el contenido de los discursos del candidato a la Presidencia de la República y otros que se pronunciaban en los actos de campaña, a veces tematizados y por estados; información histórica sobre el partido y su ideología; reseñas de la campaña; materiales y síntesis de reuniones de consulta popular; instructivos para capacitación electoral.

Para su transmisión en radio, televisión y cine, la Secretaría de Información y Propaganda produjo programas especiales de contenido ideológico y sobre los pronunciamientos de Miguel de la Madrid. El candidato concedió constantemente entrevistas a los medios de comunicación, tanto locales como nacionales y extranjeros.

Además de las campanas por la Presidencia de la República y por el Congreso de la Unión, entre noviembre de 1981 y julio de 1982 se llevaron a cabo elecciones de carácter local en 11 estados. En seis de ellos la elección coincidió con las generales, el 4 de julio; en tres se disputaron las gubernaturas (Yucatán, Morelos y Chiapas), y en todos las diputaciones estatales o las presidencias municipales.

Si a toda la actividad priísta se suma, guardadas las proporciones, la de los partidos de oposición, también más intensa que nunca, se tendrá una idea del nivel de actividad política nacional. Durante la campaña electoral 1981-1982 sólo los graves acontecimientos económicos compitieron en la atención pública con los hechos políticos y aun tuvieron sobre éstos el efecto de hacer más vivas las críticas y las posiciones de los diversos partidos y candidatos, que buscaban afanosamente el voto popular.

Chihuahua 13 de abril de 1982 Que no se malinterprete la liberación femenina

Bienvenidos a esta progresista ciudad, rezaba a la mitad del páramo, el letrero de lámina. Y luego, tierra y más tierra. Basura y abandono. Las casas sobre el polvo. Plástico y latas vacías de cerveza. Y ni siquiera un perro bajo este calor que todo lo mantiene sucio e inmóvil.

Y más adelante las bardas que invitan: "pionner", "sharp". Y otras tapias recién blanqueadas, recién tricolorizadas. El 4 de julio vote así. PRI. Miguel de la Madrid. Para Presidente de la República 1982-1988...

Es el Norte. La frontera de México. Ciudad Juárez. La distancia. La diferencia. En la lengua, en el esfuerzo. En cada gesto. La distancia está en el aire.

Y aquí, en Ciudad Juárez, la dignidad. Esta mañana María Isela Torres Hernández -`soy obrera y dirigente sindical'- opone sus 27 años a la hostilidad y le dice a don Miguel de la Madrid:

-Trabajamos en la maquila. Muchos no ven con buenos ojos a las maquiladoras. Pero a las mujeres ahí se nos da la oportunidad. Antes fuimos sirvientas. O veníamos a trabajar a lugares no muy honrosos. En las maquiladoras hay cosas buenas y malas. Tenemos problemas laborales muy graves.

La frontera norte en el desarrollo nacional. Ese es el rubro de esta gira de "Prioridades Nacionales". La que hoy realiza don Miguel de la Madrid. Para saber qué ocurre en esta parte de México. A qué aspiran. Cómo viven estos mexicanos. Los que vinieron de todo el país para no perderse. Los que aquí no tienen ni casas de cultura, ni lo bueno de lo mexicano. Pero son...

Francisco Rojas Gutiérrez organiza esta prioridad para conocer las voces. Para que la participación sea. Este es el norte de México. Y la voz de María Isela Torres Hernández...

En esta frontera existen unos 45 000 trabajadores. El 80% son mujeres. Cara y cruz de las maquiladoras. Mujeres que trabajan. Como muchas dicen: "soy el hombre y la mujer de mi casa". Trabajo que genera problemas. Divorcios y madres solteras. Familias que se desunen o se liquidan. Mujeres que trabajan, se desplaza al varón. Ahora ellas piden que también exista trabajo para los hombres. Para que la familia no se desintegre. Para que no se malinterprete lo de la "liberación femenina".

Miguel Reyes Razo El Universal

Hidalgo 15 de abril de 1982 La cultura de lo imponente

Los otomíes del Valle del Mezquital, los tepehuas de Tenango de Doria y los nahuas de la Huasteca, los grupos étnicos más representativos de la entidad se sumaron ayer a la estruendosa bienvenida que se tributó a Miguel de la Madrid, desde Tizayuca hasta esta capital, donde los coheteros de Santiago de Anaya provocaron uno de los mayores estallidos de que se tenga memoria, al recibir al candidato priísta a la primera magistratura.

Buen trabajo el de Epigmenio Sánchez, el famoso cohetero de Santiago de Anaya, que preparó la pólvora a su manera, para que el estallido se escuchara lo más lejos posible, desde que el candidato pasó por la carretera nueva hasta la capital del estado, ruta por la que decenas de tractores, camiones de carga y de volteo se apiñaron a lo largo de 37 kilómetros.

Cientos de hidalguenses, que más adelante se convirtieron en miles al llegar a la Plaza Juárez, donde se preparó un imponente recibimiento, en un gran templete se dio acomodo a la comitiva, para ver de frente a la gran estatua de Juárez, con el palacio de gobierno remodelado a un costado y, del otro, el palacio legislativo.

Jesús Saldaña El Heraldo Estado de México 24 de abril de 1982 Gobernar es corregir

Los rostros que se asomaban desde la barda hacia la valla por donde pasaría el candidato del PRI, no eran obviamente los de pasivos acarreados. En ellos la miseria se retrataba, pero también la inconformidad. Estaban ansiosos. Esperaban el momento. Y cuando éste llegó, a coro, sin miedo, le exigieron a Miguel de la Madrid que cumpla sus compromisos. Que acabe con la carestía. Que termine con el vía crucis de hambre que sufre México. Que fusile a los hambreadores.

Fueron unos segundos. Reflejaban siglos. Sorprendido en su camino hacia el autobús, al término del acto, en el cual cerca de 200 mil personas le habían vitoreado, De la Madrid escuchó y en su rostro y en su andar, una fracción del gran peso que, ya desde ahora, se deja sentir sobre sus hombros, se hizo evidente.

Porque en los rasgos macilentos y agresivos de los que gritaban, no había cinco, cien mil, cientos de miles, millones de mexicanos que hablaban por su boca; éstos, asentados sólo hace unos pocos años en tierra inhóspita y agreste, que en vez de alimentos, les da polvo, sed, y un lento vegetar, saben ya de miseria. Y Miguel de la Madrid lo comprendió. Vio en su imagen la de muchos otros compatriotas hambrientos antes, hambrientos y desilusionados ahora. Tal vez violentos después.

Y arrastró tras de sí, a lo largo del camino, desde Nezahualcóyotl, el helicóptero, el recuerdo penoso. Voló con él sobre el estado y arribó a Sultepec. Habló ahí de identidades. De nacionalismo. De justicia. Del peligro de cambiar libertad por una relativa igualdad.

No vaciló en reconocer que los regímenes revolucionarios han cometido errores. Aseguró que gobernar es corregir y ofreció someterse a los dictados del pueblo. Humilde y consciente de que este camino hacia el futuro, que puede muy bien no ser muy largo en las actuales circunstancias, no podrá recorrerlo solo. Expresó su voluntad de apoyarse en las mayorías y habló de renovar métodos y sistemas, pero sin cambiar de marcos ideológicos.

Irma Fuentes Novedades

Estado de México 27 de abril de 1982 El costo y la legitimidad de la democracia

Fuera de los templetes, de los escenarios de banderolas y pancartas multicolores; sin las dianas estruendosas ni las porras estruendosas, ni la lluvia de confeti, ni los apoyos sin condición, ni los gentíos apretujados, Miguel de la Madrid, candidato del PRI a la Presidencia de la República llegó esta mañana al austero recinto de la Universidad Autónoma del Estado de México.

Sin pompa, en el amplio y soleado patio lo esperaban unos mil quinientos estudiantes que le recibieron cortésmente, pero sin excesos. Presidía el campus un severo estrado y sobre él una mesa con cubierta verde. Frente a ella el candidato, con el rector Agustín Gazca Pliego y las autoridades del plantel. En torno un sillerío que ocupaban los jóvenes con el silencio del grupo que se dispone a escuchar una cátedra. Miguel de la Madrid recordar a sus tiempos de catedrático y se preparó a escuchar.

No había oradores elogiosos, ni discursos de palabras vacías. Al contrario, los seis representantes seleccionados como interlocutores del candidato se dirigieron a él en términos crudos y cuestionamientos sin ambages. Luis César Fajardo de la Mora, estudiante de la Facultad de Derecho hizo la primera pregunta aguda: -¿Cómo es posible que en estos tiempos de crisis, de dificultades económicas, de devaluación y carestía, se gaste tanto en campañas políticas, cuando el gobierno federal está hablando de reajustes a la economía? ¿Y con todo esto sea desde luego el PRI quien más gasta? ¿Podría decirnos usted, señor candidato, cuál es el presupuesto de su campaña? El joven hablaba con vehemencia, diríase con coraje. El candidato le escuchaba con vivo interés, con abierta simpatía ante esa furia crítica, ante ese reclamo patético. Cuando respondió, su voz tenía el tono doctoral y conciliatorio de quien habla desde la cátedra:

-No tengo un presupuesto definido porque en nuestro partido existen muchas organizaciones que realizan su propia promoción. A nivel central, solamente hay los gastos de apoyo indispensables para las giras del candidato a la Presidencia de la República, para la publicidad y para el pago de algunos servicios indispensables como son las transportaciones.

-No tengo, pues, cifras que dar, pero sí quiero hacer un comentario de hipo general: prefiero que gastemos en México en campañas políticas y no en pagar fuerzas represivas como en los sistemas dictatoriales. La democracia tiene el costo de las campañas. La dictadura tiene el costo de la libertad. Prefiero el costo de las campañas.

Había surgido otra pregunta también aguda como un puñal. José Luis Gallegos, también estudiante de derecho se puso en pie y tomó el micrófono. Primero explicó:

-Aquí en las universidades, en donde los jóvenes adquirimos conciencia es en donde se debaten con crudeza las cuestiones que a todos los mexicanos importan, tanto que en muchas ocasiones esta inquietud suena a agresión en los oídos de los políticos.

-Si la abstención electoral es una consecuencia de la decepción de los ciudadanos, si nosotros los universitarios, decepcionados del sistema nos abstenemos de votar porque nos sentimos convencidos de que hacerlo será inútil y siempre será el PRI el que gane, yo quiero preguntarle ¿cuáles son las acciones que usted llevará a cabo para legitimar su gobierno ante la abstención electoral? ¿cómo piensa usted politizar a las mayorías? Y una más ¿su decantado lema acerca de la renovación moral de la sociedad, será permanente durante su gobierno, o se trata solamente de un ardid de campaña electoral?

Miguel de la Madrid clavó sus ojos en la encendida mirada de su interlocutor, observó detalladamente el perfil afilado y los rasgos duros de José Luis Gallegos, su desteñido pantalón de mezclilla y su modesto suéter blanco. Y en el rostro del candidato pareció destellar de nuevo la viveza del maestro que escucha con paciencia a un alumno tan vehemente como inquieto, igual que este joven de veintidós años que le presentaba cuestión tan cruda.

Aquí la respuesta tuvo un dejo de severidad:

-La abstención se debe, en una porción, al bajo nivel educativo de grandes grupos de la población; se debe a la enorme dispersión de la población mexicana que dificulta los procesos electorales. Una parte de la abstención -estoy de acuerdo- se debe a la falta de credibilidad en el sistema. Otra, a conformidad con el sistema ¿en qué medida cuenta cada proporción? Es difícil afirmar algo seriamente. No hay estudios suficientes para explicar cada una de las causas del abstencionismo electoral. Pero creemos, en el Partido Revolucionario Institucional, que es nuestra obligación ampliar el nivel de votación.

Fernando Meraz Excélsior

Morelos 4 de mayo de 1982 Aprovechando la campaña para hacer entrevistas

En esta penúltima etapa de la campaña, en la que Miguel de la Madrid ha hecho pronunciamientos duros, muy importantes, participan personalidades como son Alberto Bailleres, Eugenio Garza Laguera, Felipe Rivero Crespo y Jorge Navarro Ayala, ellos dan sus opiniones a El Universal.

-En este momento de devaluación, de crisis económica por la que pasa el país ¿cómo cree que repercutirá en el área empresarial? El presidente del grupo Cremi, Alberto Bailleres, considera que todos los empresarios mexicanos tendrán que hacer un esfuerzo por volverse más productivos y por usar nuestros recursos de la manera más eficiente posible. "Tendremos un período en que habrá que apretarse el cinturón".

-¿Lo querrán hacer?

-El problema fundamental en sí es frenar la inflación, no es fácil. No lo es por las presiones creadas, internas y externas. Pero será factible si el sector empresarial, el obrero y el gobierno, fundamentalmente, tomamos la misma actitud para luchar en contra de la inflación.

-¿Qué le parece el aumento salarial?

-Es inflacionario, pero fue una medida de emergencia que se tuvo que tomar a consecuencia de la devaluación de la moneda. En mi opinión creo que el ajuste puede ser menor.

-¿Afectará al empresario?

-Sí, porque la situación de la empresa se agrava cada vez más por los resultados de la devaluación y se le agregan ahora los aumentos, para mi modo de ver exagerados, de los salarios. A pesar de todo esto, creo que el sector empresarial está haciendo y seguirá haciendo su mejor esfuerzo para superar la crisis.

-Entonces los empresarios están optimistas.

-Más de lo que se pretende dar en la noticia de todos los días. Se ha manejado en un plan de hacer ver que el sector empresarial estuviera muy pesimista o en contra de los aumentos salariales. No es así, el sector empresarial tiene un gran deseo y decisión de cerrar filas con el sector obrero y el sector gobierno para salir adelante.

Eugenio Garza Laguera llegó de Monterrey para asistir a los últimos dos días de gira por Morelos. "Lo que más me ha impresionado, a pesar de que lo conozco desde hace mucho tiempo", comenta el director y presidente ejecutivo del grupo VISA, "es la agilidad y la claridad con que Miguel de la Madrid capta problemas a veces espinosos que le presentan en público. Y la facilidad con que da contestaciones lógicas y viables".

-¿Cómo, por ejemplo?

-Sí. En el encuentro con la juventud se plantearon muchos problemas muy duros, algunos muy agresivos. Todos los resolvió con gran agilidad, como el ejemplo de la posición mexicana ante la situación en las Malvinas. Lo dijo muy claro: como país que ha sufrido y que ha luchado muchos años contra el colonialismo de diversas formas, México no puede más que solidarizarse con Argentina, pero, siendo como somos un país pacífico, no estamos de acuerdo en que estos problemas se quieran resolver con violencia.

-¿Qué opina de la dolarización en México?

-Es un fenómeno, primero, de la subvaluación que tenía el peso. La gente compraba el dólar porque estaba barato. Por eso tuvo que hacerse la devaluación, pero ahora la dolarización no es producto de una situación económica, porque yo creo que el peso está sobrevaluado; ahora es producto del factor psicológico. La gente sigue comprando dólares porque cree que de esa manera protege su interés particular, pero se está actuando mal, pues habría que analizar objetivamente la realidad económica y no dejarse llevar por razones psicológicas.

-Los ajustes económicos anunciados, ¿normalizarán la situación a corto y mediano o largo plazos?

-En dos o tres años, para que las medidas tomadas hagan su efecto. Pero lo que es importante es que se hayan tomado esas medidas, que se hayan anunciado. Sí, son muy positivas, necesarias y adecuadas para la situación actual.

Nina Minocal El Universal

Querétaro 28 de mayo de 1982 En lo profundo de una olla cálida

Toda esta ineficiencia que se liga a la corrupción y a la burocracia que todo lo empantana, que se suma al atraso en la técnica de cultivo y deviene en pobres resultados en el campo mexicano, todo eso ya no puede seguir así. Este es mi compromiso con todos los campesinos de México.

Miguel de la Madrid vence a fuerza de palabras el sopor que aprisiona a los muy pocos que aún permanecen en este bodegón de techos de lámina de zinc que amplifican el calor y ahogan los ánimos.

Ve, desde el centro del hexágono, la huida de los hombres. Escapan los primeros, los que lucen la cartulina verde que distingue: "invitado". Los que llegaron emperifollados. De traje gris raya de gis. De corbata regimental, de lo más clásica. Escaparon los que ya se dejaron ver.

-Esa bodega es un sauna, mejor vámonos a la sombrita- y Jorge Durán Chávez, el experimentado líder de los cinematografistas se va.

-Otra sudadita como ésta y fácil bajo veinte kilos, -decía anteojos "Porsche Design" en la mano, el categórico Fernando Alcalá Pérez.

-Mejor nos vamos al autobús y nos echamos un resfresquito.

Y todos se fueron al aire acondicionado. A la atención de las edecanes.

En el bodegón de la Impulsora del Pequeño Comercio, S.A., transcurre el foro campesino. Pocos hombres de campo. Escasean los amantes de la tierra. A los que se quedaron les sirvieron sidrales y les regalaron pañoletas. Como las que usan los "boy scouts".

En la calle, frente al bodegón que es un horno, está el verdadero foro campesino. Este es:

-Aquí el maíz y el frijol. Nada más. Pero el campo está seco... está seco. Venimos de aquí abajo, de la laguna de Pisquitla. Más allá de Las Animas, allá, enfrente. A la vuelta. Puras tierras de temporal. Y lo que dice el señor licenciado, está bien. Ora con el favor de Dios...

-Nos cobran el doble. Nos prestan tierrita. Si se siembra, hay que pagar "la cuarta".

-¿La cuarta? ¿Que es eso?

-La cuarta parte, señor. Si saco tres costales de maíz, tengo que entregar uno al dueño de la tierra. Y yo pongo la semilla y el trabajo. Y ya tengo 55 años y no tengo ni tierra donde vivir, ni tierra donde trabajar. Y tierra sí hay. Y por trabajo no paro. Mire, yo doy faenas gratis. Y voy a todas las juntas. Y ¿dónde están las garantías? ¿Qué me gano? Y los líderes del ejido nomás me consuelan. Que me aguante, que ya mero. Pero ahí nací. En "La Mojonera" y mire cómo estoy y nada que tengo mi tierra. No, ni mujer ni hijos. Soy solito, señor...

Francisco Morales chupa lo que queda del "Alas", hasta que el humo se le mete en los ojos y el calor de la brasa le arde los labios. Y el sudor se le hace una mancha que crece inexorable sobre el pecho, la cara, el cuello y por todos los poros del dorso de la mano.

-Tierra, le digo, sí que la hay. Aquí está José Cruz Jiménez que es el comisariado ejidal en "La Mojonera". El me dio una parcela a trabajar. Dos hectáreas. Pero llegó el Simón que es muy bravo y que tiene papá que lo defienda y puso del asco a todas las autoridades. No, matón no es. Pero grita mucho. Y viéndolo bien, no mata porque Dios no ha querido.

-¿Don Francisco, usted sabe leer y escribir?

-No señor. Y eso es lo que me atrasa.

Jalpan de Serra es un pueblo de piedra. Pueblo de dos escuelas. De cinco canillitas. De la ferretería "El Imán". Desde el mostrador donde exhibe pilas secas y linternas sordas, doña Elena Montes de Berrones mira un horizonte de piedras. Hoy, Manuel Berrones Ortiz, su viejo esposo, la acompaña. Y prestan machetes a los que reparten refrescos y no trajeron destapadores.

Miguel Reyes Razo El Universal

 
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