Reafirmación ideológica

EL discurso de Miguel de la Madrid durante su campaña electoral, sobre todo en las etapas iniciales de la misma, tuvo un fuerte ingrediente ideológico, pues era necesario partir de la plena identificación con su partido y de una formulación propia de las bases del proyecto nacional que impulsaría como Presidente de la República. Los dos discursos más importantes que el candidato pronunció en los primeros días de la campaña fueron eminentemente ideológicos. En el primero, pronunciado en Apatzingán, Michoacán, el candidato expuso su convicción constitucionalista y en el segundo, al término de un acto de apoyo a la política exterior del presidente López Portillo, expresó sus ideas en esta materia.

Posteriormente, durante sus giras por los estados, el candidato hizo una constante reafirmación de los principios de la Revolución Mexicana, dirigió un amplio proceso de consulta popular y entabló diálogos particulares con los diversos grupos sociales de los estados. En este capítulo intentamos dar un orden a lo que en la campaña no podía tenerlo. Conforme pasaba de un estado a otro, y aun de un tipo de actos a otro, el candidato repetía y afinaba sus mensajes, procurando hacerlos claros para las audiencias específicas ante las que hablaba. En cada estado, como ya vimos, se reunía con grupos de casi todos los sectores sociales. Considerado en su conjunto, entonces, el discurso del candidato no podía ser lineal sino que tenía que ser fragmentado y repetitivo -si bien sus conceptos se hacían cada vez más nítidos-, pues al dirigirse a cada uno de sus públicos no podía dar por sentado lo que había dicho anteriormente, aunque se tratara de grupos similares a los precedentes.

Reafirmación ideológica

El primer acto de la campaña del candidato del PRI se realizó en Apatzingán, el 14 de octubre de 1981, simbolizando la institucionalidad, el constitucionalismo y las aspiraciones de equidad social abrazados por José María Morelos y Pavón. Sobre la base de los Sentimientos de la Nación expresados por el héroe de la Independencia, casi 167 años antes el Congreso del Anáhuac había promulgado en Apatzingán el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana.

En el discurso leído en la plaza central de esa población ante una concentración popular de priístas michoacanos, el candidato Miguel de la Madrid rindió un homenaje a Morelos, de quien dijo que había puesto su espada al servicio del Derecho. Al sustituir Morelos a don Miguel Hidalgo en la jefatura de las fuerzas insurgentes, afirmó, se había ganado algo muy importante para la nueva nación: "el sentido de identidad entre pueblo y gobierno, entre nación, Estado y bienestar social, a través de las ideas de soberanía popular y estado de derecho orientado por la justicia social". Morelos, continuó el candidato, había dado a su ejército "las características esenciales que hoy tiene el Ejército Mexicano: fidelidad al estado de derecho y lealtad a las instituciones de la democracia".

Morelos nos enseñó, dijo De la Madrid, que el pueblo de México no tenía más dueño que él mismo y habría de autodeterminar su destino, es decir, que era soberano. También que los hombres debían quedar sujetos a leyes. Morelos se había adelantado a su época, al "advertir a la conciencia política el reclamo de justicia social", bandera permanente de todos los movimientos constitucionales mexicanos. De sus tres constituciones, las de 1824, 1857 y 1917, salían "los diversos contenidos que implica el régimen democrático de los Estados Unidos Mexicanos: una democracia política, una democracia liberal y una democracia social".


Sobre la base de la idea de soberanía popular de Morelos, que no sólo daba potestad al pueblo para determinar el sistema político, sino también para intervenir en las decisiones que afectan la vida del Estado, el candidato definió la campaña que entonces emprendía como "el instrumento por el cual el Partido de la Revolución se hace cauce de la expresión soberana de la voluntad popular". Añadió que iniciaba "una nueva consulta con los sentimientos de la Nación" en Apatzingán, para simbolizar la convicción constitucionalista del PRI.

El candidato expresó su "compromiso total, absoluto, definitivo", con las aspiraciones de las clases populares, en especial con quienes más habían postergado la satisfacción de sus aspiraciones. "Quiero recorrer el país en una jornada de reencuentro para recoger inquietudes y demandas, algunas lacerantes, que constituyen legítimo reproche debido a nuestra deficiencia, para ser congruentes con el compromiso que dio origen al Estado de la Revolución: su compromiso con las mayorías." El diálogo que comenzaba, agregó, habría de ser honesto, porque no se ocultaba la verdad. Aún había "grupos injustamente rezagados que padecen la llaga social de la marginación". Sin embargo, explicó, "los errores y desviaciones habidos en el camino de la Revolución son de los hombres, no de los programas de nuestro movimiento social, que sigue vigente".

Después, De la Madrid se refirió a la reforma política emprendida por el gobierno del presidente López Portillo, que había inaugurado nuevas vías de participación para los partidos políticos, lo que implicaba un reto para el PRI: "estrechar nuestro compromiso originario con los obreros, con los campesinos y con las clases populares". Sabemos, afirmó, que el pueblo dará un nuevo triunfo "a los candidatos del partido que surgió de la alianza de las fuerzas fundamentales del pueblo mexicano y que garantiza la persistencia del proyecto nacional". Además de presidir este mitin, en la misma población el candidato depositó una ofrenda floral y rindió una guardia de honor ante el monumento a la Constitución y también ante el dedicado al presidente Lázaro Cárdenas.


El 19 de octubre por la tarde, en la explanada que se encuentra entre los dos edificios centrales del PRI, en el norte de la ciudad de México, Miguel de la Madrid presidió un acto de todo su partido, en apoyo del presidente José López Portillo y su política internacional. Tres días después se llevaría a cabo una reunión de 22 jefes de Estado en Cancún, Quintana Roo, del 22 al 23, con el fin de intercambiar opiniones entre los mandatarios de siete países representativos del mundo industrializado occidental, el "norte", y 15 de naciones en desarrollo, del llamado tercer mundo, el "sur". Por eso, esta cumbre fue denominada Reunión Norte-Sur.

La reunión se efectuaba a iniciativa del presidente López Portillo y del mandatario de Austria, Bruno Kreisky. La opinión pública le concedía una gran importancia, pues se consideraba que en ella se podía reanudar un diálogo iniciado en 1970 e interrumpido en 1975, años en los que en la Organización de las Naciones Unidas se había debatido la necesidad de instaurar un nuevo orden económico internacional.

Ante una concentración de aproximadamente 5 000 priístas, habló en primer lugar el presidente del CEN del PRI, Pedro Ojeda Paullada. Explicó que los esfuerzos por el desarrollo de los países del sur, en los que habitaban dos terceras partes de la población mundial debatiéndose entre el hambre, la insalubridad, la ignorancia y el desempleo, se veían frenados y frustrados por el hecho de que los países desarrollados eran los que fijaban los precios de las materias primas que compraban, así como los de los productos industriales que vendían. En esa situación, agregó el presidente del CEN, no sería posible fincar la paz mundial sobre bases sólidas. Por fin, destacó la importancia de que por primera vez se reunieran 22 jefes de Estado para buscar los medios que permitieran establecer una relación más justa entre las naciones del norte y las del sur. El mérito de la reanudación de este diálogo, indicó Ojeda Paullada, era del presidente López Portillo, y concluyó reafirmando que México difundiría en Cancún los principios tradicionales de su política exterior.

Después, el candidato del PRI a la Presidencia de la República dijo que José López Portillo había dado un nuevo dinamismo a la acción de México en el exterior. La política exterior, expresó, "se inspira en las luchas del pueblo mexicano por consolidar su independencia". Al proyectar hacia el exterior los principios ganados de la Independencia a la Revolución, México preservaba su soberanía sobre la base de un nacionalismo sin exclusivismos. Por tradición, México había condenado los intentos hegemónicos y las políticas imperialistas, y apoyaba las luchas de liberación interna y externa de los pueblos para alcanzar la autodeterminación, eliminando toda forma de colonialismo y neocolonialismo.

Ante los graves riesgos que sufría la paz mundial por la carrera armamentista de las potencias, que afectaba también el desarrollo económico de los pueblos, México había reafirmado su vocación pacifista, basada en el principio de que las controversias deben resolverse por el diálogo y la negociación, rechazando el uso de la fuerza. México deseaba "una comunidad de Estados basada en la composición y la conciliación de intereses y no en una política de conflicto y terror... Ante el deterioro del diálogo político y económico entre las naciones, tenemos la obligación y la necesidad de recuperar la habilidad para entablar la negociación".

La solidaridad de México con los pueblos de América Latina y el Caribe era esencial a nuestra naturaleza como nación y había sido una práctica constante del presidente López Portillo traducir en hechos esa solidaridad, como en el caso de Centroamérica y el Caribe, pues conociendo "el significado profundo de una revolución, México se identifica plenamente con los procesos de emancipación que se producen en esa zona". Las revoluciones de Cuba y Nicaragua, ejemplificó De la Madrid, que eran procesos en los que los pueblos de esas naciones habían escogido "las vías políticas de solución que mejor corresponden a su trayectoria histórica, a su idiosincrasia y a su ideal de nación". El pueblo mexicano los respetaba y tenía afinidad con esas revoluciones por lo que era la esencia de su lucha, la justicia social, y había apoyado a esos países y lo seguiría haciendo. Ante la crisis política y económica de Centroamérica y el Caribe, recordó el candidato, José López Portillo se había empeñado en disminuir el clima de confrontación prevaleciente, sobre la base de que cada pueblo debía por sí mismo "encontrar vías autónomas de solución para sus decisiones políticas fundamentales, sin injerencias extrañas. Así entendemos la autodeterminación y la no intervención. Así la practicamos".

Las dictaduras y la violación sistemática de las libertades fundamentales, agregó el candidato, eran antagónicas al concepto mexicano de la democracia como un sistema que comprendía tanto la esfera política, como la económica y social. "La seguridad internacional opera en el vacío si no se funda en la justicia económica". En congruencia con el principio de justicia social que postula la ideología de la Revolución Mexicana, De la Madrid explicó: "la desigual distribución de los recursos y de las oportunidades de desarrollo a escala internacional, que se asocia con niveles de pobreza extrema en grandes segmentos de la población mundial, constituye una de las principales causas de la inestabilidad política y de las tensiones sociales". La práctica efectiva de la solidaridad internacional y los esfuerzos por instaurar un nuevo orden económico internacional debían ser los medios "para hacer de la libertad y la justicia las bases del pacto social en el ámbito mundial y elementos para crear un estado de derecho en la comunidad internacional".

Entre el día de la manifestación de apoyo al Presidente y la realización del encuentro internacional en Cancún, De la Madrid dio un receso a su campaña electoral, que se prolongó dos días más, hasta el domingo 25 de octubre. La Reunión Norte-Sur terminó sin acuerdos específicos debido a diferencias de enfoque de los problemas, principalmente entre el presidente Ronald Reagan y la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher, por un lado, y los mandatarios de los países del sur, por el otro. Sin embargo, todos los participantes se comprometieron a desarrollar negociaciones globales en el seno de la ONU para encontrar soluciones al hambre, al proteccionismo comercial y a la canalización de recursos financieros para el desarrollo de los países pobres.

En los discursos pronunciados en mítines partidistas o en reuniones con los sectores y con organismos territoriales del partido durante las giras estatales y por el DF, el candidato del PRI a la Presidencia de la República afirmó repetidamente que su partido era todavía la mejor opción electoral para el pueblo, pues éste sostenía su creencia en el proyecto de la Revolución Mexicana. En los actos políticos con las organizaciones sectoriales del partido en los estados, De la Madrid sustentó la fuerza del PRI en el hecho de que, desde sus orígenes, el partido era una alianza de las clases populares, campesinas y obreras, a las que se habían agregado las clases medias progresistas. "Esta alianza le dio origen a nuestro partido, y la evolución de las clases sociales en México es el producto de la acción de transformación social de nuestro movimiento revolucionario", aseveró en Guadalajara el 18 de octubre, ante una asamblea del sector popular del PRI estatal. También en diversas ocasiones dijo que la campaña electoral debía ser aprovechada para fortalecer al PRI. Algunas veces, como en Aguascalientes el 27 de octubre, durante una reunión con el Comité Directivo Estatal del PRI, especificó que el partido podría reforzarse con la campaña en tres vertientes: ideológicamente, pues la acción toda del partido se sustentaba en las ideas de la Revolución y en el proyecto contenido en la Constitución de 1917. En segundo lugar, debía fortalecerse la capacidad del PRI para articular y enarbolar las demandas populares; en varios de sus discursos ante organizaciones partidistas reafirmó esta característica del partido como una de las razones básicas de su fuerza entre el pueblo. Finalmente, era preciso capacitarse y organizarse adecuadamente en todos los niveles para confirmar, el día de las elecciones, el apoyo electoral que tenía el partido entre los votantes.


En varias oportunidades De la Madrid defendió la mayoría que el PRI tenía entre el pueblo. En una reunión con el CDE del PRI en Guerrero, efectuada en Chilpancingo el 14 de diciembre, el candidato recordó que la fundación del partido por Plutarco Elías Calles había tenido el propósito de unir a los distintos grupos revolucionarios. Gracias a esa unidad se había logrado avanzar en el desarrollo del país. En esos momentos, señaló De la Madrid, el marco internacional exigía, más que en otras épocas, la unidad nacional. Además, la mayoría que respaldaba al partido, como expresión de esa unidad, era una condición para que no se atomizaran las fuerzas políticas del país. Ante una concentración de priístas en Atlixco, Puebla, el 23 de noviembre, el candidato afirmó: "Sólo la unidad de las mayorías mexicanas, de los campesinos, de los obreros y de las clases populares ha podido, al mismo tiempo que defender, consolidar y aumentar la independencia nacional, nacionalizar las riquezas básicas de la nación mexicana: las tierras, las aguas, las minas, el petróleo, la electricidad, los bosques".

En la ciudad de Zacatecas, el 29 de octubre, había negado las críticas que la oposición hacía del PRI en el sentido de que más que un partido era sólo una maquinaria electoral. El PRI, afirmó, era un partido ideológico, que proponía a la ciudadanía, en el Plan Básico de Gobierno 1982-1988 y Plataforma Electoral, el programa actualizado de la Revolución Mexicana. En Tehuacán, Puebla, el 22 de noviembre, afirmó que el PRI se había mantenido en el poder, "no nada más porque sepamos hacer reuniones populares y porque sepamos ganar las elecciones. Hemos ganado las elecciones porque hemos servido a las mayorías del pueblo de México". En Chilpancingo el 14 de diciembre, y pocos días después, el 21, en la ciudad de Morelia, el candidato se refirió a la reforma política como una nueva realidad a la que debería enfrentarse el PRI, pues los votantes contaban entonces con más opciones para el sufragio. En ambas oportunidades precisó que la reforma política había enriquecido la democracia mexicana, al ir más allá de la representación proporcional y asegurar a todos los partidos condiciones precisas para su sostenimiento, mejor información y un padrón electoral actualizado. Todo ello era testimonio del respeto y apoyo jurídico a la pluralidad política mexicana. Pero la reforma política, advirtió De la Madrid, no es, "como lo pretenden mañosamente los partidos minoritarios, una vía para disolver al partido de las mayorías". El candidato refrendó su "convicción de que la democratización del país debe llevarse a cabo, fundamentalmente, a través del Partido Revolucionario Institucional. Que no nos digan que la democracia no avanza porque no ganan las minorías. La democracia es el sistema en el que mandan las mayorías, y las mayorías vamos a seguir ganando... porque representamos la mejor opción política... mantenemos la ideología en la que cree la mayoría del pueblo de México y sabemos plantear los problemas con realismo, con responsabilidad y sin demagogia". Para consolidar esta mayoría, el candidato llamó reiteradamente a sus partidarios a trabajar arduamente, sin dar por un hecho la victoria, como si tuvieran que ganar nuevamente la mayoría.

También repetidamente, Miguel de la Madrid expuso su concepción de la campaña electoral. Así, por ejemplo, después de escuchar explicaciones sobre el programa del CDE del PRI de Zacatecas para la campaña electoral y sobre la estructura partidista en el estado, en una reunión efectuada el 29 de octubre en la ciudad de Zacatecas, De la Madrid explicó el sentido de su campaña electoral: reafirmar la ideología revolucionaria y hacer un intenso trabajo de divulgación ideológica; llevar a cabo una consulta popular profunda, como tónica distintiva de la campaña y método de planeación democrática, pues "los planes del partido y los planes del gobierno deben articular las auténticas demandas populares", y, desde luego, ganar las elecciones, pero hacerlo no como un fin en sí mismo, sino como medio para continuar el proyecto de desarrollo de la Revolución Mexicana. Aquí el candidato hizo frente a una crítica de la oposición: "se me ha criticado que al expresarme demuestre una seguridad casi absoluta de que vamos a ganar. No es otra mi convicción. ¡Vamos a ganar las elecciones!" Otro sentido del esfuerzo que implicaba la campaña era reducir el abstencionismo para fortalecer, con los votantes ganados, al partido mayoritario, pues las tareas futuras, como lo reiteró De la Madrid en diversas oportunidades, requerían que el apoyo del pueblo al partido y al gobierno se manifestara con el mayor vigor posible.

Reafirmar y difundir la ideología de la Revolución Mexicana, expresó en varias ocasiones el candidato del PRI a la Presidencia de la República, era la tarea más importante de la campana electoral. Los principios de esta ideología tenían un origen histórico, que De la Madrid recordó con frecuencia en sus discursos. La independencia, la libertad, el federalismo, la democracia y la justicia social eran valores adquiridos en las tres revoluciones mexicanas: la Independencia, la Reforma y la Revolución de 1910. El valor fundamental, el que condiciona a los demás, pues les da contenido concreto, es el nacionalismo, ya que sin él, explicó el candidato en el arranque de sus giras estatales, el 15 de octubre, en Villa de Alvarez, Colima, "es difícil concebir en qué forma los mexicanos disfrutaríamos de la libertad, o cuál sería la forma de nuestra democracia o, inclusive, cuál sería la concretización del valor justicia". El nacionalismo, repitió en varias oportunidades, implicaba tener sentido de la historia, solidaridad en el presente y un proyecto común para la realización del destino compartido por todos los mexicanos.


En diversas intervenciones durante los primeros meses de su campaña, De la Madrid distinguió tres vertientes del nacionalismo: la política, la económica y la cultural. La primera se identificaba con la independencia, entendida como la autonomía de los mexicanos para decidir nuestro destino sin injerencias ni imposiciones externas. Con frecuencia aclaró que esto no implicaba sostener hostilidades o exclusivismos, ni era contrario al internacionalismo que practicaba la nación. El nacionalismo económico se sustentaba en la soberanía constitucional sobre los recursos naturales y en el rescate de los sectores estratégicos de la economía, y se caracterizaba por el sistema de economía mixta con rectoría del Estado. Finalmente, el nacionalismo se expresaba esencial y concretamente en la cultura nacional. No sería posible preservar la nacionalidad, advirtió en Colima el 15 de octubre, si no éramos capaces de preservar nuestra cultura, lo que era una tarea cotidiana. Fortalecer la cultura, expresó el candidato el 13 de noviembre, al finalizar la Reunión Nacional para la Planeación de la Cultura Popular en Tijuana, Baja California, era el modo más profundo y permanente de fortalecer a la nación: proteger el patrimonio histórico y artístico, revalorar la diversidad étnica y cultural del país, afirmar los valores regionales y nacionales, alentar las iniciativas creadoras, reforzar la enseñanza y la difusión de la historia. El reforzamiento de la cultura nacional y de sus manifestaciones regionales, afirmó repetidamente, era la mejor defensa frente a las poderosas influencias económicas y culturales externas.

En reuniones con grupos indígenas, por ejemplo, cuando estuvo con los huicholes en San Andrés Cohamiata, Jalisco, el 1 de noviembre, De la Madrid reivindicó la raíz indígena de nuestra nacionalidad, uno de los componentes del carácter mestizo de México. Por esta cualidad, reiteró en diversas ocasiones, había en el país una democracia plural, una economía mixta y una cultura mestiza.

Otro valor refrendado con frecuencia por Miguel de la Madrid durante sus giras fue el de la libertad. Dijo que los mexicanos no concebíamos la vida sin libertades, que en el país éstas no eran referencias abstractas sino realidades cotidianas que todos vivíamos. A menudo, el candidato se refirió a las libertades específicas que se vivían en México: de trabajo, de tránsito, de residencia, de expresión, de reunión, de asociación, inviolabilidad del domicilio, respeto a los derechos de la familia. Con frecuencia, el candidato destacó la libertad de expresión y de crítica como un valor de gran importancia para la democracia y señaló que en el país se ejercía sin cortapisas ese derecho. En México los hombres y las mujeres tienen derecho a determinar su destino como personas, dijo De la Madrid en Zitácuaro, Michoacán, el 21 de diciembre, "pero insertas en el contexto social y, por ello, la Constitución mexicana establece que la libertad de los individuos sólo se da en las libertades colectivas de los grupos, de las clases sociales y de la nación".

Otro concepto al que el candidato aludió constantemente en sus expresiones ideológicas fue el de la democracia. La reforma política iniciada por el presidente López Portillo había ampliado los cauces de la pluralidad política característica de México. Había libertad para que las mayorías y las minorías se organizaran y contendieran por el poder. Pero la democracia, afirmó repetidamente De la Madrid, no se agotaba en la vida de los partidos ni en la participación social en las elecciones. En todos los estados recordó la definición que da el artículo tercero constitucional de la democracia, "como un sistema no sólo jurídico y político, sino como un sistema de vida en donde buscamos, cotidianamente, la elevación del bienestar social, económico y cultural del pueblo de México", según lo expresó en Ciudad Obregón, Sonora, el 15 de noviembre, en una reunión con maestros del SNTE.

La democracia no era un sistema acabado, sino uno en transformación constante. Era un proceso vivo, que dependía del nivel de organización y participación del pueblo. El 21 de noviembre, por ejemplo, indicó a sus partidarios en Zacatlán, Puebla, que era necesario "fortalecer la organización del pueblo para vigilar lo que hace el gobierno, para criticarlo cuando sea necesario... No solamente se ejerce la democracia con el voto... es importante también que el pueblo le señale a su gobierno qué tareas hay que emprender conjuntamente... en qué nos equivocamos y quiénes son los funcionarios traidores a la Revolución. Que se manifieste el pueblo en su opinión, que lo haga en todas las formas, en reuniones políticas, en reuniones de sus ejidos, de sus comunidades, de sus candidatos. La democracia se construye de abajo para arriba. No se puede imponer por la autoridad".

En respuesta a quienes criticaban la democracia mexicana a partir de comparaciones con otros sistemas políticos, el candidato del PRI afirmó: "No copiamos la democracia ni de libros de texto ni de otros países; eso es camino fácil. El camino difícil, pero firme y realista, es hacer una democracia a la medida de los mexicanos... Mientras sea una democracia que progrese, que camine adelante, estamos en el camino correcto". Esto lo dijo ante un grupo universitario en Montemorelos, Nuevo León, el 8 de noviembre. En Puebla, el 22 de ese mes, señaló que la democracia era "la forma para equilibrar libertad con orden, autoridad e individuo; darle al pueblo realmente el poder". Precisamente porque los mexicanos vivíamos en un régimen de libertades y en un proceso de perfeccionamiento de la democracia era que rechazábamos y habíamos rechazado cualquier sistema dictatorial u oligárquico.

El 13 de noviembre, en una reunión con profesionistas bajacalifornianos en Tijuana, De la Madrid expuso el siguiente punto de vista sobre la democracia y el PRI: "En una democracia, el fortalecimiento del sistema debe atender, fundamentalmente, a las organizaciones que representan a las fuerzas mayoritarias del país. No podemos lograr una mejor democracia si nos desentendemos de una participación política activa y militante. Por eso, parte de la renovación revolucionaria que he planteado es la modernización, la vigorización del Partido Revolucionario Institucional, que para mí es el punto central de un proceso de reforma política".

En los discursos pronunciados por los dirigentes del PRI en los estados ante el candidato a la Presidencia de la República, lo mismo que en muchas ponencias de las reuniones de consulta popular, la demanda general más frecuente fue la de enfrentar los rezagos en materia de justicia social. En ocasiones, éstos eran expresados en forma de demandas específicas de los estados o localidades visitados por el candidato y, más frecuentemente, se planteaban como el aspecto más importante y preocupante del desarrollo. Por su parte, en muchos de los actos de su campana De la Madrid abordó el tema de las desigualdades sociales desde varios puntos de vista, pues al tiempo que éstos constituían uno de los principales problemas del desarrollo, la justicia social era uno de los principios ideológicos esenciales del partido en el poder.

Desde que inició en Colima sus giras estatales, el candidato dijo que la nación demandaba que se borraran las injusticias, la explotación y los privilegios injustificados, y afirmó que asumía plenamente las exigencias de justicia social del pueblo y se comprometió: "aceleraremos el paso de la Revolución Mexicana y avanzaremos de prisa hacia la sociedad igualitaria a que tienen derecho las grandes mayorías de la Nación". En Jalisco dijo que ese era "el reto pendiente de la Revolución". En Zacatecas y en Durango señaló que las carencias e injusticias, así como "la existencia de ínsulas de privilegio", lastimaban la dignidad de los mexicanos que no tenían ni lo indispensable para la vida, y en Puebla expresó que las desigualdades eran como una enfermedad y los desequilibrios entre regiones y entre grupos debilitaban al país. Al reafirmar, en Sonora, la necesidad de impulsar la justicia social, advirtió: "la historia nos muestra, no sólo en otros países sino en México mismo, que cuando ha prevalecido el interés y la prioridad por el aumento indiscriminado de la riqueza con descuido de los aspectos sociales, se provoca, primero, el descontento, luego la inquietud y posteriormente la violencia. Solamente los que no conocen la historia incurren nuevamente en sus errores".


En varias de sus alocuciones de estos primeros meses de la campaña por la Presidencia de la República, De la Madrid habló de la necesidad de acabar con la marginación, tanto rural como urbana, a la que se refirió en términos concretos, por ejemplo, durante su gira por Michoacán: "Tenemos que rescatar a nuestros hermanos los rezagados y los marginados, principalmente a los indígenas: todavía tenemos analfabetismo e insalubridad; todavía tenemos mexicanos que no tienen empleo o que su ocupación no les da un nivel de vida adecuado; todavía padecen desnutrición nuestros niños, y no tenemos a la mano soluciones mágicas ni de corto plazo". La existencia de la marginación, sin embargo, no era tampoco una razón para concluir que el régimen mexicano había fracasado. Antes de la Revolución, precisó De la Madrid en Guerrero, la marginación, "que ahora vemos con grave preocupación e insatisfacción", afectaba aproximadamente a 75% de la población. La situación, en 1981, era exactamente la inversa: alrededor de una cuarta parte de la población se hallaba marginada de los beneficios del progreso y la modernidad. "Si no hubiera problemas -había dicho en Sonora- la Revolución habría cumplido sus promesas y arriado sus banderas... en Sonora, como en el resto del país, hay contraste y desigualdad. El partido reconoce el compromiso que tiene con obreros, campesinos y clases medias populares. Hay inconformidad social y afanes de progreso; esa es la fuente de nuestro dinamismo y el motor de nuestra evolución social." Vivíamos todavía, asentó el candidato, la etapa constructiva de la Revolución Mexicana. El 20 de noviembre en Puebla, ante una concentración de los tres sectores del PRI en el estado, el candidato afirmó que la Revolución había sentado las bases de una nueva estructura económica y social. La Revolución, añadió, era de clases populares, no una revolución burguesa, por lo que la misión fundamental del Estado surgido de ella era la transformación social en beneficio de las clases populares. El candidato se refirió así a una caracterización académica de la Revolución Mexicana, que la definía como democrático-burguesa.

El 5 de noviembre, ante una gran concentración de priístas en Monterrey, Nuevo León, el aspirante del PRI a la Presidencia de la República pronunció un discurso en el que se refirió ampliamente a la necesidad de transformar el crecimiento económico en desarrollo social. La verdadera libertad, dijo, sólo se da en una sociedad justa. No se podía alcanzar una distribución más equitativa del ingreso sin un crecimiento económico sostenido, pero éste no bastaba "para la realización de nuestro proyecto nacional si no somos capaces, simultáneamente, de atender las justas demandas populares y de reducir sustancialmente la marginalidad social". Así, estos objetivos imprimían exigencias específicas y daban un contenido diferente a los procesos económicos. Para ello era preciso "fijar primero los objetivos de educación, salud, vivienda y nutrición, determinar sus metas... y de esos requerimientos derivaremos el crecimiento económico necesario. El aumento del producto y la inversión será una consecuencia y no prioridad única". Dijo entonces algo que se convirtió en uno de los leitmotiv de la campaña: "hoy la prioridad es el hombre, la satisfacción de sus demandas, su realización plena". Avanzar en los propósitos sociales de la Revolución era posible, pues, "a pesar de los grandes retos que enfrentamos, tenemos la fuerza y los recursos para lograrlo". La economía mexicana había crecido considerablemente en los años anteriores. De la Madrid propuso satisfacer la demanda de empleo y salario remunerador como medio para resolver las necesidades sociales. Este énfasis en la creación de empleos como uno de los instrumentos más eficaces para lograr una justa distribución del ingreso fue repetido en varios otros discursos de la campaña en los últimos meses de 1981.

"Independencia, libertad, democracia y justicia siguen siendo conceptos válidos y vigentes. No creo en el desgaste de las palabras ni de los conceptos. Si las palabras expresan verdad, si los conceptos son válidos y vigentes en la filosofía y en la ética política, problemas son de los hombres su incumplimiento y no de las palabras y las ideas y, por eso, tercamente insistimos los revolucionarios de México en que nuestra ideología sigue siendo válida y vigente y que la podemos ofrecer a las nuevas generaciones con honradez y con buena fe", sostuvo De la Madrid en un encuentro con universitarios de Baja California, en Mexicali, el 11 de noviembre.


Consulta popular

El segundo gran objetivo de la campaña de Miguel de la Madrid, después del reforzamiento de la ideología revolucionaria, fue el de hacer una amplia consulta popular como método para una planeación democrática, conceptos que a su vez enriquecieron ese acervo ideológico en la campaña. Aunque no eran ideas nuevas, desde el Plan Sexenal propuesto por Lázaro Cárdenas en 1934 ningún candidato del partido en el poder a la Presidencia de la República había puesto tanto énfasis en la consulta popular y la planeación, como el que le dio De la Madrid en su campaña electoral. En la base de estos dos principios estuvo siempre la insistencia del candidato en la necesidad de la participación popular, tanto en la campaña como en las tareas de gobierno.

La consulta popular, dijo el candidato en todos los estados, era el método para vincular las necesidades y demandas de la población con los planes de gobierno y su ejecución. Así, estos planes serían producto de la voluntad popular y no, afirmó repetidamente, de los cálculos de expertos en escritorios aislados, insensibles a las realidades locales. La consulta popular, dijo en Durango en los primeros días de diciembre, era la clave de una estrategia de modernización del país, en la medida en que fortalecería el diálogo entre gobernantes y gobernados, entre el partido que lo postulaba y la sociedad, con atención a todos los sectores sociales. De esta forma se lograría una democratización más auténtica. En varios de sus discursos subrayó que consultaría con los diversos sectores lo que pensaban sobre los problemas y sobre las soluciones posibles, para hacer un examen realista y objetivo. El mismo día que inició sus giras estatales en Colima, De la Madrid manifestó que, con la consulta popular como instrumento, quería "recorrer el país para comprometerme en cada lugar con los sentimientos de la nación, principalmente con quienes más han postergado la satisfacción de sus aspiraciones". En otras ocasiones especificó que no haría promesas de cosas que no pudieran cumplirse. El compromiso consistía en orientar con la consulta popular la solución de los problemas.

La consulta popular se ubicaba justo en el lugar de los problemas, por eso podía ser eficaz. En San Luis Río Colorado, Sonora, el 18 de noviembre, y en la capital de Durango el 4 de diciembre, el candidato expuso que era necesario "regionalizar y aun municipalizar el conocimiento de los problemas", dada la gran diversidad de la problemática del país, no sólo de estado a estado y de municipio a municipio, sino incluso al interior de éstos. Ese era el nivel en el que la población podía ejercer directamente el derecho de expresar sus problemas y esperar respuesta del candidato, para quien, a su vez, era una oportunidad de escuchar de viva voz las demandas populares.

En cuanto a la participación social en la consulta popular, De la Madrid aclaró, en un discurso pronunciado en la Universidad Autónoma de Nuevo León el 6 de noviembre, que la consulta abarcaba a los sectores mayoritarios de la población, campesinos, obreros y sectores medios. Pero también era necesaria la participación de "las universidades, los tecnológicos, los colegios de profesionistas; en fin, de todos aquellos que han recibido de la Revolución el beneficio de la educación y la cultura".

La consulta popular constituía la base democrática de la planeación. Esta era una técnica para la modernización del país, determinada y orientada por la ideología de la Revolución Mexicana, marco en el que debían ubicarse los resultados de la consulta popular. Por ello, como hilo conductor de la consulta, De la Madrid recomendó a sus copartidarios, en varios puntos de sus giras estatales, partir del Plan Básico de Gobierno 1982-1988 y Plataforma Electoral, que contenía los principios básicos, vigentes, del proyecto histórico mexicano y una primera aproximación a los problemas y necesidades que debían enfrentarse en el momento presente. El análisis de la realidad política, económica y social, así como las propuestas iniciales, se enriquecerían con la consulta popular. Sobre el documento, dijo en Zacatecas el 29 de octubre: "Son 28 puntos que se someten a la opinión, en primer lugar, de los sectores de nuestro partido y, en segundo término, a las clases mayoritarias del país, para que de esta consulta popular pueda brotar una auténtica planeación democrática".

El 30 de octubre, en unas palabras que dirigió a una concentración priísta en Tabasco, Zacatecas, el candidato explicó que los planes de gobierno tenían que pasar por el procedimiento de escuchar las demandas de la población, examinar estudios de especialistas, fijar objetivos, establecer prioridades y, finalmente, integrar un programa de trabajo que considerara lo que era posible hacer con los recursos disponibles. La planeación, indicó el candidato en la reunión de Consulta Popular para la Planeación Estatal de Michoacán, en Zamora el 20 de diciembre, debía ser realista, no utópica, fijándose metas alcanzables en el espacio y en el tiempo; por eso, recalcó en diversas oportunidades, él no haría promesas que no se pudieran cumplir. Pero lo más importante para que los planes fueran efectivos, subrayó, era que despertaran el entusiasmo y la participación del pueblo, y esto era una tarea de la política, entendida como "el arte de articular las demandas populares en programas congruentes y realistas y el arte de hacer que el pueblo se entusiasme y participe". Esta participación, observó en un mitin del PRI en Chilpancingo, Guerrero, el 14 de diciembre, era "la clave de toda política social de profundidad" y era condición necesaria de la consulta popular, la planeación democrática, el desarrollo político y la renovación moral. Con este concepto convocó a los guerrerenses y, en general, a todos los mexicanos a participar en la campaña: "a debatir las ideas, a confrontar las tesis; a clarificar las opciones políticas, a defenderlas con valentía; a interesarse en los problemas nacionales, estatales, municipales o gremiales; a impulsar el desarrollo del país de una manera unitaria, en todos los frentes: económico, político y social".

En respuesta a diversas demandas y a los análisis de los problemas nacionales y regionales escuchados en los actos de su campaña, así como a las críticas constantes de la oposición, que achacaban la existencia de los problemas a un supuesto fracaso del régimen de la Revolución Mexicana, De la Madrid afirmó frecuentemente que el origen de los problemas se hallaba, en gran medida, en el mismo desarrollo impulsado por la Revolución. Ésta, dijo en Villa Aldama, Nuevo León, el 5 de noviembre, ante una concentración de priístas de esa población y de Bustamante, había sido "capaz de transformar un país agrícola y minero, de estructuras feudales, con una democracia atrasada o traicionada, en un país de mediano desarrollo, en donde la población se ha multiplicado; en un país que ha sido capaz de dar educación creciente a sus hijos y que también ha formado instituciones políticas que nos han hecho el único país de América Latina que en los últimos 50 años cambiamos mandatarios cada seis, con orden y renovando nuestras instituciones". El 15 de diciembre, en Chilpancingo, al clausurar la reunión de Consulta Popular para la Planeación en el Estado de Guerrero, el candidato afirmó que en la historia universal no había precedente de una sociedad que hubiera crecido demográficamente a los ritmos con los que había aumentado la población de México y que al mismo tiempo se desarrollara como lo habíamos hecho en los últimos decenios.

Los problemas del país, dijo De la Madrid durante un mitin priísta en Pabellón de Arteaga, Aguascalientes, el 28 de octubre, eran problemas de crecimiento y no de estancamiento. No se había cumplido íntegramente el proyecto nacional revolucionario, reconoció reiteradamente el candidato, pero el proyecto seguía vigente y actuante. Repitió en varios discursos que era necesario reconocer errores y desviaciones y que lo logrado no debía permitirnos estar satisfechos. En el desarrollo, explicó De la Madrid en Zamora, Michoacán, a profesionistas e intelectuales del estado, el 19 de diciembre, se habían multiplicado las necesidades y la solución de unas generaba otras nuevas, en un peldaño superior. De este modo, las necesidades pendientes de resolver no eran motivo de desaliento, sino desafíos, "objetivos que sólo podrán ser conquistados profundizando la vía de la Revolución", había dicho un día antes, en la ciudad de Lázaro Cárdenas, ante militantes de los tres sectores del PRI de Michoacán. En Ciudad Altamirano, Guerrero, el 14 de diciembre, De la Madrid puntualizó: "No haré apologías injustificadas, pero tampoco ocultaré desviaciones y no admitiré que se magnifiquen errores".


Una característica de la campaña electoral de De la Madrid fue la del reconocimiento abierto de los problemas. El candidato insistió en la necesidad de que los oradores en los diversos actos, tanto en los estrictamente políticos con su partido, como en reuniones de consulta popular, expusieran con franqueza los problemas de todo orden que enfrentaba el país. "Ya no es el nuevo estilo de la política darles rodeo a los problemas. Tenemos que afrontar nuestra realidad en forma honesta y sincera, porque sólo así vamos a poder despertar la convicción y la adhesión de los mexicanos a nuestros programas de gobierno", dijo en Caborca, Sonora, el 18 de noviembre, ante una manifestación priísta de apoyo. Sólo de la verdad, dijo en otras ocasiones, podía salir el planteamiento adecuado de los problemas y la proposición de soluciones idóneas. En Puebla, el 20 de noviembre, aludió a esta posición como realismo revolucionario.

En un discurso pronunciado en Reforma, Chiapas, el 11 de diciembre, reivindicó este realismo para su partido, ubicándolo en una tendencia del partido y el gobierno al cambio: "los revolucionarios mexicanos no hemos evadido la verdad, le hemos hecho frente para corregir nuestros propios errores, para evitar las desviaciones que detectamos... Por eso la Revolución Mexicana sigue teniendo la adhesión de las mayorías populares, porque somos una Revolución abierta al cambio, porque somos una Revolución que se renueva constantemente, porque sólo mantenemos los valores fundamentales, pero estamos dispuestos siempre a adaptar medios e instrumentos, a corregir errores, a confesar desviaciones".

Precisamente porque De la Madrid supo aceptar la existencia de problemas y la necesidad de cambios, y porque estaba dispuesto a responder a las demandas del pueblo formuladas en la consulta popular, el candidato esbozó en estos primeros meses algunas ideas que caracterizaron su pensamiento. Así, además de la planeación democrática y la consulta popular, propuso con insistencia una renovación moral de la sociedad, la descentralización de la vida nacional y, a partir de esta idea, darle una mayor importancia al desarrollo regional y al de los municipios en particular.


Como ya vimos, desde su nominación como precandidato del PRI a la Presidencia de la República, Miguel de la Madrid propuso a la nación iniciar un proceso de renovación moral de la sociedad, como respuesta a una demanda política planteada ya por el pueblo. En los actos partidistas de la campaña, ésta fue la propuesta a la que se refirieron con mayor frecuencia los oradores del PRI ante el candidato, considerándola como una necesidad real. La renovación moral fue, en los primeros meses de la campaña, el rasgo ideológico distintivo de De la Madrid.

Desde su visita a Guadalajara, en un mitin popular efectuado el 18 de octubre, el candidato dijo que la renovación moral era una de las "ideas-fuerza" de su campaña. Entonces, como en varias otras ocasiones en estos meses de octubre a diciembre, definió la renovación moral como la obligación de anteponer los intereses nacionales a los individuales o de grupo. En esta oportunidad, especificó que la renovación moral era que las decisiones de los revolucionarios en el PRI o en el gobierno fueran siempre en beneficio de las clases populares y agregó que en política el fin no justificaba el uso de medios inmorales. En varios de sus discursos, De la Madrid reconoció que había desviaciones y corrupción en el sector público. Pero igualmente negó rotundamente que eso significara que la corrupción fuera una pauta generalizada en el gobierno y que el fenómeno fuera exclusivo de esta esfera: "los problemas de moralidad son problemas de toda la sociedad y son problemas que a todos nos incumben", aseveró ante una audiencia universitaria en Monterrey, Nuevo León, el 6 de noviembre. Cuando la corrupción se da en el gobierno, apuntó en la capital de Chihuahua el 29 de noviembre, en una reunión con jóvenes del PRI, "tiene un pie adentro del gobierno y un cómplice afuera, entre los particulares". Por eso, frecuentemente aclaró que la renovación moral no podía llevarla a cabo únicamente el gobierno: "Será necesario que cada ciudadano sepa vigilar al gobierno, sepa vigilar a sus propias organizaciones, sepa vigilar a los que tienen más obligación de tener una actitud honesta y responsable frente al pueblo de México", advirtió en Caborca, Sonora, el 18 de noviembre.

Ahí mismo dijo que se negaba categóricamente a aceptar el cinismo corrosivo que afirmaba que la corrupción era el lubricante del sistema. En otras oportunidades, como en Chihuahua, por ejemplo, reiteró su compromiso de mantener personalmente y entre sus colaboradores una línea de conducta honesta, y no permitir enriquecimientos ni prestigios ganados artificialmente, a costa de los fondos públicos. Asimismo, llamó al pueblo a denunciar la corrupción y a no hacerse su cómplice.

El 5 de diciembre, en Ciudad Lerdo, Durango, durante una conferencia de prensa concedida a periodistas locales, De la Madrid planteó que la mejor forma de evitar la corrupción en el sector público sería la definición clara, en los programas de gobierno, "de las metas, los compromisos, las normas y los procedimientos, evitando que los actos públicos se decidan solamente por arbitrio personal. En la medida en que los actos de la administración pública estén debidamente inmersos en un sistema administrativo racional, moderno, ágil, en esa medida disminuiremos estos fenómenos de inmoralidad o de corrupción". En una conferencia de prensa anterior, el 31 de octubre en Zacatecas, se refirió a la demagogia como una forma de corrupción, que debía quedar desterrada, tanto de las campañas electorales como de la actividad gubernamental. El candidato definió la demagogia como "la actitud de engañar al pueblo ofreciéndole soluciones falsas para atraerse una simpatía en el corto plazo" y afirmó que era esa una actitud que el pueblo despreciaba.

El 17 de diciembre, al cerrar la Reunión Nacional de Consulta Popular sobre Cooperativismo Social para el Trabajo, Miguel de la Madrid abordó el problema específico de la corrupción en el campo y en las instituciones relacionadas con el desarrollo agropecuario. Los fenómenos de corrupción entre los campesinos, de suyo hombres de palabra que sabían cumplir, señaló, se debían a que les hacían pagar ese costo para recibir los apoyos del gobierno. El candidato exhortó a los campesinos presentes en la reunión a no hacerse cómplices, a exigir honestidad de los funcionarios encargados de la asistencia técnica rural, del crédito y del seguro, de la comercialización, a encargarse del diseño de programas y a vigilar "para moralizar los instrumentos de la Revolución Mexicana encargados de apoyar al campo". Era necesario, dijo, ampliar aún más los recursos destinados a ese fin, no sólo en cantidad, también en calidad técnica y moral. "No podemos tolerar que los fondos que el pueblo mexicano canaliza para el desarrollo agropecuario se nos escurran entre los dedos de manos sucias e ineptas."


Conforme transcurrían estas giras, motivado por la exposición diversa y reiterada de múltiples problemas que se enfrentaban en las entidades federativas, y en estrecha conexión con la idea de que la desigualdad social era producto de desequilibrios en el proceso de desarrollo, en los pronunciamientos de De la Madrid se fue perfilando con mayor nitidez el concepto de perfeccionar el desarrollo regional, como un instrumento de gran importancia para realizar mejor el objetivo de justicia social. Así, en Jalisco dijo que para fortalecer el federalismo era necesario ampliar la participación de los estados en el diseño y ejecución de los programas de la federación. "En las siguientes etapas del desarrollo -advirtió en Puebla- debemos poner mayor énfasis en el desarrollo regional, y éste no podrá llevarse a cabo sólo por el gobierno de la República: se requiere que tanto los gobiernos de los estados como los municipales amplíen el área de sus responsabilidades y, como es lógico, de sus recursos, para profundizar la tarea del desarrollo. No es posible que desde las oficinas centrales del gobierno federal se tenga la misma sensibilidad y conocimiento de los problemas de los municipios, ni siquiera de los problemas de cada estado."

A partir de su visita a Nuevo León, el candidato recogió la idea de que era inaplazable "desconcentrar la vida nacional, desconcentrar los esfuerzos por el crecimiento económico, por el desarrollo social, por la vida política del país". En intervenciones posteriores afirmó que ya no era posible tolerar el centralismo, al que calificó como un anacronismo y un lastre para el desarrollo. En su momento, expuso en Sinaloa, había sido una estrategia útil para consolidar la etapa constructiva de la Revolución, para realizar las grandes obras de integración territorial y para "combatir los fenómenos del caciquismo y de la antidemocracia de las viejas jefaturas políticas del porfiriato", pero ya se había convertido en una rémora. En Baja California propuso evitar nuevas concentraciones de la población, dotando de servicios a los asentamientos medianos y pequeños, disminuir las distancias entre las autoridades federales y las instancias de ejecución en la provincia, revisar la distribución de facultades entre la federación y los estados, y dar más facultades a los delegados de las instituciones federales. El centralismo, explicó en esa entidad, "ya no es un instrumento de integración nacional, sino que a veces, inclusive, provoca tendencias desintegradoras en la medida en que rompe la solidaridad entre el centro y los estados". En Durango, De la Madrid vinculó así las ideas de justicia social, desarrollo regional y desconcentración: "dentro de los obstáculos principales para la construcción de una sociedad más igualitaria están el desequilibrio en el desarrollo regional y la excesiva concentración económica, de los empleos y de la educación en ciertas regiones de la República".

Íntimamente relacionado con los temas de la desconcentración y del desarrollo regional, el candidato expuso en discursos pronunciados en todos los estados recorridos en estas primeras etapas de la campaña la necesidad de impulsar el desarrollo municipal, como última consecuencia del fortalecimiento del federalismo que preconizaba. De la Madrid enfatizó que ésta debía ser una prioridad del desarrollo. Consecuentemente, a partir de la gira por Baja California, en cada una de las entidades visitadas se llevó a cabo una reunión de Consulta Popular para el Fortalecimiento Municipal, en las que tuvieron una participación importante los propios encargados de los gobiernos municipales. En una entrevista de prensa concedida a la televisión poblana, el 20 de noviembre, De la Madrid afirmó que el fortalecimiento municipal era "una de las banderas principales de esta campaña política".

En la reunión de fortalecimiento municipal de Puebla, realizada el 21 de noviembre, el candidato dijo que había que "confesar que si alguna de las instituciones revolucionarias se nos ha quedado rezagada en nuestra organización política, es la institución municipal". El centralismo, que en algún momento tuvo su razón de ser, "indujo a los mexicanos a descuidar el gobierno local y los gobiernos municipales". En diversas ocasiones el candidato afirmó que era preciso revisar la distribución de competencias entre la federación, los estados y los municipios. Correspondía a los gobiernos estatales, agregaba, impulsar el desarrollo municipal, pues interferencias directas del gobierno federal podrían demeritar a la autoridad estatal. "Sin embargo -señaló en la reunión de fortalecimiento municipal efectuada en Gómez Palacio, Durango, el 5 de diciembre-, hay que vencer resistencias que sabemos que existen todavía a nivel de gobierno local para ampliar la esfera de competencia de los municipios." En distintas oportunidades aclaró que para que los municipios pudieran cumplir con nuevas responsabilidades que trascendieran las tareas de policía y buen gobierno era preciso dotarlos también de nuevos recursos jurídicos, financieros y administrativos. De no hacerlo así, advirtió en la reunión para la planeación estatal de Guerrero, el 14 de diciembre, "el gobierno municipal se vuelve un ejercicio de frustración en vez de un ejercicio de democracia". Se requería revisar a fondo la estructura municipal, pues, por un lado, había ocurrido una excesiva fragmentación de los municipios que hacía ineficaces a sus gobiernos y, por el otro, en ciertos lugares el desarrollo urbano era tan acelerado que los esquemas municipales vigentes eran insuficientes para enfrentar el problema.


Había que acelerar algunos experimentos ya iniciados para el fortalecimiento municipal, sostuvo en varios puntos el candidato, y trazar una estrategia para llevar adelante el proceso de manera firme, racional y eficiente, pues se debía evitar el riesgo de que se presentaran fenómenos de ineficacia o ineficiencia. Como el primer peldaño de la democracia y como célula básica de la organización política, repetía el candidato, era en los municipios donde se daba la relación más cercana entre gobernantes y ciudadanos. "Los municipios conocen mejor los problemas de su circunscripción territorial; se conocen más los vecinos y pueden generar una mayor participación ciudadana en la solución de los problemas", señaló en la entrevista para la televisión de Puebla. Por lo demás, los municipios eran el terreno natural para emprender la desconcentración y la descentralización.

Aquí cabe advertir al lector que hemos reseñado los pronunciamientos de Miguel de la Madrid basados en unas cuantas citas de las decenas de discursos que pronunció en los primeros meses de su campaña. Si bien muchas veces refrendó los principios de su ideología, que era la del PRI, su pensamiento sobre cada uno y sobre sus relaciones mutuas era más rico de lo que aquí se presenta. Esto fue así porque cada grupo humano del país tiene características propias, por más que compartan muchas otras, y se comunicaba con el candidato, en consecuencia, de un modo distinto. A su vez, el candidato buscaba suscitar simpatías hacia la plataforma electoral de su partido y hacía planteamientos sobre asuntos variados; conforme transcurrían las giras estatales, matizaba y enriquecía sus exposiciones, frecuentemente en concordancia con lo que había escuchado y visto antes. Por esto se dice que en la campaña se dio un verdadero diálogo entre el candidato y su partido y los más diversos grupos sociales.


El entorno físico de cada acto, el paisaje, la personalidad de los líderes, la fuerza del partido en la localidad, la psicología del grupo, sus problemas y demandas en ese momento, el modo en que se planteaban, la homogeneidad o heterogeneidad social de los asistentes y hasta el clima del día, entre otros rasgos peculiares de cada situación, determinaban la manera en la que el candidato la percibía y su forma de presentar los mensajes de su discurso. El candidato, en giras de conocimiento y convencimiento, es influido por la carga que cada momento tiene, que es más intensa cuando en él participan grupos grandes. Esto, cuando ya de por sí el momento amplio de la campaña por la Presidencia de la República es de una gran intensidad política y humana. Si bien la campaña de Miguel de la Madrid se desarrolló básicamente conforme a los hábitos políticos priístas y los discursos enfatizaban la ideología histórica del PRI, el contenido y el tono de estas formas fue determinado por la circunstancia en la que se encontraba el país en 1981, lo que hacía del discurso un agente renovador de las expectativas sociales y de los conceptos mismos.

Diálogo con sectores sociales y regionales específicos

Además de los mensajes generales del discurso de Miguel de la Madrid en los primeros meses de la campaña, el candidato trató una gran cantidad de temas específicos, entre los que resaltan los conceptos vertidos en torno a las realidades que vivían distintos grupos de población. Si bien fueron temas tratados en muchos tipos de actos de la campaña, era natural que en los que sostuvo con grupos específicos el candidato abordara preferentemente los asuntos más relacionados con los mismos. Por un lado, mantuvo un contacto constante con productores agropecuarios, obreros, grupos urbanos populares y de clase media, maestros normalistas, mujeres y jóvenes; por otro, en estos primeros meses se dirigió frecuentemente a la población de la frontera norte del país y a la del Distrito Federal. En su campaña de convencimiento, el candidato del PRI a la Presidencia de la República buscaba captar el voto de la ciudadanía mediante estos diálogos sobre las cuestiones particulares que afectaban a cada grupo social o regional; como parte de la consulta popular, servían para conocer las demandas sociales. Como en toda campaña electoral del PRI, la estructura sectorial y territorial del partido le facilitó al candidato una buena parte de los contactos con esa diversidad de segmentos de la sociedad.

En las reuniones que el candidato tuvo en estos primeros meses de la campaña con grupos de campesinos, agricultores y ganaderos, escuchó el planteamiento reiterado de problemas, demandas y denuncias: insuficiencia, baja calidad y extemporaneidad (en relación con los ciclos agrícolas) de la ayuda oficial al campo; baja productividad; deshonestidades en el manejo de los recursos para el desarrollo agropecuario; minifundismo generalizado; abuso de intermediarios y "coyotes" por ausencia de apoyos crediticios y de mejores sistemas de comercialización; irregularidades en la tenencia de la tierra y aparición de conflictos por ello; deforestación; marginalidad.

En el diálogo establecido con los productores agropecuarios, De la Madrid reafirmó, en primer lugar, la vigencia de la reforma agraria realizada por los gobiernos de la Revolución Mexicana. En varios de sus discursos aseveró enfáticamente que la reforma agraria era un éxito de la Revolución y uno de sus valores esenciales, pues había liberado a los campesinos del latifundismo y el vasallaje, dándoles, con la tierra, dignidad. El candidato se comprometió repetidamente a no dar un paso atrás en materia agraria, a sostener los principios inalterables de la propiedad originaria de la nación sobre las tierras y aguas del territorio nacional, de la supeditación de la propiedad individual al interés general, del reparto agrario y de que la tierra debe ser para quien la trabaje. Ante una asamblea del sector campesino de Sonora, en Ciudad Obregón el 16 de noviembre, rechazó las presiones de los partidos de oposición que postulaban la desaparición de los ejidos y la instauración universal de la propiedad privada en el campo, lo que conduciría, dijo, otra vez al latifundismo y su cauda de injusticias. En cambio, insistió De la Madrid en diversas oportunidades, los ejidos debían reforzarse en un marco de respeto a todas las formas legales de tenencia de la tierra, lo que incluía también a la pequeña propiedad y a la propiedad comunal.

El candidato afirmó reiteradamente que era preciso continuar apoyando al campo con servicios sociales, con insumos para la producción y con precios de garantía remunerativos, y se comprometió a combatir las manifestaciones de corrupción o deshonestidad entre quienes servían en las instituciones oficiales dedicadas al desarrollo agropecuario. Para esto, indicaba, se requería la participación vigilante de los productores. Responder a las necesidades de los campesinos era prioritario, no sólo por consideraciones de productividad, sino principalmente para cumplir la deuda de justicia que la nación tenía con ellos. Por ejemplo, en las palabras que pronunció en la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey, el 6 de noviembre, recordó que los campesinos habían soportado el proceso de industrialización y urbanización del país, por lo que debía perseverarse tercamente en mejorar su situación social, "procurando un nivel adecuado de ingresos y una vida decorosa para los campesinos, porque la injusticia aquí también se nos está volviendo ineficacia, la injusticia produce movimientos migratorios irracionales, la injusticia nos ha hecho importar alimentos, la injusticia nos ha hecho también volvemos más dependientes en materias primas".

En un discurso pronunciado en la capital de Durango el 4 de diciembre, al cerrar el Primer Foro Campesino, el candidato manifestó que ya no era posible elaborar una política agraria sumando simplemente peticiones de tierra para luego atenderlas. Desde el comienzo de sus giras estatales, postuló que la reforma agraria no se detenía en el mero reparto agrario sino que había que llevarla a sus últimas consecuencias, con organización y mejoramiento de las técnicas productivas: "no podemos dejar que se nos vaya de la mano la justicia, con el espejismo de que porque repartimos la tierra 'ya la hicimos'. No la hemos hecho todavía", advirtió ante campesinos de Galeana, Nuevo León, el 6 de noviembre. Era necesario, apuntó desde Colima, iniciar una nueva etapa de la reforma agraria, la de la reforma agraria integral. A lo largo de sus giras estatales desarrolló este concepto y lo puso a consideración de sus oyentes.

En la asamblea de Ciudad Obregón con el sector campesino lo resumió, así: "La reforma agraria integral es muchas cosas: es organización de los productores, es la introducción de la mejor técnica para el cultivo de la tierra, es contar con adecuadas formas de financiamiento, es propiciar la industrialización de los productos agropecuarios por los propios campesinos, es establecer nuevas formas de comercialización que eviten que el producto del trabajo de los campesinos se quede en las manos de los coyotes". La explotación de los campesinos, señaló, no estaba determinada por los marcos legales sino por "las formas de organización, producción y distribución que en la realidad operan".


El aspecto más destacado de esta proposición, subrayado con frecuencia por el candidato durante sus recorridos estatales, era la necesidad de una mejor organización. En diferentes lugares recalcó la importancia de integrar unidades económicas productivas que podrían tener la forma de empresas cooperativas que traspasaran las barreras de los predios individuales para superar lo que en sus palabras se revelaba constantemente como uno de los problemas más graves en el campo, la excesiva fragmentación de la tenencia de la tierra, el minifundismo, que afectaba tanto a la propiedad privada como a la social. Ante un mitin partidista en Navojoa, Sonora, dijo: "los éxitos alcanzados en ejidos y comunidades del Yaqui y del Mayo reafirman nuestro convencimiento de que la organización colectiva o cooperativa es la mejor opción del sector social para conciliar producción, justicia y bienestar colectivo".

Ante reiterados planteamientos de irregularidades en la tenencia de la tierra, el candidato reconoció que había un considerable rezago agrario, que se comprometió a terminar, y que el problema, en contra de una creencia común, afectaba a los ejidatarios tanto como a los pequeños propietarios o más. Dejó claramente sentado que resolvería el rezago estrictamente apegado a la ley, respetando las tres formas vigentes de tenencia de la tierra. En el mitin priísta de Navojoa advirtió: "No toleraremos que con el pretexto de supuestas actitudes revolucionarias se conculquen los derechos del ejido y de la pequeña propiedad", en alusión a las invasiones de terrenos, que con frecuencia eran el origen de los conflictos agrarios en el país. "En política agraria -sentenció- son prioritarias tanto la justicia social como la seguridad jurídica."

Respecto al organismo principal del sector campesino del PRI, la Confederación Nacional Campesina, en varias ocasiones afirmó que era necesario fortalecerla, para reforzar la alianza del gobierno con la clase campesina. Los campesinos, expresó con frecuencia, habían sido aliados fieles de la Revolución, por lo que ésta tenía que seguir cumpliendo con ellos. Al apoyo electoral que ofrecían sin condiciones, el candidato respondió con el compromiso de darles mejores instrumentos para la producción y para la elevación de su bienestar social. Repetidamente, aplicó su propuesta de una renovación moral a los asuntos del campo, para lo cual solicitó el apoyo y la participación de los campesinos.


En estos primeros meses Miguel de la Madrid sostuvo varios encuentros con grupos indígenas. Así, estuvo con huicholes en Jalisco; con yaquis y pápagos en Sonora; con cumiai, cuchimin, pairai, cuilihuates y cucupah en Baja California; con tarahumaras en Chihuahua; con tepehuanos en Durango; con mixtecos, nahuas y amuzgos en Guerrero, y con purépechas y mazahua-otomíes en Michoacán. Estas reuniones solían estar revestidas de solemnidad, pues entre las etnias indígenas, generalmente afiliadas al PRI a través de la CNC, existía la costumbre de dar la vara de mando, símbolo del liderazgo entre ellos, al Presidente de la República. Las reuniones con el candidato, entonces, eran para conocer a aquél por quien votarían y, más importante aún, a quien transmitirían el mando supremo de sus comunidades. De las palabras dichas por De la Madrid en estos contactos con los indígenas puede sintetizarse el siguiente mensaje: a pesar de ser los indígenas una de las raíces del mestizaje que caracterizaba la cultura mexicana, permanecían en gran medida marginados, con graves rezagos de bienestar social y de infraestructura y capacitación, víctimas, en parte por las grandes diferencias culturales, de abusos de mestizos que habían invadido sus tierras. Era preciso garantizar la aplicación de la protección jurídica de sus comunidades. El candidato aseguró que en México no había prejuicios raciales contra ellos, por lo que se negaría a dar a los indios un tratamiento especial en cuanto tales. Los derechos del hombre establecidos en el artículo primero de la Constitución se otorgaban y protegían sin distinción racial o de otro tipo. Había que tratarlos, pues, en pie de igualdad con el resto de los grupos sociales. "Los problemas que tienen nuestros indios no son porque sean indios, sino porque no hemos sido capaces de darles las facilidades y los apoyos para que resuelvan esos problemas", expresó a los huicholes en San Andrés Cohamiata. El paternalismo no era el modo adecuado de relación con ellos para enfrentar sus problemas.

De la Madrid reconoció en términos concretos la marginación social de los indígenas. Una buena parte del analfabetismo de seis millones de mexicanos se daba entre ellos y también en sus comunidades se observaban índices de bienestar muy bajos. El monolingüismo era en muchos casos un factor de su vulnerabilidad. Por esa razón, esa era la única característica que requería un programa de apoyo diferente, para que aprendieran el castellano, especificó De la Madrid en Guerrero. Era necesario, entonces, diseñar programas de atención social y protección jurídica. "Queremos tener a los indígenas como hermanos nuestros que son, como mexicanos en igualdad de derechos. Queremos protegerlos frente a los abusos y al caciquismo, pero como defendemos y protegemos a cualquier minoría débil que necesita una atención especial", explicó el candidato en el Foro Campesino efectuado en Cuajinicuilapa, Guerrero. El reto era incorporar a las comunidades indígenas a los beneficios del desarrollo, respetando, simultáneamente, su diversidad cultural. Lograrlo era una cuestión incluso de honor; pues los indios eran el símbolo vivo de uno de los pilares de la nacionalidad.

En diversos actos que el candidato tuvo con el sector obrero del PRI en los estados y con organizaciones específicas de trabajadores, De la Madrid recibió el apoyo a su candidatura y escuchó las demandas del sector. Los oradores obreros hicieron hincapié en la necesidad de que la alianza que su sector sostenía con el Estado y el gobierno mexicanos condujera a una mayor justicia social, no sólo para los obreros sino para todas las mayorías del país. En este sentido, subrayaron que el Estado debía mantener y reforzar su rectoría sobre el desarrollo económico. Solicitaron también apoyos para fortalecer al sector social de la economía, compuesto por los ejidos, las cooperativas y empresas pertenecientes a los trabajadores. Asimismo, que se garantizara la percepción por los obreros de un salario remunerador y se establecieran programas para crear nuevas fuentes de empleo y disminuyeran el desempleo y el subempleo. Otra demanda que se repitió en varias ocasiones fue que se fortalecieran las políticas para defender el poder adquisitivo del salario, a través de un abasto suficiente de productos básicos y útiles domésticos a precios accesibles y de una mayor construcción y asignación de viviendas populares. Representantes de la Confederación de Trabajadores de México reiteraron las demandas de reducir a 40 las horas semanales del trabajo en las fábricas, con pago de 56, y de federalizar los tribunales laborales.


En sus mensajes a los obreros, el candidato a la Presidencia de la República ratificó en diversas oportunidades la alianza del PRI con el movimiento obrero organizado. En la consulta popular de la campaña, expuso en Guadalajara el 18 de octubre ante una asamblea del sector obrero del PRI en Jalisco, estaba siendo de gran importancia el documento propositivo que el Congreso del Trabajo le había entregado durante la etapa de la precandidatura, varias de cuyas ideas, afirmó, habían sido incorporadas al Plan Básico y Plataforma Electoral: "Así se ve que la alianza es verdadera". En otra asamblea con obreros, en Aguascalientes el 27 de octubre, De la Madrid abordó directamente los rumores de que el movimiento obrero podría fracturar la alianza popular en que se fundaba el PRI. Atribuyó estas ideas a enemigos de la Revolución y de la clase obrera, y aseguró que no lograrían sus propósitos porque ésta había apoyado siempre a la Revolución y "porque hay ya un compromiso ineludible, firme, a prueba y seguro de intrigas, calumnias y chismes entre el candidato del PRI y la clase obrera". Más adelante informó que para seguir el estudio del documento del CT se había establecido "un grupo especial de análisis entre miembros del IEPES del PRI y asesores y líderes del CT". En el mismo discurso, De la Madrid afirmó que su compromiso personal con los obreros se sustentaba en una ideología común y en el hecho de que, "como funcionario de un presidente obrerista, del presidente López Portillo, he tratado siempre de servir a la clase obrera de mi país".


Reiteradamente, el candidato respaldó la tesis de que el salario debía ser remunerador, de manera que alcanzara a los trabajadores para satisfacer sus necesidades familiares, tanto las de carácter estrictamente material como las de educación y recreación. Asimismo, coincidió en que era necesario combatir la carestía y la inflación, establecer sistemas intensivos de capacitación y adiestramiento, elevar la productividad, intensificar la construcción de vivienda, estimular la inversión del sector privado y fortalece. al sector social de la economía, principalmente a través de las cooperativas, para crear nuevas fuentes de empleo. Ofreció también estudiar con detenimiento la demanda de la semana laboral de 40 horas, que ya se estaba logrando en negociaciones de contratos colectivos, y que varios sindicatos ya disfrutaban. Sin embargo, el punto en el que más hizo hincapié el candidato fue en la creación de empleos como objetivo fundamental de una estrategia de desarrollo: "El trabajo es el origen y el destino de todos los derechos sociales, el valor supremo de nuestra convivencia, el elemento clave de toda estrategia social y el medio principal para que el ser humano se desarrolle integralmente y que cada quien realice su propia dignidad", manifestó en la ciudad de Chihuahua el 29 de noviembre, durante la recepción que el PRI le ofreció a su arribo a esa capital. Por ello, como en otras ocasiones, agregó: "la política de empleo y capacitación para el trabajo ocupará un lugar fundamental en mi programa de gobierno". Con frecuencia, expresó, era preciso no sólo dar empleo a quienes en ese momento carecían de él, sino también ofrecer oportunidades de trabajo a los cientos de miles de jóvenes que cada año se incorporaban al mercado laboral.

En los encuentros del candidato con organismos del sector popular del PRI, al que él mismo pertenecía, se escucharon reclamos principalmente en torno a la insuficiencia de los servicios urbanos, pues la gran variedad de grupos de trabajadores no asalariados y sectores medios que conforman la CNOP son esencialmente urbanos. En sus alocuciones ante estos grupos, De la Madrid resaltó la importante función que el sector popular del partido cumplía en la organización de los habitantes de las colonias populares urbanas, no sólo en tiempos de elecciones sino permanentemente. En las grandes ciudades, reconoció en Monterrey, Nuevo León, el 5 de noviembre, "existen amplias zonas donde habitan, llegados del interior del país, trabajadores sin suficiente capacitación, autoempleados sin suficiente trabajo, pequeños comerciantes y productores que carecen de suficiente tamaño para enfrentar la competencia del mercado". Por ello, en distintas oportunidades mencionó que el sector popular, como el PRI en general, debía continuar cumpliendo "su función de organizador de las demandas populares, de promotor ante las autoridades para canalizar esta inmensa energía que tiene el sector popular del partido", como lo expresó el 4 de diciembre ante una asamblea de ese sector en Durango.

Una demanda frecuente, tanto de los obreros como del sector popular, fue la de tener mayores oportunidades para adquirir viviendas, así como la introducción de servicios urbanos en las colonias populares. Respecto al desarrollo urbano, De la Madrid señaló el 5 de diciembre, en una reunión para el fortalecimiento municipal en Gómez Palacio, Durango, los extremos en que se ubicaba la problemática: por un lado, una excesiva concentración de habitantes en las grandes ciudades, que requería enormes gastos económicos para resolver las necesidades de los grupos sociales; por el otro, una dispersión excesiva en miles de poblados, principalmente rurales, para los que también era antieconómico proveer los servicios públicos necesarios. El desarrollo urbano de México, sostuvo el candidato en Durango, era un proceso irreversible. En ese momento las dos terceras partes de la población total vivían en asentamientos urbanos y se estimaba que para el año 2000 esta proporción aumentaría a 80 por ciento.


En este contexto, la demanda más sentida de los sectores populares del PRI era la vivienda. En sus giras por los estados y en las demandas planteadas por diversos grupos sociales y comunidades, De la Madrid pudo percibir que había carencias de vivienda en toda la República. El candidato calificó este problema como uno de los más serios que enfrentaba la sociedad, pues la vivienda era un mínimo de bienestar que condicionaba los demás. En la vivienda, explicó en Nuevo León, "se efectúa el proceso básico de la formación de la persona humana en los elementos esenciales de su existencia: la nutrición, los hábitos de aseo y salubridad, la educación moral y patriótica, la formación emotiva". Es el lugar donde se forman las costumbres, el sitio en el que el hombre se recrea y descansa. "En suma -concluyó- la vivienda es el ámbito físico de la integración personal, familiar y, en consecuencia, de la integración social". Por eso era preocupante, reconoció De la Madrid en sus recorridos electorales, que no se estuvieran construyendo suficientes viviendas, ni siquiera para satisfacer la demanda generada por el mero crecimiento de la población. En particular, subrayó que el sector campesino había sido más descuidado en materia de vivienda, lo mismo que la población urbana no asalariada, en comparación con avances que se habían logrado para las clases medias y los obreros.

La mayor parte de las viviendas, observó De la Madrid en Guerrero, se habían construido en México a base de autoconstrucción, pero esto había ocurrido en forma anárquica y con injusticia. Las instituciones establecidas hasta entonces para enfrentar el problema eran insuficientes, por lo que se requería un replanteamiento a fondo del tema, que contemplara una mejor coordinación entre las instituciones existentes, por un lado, y por el otro la creación de formas nuevas para dar más rápidamente a la población acceso a habitaciones decorosas. Para regular el crecimiento de las ciudades y poder dotar a todos los mexicanos de las posibilidades para hacer frente a esta necesidad, era preciso sustraer de la especulación que caracterizaba el mercado del suelo urbano extensiones para desarrollos habitacionales y urbanos. El candidato propuso reiteradamente la formación de reservas territoriales, haciendo uso del principio constitucional que daba a la nación la facultad de imponer a la propiedad privada las modalidades que dictara el interés público. Asimismo, propuso que se buscaran mecanismos para ofrecer a las clases populares, tanto urbanas como rurales, materiales de construcción a precios accesibles, pues entonces obedecían también a movimientos determinados por especulación.

Aprovechando la voluntad de los mexicanos de construir sus propias viviendas, las reservas territoriales se dividirían en lotes que se entregarían legalizados y equipados con servicios municipales básicos de agua, drenaje, alcantarillado y electricidad. Con esta base se darían facilidades de apoyo técnico para que cada quien hiciera su casa. En diversas ocasiones el candidato manifestó que las políticas de vivienda debían ocupar un lugar importante en el plan de gobierno para el período 1982-1988. En Nuevo León señaló que la programación que se hiciera para resolver el déficit de viviendas en el país debía ejecutarse descentralizadamente, dando mayores responsabilidades en la materia a los estados y municipios. Dado que la vivienda era un aspecto clave del desarrollo social, también propuso que debía ratificarse explícitamente, conforme al espíritu de la Constitución, el derecho social a la vivienda. Estos conceptos los expresó De la Madrid en el discurso con el que cerró la reunión nacional de consulta popular sobre la vivienda, celebrada en Monterrey el 7 de noviembre.

Desde el comienzo de su campaña, en casi todos los estados, el candidato del PRI a la Presidencia de la República se reunió con grupos de profesores afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. En esas oportunidades el candidato se refirió a los problemas del magisterio y, en general, a los que enfrentaba el sistema educativo mexicano. Cabe señalar que el tema de la educación fue recurrente en los discursos del candidato a lo largo de toda la campaña.

En las reuniones con maestros del SNTE, en otras que el candidato tuvo con estudiantes y maestros universitarios y en sesiones de consulta popular, así como en algunos mítines partidistas, De la Madrid se refirió a la educación como el primer derecho social de los mexicanos o como el instrumento por excelencia para lograr una sociedad igualitaria. El 17 de noviembre, en la reunión para la planeación estatal de Sonora, por ejemplo, el candidato explicó: "muchos de los fenómenos de la injusta distribución del ingreso y de la riqueza derivan de un acceso desigual a las facilidades educativas. El nivel de ingreso en México depende en forma directa, más acentuada inclusive que en otros países, del nivel educativo. Los que han tenido acceso a la educación tienen un nivel de ingreso alto". La solución a los problemas de desigualdad, infirió el candidato, debía pasar, en gran medida, por la ampliación de las facilidades educativas. El 19 de diciembre, ante un grupo de profesores del SNTE en Jacona, Michoacán, De la Madrid recordó la máxima de que "un pueblo llega hasta donde se lo permite su sistema educativo".

La educación, apuntó repetidamente el candidato, era el principal vehículo del nacionalismo mexicano, pues mediante ella se inculcaba en los niños la idea de patria y el sentido de la historia, de donde derivaba grandemente la unidad nacional, a pesar de las grandes diferencias regionales que caracterizaban al país. El sistema educativo, dijo a los mentores de Durango el 2 de diciembre, era uno de los fundamentos de la estabilidad del sistema político mexicano.

En algunas de sus referencias a la educación, el candidato mencionó que la demanda real de educación primaria se encontraba, desde ese sexenio, totalmente satisfecha y se avanzaba rápidamente en el nivel de la secundaria. Muchas de las demandas planteadas al candidato eran producto de la necesidad de escuelas de educación técnica, media y superior. Esto permitía, enunció varias veces De la Madrid, pensar en una política que actuara en todos los niveles de la educación. Sobre la educación superior, estuvo de acuerdo con demandas de grupos universitarios en el sentido de que era necesario dar más recursos a las instituciones universitarias, pero advirtió que éstos eran escasos, por lo que propuso idear nuevas formas de financiamiento, sin alterar por ello la posibilidad que los estudiantes de las clases o grupos con menores recursos económicos tenían de obtener educación media superior y superior. En su discurso de Jacona, Michoacán, expuso que en un lapso de diez años debía duplicarse la cobertura de la educación superior.


La educación, sostenía el candidato, era un campo fértil para la descentralización. Adelantó en distintas oportunidades la idea de que se requería plantear la división de facultades en ese campo entre el gobierno federal y los estatales, para devolverle a éstos la responsabilidad completa de impartir la educación primaria.

El analfabetismo de seis millones de mexicanos fue calificado por De la Madrid como una vergüenza nacional y como un reproche a la obra de la Revolución. Sin embargo, expuso su convicción de que, con el entusiasmo de la juventud, era factible desterrar esa lacra del país en el transcurso del sexenio siguiente.

Otro punto reiterado por De la Madrid en relación con la educación fue la necesidad de ligar el sistema educativo con las necesidades productivas del país; abrir las opciones de carreras técnicas de nivel medio y orientar a los estudiantes a cursar carreras universitarias poco estudiadas y de mayor necesidad para el país que otras, las tradicionales, para las que no había mercado de trabajo.

También con respecto a la educación el candidato postuló que debían corregirse desviaciones. En Chilpancingo el 14 de diciembre, durante la Reunión de Consulta Popular para la Planeación Estatal de Guerrero, De la Madrid señaló: "Debemos en el sector educativo atender las diversas formas de inmoralidad y corrupción que aquí se han señalado con valor. Tenemos que reconocer que la mayoría de los maestros de México son responsables y patriotas, pero no podemos dejar de aceptar que hay fenómenos de desviación que el propio magisterio debe responsabilizarse de combatir. El ausentismo es criminal, sobre todo cuando daña a los niños y a los jóvenes de las zonas rurales. El chambismo es inaceptable en una nueva moral revolucionaria".

En los encuentros con profesores de las distintas entidades federativas que el aspirante a la Presidencia de la República visitó en los primeros meses de su campaña electoral, el candidato hizo un reconocimiento del papel determinante que desempeñaba el magisterio en la vida social mexicana. Los maestros, aseguraba, eran quienes habían imbuido en las generaciones posteriores a la Revolución los valores y los conocimientos básicos que preparaban al hombre para un destino superior! conforme a la esencia humanista de la educación mexicana, indicada en el artículo tercero constitucional. De la Madrid expresó varias veces su compromiso de hacer con los maestros una revisión a fondo del sistema educativo, a partir de la campaña, sobre la base inconmovible del texto del artículo tercero.

De la Madrid expuso también la necesidad primordial de mejorar la formación de los profesores, pues de ello dependía la posibilidad de elevar la calidad del sistema. Como otros retos que enfrentaba el país, en la educación el gran crecimiento del sistema en los decenios anteriores había sacrificado en algunas áreas la calidad. En su intervención en la reunión para la planeación estatal de Sonora, explicó que "descuidar la calidad de los establecimientos educativos genera injusticias, ya que desarrollar, por una parte, establecimientos de alta calidad y, por la otra, descuidar aquéllos a los que tiene acceso la mayoría de la población, es estar sentando las bases de una nueva desigualdad". Para una mejor formación de los mentores, De la Madrid destacó en varias ocasiones la importancia de la Universidad Pedagógica Nacional.

La primera reunión nacional de consulta popular organizada por el IEPES en la campaña electoral del PRI por la Presidencia de la República fue sobre participación de la mujer en el desarrollo del país. En ella intervinieron activamente mujeres priístas de la Agrupación Nacional Femenil Revolucionaria (Anfer). En casi todos los estados visitados por De la Madrid, se reunió con los organismos locales de la Anfer. En varias de estas oportunidades el candidato señaló que las mujeres debían jugar un papel importante en las dos tareas básicas que postulaba en la campaña: la renovación del impulso de la Revolución y la renovación moral de la sociedad.

Durante sus giras estatales el candidato recordó con frecuencia que en su etapa constructiva la Revolución Mexicana había instituido la igualdad jurídica entre el varón y la mujer, y reformado todos aquellos ordenamientos legales, primarios y secundarios, que oponían trabas a la participación de la mujer en la vida nacional. También se había establecido la igualdad política y las mujeres se incorporaban crecientemente a la actividad política. Particularmente en el PRI, expuso en Cholula, Puebla, el 23 de noviembre, se les habían abierto las puertas y ellas respondían con un gran entusiasmo, que el candidato reconoció ampliamente. Esta participación, aclaró varias veces, no era una concesión de los hombres sino una conquista lograda por méritos propios.

Era en la vida social cotidiana, sin embargo, donde subsistían prácticas y condiciones que aún limitaban a la mujer en su desenvolvimiento más allá de los límites del hogar familiar, señalaba el candidato. Como base fundamental de la familia, la mujer siempre había estado presente en la vida nacional, pero en el siglo XX habían llegado nuevas etapas en las que paulatinamente se incorporaba a todas las tareas del desarrollo. Si bien era un imperativo preservar su papel como piedra angular de la familia, a su vez célula básica de la estructura social, debían ampliarse las nuevas condiciones materiales y de conciencia para que pudiera ejercer la maternidad y, simultáneamente, desarrollar las actividades de su elección fuera del ámbito familiar. Era necesario enfrentar al mismo tiempo actitudes tradicionales y prejuiciadas contra la nueva posición de las mujeres, y la falta de condiciones para que pudieran liberarse, si así lo decidían, de la alternativa única del trabajo doméstico Un objetivo de gran importancia para esto, señaló en la capital de Durango el 4 de diciembre, era ampliar los servicios de guarderías infantiles.


Algunas veces, De la Madrid aclaró que si bien la igualdad se refería a los hechos fundamentales de las relaciones familiares y sociales, "no pretendemos en forma alguna borrar esa bendita diferencia que le ha dado al género humano la base del amor", como lo dijo en Durango.

La participación de las mujeres que preconizaba en su campaña, indicó repetidamente el candidato, no se reducía a la esfera política, ni a la militancia en el PRI ni al ejercicio de funciones públicas en el gobierno. Tampoco se limitaba a atraer el voto femenino a su favor. Era un principio que postulaba para reforzar la nueva conciencia social respecto a las mujeres y para desarrollar programas amplios que propiciaran las nuevas condiciones que esa participación suponía. En sus encuentros con grupos femeniles el candidato reiteró la necesidad de establecer programas para apoyar el trabajo de las mujeres campesinas, tanto fuera como dentro de sus hogares. Ante repetidas demandas hechas por mujeres para resolver los problemas de encarecimiento de los bienes de consumo popular, el candidato expresó su coincidencia "en el sentido de que el partido y el gobierno de la Revolución deben acelerar y acendrar la lucha contra la carestía, que perjudica los niveles de vida de las clases populares".

En varias ocasiones durante sus giras estatales y en el Distrito Federal el aspirante a la Presidencia de la República del PRI se reunió con grupos juveniles. En prácticamente todas las entidades federativas participó en actos con jóvenes pertenecientes al Movimiento Nacional de la Juventud Revolucionaria del PRI, que es el organismo, como la Anfer en el caso de las mujeres, que agrupa a jóvenes de los tres sectores priístas. Con frecuencia, se reunió también con estudiantes y profesores universitarios y, en el Distrito Federal, del Instituto Politécnico Nacional. Ante los jóvenes, el candidato enfatizó la vigencia de los valores esenciales del proyecto revolucionario. Constantemente, en respuestas a críticas al sistema planteadas por quienes representaban a los jóvenes, De la Madrid reconoció con ellos que el proyecto nacional no se había cumplido cabalmente y quedaba mucho por hacer.


La inquietud por conocer y entender el mundo era natural en la juventud, expuso el candidato ante el MNJR de Sonora, en la ciudad de Nogales el 18 de noviembre. El joven, agregó, pronto observaba las imperfecciones del sistema en el que vivía, ante lo cual podía adoptar diferentes actitudes: una era el "conformismo, para adaptarse a las circunstancias y sacarles el mejor provecho personal; la segunda, una indignación que lleva, a veces, el deseo de destruir el mundo y hacer de nuevo otro"; la tercera, "entender que el mundo es una agregación de esfuerzos generacionales y que a las nuevas generaciones les corresponde seguir construyéndolo conforme a un esquema de valores, pugnar por corregir lo que se encuentra distorsionado o deforme y hacer una aportación vital que caracterice a una nueva generación". Esta era la actitud de los jóvenes del MNJR, añadió el candidato, que podían orgullosamente comunicar y compartir con el resto de sus compañeros de generación.

Frente a los jóvenes el candidato subrayó que el sistema no era estático. Creer en la permanencia de los valores no implicaba darse al inmovilismo. "El cambio es la característica fundamental de la vida social... Tenemos que seguir transformando la realidad", dijo en la Universidad de Guadalajara el 19 de octubre. El proyecto de la Revolución de 1910 era de transformación social constante. "Solamente las sociedades que son capaces de renovarse permanentemente permanecen vivas", sostuvo más adelante, el 12 de noviembre, ante jóvenes priístas bajacalifornianos en la ciudad fronteriza de Tecate. Para transformar la realidad, había dicho en la reunión con universitarios en Guadalajara, era necesario criticarla, pero con un análisis objetivo, que ponderara los aspectos negativos con los rasgos positivos presentes. Si no se ejercía de este modo la crítica para orientar la transformación, "tenemos el grave riesgo de la desesperación o de la amargura y éstas no nos ayudan a transformar la realidad".

La Revolución, observó De la Madrid en diversas ocasiones, había logrado una transformación social ininterrumpida porque había sabido abrir las puertas a las nuevas generaciones, que se habían entreverado, sin rompimientos, en la construcción del México que se tenía en ese momento. La Revolución, afirmó también con frecuencia, había dado a los jóvenes oportunidades para educarse y éste era el punto central de una política para ellos. Ante demandas constantes de escuelas y de mejoramiento de las ya existentes, De la Madrid resumió en Nogales: "La juventud mexicana, en su mayoría, es lo que está pidiendo: mayores facilidades para estudiar, mayores facilidades para prepararse y obtener empleos dignos y remunerados", demanda que era común a jóvenes de todos los sectores. "Fortalezcamos, pues, las instituciones educativas... que tengan la puerta abierta a todos los jóvenes, sin distinción de clase social." En sus encuentros con miembros de comunidades universitarias De la Madrid afirmó la conveniencia de que los jóvenes participaran políticamente, pero advirtió que no debía permitirse la subordinación de los intereses universitarios a los de ningún partido político. Además de educación, que era la herramienta básica de la Revolución, los jóvenes requerían oportunidades para obtener empleos bien remunerados, señaló reiteradamente el candidato.


México era demográficamente un país de jóvenes, hecho que se mezclaba positivamente con la herencia de una cultura antigua. La juventud del país era garantía de la vitalidad de nuestras mejores tradiciones y del proyecto revolucionario; eran los jóvenes una reserva para el futuro del país, más importante que las reservas de petróleo, de la minería, de la pesca y de los bosques, aseveró De la Madrid ante una concentración priísta de seis municipios michoacanos en Sahuayo el 19 de diciembre. Ser un país de jóvenes, había explicado en una entrevista concedida a la televisión de Guerrero el 15 de diciembre, era por eso una ventaja, pero también un gran reto, "porque tenemos que ampliar los servicios educativos, de salubridad, de recreación, cultura y deporte para apoyar a nuestra juventud". Entre los estados recorridos por Miguel de la Madrid en los primeros meses de su campaña electoral estuvieron Nuevo León, Baja California, Sonora y Chihuahua, es decir, las entidades fronterizas del norte, con excepción de Coahuila y Tamaulipas. De aquí que en muchos de los actos celebrados en esos estados el candidato hiciera referencias frecuentes a las características y la problemática de esa región. En sus mensajes a la población de la frontera, el candidato la definió como una realidad cultural, que trascendía el mero carácter de división política. Los habitantes de las zonas fronterizas, afirmaba el candidato, eran defensores de la mexicanidad, pues convivían de cerca con Estados Unidos, país que tenía una vasta creación cultural y disponía de múltiples medios para su difusión. En diversas oportunidades, De la Madrid exhortó a la población fronteriza a conocer y mantener la enorme riqueza cultural de su país, comprometiéndose por su parte a establecer programas que reforzaran la cultura local y nacional de esos estados.

De la Madrid reiteró que la frontera era, y debía seguir siéndolo, una zona prioritaria para el desarrollo nacional. Por ello, debía sistematizarse la planeación regional, aprovechando el Programa Nacional de Desarrollo de las Zonas Fronterizas. Para el desarrollo económico de la frontera debían aprovecharse las ventajas relativas de la cercanía con el amplio mercado norteamericano. Asimismo, una sana economía del lado mexicano de la frontera sería benéfica para la economía de Estados Unidos. También era necesario, insistió el candidato varias veces, ubicar nuevos empleos en la región fronteriza. Las empresas maquiladoras eran una buena opción, pero la actividad económica que generaban, muchas veces temporal, debía ser aprovechada "para propiciar industrias más integradas, que no sólo provean bienes y servicios a la zona fronteriza, sino que también sean capaces de competir en el mercado interno de México; también aspiramos a aumentar nuestras exportaciones de bienes manufacturados al mercado de los Estados Unidos ', explicó en una conferencia de prensa con periodistas estadounidenses en Tijuana, Baja California, el 13 de noviembre.

Respecto a la relación política con Estados Unidos, el candidato sostuvo que las diferencias originadas por la desigualdad de las economías y la diversidad cultural y de intereses podían zanjarse con respeto recíproco en el marco del derecho internacional y con un espíritu de justicia.

De la Madrid abordó igualmente el problema de la migración de trabajadores mexicanos a Estados Unidos. En la conferencia de prensa de Tijuana explicó que el fenómeno se originaba en características estructurales de ambos países, pues mientras en México no habíamos sido capaces de generar empleos suficientes, la economía norteamericana demandaba mano de obra, por lo que era "desde el punto de vista económico, un movimiento natural. Por ello, las medidas represivas y de control policiaco no han funcionado. Cuando la autoridad obra en contra de la realidad, la autoridad no tiene éxito en sus objetivos". Pero la emigración no disminuiría únicamente con la creación de empleos en México, aclaró, pues en los últimos años se había podido observar que los mexicanos no sólo iban en busca de un trabajo que no pudieran obtener en su país, sino que eran atraídos por el mejor ingreso que podían conseguir. Esto significaba que recientemente emigraban trabajadores calificados, lo cual era preocupante, añadió el candidato.

Aparte de sus giras por los estados, el candidato del PRI a la Presidencia de la República hizo una intensa campaña en el Distrito Federal, asiento de una población mayor que la de las demás entidades federativas. Además de las dos semanas de la precandidatura y el mitin de apoyo a la política exterior de José López Portillo el 19 de octubre, De la Madrid presidió actos de su campaña en el Distrito Federal durante nueve días alternados, entre el 3 de noviembre y el 23 de diciembre.

El primer acto en esta entidad, efectuado el 3 de noviembre en el Teatro Ferrocarrilero de la delegación Cuauhtémoc, fue una reunión con el Comité Directivo del PRI en el Distrito Federal, en la que el candidato explicó que el objetivo de la reunión era fijar una estrategia política para abordar la compleja realidad de la ciudad, captar el sentir popular y concertar alternativas de solución a las dificultades que enfrentaba la población. Dijo que la ciudad de México condensaba la riqueza de la identidad nacional. En unas cuantas décadas, expuso, la capital se había transformado, "de un apacible y ordenado asentamiento humano en un conglomerado urbano al que aquejan carencias e inequidades". Esto era producto de la acelerada transformación de la economía en el mismo período, en el que se había pasado de una sociedad rural a una urbana e industrial, proceso que había implicado distorsiones y engendrado inercias. Por el gran crecimiento poblacional y por deficiencias en el desarrollo agropecuario, había ocurrido un éxodo masivo a las ciudades, que "se vieron rebasadas ampliamente en sus capacidades de empleo, servicios y bienestar. Las ciudades se convirtieron, así, en ingratos refugios para grupos de inmigrantes confinados en la marginación".

La capital mexicana, continuó el candidato, parecía estar alarmantemente destinada a ser la ciudad más grande del mundo. "El hecho de que en menos de 1% del territorio nacional se concentre un poco más de 30% de la población urbana total y aporte 35% de la riqueza del país, ocasiona, a la par de una demanda creciente de bienes y servicios difícil de satisfacer, una distorsionante concentración económica, política y social, que gravita inconvenientemente sobre nuestra convivencia nacional y es un serio reclamo a nuestra conciencia federalista". Lo que se hiciera o dejara de hacer para resolver esta situación se reflejaría en todo el país, agregó, por lo que "desconcentrar el crecimiento de las grandes ciudades hacia zonas con recursos naturales adecuados es un acto de fundamental justicia". Para hacer esto era preciso mejorar los sistemas de planeación y que la comunidad participara en ellos y actuara conjuntamente con el gobierno.

De la Madrid hizo entonces un repaso de los principales problemas urbanos, en particular del Distrito Federal: vivienda insuficiente y precaria; especulación de terrenos urbanos, que propuso enfrentar con la creación de reservas territoriales; transporte público de pasajeros deficiente, punto en el que hizo un reconocimiento a la reciente municipalización de las líneas de autobuses urbanos decretada por el presidente López Portillo; ausencia en colonias populares de sistemas de agua potable, drenaje, alcantarillado y limpieza, lo que ocasionaba que entre las principales causas de enfermedad y muerte infantil estuvieran "todavía la gastroenteritis y fenómenos íntimamente relacionados a condiciones de insalubridad"; contaminación ambiental, contra la cual las acciones emprendidas habían sido limitadas y cuya solución dependería de acciones cívicas acordadas entre las autoridades y los habitantes; sistema comercial ineficaz que, unido al proceso de inflación presente, determinaba el deterioro del salario; seguridad pública y procuración de justicia afectadas por burocratización, corrupción y abusos del poder. De la Madrid ofreció luchar para eliminar arbitrariedades y por ello, indicó, en su campaña pugnaba "por vigorizar los altos valores de la sociedad, a fin de renovarla moral revolucionaria".

Resolver los problemas de diez millones de habitantes del Distrito Federal requería de todos una participación política más activa, para enriquecer las posibilidades de representación. Luego asentó la necesidad de "aumentar la participación ciudadana en el gobierno de la ciudad" y señaló que conocía propuestas para ello, pero que el PRI no pretendía imponer fórmulas de gabinete sino atender los resultados de la consulta popular a que había convocado.

Para finalizar, sostuvo que en las elecciones las mayorías refrendarían la legitimidad del PRI en el poder, pero advirtió que los comicios se ganaban con organización y trabajo. "Para lograr una participación político electoral de altura en nuestra batalla contra la abstención, postulamos la organización de las bases y el trabajo en las bases", lo que requería una labor constante de los cuadros partidistas. Exhortó al PRI del Distrito Federal a ser "la punta de lanza de esta campaña de consulta popular".


Los pronunciamientos de Miguel de la Madrid que hemos destacado en esta crónica y que fueron producto del diálogo emprendido por el candidato con los organismos de su partido y con grupos representativos de los más diversos sectores sociales y regionales o locales, se refieren sólo a una parte de los temas abordados en los múltiples actos de la campaña electoral. Además de hacer referencias específicas sobre esos temas en función de la realidad de las entidades federativas y localidades visitadas, el candidato tocó muchos otros asuntos, por no hablar de todos aquellos que le fueron planteados. Así, por ejemplo, en diversas oportunidades mencionó cuestiones relacionadas con desarrollo demográfico, política económica, crédito agropecuario, seguro agrícola, fertilizantes, ganadería, carencia de agua tanto en el campo como en las ciudades, abasto de productos básicos, protección y orientación del consumo popular, nutrición, Sistema Alimentario Mexicano, educación superior y autonomía universitaria, salud, seguridad social, derecho al trabajo, seguridad pública, transporte, ecología, silvicultura, turismo, industria, petróleo, política exterior, comercio exterior, zonas libres fronterizas, modernización administrativa, planeación sectorial, etcétera. Esta amplia gama temática se explica si pensamos que, como aspirante a la Presidencia de la República, De la Madrid debía prestar atención a todas las ramas de la administración pública.

Al finalizar 1981 el candidato había transmitido a todo el país el mensaje de que la ideología de la Revolución Mexicana era todavía la mejor opción histórica de proyecto nacional, así como su voluntad de escuchar las demandas populares y partir de ellas para elaborar su programa de gobierno. En cada una de las campañas estatales De la Madrid comunicó el mismo mensaje, tanto en su sentido más amplio, como imbricado con las características específicas de cada entidad federativa. El candidato conservó todo el tiempo un equilibrio entre sus referencias a la problemática y los principios generales y las que hizo sobre las cuestiones locales y la aplicación particular de los principios. Para que el pueblo se comunicara directamente con el candidato y pudiera escucharlo de viva voz, y él a su vez pudiera percibir con amplitud las inquietudes y las ideas, tanto de los organismos partidistas como de todos los grupos sociales de cada estado, el candidato emprendió una campaña de gran intensidad, comparable en este sentido sólo con la campaña de Lázaro Cárdenas por la Presidencia de la República, entre 1933 y 1934. La diferencia entre ellas fue de medios, los cuales eran mucho más potentes en 1981-1982. Entonces, los medios de comunicación de la información y de las ideas, el radio, la televisión y la prensa, eran escuchados y leídos en prácticamente todos los rincones del país, incluidas remotas rancherías. Los espacios para uso de aviones se habían multiplicado, lo mismo que la velocidad de los aparatos; los helicópteros daban acceso virtualmente a todo el territorio. Con estos medios De la Madrid, su equipo inmediato y la totalidad del PRI hicieron una campaña en la que el candidato visitaba con frecuencia hasta diez poblados en un día. Al terminar 1981, la Coordinadora de Apoyo de Servicios estimaba que alrededor de tres millones de personas habían asistido a los actos de la campaña en los que había estado presente el candidato.

Ante ellos, sobre la idea de la validez y vigencia del proyecto nacional revolucionario, De la Madrid apuntó repetidamente la necesidad de una renovación moral de la sociedad, la conveniencia de consolidar un sistema de planeación democrática fundado en la consulta popular, el imperativo inaplazable de fortalecer a los municipios, de revertir el proceso de concentración de la población y de la actividad económica en las grandes ciudades y de centralización de las decisiones político-administrativas.

Chihuahua 29 de noviembre de 1981 Tensiones en el estado de Chihuahua

La sinfonía de campaña -tumbas, cencerros, matracas y unas bocinas especiales que funcionan con aire comprimido- anuncia la llegada del candidato. Son las 14:33. Una hora más tarde de lo previsto. Viene el candidato acompañado por el presidente del PRI y de la señora De la Madrid.

El animador pide porras. Una de las veces incita a la representación de los campesinos a que se haga oír, pero el silencio se cierra como un cofre sobre la calle en guirnaldada. "Deben estar muy atrás", se disculpa con una sonrisita.

El público abuchea a los jilgueros, quiere a De la Madrid. Y se suelta un viento casi huracanado que hace chasquear las banderas, burla cachuchas y mueve a la masa de priístas como un campo de cañas. La escenografía del templete, foto del presidente José López Portillo a la izquierda, de Miguel de la Madrid a la derecha, siglas MM y del partido, se infla como una vela y amenaza llevarse navegando la tribuna o caer como una mortaja sobre el presídium.

Gritos de ¡aguas! ¡cuidado! y por fin una sugerencia salvadora: que le abran agujeros al plástico.

Con verdadera fruición bolígrafos, palos, uñas se hunden en las erres y en las pes, en los 1982'sy hacen tiras el telón de fondo. Queda el templete como una victoria de la oposición.

Gilberto de Estrabau Excélsior

Durango 3 de diciembre de 1981 Metamorfosis

Por la ventanilla del autobús "José María Morelos", pasa la amarilla geografía de la campiña duranguense, al fondo los cerros azules de la Sierra Madre Occidental. En el compartimiento delantero del autobús, el candidato, a solas con su secretario particular, Emilio Gamboa Patrón y el enviado, hace una reflexión sobre el sendero de emociones, de vivencias encontradas a lo largo de las primeras cuatro etapas de su campaña: "Todo es una experiencia extraordinaria; yo no creo que sea tanto así como una metamorfosis, en el cabal sentido de la palabra, pero definitivamente recorrer el país como centro de la atención nacional, con el país entero pendiente. Pero sobre todo, el diálogo nuevo, esperanzado de toda esta gente que a veces presenta demandas verdaderamente desgarradoras. Situaciones que enternecen o que conmueven. La gente buena, que en este país forma mayoría, y la gente mala que también se ve en ocasiones. Este diálogo así, abierto, directo, es definitivamente distinto a todos los recorridos que antes hice por todo el país en mi condición de funcionario público.

"Sobre todo, el conocer tan directamente a la gente, escuchar sus problemas de viva voz. Estar en todos los pueblos, por todos los rumbos y verlo todo, escucharlo todo, conocerlo todo, me trae tal cantidad de experiencias, de impresiones que sería difícil explicarlo en forma breve... Mire, mire por ejemplo a esa gente. Vea cómo saluda. ¿Usted cree que podrían ser acarreados?"

A la orilla de la carretera, frente a cada pueblo espera un pequeño grupo que forman las personas del caserío. Levantan mantas con leyendas que ostentan el nombre del lugar, o un saludo, o una petición. Y de todas las ventanas se asoman brazos extendidos, palmas abiertas. Se diría que el convoy éste, que integran cuatro autobuses y casi una docena de automóviles, levanta polvaredas de fe.

Cuando pasa por Arnulfo R. Gómez, aminora la velocidad y el candidato, por la ventanilla, responde a los saludos. Un grupo de campesinos polvorientos se acerca hasta el autobús. "Un momentito, licenciado, nomás un momentito, nomás queremos saludarlo. Ándele, nomás un momentito. .. "En el programa del día no hay mitin en este lugar, sino solamente un "saludo de paso". Pero allí están los campesinos, y piden que baje. En silencio intercambian miradas los encargados de seguridad y del convoy.

En un segundo, De la Madrid decide: "Está bien, bajaremos". Y con una seña autoriza al chofer a hacer alto total. La pequeña muchedumbre que ha esperado cuatro horas bajo el sol para ver al candidato irrumpe en una ovación cerrada. Allí junto a la carretera, la gente de Arnulfo R. Gómez por cuenta propia instaló un templete modesto, muy distinto a aquellos sólidos, pintados de blanco de todos los mítines oficiales. Este fue instalado en la plataforma de un camión, con tablas y mesabancos escolares y luego tapizado con fotos y carteles del candidato.

Toma el micrófono el líder local del PRI Ladislao Fernández, sombrero tejano y camisa vaquera: "Señor candidato: nosotros aquí en este pueblito pobre y olvidado nomás queremos saludarlo y desearle el triunfo. Queremos manifestarle todo nuestro pobre apoyo. No le presentamos peticiones porque, como puede ver, lo necesitamos todo. Por eso nomás le pedimos que cuando por el voto de todos los mexicanos, sea usted el Presidente, que no se olvide de sus últimos amigos de Arnulfo R. Gómez".

Y mientras el aplauso se desgrana, un grupo de jóvenes del lugar entona la porra: "A la bio, a la bao, a la bin, bon, ban, el licenciado Miguel, ga-na-rá... "

De la Madrid se conmueve, toma el micrófono y confiesa su emoción al ver este pueblo de casas de adobe, de calles de tierra, huérfano de comodidades y de bienestar que no le pide nada, y sólo le ofrece su apoyo. "No me olvidaré, lo prometo, de mis amigos de Arnulfo R. Gómez", advierte al despedirse.

Antes, estuvo en Santiago Papasquiaro, el pueblo más alegre y pintoresco de la sierra, que lo recibió endomingado y alegre. Aquí, no sólo la gente de Santiago se volcó en las calles, sino también los de toda la sierra los de Tepehuanes, los de Guariacevi los de Topia, Canelas, Otáez. Una muchedumbre sobre la pequeña plaza de armas, erizada de banderas y de pancartas. Luego así, la gira sigue mostrando al país.

Fernando Meraz Excélsior

5 de diciembre de 1981 Cerrazón

El candidato priísta recorre el país y ha dejado atrás aparentemente aquellos cómodos instantes de gira calcada de las presidenciales, la reiteración de lo hecho y la suma de los planes elaborados, para escuchar, por fin, quejas y lamentos de los habitantes de las zonas del país que visita. Lenta, pero seguramente, se recupera la tradición del partido dominante. Al aparecer el sucesor brotan los descontentos populares, emergen los reclamos por todo aquello que no se ha hecho y finalmente las denuncias de abusos y corruptelas.

Y todavía hay demasiada tibieza en la actitud de los organizadores, en la cerrazón de colaboradores que pretenden impedir la explosión de las demandas y quejas, sin advertir que al hacerlo niegan a su candidato toda posibilidad de transformarse de funcionario en candidato, de colaborador en guía.

No hay manera de aprisionar totalmente a un candidato presidencial, así limiten a una hora su contacto con campesinos por "razones de logística".

León García Soler Excélsior

Michoacán 21 de diciembre de 1981 Los marginados

Cuando la barcaza "Francisco J. Múgica" pasó frente a ellos, con Miguel de la Madrid en la segunda cubierta, los indios purépechas alzaron sus redes de mariposa en respetuoso saludo.

Y en respetuosa y muda protesta: estaban vacías.

Le dijeron en Patzcuaro:

"El lago está agonizando y de verdad no sabemos qué vamos a hacer. ¿De qué van a vivir los 30 pueblos indígenas de la región si esto se acaba?"

Le dijo en Zitácuaro Santiago Tapia, presidente de los indios mazahuas y otomíes:

"-Todas las fábricas que haya en México, échelas al campo, a la provincia, para que tenga vida esta pobre gente, que usted ve cómo se trata. Si almuerzan no comen, señor De la Madrid, y si comen no cenan, señor De la Madrid. Por favor, le ruego que cuando usted llegue allá, acuérdese de estos indios, compañero."

Su respuesta la englobó hoy Miguel de la Madrid en cinco líneas del discurso que pronunció en Zitácuaro.

"Necesitamos la mayoría de los mexicanos, los que hemos alcanzado y a los beneficios del progreso, voltearla mirada, la atención y el sentimiento hacia los indígenas de México. No es posible, si queremos vivir con dignidad, tolerar el estado de marginación y atraso en que se encuentran todavía grandes núcleos de indígenas."

Luis Gutiérrez Uno Más Uno

Michoacán 21 de diciembre de 1981 No a las promesas fáciles

Isael Cruz Benítez le dio a De la Madrid la bienvenida en Huetamo, con palabras breves y sencillas: "Hay júbilo entre nosotros, porque usted es un hombre de limpia trayectoria y sabemos que nos va a ayudar. Los campesinos pobres necesitamos de usted". Le pidió, con calidad de urgente, la construcción de la presa del Bajo Tacámbaro, pues allí las tierras son buenas pero el temporal es malo. Hace 25 años, dijo Cruz Benítez, los terracalentanos de Michoacán hicieron la primera solicitud de esa obra "y no nos han hecho justicia".

Allí, el candidato priísta enfrentó demandas, con esta explicación: "Sepan ustedes que las obras que están requiriendo no las ha hecho la Revolución no por falta de ganas, sino porque los recursos del país siguen siendo escasos para atender nuestras enormes necesidades." Subrayó: "Somos un país muy grande, con muchos problemas todavía. Es natural, entonces, que los gobiernos de la Revolución hayan tenido que establecer prioridades en materia de obras hidráulicas."

Dijo a los campesinos que, durante su campaña, no hará promesas fáciles. Resultaría cómodo hacer, en ese momento, las promesas fáciles. Pero ése no es el sentido de su campaña. Tendrá el valor suficiente, en su momento, para hablar con franqueza a los hombres del campo y decirles, cuando así sea necesario, que no hay más tierras que repartir. Hay que buscar, entonces, otras alternativas para la creación de empleos, entre ellas la organización de productores agropecuarios, la pesca, la minería, en fin, el aprovechamiento óptimo de los recursos naturales.

Guillermo Mora Tavares Uno Más Uno

Chiapas 5 de enero de 1981 Chiapas

Tocar Chiapas es tocar la magia. Hoy así lo vimos y así lo vio Miguel de la Madrid.

Frente a él, en una plaza recubierta con loseta de mármol y ante un palacio de gobierno que golpea con un modernismo exagerado, mujeres indígenas amamantaban a sus hijos sentadas en el suelo y mientras el candidato hablaba para otros muchos miles de chiapanecos, ellas hablaban en su lengua, que podría ser cualquiera de las veinticuatro que se hablan en la región.

Para esas mujeres y para sus hombres, y para sus hijos, que quedaron allí en la serranía, en sus chozas con techos de paja aún existen brujos y maleficios y existe también "Lab", el animal del que depende por entero su vida.

Y si eso es magia, magia es también para nosotros la única palabra que podría servir para explicar la mezcla de chozas donde se practican exorcismos con enormes complejos petroleros; de mujeres que se sientan en el suelo para escuchar a Miguel de la Madrid con las obras que generan la mayor parte de la energía eléctrica que consume el país.

Y Chiapas fue escogido por Miguel de la Madrid para reiniciar su campaña, para su primera gira de 1982, para sudar en pleno invierno, para tener su primer contacto con el sur del país.

Y, en efecto, el candidato hoy sudó y nosotros también; Tapachula, la primera población visitada en esta entidad, era un auténtico horno y, por si fuera poco, a alguien se le ocurrió armar el templete desde el que hablaría el candidato donde nada daba sombra ¡y el sol pegaba de frente!

Así, Miguel de la Madrid lució su paliacate en repetidas ocasiones para limpiar el sudor de su rostro, mientras detrás de él aparecían improvisados gorros hechos con hojas de periódico y delante de él la multitud se movía inquieta, desesperada, tanto por el calor como por la prolongada espera y su deseo de ver de cerca al futuro Presidente.

Roberto Martínez Maestre El Sol de México

Distrito Federal 14 de enero de 1982 El candidato oye

Bajo el mural policromo que a principios de la década pasada pintó David Alfaro Siqueiros en el Polyforum de Insurgentes, entre cientos de personas y expertos que ayer se congregaron para discutir la problemática de transporte y vialidad del Distrito Federal y su área metropolitana, el candidato priísta a la Presidencia, Miguel de la Madrid Hurtado, reconoció: "El habitante de la ciudad de México vive crecientemente irritado, frustrado, desesperado por las condiciones de estos servicios". Y planteó la necesidad de crear un plan integral de vialidad y de transporte para la ciudad y el valle de México en su conjunto.

Casi una docena de oradores abordaron el tema durante cerca de tres horas. Muchos lugares comunes, demasiados adjetivos, rollos y más rollos que en ocasiones provocaban bostezos y breves siestas entre la concurrencia, hasta que el ejemplo más claro de esta situación, que soportan a diario la mayoría de los 15 millones de habitantes de la capital y sus alrededores, le fue explicado al candidato del Institucional por un humilde obrero que vive en Nezahualcóyotl y se emplea en Naucalpan:

"Entro a trabajar a las 7 de la mañana y para llegar a tiempo tengo que levantarme a las 4 y media. El baño, el desayuno y caminar 7 cuadras a la avenida donde pasan los camiones-hora peligrosa. Recientemente un amigo fue asaltado. Espero de 10 a 15 minutos para abordar el autobús, siempre lleno. Tengo que viajar invariablemente colgado. Ha habido muchos accidentes, incluso hasta muertos... Muchas veces cuando un pasajero quiere bajar, los choferes no hacen la parada. Se siguen. Las damas sufren agresiones... los carteristas suben a los camiones. Por ir llenos a reventar, es muy fácil que éstos roben a la gente. Hay ocasiones en que asaltan los camiones con todo y pasaje, porque a esas horas las calles están solitarias y mal alumbradas. Luego, a las 6 de la mañana a más tardar debo estar en la estación del Metro Zaragoza, donde tengo que esperar a que los policías que cuidan me dejen entrar, para lo cual es necesario formarse por más de 20 minutos soportando el frío, los empujones, los pisotones y ser tratado como animal, y a veces esperar por fallas en el Metro. Después bajo en la estación Pino Suárez y tomo la línea 2 con dirección a Tacuba. Descender, correr hacer otra cola para abordar un camión más y, por fin, llegar entre 7:15 y 7:30 horas al trabajo. Esto me origina retardo en mi checada y descuentos importantes en mi quincena. No soy el único, muchos compañeros se quedan sin trabajar soportando descuentos a causa del transporte. De regreso a casa sufro el mismo problema; pero esto se complica más, ya que si regreso con mi hermana y me subo al Metro, tenemos que viajar separados, porque los policías separan a las mujeres de los hombres. Mi hermana va a la escuela. Muchas veces llega tarde. Por eso prefiero que viaje en pesero. Sin embargo éstos, además de ser muy caros, cobran el doble de la tarifa, hasta 25 pesos, lo que hace que tenga que darle más dinero para su transportación y me quede poco dinero para enfrentarme al gasto de la familia..."

David Siller Uno Más Uno

Distrito Federal 16 de enero de 1982 Historia viva

Las campanas del templo del Señor de Chalmita, en San Pablo Oztotepec, tañían con la mañana fría mientras el alumnado de la Escuela Técnica 18, por señalamiento de su directora, Marta Castilleja, acordonaba una valla de honor a lo largo de la quebrada escalera que lleva al monumento de Emiliano Zapata. En espera de la comitiva, los comuneros Lorenzo Rosas Llano (63 años), Juan Llanos García (72) y Sebastián Reynoso Martínez (66) charlaban sobre lo que sería necesario decir al candidato del PRI: "Hay mucho terreno abandonado, el arado ya no obedece, se bota y los animales se cansan por lo duro del suelo. Necesitamos maquinaria". "Esperamos al nuevo Presidente, el que sea que Dios mediante sea un hombre de hechos, y no con palabras". "No tenemos terreno, somos comuneros". "Sembramos avena, cebada, maicito, no tenemos dinero, menos crédito". "Aquí escribió, o como dicen, sí, promulgó Emiliano su Plan de Ayala, por eso lo queremos en San Pablo". "Si Emiliano viviera, ya nos hubieran dado pedacitos de terreno donde sobrara". "Nos hubiera afianzado". "El luchó por los que somos pobres, sería la gran cosa, un mejor beneficio". "Pero como se murió, pues no... Estamos abandonados, nomás cuando vino su hijo... cómo se llamaba 'Fausto'. Cuando vino a proponer con la campaña del señor Portillo, y luego ya adentro, nada hizo". "No era campesino, era licenciado". "Regino Losada es el último vivo que lo conoció [a Emiliano], pero hoy no vino al festejo". El pueblo eran sus hijos de Emiliano, porque él los defendía... ahora ya no hay quién...

David Martín del Campo Uno más uno

Palabras del gobernador de los pápagos a Miguel de la Madrid en Caborca, Sonora, el 18 de noviembre de 1981

Hombre que quiere la Vara de Mando:

Nadie en este mundo tiene derecho a modificar el curso de los arroyos.

Un gobierno es como el frío o el calor: todos lo sienten.

La Vara de Gobierno que te damos es una antorcha. Si te quedas mucho tiempo con ella, te quemará las manos.

Si eres gobierno sobre los hombres, debes saber que así como el desierto, los hombres siempre estarán aquí.

Si eres cazador ultima sólo lo que para tu familia es necesario.

Cuando recorras la estepa date cuenta que hay sahuaros, y que la pitahaya se confunde con la sinita.

Un hombre sabio conoce que no todos los mezquites dan péchita dulce.

Tú eres un hombre que estará sobre los hombres.

Tu casa no tendrá puerta y el sendero a tu enramada se ensanchará.

Tendrás paciencia porque aquí todos tomarán agua de tu aguaje.

Cuando tienes la Vara de Mando, sólo a ti te pega el sol.

Recordará el hombre que el burro no entra a la maraña de ramas.

No olvides que en la estepa hay aves canoras en abundancia, pero también víboras y coyotes.

Debes saber que no todos los que gritan frente a tu choza saben respetar a l'ltoi.

Vale más un hombre honrado durante toda la vida que un mal gobierno durante seis inviernos.

Regresa a donde los mexicanos te darán la voz de l'ltoi, y cuando sientas que estás ungido con la sabiduría de los pueblos, no escuches a quien corta el fruto maduro sin necesitarlo, porque enmudecerás.

Si andas en la estepa buscando la Vara de Gobierno, recuerda que es más fácil hablar cuando se pide, que cumplir lo que se debe dar.

Los O'tam están bajo la Vara del Gobierno Mexicano. Cuando tú la tengas regresa aquí a nuestra enramada para escuchar cómo es la voz que te otorgó l'ltoi.

Nayarit 18 de enero de 1982 Hablarle a Santaclós

Miguel de la Madrid y sus acompañantes vieron la franja dorada de costa frente al Pacífico y sus riquezas -franja de playa de los 289 kilómetros de litoral nayarita- desde el helicóptero.

Pero no llegaron al mar. Descendieron en la aeropista de San Blas casi con una hora de retraso y a bordo de combis marcharon, primero, al parque José María Mercado, y luego a la cancha de frontón del centro social del SUTERM para comer bajo un toldo de costales de medio uso, a tres cuadras de la playa.

Y allí, con el cebiche de sierra y el pescado rebozado Guillermo Pérez Perales, presidente del comité municipal del PRI, le habló al candidato como a Santaclós:

"Tenemos la comida, pero no tenemos el plato en donde servirla, porque de las once sociedades cooperativas pesqueras de Nayarit solamente tres tienen una embarcación pesquera con lo cual sólo damos trabajo a 18 personas.

Y queremos, señor De la Madrid:

"Apoyo y ayuda para que nos den créditos necesarios y una flota de cien embarcaciones camaroneras mayores y diez embarcaciones tiburoneras mayores y el consiguiente crédito para la instalación de la infraestructura correspondiente y -de acuerdo al alcance de sus posibilidades- ayuda para el movimiento cooperativo de Nayarit y mayor protección y seguridad naval y una patrulla marítima y un helicóptero y una hidroavioneta y las Islas Marías como campo productivo pesquero."

Dieciocho pescadores cooperativados con tres embarcaciones y 289 kilómetros de costa...

Luis Gutiérrez Uno Más Uno

Guanajuato 22 de enero de 1982 Cooperación y azoro

Con la curiosidad apretada y risueña entre los sombreros de palma y los rebozos, en pequeños grupos, uno en el tendajón de doña Remedios, otro en la escalinata de piedra del viejo santuario, otro más bajo el portalillo del molino de maíz de don Cástulo, los 147 habitantes de este sitio, punto de referencia en la ruta de la libertad recorrida por Hidalgo, serían testigos del formidable poder del sistema político, asentado frente a ellos en una jornada electoral, para examinar una de las prioridades nacionales: la agricultura de temporal.

Porque, a pesar de que las palabras vertidas a lo largo de setenta y nueve minutos por trece oradores, los más conocidos expertos en materia de agricultura temporalera y producción agrícola, quedarían para ellos un poco en el aire, sin ser cabalmente comprendidas, todos tendrían conciencia de que la presencia de la poderosa comitiva de patrullas, de autobuses, de fotógrafos, de camarógrafos, de políticos de todos los rangos, de agentes de seguridad y de personajes desconocidos, les llevaría, con esa extraña, indefinible sensación, por la ruta inexorable de la historia, otra vez.

Aquí en Atotonilco...

Todos fueron aquí testigos de la transformación asombrosa del pueblecillo para la instauración del escenario que recibiría al candidato, y desde hace tres meses vieron la llegada de las brigadas bajo el mando del arquitecto Rodolfo Murillo Campa y Sebastián Martínez Castro que comenzaron por dar instrucciones para "blanquear" todas las fachadas, luego aceleraron los trabajos de la restauración del santuario de Nuestro Padre Jesús de Nazaret y le pidieron también al señor cura don Luis Parra que mandara blanquear la torrecita de la capilla más pequeña, en la que oficia misa, junto al viejo santuario, ahora en manos del Instituto Nacional de Antropología y de la SAHOP. Los ejidatarios que quedan y que cultivan las tierras, las parcelas repartidas sobre una extensión de unos cinco kilómetros, decidieron hace unos diez años integrar una banda musical, que comenzaron los hermanos Ramírez, dirigidos por Leocadio, el mayor de ellos, y la banda comenzó primero con el exclusivo fin de dar vida a las fiestas locales. Animar los "quinceaños" y las bodas y los bautizos. Y tocar también en las fiestas anuales de Nuestro Padre Jesús y amenizar las celebraciones de fin de curso de la escuela primaria local. Pero -recuerda Leocadio- la vida cada vez se fue haciendo más cara. Las gentes comenzaron a irse y los viejos a morirse. Ahora la banda de los hermanos Ramírez, integrada por los catorce ejidatarios que quedan en Atotonilco, y que toca en todos los pueblos cercanos, representa la fuente principal de ingresos para el ejido.

Por eso, cuando la gente del PRI de México, y los dirigentes estatales y regionales les pidieron que pensaran en alguna forma de cooperar además de con su presencia, para realzar los actos con que Guanajuato recibiría al candidato a la Presidencia de la República, el subdelegado municipal, Eulalio Ramírez Vázquez, y el comisariado, Eleuterio Ramírez, dialogaron con Leocadio, éste ofreció, sin pensarlo dos veces: "Pos que la banda toque la música que sea necesaria en los actos de festejo."

Fernando Meraz Excélsior

Estado de México 25 de enero de 1982 Público cautivo

En la Alameda de Tenango del Valle se concentraba una muchedumbre de quince mil personas, campesinos todos. Multitud mansa que asistía con aire de fiesta con la pequeña bolsa de plástico que contenía la consabida torta de jamón con queso y jalapeños, el "boing" de tamarindo o de guayaba en envases de cartón y la naranja y el plátano, modesta retribución del PRI a su presencia. Y escuchaban sonrientes y candorosos. Y aplaudían cuando sus dirigentes, quienes les habían traído, lo hacían porque así habían sido instruidos cuidadosamente durante toda la mañana.

El candidato del PRI a la Presidencia de la República exponía sus definiciones en materia de moral administrativa. Pero la grande y -pacífica masa escuchaba sin oír, cansados la mayoría- así lo confiesa con una risa desdentada y socarrona Jovita Rentería, quien vino desde San Pedro Techuchulco-, porque para ellos la jornada comenzó a las seis de la mañana cuando, guiados por sus dirigentes, abordaron los desvencijados camiones de las líneas locales para iniciar el viaje hasta la gran concentración priísta.

A las tres y media de la tarde estaba anunciada la llegada del candidato a Tenango del Valle, pero la comitiva no llegaría sino hasta una hora después, porque la jornada comenzó con veinte minutos de retraso y luego se "colgó" cuarenta porque los actos anteriores se prolongaron más de lo estimado al calcular los recorridos y las asambleas.

Pero aquí esperarían pacientes comisariados ejidales, dirigentes comuneros y, sobre todo, la pacífica multitud, prácticamente encerrada en el inmenso local de la alameda, pues tiene ésta cuatro entradas laterales y una principal. Y todas custodiadas por el dispositivo de seguridad suministrado, con ropas de civil, por la zona militar local, que en el operativo de esta jornada tenía como instrucciones principales revisar que nadie introdujera bebidas alcohólicas ni armas, pero también que nadie, una vez llegado, abandonara el lugar.

Fernando Meraz Excélsior

Sinaloa 31 de enero de 1982 El curioso

No se aguantó las ganas don Antonio. En el mitin de Guasave se había metido a la casa del alcalde Roque Chávez Castro, hermano de Jorge, el procurador, y desde ahí estuvo observando el desarrollo del acto, la magnitud de la concentración, los gestos del candidato, los signos vitales. Pocos pudieron verlo parado en esa ventana en la que a veces aparecía también el rostro de Marino Carlón, ex alcalde de Guasave y ahora director de Educación en el estado.

Y ayer, en Los Mochis, logró con facilidad que lo invitara la familia Ungson, cuya residencia está entre Madero y Juárez, para que desde el balcón pudiera observar el desarrollo del mitin que Mario Vargas Saldana le preparó a Miguel de la Madrid.

Hoy no se aguantó las ganas don Antonio Toledo Corro.

Imagínese, Miguel de la Madrid en Escuinapa, su pueblo natal, y que el gobernador estuviera ausente. ¿Qué pensarían todos? ¿Qué dirían los sinaloenses? ¿Otra derrota política para el gobernador en menos de tres meses?

Pues nones.

Por eso estaba ahí, sonriente y enfundado en su traje coordinado caqui, con el delegado del PRI en Nayarit atrás de él, y quien nada pudo hacer para evitar la presencia del gobernador en un acto político de campaña electoral...

Luis Gutiérrez Uno Más Uno

 
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