Las siete tesis


Entre octubre y diciembre de 1981, primeros meses de la campaña electoral de Miguel de la Madrid Hurtado, se fue delineando, en el candidato, la imagen del estadista: una ideología clara y rica en conceptos, heredera de la Independencia y del liberalismo y comprometida con el proyecto nacional expresado en la Constitución de 1917, es decir, compromiso partidario; conocimiento de todas las áreas de la administración pública, a partir de una amplia experiencia; voluntad de acercarse a los problemas y de dialogar sobre ellos con todos los grupos sociales; aptitud para ubicar las dificultades específicas en el conjunto de las políticas del Estado mexicano y, dentro de ellas, para plantear soluciones viables, y capacidad para tomar las principales demandas sociales y convertirlas en una propuesta política global a la nación.

En cada campaña del PRI por la Presidencia de la República se da una relación especial entre el candidato y el partido.

Este da al candidato la posibilidad de insertarse en la corriente histórica revolucionaria dominante desde 1917, y el candidato aporta al partido una visión actualizada de la ideología del PRI y de la problemática nacional. El partido tiene una versión del pasado y una propuesta para el futuro, que hemos denominado el proyecto nacional. Por su parte, el candidato, Miguel de la Madrid en el caso que nos ocupa, si bien se había formado en la ideología del PRI como miembro del partido, su acción política hasta el momento de su nominación como precandidato primero y como candidato después, no se identificaba de inmediato con el partido, a semejanza de lo que había ocurrido con los candidatos de los dos sexenios anteriores; se le conocía, en general, por su gestión como subsecretario y secretario del sector hacendario y presupuestal del gobierno. La campaña, entonces, permitió la identificación del candidato con el partido. A su vez, con el candidato el partido se puso a la consideración, nuevamente, de la ciudadanía. Uno y otro se influyeron y apoyaron mutuamente. Como cada seis años, el candidato hizo de su campaña una oportunidad para revisar el estado de los problemas de todo orden, y el partido inició un nuevo proceso para poner al día sus tesis, tanto de política interna como externa. En suma, se estableció una relación dialéctica en la que el partido contribuyó con las ideas básicas probadas históricamente y con una mecánica establecida de movilización popular, y el candidato aportó un aire fresco con la introducción de lo que él mismo llamaba "ideas-fuerza", cuya novedad, incluida la de renovación moral, consistía no en las ideas mismas sino en la importancia que les dio en su discurso, en el modo de presentarlas y, en ocasiones, en la terminología utilizada. Eran ideas que cobraban un peso nuevo en el discurso de Miguel de la Madrid, conforme a una circunstancia en la que se presentaban demandas especiales de la sociedad, a las que esos conceptos respondían.

Primera propuesta política global

En los últimos días de diciembre De la Madrid se reunió con su equipo de campaña para hacer una evaluación de las primeras etapas realizadas. Para entonces, el candidato, merced a las giras estatales y, más aún, a los medios masivos de comunicación, ya era conocido por casi todos los grupos sociales del país; su figura, sus ideas, su voz y su tono empezaban a ser familiares. Uno de los aspectos más importantes de esa evaluación intermedia fue la consideración de las demandas más reiteradas por la población en el proceso de consulta popular iniciado, con el fin de proponer un conjunto de ideas en las que aquéllas estuvieran contenidas. Así, habiendo captado en las primeras giras estatales el sentir de distintos grupos y sectores sociales sobre los problemas nacionales, después del receso decembrino el candidato del PRI a la Presidencia de la República presentó a la nación, en el primer estado recorrido en 1982, Chiapas, donde estuvo del 5 al 7 de enero, una primera formulación de siete criterios políticos que englobaban los principios ideológicos del PRI, las demandas más importantes re cogidas en la consulta popular y las primeras proposiciones del aspirante priísta a la Presidencia de la República.

Ante un mitin partidario en Tuxtla Gutiérrez, el 5 de enero, De la Madrid explicó que en su campaña se había abierto al diálogo con todos los grupos y sectores de su partido y, en general, con todos los mexicanos, como una práctica con la que buscaba comprometerse con las bases populares. Añadió que se había propuesto, en cada acto, grande o pequeño, responder sin intermediarios, pues no hacía una campaña de imagen o simulación, sino una de discusión pública y análisis colectivo. Expuso que los resultados de la amplia consulta popular emprendida con la campaña reforzarían, para el programa de gobierno, los lineamientos programáticos del PRI señalados en la plataforma electoral del partido.

"Por lo pronto, en lo que va del ejercicio de la consulta popular podemos discernir, encuadradas en la filosofía de nuestro partido, tesis fundamentales que han recibido el apoyo de nuestros militantes y que tomamos como temas, aún no agotados, de esta campaña electoral. Estos son: nacionalismo revolucionario, democratización integral, renovación moral de la sociedad, sociedad igualitaria, planeación democrática, desarrollo, empleo y combate a la inflación, y descentralización de la vida nacional. Cada uno de estos temas abarca una compleja problemática que debemos subdividir hasta llegar a identificar todas las políticas que la realización del concepto requiere... Nuestro propósito es hacer de estos temas directrices de trabajo y compromisos concretos para la acción de gobierno."

El nacionalismo, calificado por el candidato como la fuerza unificadora sustancial de los mexicanos, era revolucionario expuso, porque definía un proyecto "basado en la continua transformación de la sociedad, que crea y recrea instrumentos y formas para realizar y enriquecer sus valores permanentes." Destacó que el concepto tenía tres vertientes, el nacionalismo político, el nacionalismo cultural y el nacionalismo económico.


La democratización integral, continuó, significaba democratizar todas las prácticas y organizaciones sociales. Un instrumento valioso para ello era la reforma política emprendida por el presidente José López Portillo. La democracia política, definida como "la participación popular en la integración del poder, gobierno de las mayorías y respeto a la representación de las minorías" debía ser el punto de partida para perfeccionar "la democracia social, que es la participación popular en la creación y el disfrute de la cultura nacional", así como la plena intervención igualitaria de las mujeres y los jóvenes en todas las tareas nacionales. Otro gran instrumento democratizador era la educación popular, pues era un medio para el disfrute de otros beneficios como la salud, la vivienda y la seguridad.

La renovación moral de la sociedad, aseguró De la Madrid, entendida como la preeminencia del interés general sobre los "individualismos y sectarismos de privilegiados", era una "urgente necesidad política y una enfática demanda popular".

Requiere del cumplimiento escrupuloso de nuestras leyes; de la intransigencia de todos frente a la inmoralidad pública o privada; de la reacción oportuna contra los fenómenos de la corrupción en sus orígenes. Requiere de la participación general en el control social. Renovación moral significa gobernar con el ejemplo.

"La sociedad igualitaria es el objetivo de la revolución", prosiguió el candidato, y para lograrla era preciso abatir los graves contrastes sociales existentes, así como la marginación en todas sus manifestaciones. Era necesario, señaló, dar a la población acceso indiscriminado a la educación en todos sus niveles, erradicar el analfabetismo, dotar a todos los mexicanos de servicios de salud y seguridad social, hacer efectivo el derecho a la vivienda, proporcionar empleos en condiciones justas, establecer sistemas modernos y eficientes de abasto popular, regular los fenómenos de concentración económica, abatir privilegios injustificados y garantizar la limpieza de los sistemas de administración de justicia. Sólo así podría lograrse que todos los mexicanos disfrutáramos "de las mismas oportunidades para nuestro desenvolvimiento personal".

La planeación democrática era "la técnica adecuada para conducir al gobierno conforme a la voluntad popular". Suponía la participación de todos los sectores sociales en el proceso, bajo la rectoría del Estado. Se hallaba en estrecha conexión con los propósitos del desarrollo, el empleo y la lucha contra la inflación, que era la sexta tesis propuesta: "La planeación que demanda el país es aquella que conduzca a una política popular de desarrollo y no a una política populista o demagógica. Una política de desarrollo que nos permita seguir creciendo para satisfacer el reiterado reclamo popular de empleo, y ello buscando el equilibrio regional y llevando a cabo una lucha frontal contra la carestía de la vida".

Sobre la última de las tesis enunciadas, la descentralización de la vida nacional, el candidato aseveró que se trataba de un imperativo para consolidar un desarrollo equilibrado y pleno de la sociedad. Era indispensable, agregó, fortalecer a los estados y a los municipios para su cabal participación en la definición y ejecución de las tareas nacionales, y era indispensable, asimismo, "que en toda la República, en cada comunidad, se decida y se actúe dentro del marco general de la actividad nacional que conduzca la Federación mediante un plan en el que todos hayan participado".

El candidato aclaró que las siete tesis eran conceptos relacionados entre sí, "pero que han de separarse para definir instrumentos... seguiremos haciendo con toda profundidad y sentido democrático la campaña de la Revolución Mexicana... porque somos un movimiento abierto a la rectificación de los medios, pero inconmovible en los valores fundamentales".

Finalmente, abarcando todos los conceptos expuestos, De la Madrid indicó que la renovación del movimiento revolucionario era un requisito de gobierno, lo que implicaba, a su vez, la reorganización y modernización del PRI "hasta las más pequeñas unidades de acción política, como son los comités seccionales". Era necesario que todos los organismos partidarios estuvieran "pendientes de las necesidades del pueblo y sirvan como gestores eficientes de sus intereses".


La propuesta para el cambio

La devaluación de febrero, el aceleramiento previsto de la inflación en el año, la fuga de capitales, el desgaste de la figura presidencial, los reclamos de corrupción; en suma, el inicio de la crisis económica más aguda de los últimos años, implantó en la conciencia nacional la idea de que era necesario un cambio, tanto más cuanto que en los años previos el país había registrado un gran crecimiento económico, con perspectivas de que esa situación se prolongaría. El candidato y su equipo no fueron ajenos a esta conciencia. Si bien para la oposición los recientes indicadores económicos eran la demostración del fracaso del gobierno y del PRI en la conducción del país, y por ello proponían el cambio del gobierno a sus manos, para Miguel de la Madrid la crisis no invalidaba los logros de los gobiernos priístas ni, mucho menos, el proyecto nacional revolucionario. Sin duda, después de febrero orientó su discurso a la proposición de cambios en los más diversos campos de la administración, pero articulando estas proposiciones en torno a los siete criterios políticos presentados por él. De este modo, el candidato logró, cuando la población iniciaba demandas fuertes de cambio, integrar una propuesta global de renovación.

Las siete tesis, que ya habían sido abordadas en distintos momentos a lo largo de la campaña, fueron desarrolladas desde marzo por el candidato con claridad y profundidad, en un discurso especial para cada una. A partir de ellas, De la Madrid hizo una revisión de los más importantes aspectos de la vida nacional y de la administración pública, lo que arrojó nociones claras sobre situaciones específicas que había que superar, y de aquí derivaron propuestas concretas para el cambio dentro del sistema.

El 7 de marzo, para finalizar la Reunión Estatal para la Planeación efectuada en Mérida, Yucatán, De la Madrid dedicó la última mitad de su intervención a exponer sus proposiciones para emprender el proceso de renovación moral. El candidato comenzó diciendo que pasábamos "por épocas difíciles y dolorosas. Los retos que avizoramos son imponentes; pero necesitamos abordar la superación de estos retos con vigor, con imaginación, con talento. Y para ello es imprescindible la renovación moral de la sociedad. Una sociedad que permite la generalización de conductas inmorales o corruptas es una sociedad que se debilita, es una sociedad que decae".

A continuación, el candidato aceptó que la corrupción en el sector público era la forma más intolerable de inmoralidad social. Si bien la renovación moral debía ser un compromiso de todos los sectores sociales, el gobierno debía tomar sus propios compromisos. Señaló que para ello estaba escuchando las opiniones de sus conciudadanos e informó que se tenían "grupos especiales de estudio para delinear todo un programa de renovación moral dentro del sector público". En ese momento, añadió, sólo quería adelantar algunas ideas sobre las cuales pidió a todos los mexicanos y a la opinión pública que se pronunciaran y lo siguieran favoreciendo con sugerencias y propuestas concretas.

De la Madrid expresó su creencia de que debía exigirse a los altos funcionarios una conducta intachable, pues la corrupción en niveles intermedios o inferiores era producto, en muchos casos "del mal ejemplo que se da en los escalones superiores de la administración pública, ya sea federal, local o municipal. Vamos a reformar leyes y sistemas. Vamos a reformarlos para prohibir que los funcionarios responsables aprovechen su posición para promover, directa o indirectamente, a través de otros funcionarios, de amigos o de parientes, negocios en obras públicas, compras o aprovechamiento de plusvalías o acciones del gobierno". El candidato aseveró resueltamente que el servicio público no era compatible con el hacer negocios. Aclaró que no se trataba "de desestimar el nivel de ingresos que deben tener los funcionarios públicos. No queremos en el sector público el desecho del sector privado por falta de competitividad o por una demagogia austera en la retribución justa de los funcionarios públicos... Estoy seguro que el pueblo mexicano sabrá entender que necesitamos pagar salarios justos a nuestros funcionarios y empleados, al nivel de mercado. Lo que el pueblo mexicano quiere es claridad y que no haya desviación de fondos públicos que, bajo el pretexto de complementar salarios ficticios de tipo presupuestal, se ha traducido con frecuencia en abusos, en la autorretribución que se dan los funcionarios públicos".

Otra forma de corrupción que habría que erradicar era el uso de fondos públicos para la promoción política personal de los funcionarios, mediante publicidad no fundada en hechos efectivos. Asimismo, se exigiría a los particulares que se beneficiaban con subsidios, apoyos, exenciones fiscales, permisos o concesiones que rindieran cuentas de los mismos. "Vamos a establecer una verdadera corresponsabilidad, si queremos manejarnos democráticamente.

De los manejos de los fondos del pueblo de México tenemos que responder todos y no exclusivamente los funcionarios públicos". Por otra parte, recordó, habría que revisar los sistemas de control, vigilancia e inspección, que en muchas ocasiones eran fuente de corrupción. "No es mediante procedimientos policiacos como se gobierna a una sociedad y se regula una economía. Es con controles eficaces. Debemos sanear todo lo que es servicio directo del gobierno a la comunidad. Debemos, desde luego, sanear los cuerpos de seguridad pública, las policías y todo el sistema de administración de justicia." Una forma más de la corrupción, prosiguió el candidato, era la ineficacia, como incumplimiento del deber social. "Por ello, tenemos que establecer sistemas que eviten el nombramiento de funcionarios por motivos de mera amistad personal, compadrazgo o lazos familiares... Debemos reglamentar el servicio civil en el gobierno federal, en el gobierno estatal y en los gobiernos municipales."

Para evitar que los puestos públicos se convirtieran en botín o patrimonio personal, debía haber claridad en la asignación de recursos, lográndola invariablemente con metas y compromisos específicos y realistas, "no ficticios, que a veces se toman muy fácilmente al pedir presupuestos ampliados, pero que después se justifican, en su incumplimiento, con argumentos desestimables", observó el hasta hacía pocos meses Secretario de Programación y Presupuesto: "Vamos a sancionar con severidad cualquier fenómeno de indisciplina presupuestal". Asimismo, De la Madrid señaló la necesidad de controlar estrictamente las nóminas, para evitar "aviadurías", ausentismos tolerados y canonjías con cargo al erario.

Por otro lado, afirmó el candidato, era preciso desarrollar los sistemas de evaluación, "para que las decisiones de autoridad se hagan siempre en atención al interés público... Debemos ser capaces de detectar a tiempo, corregir y, en su caso, sancionar, el uso de instrumentos de promoción con fines ilegítimos, en favor de personas o grupos privilegiados, o de promoción política personal... Esto no es sólo una prédica moral, es una necesidad política, es una demanda del pueblo mexicano y la mejor demostración de que el pueblo sigue siendo, en lo fundamental, un pueblo moral". Y finalizó: "No hagamos amarillismo ni cacería de brujas, ni programas de terror. En lo fundamental, somos un pueblo sano. Sepamos prever, corregir y sancionar las conductas ilícitas que dañan al vigor de la nación".

En un discurso posterior, De la Madrid hizo una precisión que vale la pena reproducir: advirtió que no quería hacer promesas falsas, pues no se podía comprometer a acabar súbita y totalmente con la corrupción, ya que ésta existiría mientras el hombre tuviera la libertad de escoger entre el bien y el mal. Su objetivo era, asentó, que para 1988 la corrupción no fuera una causa generalizada de indignación nacional.


El 20 de marzo en Ciudad Victoria, Tamaulipas, en el discurso pronunciado al finalizar un acto popular de su partido, De la Madrid desarrolló la tesis de la democratización integral. Después de recordar los orígenes de la vocación democrática de los mexicanos en el siglo XIX, el candidato señaló que la democracia, como objetivo permanente del PRI, era a la vez aspiración y programa. Los conceptos de democracia política, económica y cultural eran los elementos de la democratización integral de la sociedad.

En el orden político, explicó el candidato, la lucha por la democracia suponía someter todo acto de autoridad al derecho, reivindicando el respeto de la ley por todos. Incluía igualmente el fortalecimiento de los partidos políticos y del sistema electoral. Añadió que también implicaba reforzar el federalismo mediante una revisión de las facultades de los municipios, de los estados e incluso de la federación. Por otro lado, en la tarea democrática de establecer pesos y contrapesos al ejercicio del poder, se debía fortalecer al Poder Legislativo y ensanchar los canales de consulta popular en el Congreso de la Unión y en las legislaturas de los estados.

"Estas consideraciones -precisó De la Madrid- llevan implícita la necesidad de institucionalizar en la administración pública la representación de los intereses de los diversos grupos sociales, enriquecer la participación popular en el poder público y mantener un diálogo constante entre gobernados y gobernantes." Para lograr esto se debían ampliar los medios de expresión, afianzar la planeación democrática y promover la participación popular en la prestación de servicios públicos, en el sistema educativo y en la defensa de la familia frente a los desajustes económicos y sociales.

El candidato hizo hincapié en que se requería "establecer objetivos y funciones concretas de coordinación y de colaboración entre los ciudadanos y el gobierno para construir verdaderas instancias de acción democrática en todos los niveles, desde los poderes de la Unión hasta los comités vecinales de manzana". Se refirió específicamente a que en el Distrito Federal debía encontrarse la manera de establecer una mayor representación ciudadana. La democracia política, añadió, exigía la modernización y reforma del partido en el poder. Asimismo, era imprescindible fomentar y apoyar la democratización de ejidos, cooperativas y sindicatos.

Las tareas para impulsar la democracia económica, apuntó el candidato, eran vigorizar los esfuerzos para una mejor distribución del ingreso, ampliar la generación de empleos, integrar a los grupos marginados y satisfacer las necesidades populares de alimentación, salud y seguridad social, vivienda y vestido. Para conseguir estos objetivos De la Madrid sostuvo que era necesario fortalecer el sistema de economía mixta y regular los fenómenos de concentración económica, promoviendo una legislación antimonopólica efectiva. El sector social de la economía se fortalecería con el apoyo al ejido, a la pequeña propiedad y al movimiento cooperativista, como células básicas de la producción. Agregó que promovería la organización nacional, regional y local para la defensa de los intereses de los consumidores.


Finalmente, la democracia integral requería la democracia cultural, que implicaba dar acceso a los diversos niveles del sistema educativo a todos los mexicanos. Las metas en este terreno eran erradicar el analfabetismo, cubrir la demanda total de enseñanza básica de diez grados, ampliar la educación superior y generalizar la capacitación para los obreros, campesinos y clases populares urbanas. El candidato hizo ver la importancia de que, con el concurso del pueblo, se definiera una política para hacer que los medios masivos de comunicación promovieran la creatividad y se convirtieran en factor de arraigo, evitando inducir imitaciones de culturas extranjeras, y difundieran una información suficiente y de calidad.

La tesis del nacionalismo revolucionario, que era el concepto que abarcaba a los demás, fue expuesta por Miguel de la Madrid el 2 de abril, en la ciudad de Veracruz. El nacionalismo, manifestó, era el valor fundamental de una comunidad social, cultural, política y económicamente independiente. Los mexicanos somos nacionalistas, recordó, por necesidad vital, pues frente a las agresiones y ambiciones externas "no hubiéramos sobrevivido sin el nacionalismo". En el siglo XX, asentó De la Madrid, el nacionalismo revolucionario era la fuerza unificadora sustancial de los mexicanos para cumplir las metas populares y para preservar la soberanía. Su objetivo, continuó, era acelerar la incorporación de las mayorías a los beneficios del desarrollo nacional, a través de una transformación constante por la vía del derecho revolucionario.

En las relaciones de México con el exterior, De la Madrid se comprometió a mantener y reforzar los principios soberanos de la política exterior mexicana. En el terreno económico, aseveró, afianzaría el dominio de la nación sobre su patrimonio territorial, vigilando que su explotación se tradujera siempre en beneficio nacional. Asimismo, se comprometió a fortalecer la facultad de rectoría económica del Estado, a fomentar la autosuficiencia alimentaria, a desarrollar programas científicos y tecnológicos que apoyaran la independencia económica, y a impulsar el comercio internacional mediante una mayor competitividad de nuestras exportaciones. Igualmente, subrayó que vigilaría "estrechamente el crecimiento, la composición y el destino de la deuda externa, de tal manera que, en ninguna circunstancia, se exponga nuestra autodeterminación". Por otro lado, De la Madrid ofreció impulsar el enriquecimiento de la cultura nacional, con una gran cruzada de recuperación cultural que frenara los embates de la penetración cultural extranjera.

La tesis de la sociedad igualitaria fue desarrollada extensamente por el candidato del PRI a la Presidencia de la República en Ixmiquilpan, Hidalgo, el 17 de abril, durante un acto popular de su partido. Este discurso fue considerado como uno de los más importantes de la campaña, pues en él De la Madrid definió 20 puntos específicos para alcanzar la sociedad igualitaria. El candidato recordó que la Revolución Mexicana había aportado una nueva concepción de la democracia, de la propiedad, de la organización política, de las libertades y del Estado como conductor de la economía, con el objeto de orientar a la nación hacia la justicia social, lo que se traducía en la igualdad formal y real de los mexicanos. "Hemos llevado justicia social a grandes sectores y grupos de nuestra población, hemos fincado bases firmes para sostener e incrementar amplias políticas de beneficio social. Sin embargo, es preciso reconocerlo, no hemos podido moderar fenómenos de riqueza extrema y dispendiosa ni eliminar de nuestra sociedad persistentes manifestaciones de marginalismo y de pobreza lacerantes."

La desigualdad, expresó el candidato, era el mayor desafío de la Revolución y había que combatirla por convicción y compromiso político. El reto era lograr la igualdad sin destruir la libertad. Así, la lucha por la igualdad no podía ser un mero reparto de lo existente, sino una acción que perseguía equidad en la distribución de bienes y servicios, así como la ampliación sistemática de la capacidad productiva. "Desechamos, por ello, el populismo, que en la búsqueda del efecto inmediato dilapida, desintegra, exaspera y destruye." De la Madrid advirtió entonces que no ofrecía la igualdad en un sexenio, pero se comprometió a multiplicar el esfuerzo y a introducir reformas que permitieran avanzar en su consecución.

La lucha contra la desigualdad, indicó, se libraría con todos los instrumentos del Estado, sobre todo mediante las políticas económicas y sociales. Era indispensable, continuó, "traducir nuestra filosofía en puntos definidos de estrategia. En consecuencia, plantearemos aquí, en el Valle del Mezquital, algunos puntos para una estrategia efectiva en favor de la igualdad de los mexicanos". A continuación, De la Madrid enumeró diez puntos de política económica y diez de política social. En un marco de inquietud e incertidumbre social, producto del detrimento de la economía, el candidato afirmó que combatiría la carestía de la vida, que agravaba la desigualdad y ponía en peligro el crecimiento sostenido del empleo y del salario. En segundo término, se comprometió a proteger el empleo y a sustentar su aumento permanente y bien remunerado. Asimismo, aseveró que impulsaría el incremento de la participación de los salarios en el ingreso nacional, pues "no queremos proteger utilidades para consumos dispendiosos que ofenden a los mexicanos".

Miguel de la Madrid reconoció que era necesario corregir la desigualdad entre el campo y la ciudad. Planteó la necesidad de convertir al minifundio en una unidad capaz de lograr incrementos en la productividad. Añadió que aumentaría el apoyo a las áreas de agricultura de temporal, en las que se concentraba la población campesina más desprotegida. Aclaró que en este terreno había que actuar no sólo en el campo de la producción, sino también en los de educación, vivienda y condiciones sanitarias.


Los recursos del Estado, advirtió De la Madrid, se utilizarían prioritariamente en beneficio de las mayorías. La política de subsidios se revisaría para garantizar su uso con fines productivos y de distribución del ingreso. Se establecería una política de financiamiento sano del gasto público, pues los excesos inflacionarios se producían cuando los recursos no se adecuaban a las necesidades. Agregó que profundizaría en la reforma fiscal, como un instrumento redistributivo eficaz. El décimo punto de política económica propuesto por el candidato fue mantener una política realista de precios de los bienes y servicios producidos por el sector público, ya que los "precios excesivamente bajos producen beneficios para unos cuantos y no para las mayorías, desequilibran la estructura financiera de las empresas públicas y aumentan su dependencia del endeudamiento". En lo que se refiere a la política social, De la Madrid señaló problemas y apuntó soluciones en materia de vivienda, alimentación, salud, educación, cultura, comunidades indígenas, administración de justicia, igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, y participación de la juventud en la vida nacional.

El 26 de abril en Valle de Bravo, durante un desayuno con organizaciones de profesionistas del Estado de México, De la Madrid expuso sus conceptos sobre la planeación democrática, la cual debía "derivarse de los propósitos políticos de la sociedad y ser el más poderoso medio de gobierno para resolver los desafíos que enfrenta la nación." Dentro de la concepción del Estado como forma de organización al servicio del pueblo, explicó el candidato, su campaña era un proceso de consulta popular que permitía recoger las demandas de la sociedad para precisar las prioridades que debería incluir el Plan Nacional de Desarrollo. "Con él haremos frente, apoyados en el triunfo electoral, a los grandes problemas nacionales, que ahora amenazan con agobiarnos", pero también a los que ameritaban mayor serenidad y una acción ordenada para construir la nación del futuro próximo y lejano. El plan sería el marco obligatorio para todos los documentos de planeación que se elaboraran en el gobierno federal. Estos debían ser planes y programas que pudieran cumplirse, reiteró el candidato, y no documentos de buenas intenciones. Insistió en que la planeación sólo sería válida y útil si era realista, para lo cual el gobierno escucharía a sindicatos, organizaciones campesinas, empresariales, universidades y, en general, a todos los organismos populares representativos.

Miguel de la Madrid ofreció en esta oportunidad basar el Sistema Nacional de Planeación Democrática en los resultados de la consulta popular y enfrentar las condiciones económicas, a las que se refirió en varias ocasiones, con realismo: "para ser congruente con mi campaña político- electoral, si obtengo el voto de las mayorías, al inicio de mi gobierno ofreceré a la nación un programa realista para hacer frente a la situación económica, acompañado de un conjunto de medidas infraestructurales que respondan a los retos de la nación y a las prioridades que está determinando el pueblo mexicano".

Durante una reunión con la Federación de Abogados Mexicanos en el Distrito Federal, el 7 de mayo, el aspirante del PRI a la Presidencia de la República se refirió a la descentralización de la vida nacional. Como en las anteriores alocuciones, en primer término se remontó a los orígenes históricos del concepto, centrándolo en este caso en el federalismo. Por necesidad, explicó, la práctica política le había dado al federalismo una dinámica centralizadora, que había permitido acelerar el desarrollo. Pero esta tendencia había superado sus posibilidades y se estaba convirtiendo en una grave limitante del mismo. "El problema es hoy buscar un nuevo estilo al federalismo mexicano. Tenemos que cambiar."

A lo largo de la campaña, manifestó el candidato, la descentralización había surgido como un reclamo del pueblo. Un proceso de descentralización, observó, tendría que abarcar los ámbitos político, administrativo, económico y cultural; exigía una acción profunda, ordenada y eficaz, aunque gradual, de revisión de competencias de los estados, los municipios y la federación. La redistribución de competencias que se habría de emprender, especificó De la Madrid, comenzaría por devolver al municipio las atribuciones necesarias para que pudiera desempeñar adecuadamente "el gobierno directo de la comunidad básica". Aseguró que un gobierno municipal que asumiera sus responsabilidades sería una gran palanca para impulsar la participación popular. Se debía dar a los municipios atribuciones para creación de reservas territoriales y zonas de reserva ecológica, planeación y desarrollo de zonas urbanas, construcción de vivienda popular, tratamiento de aguas negras y reforestación. En la planeación democrática, instrumento central de la descentralización, participarían los estados y municipios en la definición y ejecución del desarrollo nacional.

Otro paso a la descentralización política, externó el candidato, sería reformar al PRI, encontrando nuevas pautas de actuación que ampliaran el margen de autonomía de las decisiones políticas de los habitantes de las comunidades municipales. Como ejemplo a seguir, De la Madrid se refirió a los municipios sonorenses en los que recientemente se habían efectuado actos plebiscitarios del partido para postular candidatos a presidentes municipales.

En el plano económico, De la Madrid sostuvo que la descentralización comprendía la redistribución geográfica de las actividades productivas, la industria y los servicios. Añadió que se revisaría la eficacia de los subsidios a la inversión y al consumo con un criterio descentralizador y se aplicarían criterios de promoción regional para la asignación del gasto de inversión y para la distribución del gasto corriente. La descentralización económica, indicó, se apoyaría en una red de comunicaciones que superara el actual sistema radial cuyo eje era el valle de México. Insistió en que era impostergable la modernización de los mecanismos nacionales de comercialización y que la creación del sistema nacional de abasto requería ser concebido con criterios de desarrollo regional, dirigiendo las acciones a las numerosas ciudades intermedias que ya existían en el país.


La consulta popular, expuso el candidato, había revelado cuáles eran las actividades del gobierno federal que deberían ser descentralizadas y quedar a cargo de estados y municipios. Entre ellas se encontraban la enseñanza elemental, básica y media, el aprovechamiento de los recursos naturales, la inversión para la infraestructura de salud, la regulación de los asentamientos humanos y la operación de programas relacionados con el campo. De la Madrid advirtió: "no se trata de desparramar irresponsablemente las competencias; se trata de fortalecer solidariamente la eficacia de la nación y dar a cada nivel de autoridad su responsabilidad directa ante el pueblo". Concluyó su discurso subrayando que la descentralización de la vida nacional debería ser un movimiento eficaz, gradual, firme, sistemático e inaplazable.

Al clausurar la XV Reunión Nacional del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio y la Televisión, el 24 de mayo en León, Guanajuato, De la Madrid desarrolló con profundidad la tesis sobre desarrollo, empleo y combate a la inflación. En este discurso el candidato hizo un severo diagnóstico de la situación económica del país. Afirmó que los rumbos políticos de la actual etapa de la Revolución se tendrían que apoyar en una economía nacional que resolviera sus principales desequilibrios, que provocaban carestía, ponían en peligro los empleos, generaban pobreza y baja productividad, así como escasez y mala calidad de los servicios urbanos. "Estos desequilibrios coadyuvan a estilos de vida que fomentan el gasto y las inversiones en el extranjero, que debieran hacerse en México." Miguel de la Madrid aclaró que determinar las causas de los problemas económicos del país para hacerles frente era una tarea compleja que no podía realizarse con dogmatismos ni simplismos. Insistió en que se debían evitar análisis superficiales. "Si en verdad nos proponemos hacer frente a los problemas de fondo, necesitamos reconocer qué es lo que se puede cambiar y cómo lo vamos a hacer." Identificó, entonces, los principales desequilibrios de la economía: la desigualdad social, la ineficacia, la baja productividad, la escasa competitividad de los productos mexicanos en el exterior y un ahorro interno insuficiente.

El candidato señaló que existían serios desequilibrios sectoriales, los que se traducían en incapacidad para generar una oferta suficiente para atender las necesidades básicas de amplios grupos sociales. Mencionó otros problemas graves, como los conflictos por la tenencia de la tierra, la burocratización y el rezago en el campo, la dependencia excesiva de tecnología externa, la baja productividad del proceso de industrialización, el congestionamiento de la infraestructura carretera y ferroviaria y el dualismo e intermediarismo en el comercio. De la Madrid destacó que el serio desbalance entre las exportaciones e importaciones se había vuelto crítico, limitando las posibilidades de resolver los problemas más urgentes de la población y de continuar con el desarrollo del país. Añadió: "a la escasez de divisas para realizar las importaciones necesarias, se agrega una severa presión para pagar los intereses y amortización de nuestra elevada deuda externa". Reiteró que la falta de ahorro había provocado el excesivo endeudamiento del país, había limitado las posibilidades de un crecimiento sostenido y había reducido la generación de empleos.

De la Madrid aclaró entonces que si bien se aceptaban los desequilibrios del desarrollo, había que reconocer los avances logrados. Mencionó aquellos referidos al terreno institucional, al crecimiento industrial, al reparto agrario y a la modernización de los servicios y del comercio. Ubicó a México en el contexto internacional, como un país que de haber sido una sociedad agraria y desintegrada ocupaba, ya, el 17o lugar en el mundo en cuanto a su producción industrial, el 11o en el desarrollo de la infraestructura de comunicaciones y transportes y también el 11o en el tamaño total de la economía. "Tenemos desequilibrios en nuestro desarrollo, dificultades en nuestra situación económica de corto plazo, pero también podemos apreciar con objetividad que México tiene fuerzas vigorosas que lo impulsan."

Más adelante señaló que para superar los problemas de desigualdad extrema, falta de ahorro, insuficiencia de divisas y escasa eficiencia de la economía se requerían cambios realistas y profundos. "En mi campaña he buscado precisar el sentido de cambio que requiere la sociedad, así como las actitudes y disposiciones para llevar a cabo las acciones requeridas. Por ello he ido definiendo orientaciones políticas y estratégicas para realizar un cambio firme, ordenado, que consolide lo que funciona y que reoriente lo que la realidad ha demostrado que es insuficiente o equivocado."

El candidato planteó que perseguiría el crecimiento sostenido, el empleo y el combate a la inflación, propuesta que se encontraba vinculada con los otros criterios básicos que orientaban su campaña: "Un desarrollo para los mexicanos en el marco del nacionalismo revolucionario; en una democracia integral que permita, a través de la participación, satisfacer las demandas de las mayorías, su exigencia de igualdad, con una renovación moral que afirme los deberes de la convivencia y con una descentralización de la vida nacional que estimule un mejor equilibrio territorial del desarrollo. Todo ello, en el marco de la planeación democrática, como instrumento de trabajo de toda la nación". Sostuvo que una política de desarrollo viable debía contar con bases institucionales, respaldos sociales, valores y participación, además de considerar al contexto internacional. De la Madrid propuso tres objetivos generales que guiarían la estrategia de su gobierno: abatir la inflación y la inestabilidad cambiaria, defender la actividad económica y el empleo, y actuar simultáneamente en los grandes problemas estructurales del desarrollo mexicano.

En el sector público, manifestó, "tenemos que actuar en dos frentes: aumentar los ingresos y disminuir el gasto corriente que no tenga un propósito social o productivo directo, en condiciones de eficiencia". Para lograr esto, continuó, sería necesario reforzar la estructura tributaria, adoptar una política realista de precios y tarifas, así como realizar un esfuerzo de eficiencia y productividad en las empresas públicas.


El candidato sostuvo que la eficacia de la estrategia de desarrollo dependía de que se pudiera controlar y abatir el crecimiento elevado e inestable de los precios, por lo que, de manera explícita, se comprometió a reducir la inflación y la carestía de la vida y afirmó: "el pueblo mexicano lo demanda. A ello me comprometo". Explicó que el proceso de ajuste conllevaba costos sociales, por lo que la distribución de ellos debía ser equitativa, evitando que recayeran en los grupos menos favorecidos. "El Estado -aseguró- dará el ejemplo en la lucha contra la carestía, fortaleciendo su ahorro propio, adoptando medidas permanentes de austeridad, disciplina, unidad y congruencia que garanticen a todos los sectores el compromiso fundamental de combate a la inflación." Precisó que la estrategia antinflacionaria se apoyaría en una doble acción: fortalecimiento de la oferta y adecuación de la demanda al crecimiento de aquélla.

En su discurso, el candidato reconoció que muchas veces objetivos muy importantes competían entre sí y no podrían lograrse al mismo tiempo y con la misma intensidad: no obstante, aseguró, esto no era excusa para abstenerse de su planteamiento y fijar la reorientación cualitativa de la política de desarrollo. Advirtió que la única contradicción inaceptable era aquella de que "se necesita crecer y concentrar hoy para distribuir mañana".

"El país exige cambio. Seguiré su mandato. La estrategia de desarrollo que propongo es una estrategia de cambio de ruta, de orientación y de estilo, con un propósito eminentemente social, pero que se apoya en el realismo económico y deberá cumplirse con firmeza, perseverancia y disciplina... Las propuestas que hago no garantizan, desde luego, por sí mismas, la solución de nuestros problemas." Para ello, continuó, sería necesaria la responsabilidad de cada uno de los sectores sociales; "yo estoy adquiriendo un compromiso público con los mexicanos." Por último, exclamó: "no vamos a dejar que se nos desbarate la Patria en las manos. Con el esfuerzo y con la solidaridad de todos los mexicanos, México saldrá adelante".

Además de los discursos reseñados, el 4 de mayo De la Madrid pronunció un discurso en Cuernavaca, Morelos, sobre la necesidad de un liderazgo nacional en el contexto de la difícil situación económica que, para ese momento, se había convertido en foco de atención para la sociedad mexicana. Si bien este discurso no se encuadra formalmente dentro de las siete tesis, hizo en él un pronunciamiento muy importante, que algunos observadores llegaron a considerar como una tesis más, que fue el realismo para reconocer los problemas. En primer término, el candidato señaló que la obligación de todos los mexicanos era hacer. frente a esa circunstancia, reafirmando su patriotismo y su fe en el país.

De la Madrid manifestó que entendía el liderazgo nacional como José María Morelos lo había definido: "como el servicio auténtico e ilimitado a la nación". Añadió que un liderazgo democrático debía tener como base el consenso mayoritario y la responsabilidad solidaria de los diferentes sectores sociales. Debía ser, continuó, una dirección política que sirviera a las mayorías, no a las minorías, pero que respetara los derechos de ellas, no sus privilegios. Declaró que buscaría servir a las mayorías, y dijo que no le interesaba la cosecha de aplausos: "haré lo que tenga que hacer, aunque no se comprenda de inmediato lo que haga".

De la Madrid destacó que la base del liderazgo nacional era el respeto a la verdad. Esta era, además, una exigencia del pueblo de México, por lo que se comprometió a mantener la verdad como norma básica de relación entre gobernantes y gobernados, lo que significaría ser realistas en los diagnósticos y estar dispuestos a reconocer errores y a escuchar la verdad de cada quien. Se propuso, además, la definición de políticas viables que reconocieran las limitantes que tiene la sociedad. Como norma de acción el candidato sostuvo que le diría al pueblo lo que se podía y lo que no se podía hacer e invitó a desechar el desaliento, el agobio y la angustia.

Más adelante, De la Madrid se preguntó cómo era posible que "al primer tropiezo nos tiemblen las corvas y se nos doblen las rodillas". Pidió que se reconocieran los errores sin olvidar lo logrado. El candidato sostuvo que la situación económica era difícil, preocupante por la inflación y por circunstancias externas como la caída del precio del petróleo y de otros productos de importación, además de las altas tasas de interés que aumentaban los costos del financiamiento externo e interno. No obstante, De la Madrid aseguró que el problema fundamental del país debía encontrar solución en los propios mexicanos, sin que, por otra parte, se echaran unos a otros la culpa. Esto era "señal de inmadurez y de irresponsabilidad"; cada quien debía hacer su propio examen de conciencia, pues "todos hemos tenido errores".


"Hemos de salir de esta situación -advirtió- con la verdad, con realismo, con esfuerzo. No puedo ofrecerle a México que las cosas cambiarán del 30 de noviembre al primero de diciembre", y se mostró esperanzado de que la situación mejorara para fines del mes de noviembre. Para entonces, "sabré enfrentar mis responsabilidades de dirigencia nacional, con verdad, con responsabilidad y pidiendo a los mexicanos su esfuerzo, no prometiendo soluciones fáciles". Pidió que cada uno hiciera sacrificios, pero con justicia, es decir, evitando que recayeran más sobre los que menos tenían, que eran los campesinos y los trabajadores no asalariados.

El candidato ofreció que, con base en la consulta popular, se elaboraría un Plan Nacional de Desarrollo que restaurara la calidad de la República, pues había calidades que demandaban más que las cantidades. Así, explicó, valía más un gobierno que cumpliera sus obligaciones indispensables que uno que se ufanara de tasas de crecimiento y de obras materiales, y ejemplificó: "¿Qué prefiere el pueblo? ¿Que le hagan un camino o que le limpien a la policía?", a lo que se respondió: "¡El pueblo prefiere que le limpien la policía!" Dentro de estas orientaciones de tipo cualitativo, De la Madrid se refirió al mejoramiento de la administración de la justicia como un reto fundamental para la autoridad y la sociedad.

En su discurso, el candidato explicó que el desprestigio de los políticos se debía, en parte, a que eran los que más se exponían a la opinión del público. Sin embargo, reconoció que en ese oficio, al igual que en otros, había fenómenos de inmoralidad. Por otra parte, Miguel de la Madrid sostuvo que era responsabilidad de todos los mexicanos participar en los procesos políticos. De lo contrario, dijo, no habría autoridad moral para juzgar a los políticos.

Por último, el candidato enfatizó que aspiraba a un liderazgo nacional legitimado y precisó que la legitimidad política no se ganaba de una vez y para siempre, sino que era un proceso constante en tanto hubiera correspondencia entre lo que quería el pueblo y lo que hiciera el gobierno. Ésa, afirmó, "es la legitimidad que busco. Ese es el liderazgo nacional que estoy solicitando con realismo, con verdad, con honestidad y con firmeza".

Los siete conceptos con los que el candidato del PRI a la Presidencia de la República articuló su propuesta política de gobierno a la ciudadanía mexicana para atraerse sus votos, se convirtieron en la columna vertebral del discurso de Miguel de la Madrid Hurtado, no sólo en los discursos reseñados, sino en muchos otros actos de la campaña, relacionados con toda clase de problemas, tanto locales como nacionales. Por su parte, sus compañeros de partido, señaladamente los candidatos a senadores y diputados federales, tomaron las siete tesis y las difundieron en todo el país, utilizándolas para el análisis de la realidad regional y para sus propuestas a los votantes. También los periodistas hicieron múltiples comentarios en torno a los siete criterios políticos del candidato del PRI, que en general lograron un consenso amplio en la opinión pública.

A partir del 23 de mayo, días antes de iniciar la fase de promoción del voto y durante ella, el candidato transmitió por televisión a todo el país una nueva serie de discursos sobre los siete criterios rectores. En estos mensajes televisivos, más breves que los anteriores, el candidato resumió los puntos esenciales de cada tesis, en cuyo marco sintetizó sus proposiciones para el cambio.

Opinión de prensa

La proposición de las siete tesis en Tuxtla Gutiérrez suscitó diversos comentarios en la prensa nacional, en el sentido de que con ese discurso Miguel de la Madrid había delimitado con más claridad su función como candidato, al hacer un gran planteamiento propositivo, cuyo contenido más específico surgiera de la consulta popular emprendida. A partir del mes de marzo, la prensa destacó que en la campaña del candidato del PRI a la Presidencia de la República se había iniciado una etapa de definiciones. Algunos comentaristas señalaron que si bien De la Madrid había iniciado su campaña con la afirmación de los valores fundamentales de la Revolución Mexicana, poco a poco había pasado al momento de asumir compromisos concretos. Otros comentaron que, con buen tino político, De la Madrid respondía al panorama económico ensombrecido con la devaluación del peso exteriorizando posiciones cada vez más explícitas en torno a los grandes problemas nacionales. Si bien durante 1981 las opiniones se habían dividido -unas a favor, otras en contra del candidato y de la mecánica de la campaña-, para 1982 los comentarios se unificaron favorablemente en torno a la figura de Miguel de la Madrid.

Los medios de información nacionales constataron un cambio en el tono de los discursos del candidato a partir del 7 de marzo, día en que presentó sus propuestas sobre renovación moral en Mérida, Yucatán. Si bien a lo largo de la campaña fueron constantes las menciones a este tema, el mensaje de Mérida sacudió a la opinión pública al poner en evidencia que la renovación moral no era mera prédica sino una advertencia clara y seria. Con este discurso, afirmaron, Miguel de la Madrid se había decidido a romper cercos y costumbres para darle plenitud a su proyecto erradicador de la corrupción: fin al saqueo de las nóminas y no más parásitos de los presupuestos oficiales. No dejó de mencionarse que estos pronunciamientos implicaban una fuerte autocrítica al sistema y al gobierno en funciones.

Conforme avanzaba la campaña, la imagen del candidato se aclaraba. La opinión generalizada de la prensa era que se había operado un cambio en el candidato del PRI. Gracias a la experiencia de campaña, al contacto directo con todos los grupos y sectores de la sociedad, incluidos los representados en su partido, el candidato había podido enunciar conceptos precisos y concretos sobre los problemas políticos, económicos y sociales del país: "se va asentando en sus acciones, penetra mucho más en los problemas, conoce a fondo los temas que trata y, sobre todo, le ha salido a flote una cualidad: pone el dedo en la llaga, en los problemas más lacerantes del país." Diversos comentaristas políticos afirmaron que los siete principios desarrollados en la campaña electoral no eran tesis que cayeran en el inmediatismo electoral, sino que se ubicaban en un tiempo más prolongado. Eran principios rectores que respondían a necesidades del país y sintetizaban las demandas políticas de México.


El discurso de Ixmiquilpan sobre la sociedad igualitaria fue interpretado como adelanto del programa de gobierno del candidato del PRI a la Presidencia de la República, en el que, lejos de hacer promesas, había propuesto acciones específicas. Los comentaristas políticos subrayaron el hecho de que De la Madrid hubiera resumido en una sola palabra la realidad nacional, y ésta era la desigualdad. Así, el discurso fue calificado como un "planteamiento sólido, políticamente responsable, el paquete más orgánico y comprometedor de la campaña, discurso claro, sincero, determinante." Los principales diarios apuntaron que con este discurso el candidato priísta había hablado de una manera directa, que solía reservarse para cuando un nuevo Presidente asumía el poder y exponía su plan de gobierno. De esta forma, refirieron, Miguel de la Madrid se había desvinculado de 36 años de costumbre política, al formular tesis concretas. Un mes después, la prensa comentaba todavía estos pronunciamientos del candidato.

A partir del discurso de Ixmiquilpan se percibió en la prensa, con más nitidez, una corriente de opinión que veía en el candidato priísta una esperanza para salir de la crisis económica. Se elevó considerablemente la credibilidad en su persona debido a la claridad y sinceridad con que había reconocido las fallas. Muchos coincidieron en que con este discurso Miguel de la Madrid había dejado constancia de su fe en la nación, de la capacidad del mexicano para resolver situaciones graves y dejaba, además, la certidumbre de que había que corregir los errores cometidos.

La alocución pronunciada el 4 de mayo sobre el liderazgo nacional fue otra de las más comentadas por la prensa, pues en el discurso, se dijo, el candidato había antepuesto la verdad a las promesas imposibles, lo que no era común en el tradicional juego político. Entre algunos comentaristas este discurso fue considerado como insólito, pues el propio candidato al cargo más alto de elección popular había admitido sin eufemismos que atravesábamos por una crisis económica y que lo más serio de ella era que había ocasionado desánimo, escepticismo e indiferencia, así como indignación e irritación. Algunos incluso llegaron a afirmar que a las siete tesis había que añadir un nuevo concepto, que era la autenticidad, ya que este discurso era un ejemplo de congruencia entre las acciones propuestas, las necesidades y las posibilidades reales del país.

Con el discurso del 7 de mayo sobre la descentralización de la vida nacional, la prensa coincidió en que era innegable que De la Madrid tenía cada día una concepción más clara de la realidad del país. Esto quedaba demostrado mediante el detallado recuento que el candidato había hecho sobre los males derivados del centralismo imperante en el país. Con un lenguaje franco y directo, los planteamientos del candidato revelaban un nuevo enfoque, "otra perspectiva, que da el ir y venir por el territorio nacional".

Otro discurso comentado favorablemente por la prensa fue el que dedicó el candidato a la situación económica, en la ciudad de León. Las opiniones vertidas acerca del mensaje lo calificaron como el discurso más definitorio en cuanto a compromisos programáticos, que contenía una rectificación de la política económica seguida por el gobierno hasta entonces. Algunos periodistas subrayaron que a partir de la devaluación el candidato, como todo el país, había cobrado conciencia de la magnitud de la crisis, pasando entonces del discurso político normal al discurso económico y a fijar posiciones.

A lo largo de la campaña los comentaristas consideraron que los pronunciamientos políticos, económicos y de justicia social del candidato se seguían unos a otros en forma congruente, destacando, en particular, el de renovación moral. Durante esta campaña, comentó un periodista, se había operado una triple transformación. En primer lugar, la de la situación económica y, por lo tanto, política, ya que a la mitad del recorrido del candidato se había producido la devaluación; la segunda transformación era de los sectores medios y bajos de la sociedad, que veían la campaña de Miguel de la Madrid como quien ve llover y no se moja, pero que, necesitados de una figura en la cual fijar sus esperanzas ante el deterioro económico, la habían encontrado en el candidato y, finalmente, la mutación más visible había sido la del propio candidato, pues se advertía en su discurso "una seguridad razonable, no exenta de humildad frente a la magnitud de los problemas".

Guanajuato 17 de marzo de 1982 Entrevista

Del ejido Providencia de Nápoles, del municipio de Silao, viene Tomás Sánchez Quintero. Forma parte de los tres centenares de campesinos que esperan en el aeropuerto San Carlos.

Viejo cenecista, a sus 74 años ha atestiguado buena parte de la historia agrarista mexicana, Tomás Sánchez Quintero ya no se asombra. No le deslumbran las pancartas, ni se impresiona con el apresuramiento organizativo de quienes disponen la bienvenida.

-Oiga, don Tomás, ¿a qué hora se levantó para poder estar a tiempo en Silao?

-A eso de las cinco, casi como siempre. El comisariado ejidal fue el que nos dijo que teníamos que estar listos bien temprano.

-¿Qué le parece el candidato? ¿Qué espera usted de él?

-Si es completo, tendrá que cumplir lo que promete. Eso de mejorar el gobierno, es que no hacen las cosas como se debe, y cambiarlas, pues va a estar re' difícil.

-¿Cuál cree usted que sea el problema principal de México?

-Uuuuh, son hartos. No más hay que ver para cualquier lado y se da uno cuenta de cómo andan las cosas, qué caray.

-Pero el problema que usted crea que necesita atención inmediata.

-El campo, la tierra, pos si no ¿de dónde va a comer uno?

En espera del candidato. En la sala del aeropuerto está el gobernador Enrique Velasco Ibarra -de los muros no han desaparecido todos los letrerones de "E. V.I. Guanajuato" - con otros funcionarios del gobierno estatal.

El diálogo del reportero con el campesino se cierra:

-¿A usted le gusta venir, don Tomás?

-Válgame, como campesino que es uno tiene que estar aquí. Hay que entrarle, porque aunque luego nos digan que esto no sirve de nada, no hay que dejar morir la esperanza. Pero a ver, hágase a un ladito que ya va a llegar.

A las 9:30 aparece Miguel de la Madrid en la escalerilla. Saludadores brazos en alto, el candidato del PRI a la Presidencia agradece la bienvenida en la que participan alumnos de las secundarias federales dos y cuatro.

Sixto Mendoza Cruz, otro campesino -de la comunidad de Purísima-: "pos qué va a querer uno. Que ayude al pobre, al fregado, ¿no? Uno solo no puede hacer las cosas".

Salvador Rico El Día

Tamaulipas 18 de marzo de 1982 Los caciques

En Tamaulipas, tierra de caciques y tierra de prosperidad y de braceros y de letreros de "se vende ropa usada" y de anuncios de try Sauza, is our tequila.

Tierra de "cueras" y huapangos que hoy recibe a todo son a Miguel de la Madrid mientras Jaime Báez, presidente del PRI estatal, busca al gobernador y mientras Pedro Pérez Ibarra, de guayabera blanca en bordados cafés, recibe sonrisas, abrazos, apretones, palmaditas del diputado local, del dirigente, del alcalde, de los diputados federales...

Y Pedro Pérez Ibarra, el cacique cetemista que saluda al gobernador con un abrazo que quiere ser afectuoso y se queda a la mitad porque Martínez Manautou lo detiene por la cintura.

Miguel de la Madrid habría de estar hoy en Nuevo Laredo, Nueva Ciudad Guerrero (a orillas de la presa Falcón), Ciudad Mier, Ciudad Miguel Alemán, Ciudad Camargo y Ciudad Gustavo Díaz Ordaz -que, sépalo usted, antes se llamó San Miguel de Camargo-, antes de llegar a Reynosa.

Reynosa que no tiene uno, sino varios caciques. Uno de ellos, el más poderoso, José Cruz Contreras, que llegó como trabajador ferrocarrilero, fue alcalde, diputado federal, oficial mayor del gobierno de Norberto Treviño y hoy dirigente -dueño le la Alianza de Camioneros Urbanos-, parte de que administra sus fraccionamientos y sus inversiones en moteles y casinos de Las Vegas.

¡Ah! José Cruz sí fue invitado a la campaña de Miguel de la Madrid.

Mientras tanto, hasta la sala de prensa instalada en una oficina aduanal de Reynosa llegó el escándalo que armó esta noche el buenazo de Salvador Barragán Camacho -¿recuerdan?-: "Chava. ¡Ese es mi Chava! ¡Arriba mi Chava!". Líder nacional del sindicato de petroleros. Y es que Chava Barragán llegó eufórico de Lázaro Cárdenas, donde habló ante José López Portillo con motivo del aniversario de la expropiación petrolera y donde se puso guapo con 30 millones de pesos para que el gobierno pague su deuda externa.

Eufórico llegó a Reynosa. Al mitin de Miguel de la Madrid, aunque tarde: ya había empezado. Y como ya había empezado el acto, a sus guardaespaldas se les hizo fácil "abrirle paso" el jefe para subirlo al templete ¡y ellos con él! y se armó la buena, porque el equipo de logística de mi general Bermúdez le dio luz verde a Chava, no a sus secuaces. Y...

Claro, Tamaulipas también es otra cosa, con todo y sus asegunes, qué caray.

Luis Gutiérrez R. Uno Más Uno

Veracruz 30 de marzo de 1982 Sólo cuatro días

La modesta oficina municipal del PRI se vio convertida de súbito en el centro nervioso de una actividad febril que no ha tenido tregua los últimos siete días. El coordinador estatal, Ignacio Altamirano Marín, responsable de la recepción y de los actos que presidirá aquí mañana el candidato del PRI a la Presidencia de la República, ha vivido estos días pegado a los teléfonos, atado tras el escritorio, atosigado por el Estado Mayor, por los coordinadores, por las avanzadas del IEPES. El viejo político, bañado en sudor confiesa en un respiro: "Es que, deveras, en esto la tiene que hacer uno hasta de mago".

En torno de su oficina, en derredor de su escritorio pululan veintenas de auxiliares, de comisionados, de secretarias, de dirigentes campesinos, de líderes juveniles. Como un mariscal de campo estira las órdenes: responde el teléfono. Corre y comprueba la propaganda que falta. Vete a ver lo de la gasolina. Llama a Laguna Verde a Carlos Smith a ver si nos puede mandar más vehículos. Chécate si los camiones llegaron a Misantla. Habla con los de Tlapacoyan que salgan tempranito para que no falten contingentes. ¿Confirmaste la gente de San Rafael? ¿Conseguiste alojamiento para los de Colipa? Dile al Estado Mayor que los del ejido quieren hablarle al candidato por el problema de la presa.

"Coño, yo no sé si será una falla de Manuel Bartlett; no sé si la culpa la tendrá la secretaria de Organización del Comité Nacional, doña Silvia Hernández. Yo ignoro si los que planean esto serán los estrategas de la coordinación de apoyo logístico ¿Así le dicen ahora al Estado Mayor del general Bermúdez? Pero vea, vea nomás la vaina en la que nos meten a nosotros aquí en el estado. El veracruzano es entusiasta, coopera, es 'grillo' por naturaleza. Le gusta participar, le gusta venir a los mítines, le encanta el jolgorio político. Y, claro, todos quieren ver a don Miguel.

"¿Y qué sucede? Pues nada. Que la mayoría se quedarán como las novias de rancho. Mire: Veracruz tiene una extensión de 71 699 kilómetros cuadrados, 203 municipios, casi siete millones de habitantes, es uno de los centros agrícolas más importantes del país, 'granero y yunque de la Nación', como le llama el gobernador Acosta Lagunes; es el primer estado ganadero, el cuarto pesquero, el primer productor azucarero, el sexto estado industrial, el segundo estado petrolero. De aquí sale el grueso de una buena parte del producto nacional bruto.

"Pero resulta que con todo esto, con todo nuestro entusiasmo, con toda nuestra buena fe, vienen los señores del PRI de México, y nos dicen que la gira se tiene que hacer en sólo cuatro días. ¿Se da cuenta de lo que esto significa para nosotros? Hacer una gira electoral en un estado de siete millones de habitantes en sólo 96 horas con 45 minutos exactamente, con un recorrido que toca apenas las principales ciudades, puros centros urbanos, puro pavimento. Porque con todas estas limitaciones el candidato visitará, y eso apresuradamente, solamente doce de los 203 municipios..."

Fernando Meraz Excélsior

Veracruz 1 de abril de 1982 Desde el helicóptero

Desde la ventana abierta oímos "Noche tropical". Y si te asomas al balcón del palacio municipal -adentro está la sala de prensa- ves al pueblo reunido en la plaza Lerdo. Y ves a los globeros con su carga de colores que aparece por encima de la masa humana. Y las banderolas redondas y rojas que dicen "UPAC". El candidato está "colgado" con varias horas de retraso- fue a Cosamaloapan a la reunión con el Sindicato de Cañeros- y mientras llega, en el templete, los artistas de la región interpretan bailes típicos. Seis guitarristas, los hermanos Anotha, tocan canciones románticas. A un lado, las torres gemelas de la blanca catedral de San José y San Andrés.

Ya cayó la noche que da paso a esta brisa agradable. A pesar de cierta hambre de un día sin comer (nadie tuvo tiempo, ni el candidato) se puede decir que en Veracruz se está muy bien. Se escuchan las campanas de los templos de San Andrés, pueblo famoso por sus brujos. Según cuenta la tradición llegan ahí los políticos, artistas y "gente rica preocupada por la mala suerte".

Buscan al "cuate Chagala", el bueno, de la brujería blanca. Y a Gonzalo Aguirre Pech, quien practica limpias con hierbas y huevos, y pone el olicornio (algo así como el tatuaje).

Fue día de un CEPES sustancioso en cuya mesa de trabajo se sentaron compañeros periodistas por primera vez durante los más de seis meses de venir cubriendo la campaña. Ellos, los veracruzanos Jorge Avilés Randolph y Luis Gutiérrez. Fue día de "bronca" en Orizaba, porque los estudiantes del Tecnológico amenazaron con puños alzados que tomarían el micrófono del templete. Y fue día de belleza extraordinaria. Escenas inolvidables desde el helicóptero. Tierra mágica, verde, rica. Palmeras y manantiales. Sembradíos de café y caña. Potreros. El cortador de caña hace una pausa. Mira al cielo, alza su machete para saludarnos. Nos da el paso para volar sobre su suelo. El Pico de Orizaba, nevado y majestuoso, más allá de la Sierra Madre Oriental. Y saliendo de Cosamaloapan hacia San Andrés, el río de las mariposas: el Papaloapan.

Nina Menocal El Universal

2 de abril de 1982 Solo

Quizá existe una psiquiatría de la política. Por lo menos en la mexicana. Los signos y los contactos. Lo que significan. Y cómo se interpretan. Me asombró cómo don Miguel de la Madrid urde casi solo el soporte ideológico de su campana. Alcanza un contacto casi físico con el pueblo. Toda la palabra. La presencia. Él solo. Sin exégetas, sin profetas...

Miguel Reyes Razo El Universal

Oaxaca 6 de abril de 1982 Una pregunta que refleja el desánimo

Polvos de aquellos y de estos lodos, polvos en remolino, en alud, en cascada. Polvos de todos colores. Polvos, polvos, polvos, recibieron a Miguel de la Madrid en su recorrido por estas tierras de la Mixteca. Tierras pobres, tierras a las que el hombre en su inmensa sed de pode y de riqueza les ha robado, con sus árboles, el agua y la esperanza de tenerla. Tierras paupérrimas de hijos enanos y desnutridos, de milpas minúsculas y desvaídas, de hambre, de desesperación...

Todavía habla de no hacer demagogia. De partirse el alma hasta lograr que los caminos de la electrificación y el agua todo lo que es civilización, llegue a esos como al "Dios" nuevo, al "esperado", a que viene de lejos y que es blanco y diferente, pero que tiene como propósito, libre y entusiastamente asumido, el de llevar al país por sendas que son difíciles, duras y que parecen alejar la salida hacia la equidad, cada día más.

Mientras tanto, frente al candidato en campaña, desfilan también imágenes de tareas tan graves como la de hacer producir el campo: hacer producir el dinero, evitar una inflación que, en estas tierras, cercanas a aquellas en donde lentamente muere María Sabina, de esa muerte lenta y serena de los viejos que han llegado al límite sin deberle a nadie, es lacerante.

No hay forma de evitar pensar también, recordar los meses de peregrinaje. La interrogante de si el hombre que parece tan decidido a escuchar verdades, de parte de los mexicanos, después de ver toda la miseria, toda la injusticia y la inequidad, quiere todavía gobernar, seguir adelante, ceñir la banda tricolor que le hará dueño del destino de toda esta gente.

Y su respuesta decidida a la pregunta que le formulamos en privado. Su decisión y su actitud frente al reto. Su reconocimiento de las dificultades, de las imposibilidades - diríamos- y su sonrisa franca, distendida, cuando responde ante nosotros.

Después, Miguel de la Madrid vuelve a Oaxaca, en el aeropuerto habla con los diaristas locales y, ante ellos explica que la riqueza de México no se ha acabado, que ha habido un tropiezo, pero que con métodos más afinados será superado.

Pide que no se asusten los mexicanos. Que no se suman en el pantano de la desesperación. Que trabajen. Porque contradiciendo vicios bíblicos, él sí considera que el trabajo sea una bendición y no una carga que fatídicamente tenga que ser soportada. Trabajo y más trabajo ha sido su promesa.

Irma Fuentes Novedades

 
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