La mecánica priísta

CRONICA DE LA CAMPAÑA ELECTORAL


El 14 de octubre, día señalado para el inicio de las giras estatales, ocurrieron cambios de gran importancia en el CEN del PRI. El presidente del CEN, Javier García Paniagua, fue sustituido interinamente por Pedro Ojeda Paullada, hasta ese momento secretario del Trabajo y Previsión Social; en este puesto el Presidente de la República designó a García Paniagua, en lo que se llamó un "enroque". Asimismo, Guillermo Cosío Vidaurri renunció a la Secretaría General del CEN y en su lugar fue nombrado Manuel Bartlett Díaz, a la vez coordinador de la campaña. En la noche del mismo día se dieron a conocer otras dos designaciones: Adolfo Lugo Verduzco sustituyó a Arturo González Cosío como oficial mayor del CEN y como secretario de Finanzas del mismo quedó Francisco Rojas Gutiérrez, en lugar de Florencio Salazar Martínez.

Los cambios del Presidente y del Secretario General del CEN del PRI fueron ampliamente comentados por la prensa nacional. La mayoría de los comentaristas inscribió el hecho en la supuesta pugna entre "políticos" y "tecnócratas". Se señalaba que García Paniagua era uno de los más destacados entre los políticos que aspiraban a la candidatura del PRI a la Presidencia de la República, por lo que se le atribuía la representación de este grupo. Su remoción fue considerada como sorpresiva, pues la Asamblea Nacional reunida el 9 de octubre lo había ratificado en su puesto, lo mismo que a Cosío Vidaurri, lo que se había tomado como indicativo de que permanecerían en sus puestos durante la campaña electoral. Sin embargo, desde que los sectores se pronunciaron por Miguel de la Madrid, el Presidente del CEN se había mostrado parco y aun había expresado escepticismo sobre la decisión tomada. La prensa comentó ampliamente el aparente enojo de García Paniagua por no haber sido elegido para la candidatura, y se habló de las posibles consecuencias de esta división. Se especuló entonces si el precandidato, al ser confirmado como candidato, haría su campaña con una jefatura plena del partido o no.

De este modo, los cambios del 14 de octubre en la máxima dirigencia del PRI fueron interpretados como la toma del control político del partido por De la Madrid y un equipo que respondería a su campaña, en lo cual se veía también el apoyo total del presidente López Portillo, en su calidad de líder máximo del partido, al precandidato. El nombramiento de Pedro Ojeda Paullada se veía como una designación equilibrada, aceptable para los tres sectores del partido. Había sido uno de los funcionarios más mencionados como posible candidato a la Presidencia y pertenecía al PRI desde 1951, donde había participado en el IEPES en los años sesenta. A esta larga militancia unía una amplia carrera en la administración pública; los puestos más importantes que había ocupado eran el de Oficial Mayor de la Secretaría de la Presidencia entre 1970 y 1971, Procurador General de la República de 1971 a 1976 y Secretario del Trabajo y Previsión Social desde este último año. En general, se consideró que su experiencia lo capacitaba para conducir al PRI en la campaña electoral.

Otras designaciones en el CEN del PRI fueron, el 27 de octubre, las de Juan Maldonado Pereda como presidente del Comité Directivo del PRI en el Distrito Federal, en sustitución de Celso H. Delgado, y de Guillermo González López como secretario de Acción Electoral del CEN, en lugar de Carlos Sánchez Dosal. González López venía de la Subsecretaría B del Trabajo, cargo en el que lo sucedió Guillermo Cosío Vidaurri. Al día siguiente Silvia Hernández Henríquez, quien había sido diputada federal dos veces y se desempeñaba como directora del Crea, fue designada secretaria de Organización del CEN. Carlos Sánchez Dosaly Celso H. Delgado quedaron como secretarios auxiliares de la Presidencia del CEN.


Con estos movimientos el candidato Miguel de la Madrid aseguró la posibilidad de contar con toda la estructura del partido para su campaña; es decir, con un partido unificado. A diferencia de campañas anteriores por la Presidencia de la República, en las que se había descansado primordialmente en el organismo técnico e ideológico del partido, el IEPES, en ésta los actos del candidato con organizaciones de los sectores y de la estructura territorial fueron más frecuentes.

Los cambios en la dirigencia máxima del PRI tuvieron importantes repercusiones en el trabajo partidario para la campaña. Tanto por la estructura misma del partido como por las formas habituales de su funcionamiento, la personalidad de los dirigentes ejerce un gran peso sobre la eficacia del conjunto. Así, el Presidente del CEN del PRI designa a los delegados generales del partido en los estados, de acuerdo con los gobernadores. A su vez, los delegados se encuentran en estrecho contacto con los comités directivos estatales, cuyo sustento son los comités municipales, distritales y seccionales. La elección de los dirigentes de estos niveles suele estar influida por los gobernadores, los delegados generales y los presidentes de los comités directivos estatales. De este modo, el equilibrio político de toda la estructura se altera y debe ser ajustado cuando cambia la dirigencia nacional. Esto, que es un proceso natural en casi todos los partidos del mundo, acentuadamente en regímenes presidencialistas, presenta dificultades obvias cuando ocurre al inicio de una campaña por la titularidad del poder ejecutivo nacional. Además, en los seis años anteriores el partido había cambiado a su dirigencia máxima en tres ocasiones. El cambio de octubre de 1981 era el cuarto en ese lapso, lo que resulta significativo si pensamos que, dada la magnitud del partido, consolidar la dirigencia de base y de niveles intermedios es una tarea de años. Los nuevos dirigentes del PRI enfrentaron de inmediato la necesidad de organizar en poco tiempo la movilización partidista para las primeras giras estatales que realizaría su candidato a la Presidencia de la República, así como la formación de equipos en el partido, que respondieran a las características del diseño de la campaña.

La estructura territorial del PRI desempeña un papel de primera importancia en todo el proceso electoral, pues es entre los comités seccionales, de manzana y de acera donde se realiza la labor directa de promoción del voto entre la ciudadanía, de integración de mesas directivas de casillas electorales y de defensa del voto el día de los comicios. Mantener activa y actualizada toda la estructura territorial partidaria es una tarea que no se cumple igual en todos los estados. Por otro lado, los delegados estatales de cada sector son nombrados directamente por la dirección nacional del mismo. En los momentos de campaña electoral, las organizaciones sectoriales cumplen una función de primer orden en la movilización priísta para las concentraciones de apoyo a los candidatos y en la generación y difusión de propaganda. La estructura sectorial funciona en las entidades federativas según la fuerza y el nivel de organización de cada sector en ellas. Así, en octubre de 1981 la situación del partido variaba considerablemente de uno a otro estado. Por eso, en algunos la integración partidista para la campaña fue relativamente fácil, mientras en otros el aparato se encontraba prácticamente desmantelado. En general, fue necesario un arduo trabajo de integración de los organismos de base. Los delegados generales del CEN fueron sustituidos paulatinamente, conforme avanzaba la campaña, en ocasiones cambiándolos de entidad federativa.

En México existe una cultura política priísta determinada básicamente por la composición social del partido en el poder y su estructura organizativa. El amplio abanico social de sus organismos afiliados hacen de ese partido la mayor instancia de organización social, y el haberse sostenido en el poder por más de 50 años lo mantienen como el mejor gestor de las demandas populares, independientemente de los problemas internos de la vida política del partido en cinco decenios y de las ocasiones en que ha tenido que enfrentar fuertes oposiciones, sobre todo de carácter regional. La presencia de los sectores campesino, obrero y popular, así como la de organismos juveniles y femeniles, le da al PRI una enorme capacidad de convocatoria para manifestaciones y actos públicos.


Por otro lado, la organización territorial del PRI, activo en todos los estados de la federación, le permite tener partidarios en prácticamente todos los municipios del país. Esto, y la correspondencia de su división territorial (comités estatales, municipales, distritales y seccionales) con las demarcaciones electorales le permite, en días de elecciones, ser el único partido que cubre con representantes todas las casillas de votación, ya sea ésta de carácter federal o local.

De estas características ha derivado una cultura electoral, palpable en formas habituales que se repiten durante las campañas por puestos de elección popular. Los momentos culminantes del modo priísta de participar en las elecciones son las campañas por la Presidencia de la República, que coinciden con la elección de diputados y senadores al Congreso de la Unión. En esos momentos se multiplica la actividad política en todo el país: asambleas y convenciones, mítines, comidas y verbenas populares, colocación y distribución de propaganda. En las ciudades se pintan miles y miles de bardas, paredes y postes con propaganda de los candidatos y lemas partidistas. Los nombres del aspirante a la Presidencia de la República y de los candidatos a senadores y diputados aparecen también en bardas y paredes de adobe en el campo y en rocas a lo largo de las carreteras. El escudo tricolor del PRI se ve entonces en todos los rincones del país, mezclado, según la región, con la propaganda de uno o más partidos de oposición.

Las concentraciones priístas en plazas públicas y calles suelen ser ruidosas y coloridas. No faltan grupos musicales y elementales instrumentos para hacer ruido, en las manos de los asistentes. Como en casi toda competencia electoral, los partidarios de un candidato le lanzan vivas y porras y corean consignas, con el propósito de animarse, mostrar fuerza y atraer a la población. Los discursos suelen ser encendidos, de reforzamiento de los principios propios y de crítica a los partidos opositores.

En los mítines del PRI, las calles y plazas están siempre profusamente adornadas, sobre todo si se trata de la campaña por la Presidencia de la República. Entre balcones, de los árboles o de poste a poste, se cuelgan hilos de los que penden banderines, llamados pasacalles, con los colores del PRI y de las organizaciones presentes. Según la ocasión, la concurrencia puede ser homogénea o de una gran diversidad. Algunos de los actos son con grupos sectoriales específicos, campesinos, indígenas, obreros o sectores medios urbanos, con miembros de organismos juveniles o femeniles, o con los integrantes de comités territoriales del partido. Otros, combinan a varias o a todas estas piezas del partido, en las que está representada la gran variedad social mexicana. En estos casos se mezclan el sombrero campesino con la gorra proletaria, el saco urbano con la chamarra vaquera, el huipil con el vestido moderno, la manta con la fibra sintética y el casimir. Conducen estos actos los líderes de las organizaciones y asisten a ellos los políticos priístas destacados de la localidad. Su éxito está determinado por la capacidad de convocatoria y de movilización de los líderes.

Desde hace varios sexenios el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales del PRI juega un papel importante en las campañas de ese partido por la Presidencia de la República. Es el organismo responsable de la organización y realización de reuniones de análisis de los problemas que enfrentan el país, las regiones y los grupos sociales. En ellas promueve la discusión libre y franca de los problemas entre políticos del PRI, especialistas del gobierno, de organizaciones civiles no partidarias y académicos.


En conjunto, esta cultura política electoral determinó la forma de la campaña de Miguel de la Madrid Hurtado por la Presidencia de la República. Conforme a la tradición, después de su protesta como candidato del PRI, inició giras por los estados de la República, que incluían un programa de reuniones de consulta popular, de actos con los organismos de su partido, de mensajes a través de los medios de comunicación y de acercamiento informal a los habitantes de las más diversas localidades.

Las giras por los estados se iniciaron el 14 de octubre en Colima, estado natal del candidato, donde éste permaneció hasta el 17, día en que viajó por ferrocarril al estado de Jalisco, donde estuvo hasta el 19. Este día presidió en el Distrito Federal un acto masivo de apoyo del PRI a la política exterior del presidente José López Portillo. La campaña tuvo entonces un breve intermedio, dando tiempo a que pasara la Reunión Norte-Sur, cumbre de jefes de Estado realizada en Cancún, Quintana Roo, del 22 al 23 de octubre.

El 26 de octubre se reanudaron, en Aguascalientes, las giras estatales del candidato del PRI a la Presidencia de la República. Incluidas las de Colima y Jalisco, hasta el 22 de diciembre De la Madrid llevó a cabo 12 giras estatales. Los otros estados fueron, en ese orden, Aguascalientes, Zacatecas, Nuevo León, Baja California, Sonora, Puebla, Chihuahua, Durango, Guerrero y Michoacán. Asimismo, De la Madrid hizo campaña, en nueve días alternados, en el Distrito Federal. En dos meses y siete días estuvo en casi 200 poblaciones de los 12 estados y en nueve delegaciones del Distrito Federal. Utilizando medios de transporte aéreos, terrestres y marítimos recorrió más de 31000 km. Durante ese tiempo estuvo en casi 700 actos públicos de campaña, de todo tipo, escuchó poco más de 1 700 intervenciones, entre discursos y ponencias de análisis, y habló ante los más diversos auditorios algo más de 300 veces.

Por primera vez en una campaña electoral de esta naturaleza, en la capital de cada entidad federativa el candidato del PRI a la Presidencia de la República hizo una visita a la sede del Comité Directivo Estatal (CDE) de su partido. En un primer momento, estas reuniones se limitaron a la dirigencia estatal. A mediados de noviembre, a partir de la gira por Baja California, se incluyeron dirigentes de comités municipales y seccionales, para establecer un contacto directo del candidato con la base partidista en cada estado. De la Madrid se refería a los comités seccionales como las células básicas de la organización del partido. En diversas ocasiones sostuvo encuentros con organizaciones de los tres sectores del partido, así como con agrupaciones femeniles y juveniles del mismo. En casi todas las entidades recibió en actos especiales el apoyo de contingentes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que es el sindicato más numeroso de México y de América Latina. Presidió más de 190 mítines con su partido en plazas públicas.

El candidato puso especial atención en rendir honores a los héroes patrios, muchos de ellos con especial relevancia local, y a los símbolos nacionales. En estos dos meses y unos días de campaña hizo 41 ofrendas florales y guardias de honor en monumentos conmemorativos, señalando así la continuidad histórica, política e ideológica del que sería su gobierno en el caso de triunfar en las elecciones.

Una buena parte de los desayunos, comidas y cenas del candidato, los hizo con grupos representativos de organizaciones del PRI y de diversos sectores sociales. En varias de las entidades visitadas sostuvo encuentros con grupos de profesores y estudiantes universitarios así como de profesionistas. También para entrar en contacto con la población en general, en todos los estados tuvo actos de convivencia en calles y plazas, colonias populares, centros de trabajo, comunidades rurales y escuelas. Asimismo, hizo visitas domiciliarias, particularmente en el Distrito Federal. Cuando se transportaba en autobús, el convoy, en el que iban el candidato, dirigentes nacionales y locales del partido, invitados especiales y periodistas, reducía la velocidad al paso de poblaciones intermedias y el candidato recibía el saludo de los habitantes de dichos poblados, quienes alineados a lo largo de la carretera agitaban banderines, saludaban y ovacionaban al candidato. En siete ocasiones visitó comunidades indígenas, en estados en los que la presencia de estos grupos étnicos era importante. De la Madrid asistió también a algunos eventos culturales y deportivos. Además, en este lapso de octubre a diciembre tuvo 65 reuniones privadas con personas representativas de los sectores sociales locales, como empresarios, periodistas, políticos y líderes de los sectores priístas.

La apretada y complicada agenda de la campaña de De la Madrid era definida, en primera instancia, por el coordinador general de la campaña, Manuel Bartlett, desde la Secretaría General del CEN del PRI. Entre una y dos semanas antes de que llegara el candidato a un estado, una avanzada de cuatro personas iba a la capital del mismo, a entrevistarse con el jefe del partido en la entidad y con el gobernador. Apartando tiempos para reuniones fijas en cada gira, como las de consulta popular, y tomando en cuenta la realidad política local, del trabajo de la avanzada con el gobernador salía una primera propuesta de itinerario y agenda para la gira estatal del candidato. En la preparación y desenlace de estos encuentros se contaba con el apoyo del Comité Directivo Estatal del PRI y con el delegado general del partido en la entidad. La propuesta era afinada en la Secretaría General y se le presentaba como proyecto al candidato. Una vez que Bartlett repasaba con él las alternativas, se optaba por un programa, que finalmente se ponía en práctica con el auxilio de las mismas instancias partidistas y del Estado Mayor Presidencial.


La presencia de éste, como en todas las campañas del PRI por la Presidencia de la República, se debía fundamentalmente a la necesidad de un fuerte aparato de seguridad para el candidato, adecuado a la dimensión e intensidad de los actos de la campaña del PRI; el Estado Mayor Presidencial es el único cuerpo en el país con la preparación necesaria para cumplir esa función. Para que la seguridad fuera eficaz y lo más discreta posible, el grupo del Estado Mayor Presidencial estaba coordinado estrechamente con la Coordinadora de Apoyo de Servicios del partido.

Mediante esta coordinación se aseguraba que cada escenario estuviera listo a tiempo para cada acto, en plazas públicas, en auditorios cerrados, en salones, en ejidos, en comedores y restaurantes; que hubiera hospedaje y comida para toda la comitiva, incluidos los periodistas que cubrían la campaña; que los transportes, autobuses, aviones y helicópteros fueran suficientes y estuvieran preparados en los lugares necesarios; que los lugares de reunión fueran seguros para todos los que participaban en cada acto. Los horarios de llegadas y partidas de los grupos participantes eran acordados con las directivas de las organizaciones asistentes. La asistencia de ponentes individuales en reuniones de consulta popular y asegurar las facilidades para su participación eran responsabilidades de los organizadores de las mismas, principalmente el IEPES. Una vez decidido el itinerario definitivo, el secretario particular del candidato, Emilio Gamboa Patrón, tomaba la responsabilidad de que el programa se cumpliera en los tiempos señalados.

En conjunto, Miguel de la Madrid inició un recorrido en el que vio y fue visto, en el que oyó y fue escuchado. Vio directamente la realidad física y social del país. Estuvo en contacto con los grupos y sectores más diversos, urbanos y rurales, de trabajadores y de intelectuales, políticos y económicos, partidarios e independientes, indios y criollos, pobres y ricos, con todas sus gamas intermedias, en los paisajes más diversos del país. Oyó de viva voz reconocimientos por los avances logrados por los gobiernos priístas, pero, sobre todo, escuchó la exposición franca de los problemas de cada grupo o región y sus demandas. A su vez, en cada caso De la Madrid reconocía la problemática y las aspiraciones de los grupos, y, sin hacer promesas irreales, consideraba su dimensión y sus vías generales de solución. El aspirante a la Presidencia de la República por el partido mayoritario en México inició de este modo un diálogo con la sociedad, con la intención de que el candidato y su equipo conocieran las necesidades más sentidas de la población y pudieran, en su momento, diseñar un programa de gobierno que respondiera a las demandas generales. Simultáneamente, el discurso del candidato incluía alusiones a acontecimientos políticos del momento. En ocasiones, se refirió a declaraciones de los candidatos de la oposición a la Presidencia.


Itinerario de Campaña del 14 al 17 de Octubre de 1981


Actividades de Campaña del 14 al 17 de Octubre de 1981

En los distintos actos políticos con su partido, la mayor parte de ellos en plazas públicas, Miguel de la Madrid recibió siempre el apoyo entusiasta de las organizaciones priístas a su candidatura, así como el compromiso de trabajar en la organización electoral y de promoción del voto para obtener un nuevo y más amplio triunfo para el PRI en las urnas el 4 de julio de 1982.

La movilización priísta para los actos del candidato en la campaña electoral por la Presidencia de la República fue espectacular lo que refrendó la gran capacidad organizativa del partido. El presidente del CEN apoyó esta movilización a través de la Comisión de Coordinación Política, presidida por él mismo y con representación de los tres sectores y de los legisladores priístas. Participaban en la comisión las secretarías de Organización, Acción Electoral y Capacitación del propio CEN.

En todos los estados que visitó el candidato hubo una presencia activa de los tres sectores del PRI, así como de los organismos territoriales partidistas, si bien entre los primeros destacó el apoyo del sector popular. La realización de cada acto, y de cada gira estatal en general, requería de una compleja organización previa a las giras, que se intensificaba a partir de que se conocía el programa a seguir en cada una. La organización y la logística de los mítines políticos, que eran los actos en los que mayor número de personas se movilizaba, corría a cargo de las agrupaciones priístas que participaban en ellos. Al frente de esta organización en cada entidad federativa se encontraban el delegado general del CEN del PRI, los delegados estatales del Comité Ejecutivo Nacional de cada sector y el presidente del CDE respectivo, quienes actuaban conforme a los acuerdos tomados por la avanzada del candidato con el gobernador, el delegado general y el presidente del CDE. A su vez, para preparar este acuerdo los representantes del PRI en el estado analizaban y exponían las posibilidades de participación de las diferentes entidades sectoriales, incluidas las femeniles y juveniles, en cada municipio.

Una vez que se decidía el programa de la gira, se designaban responsables de cada mitin. Normalmente había uno o más coordinadores, de acuerdo con la dimensión del acto de que se tratase. Había también responsables de convocar y reunir a cada grupo participante; con frecuencia, los contingentes se trasladaban de una población a otra. Se designaban comisionados responsables de los aparatos de sonido para cada acto; del orden y colocación de contingentes; de mantas con lemas de apoyo o demandas; de distintivos y otros elementos de propaganda, y de edecanes. Según el caso, podía haber igualmente encargados de transporte, comidas, porras y lemas de campaña que se gritaban, y automóviles con altoparlantes, que recorrían las calles de colonias o poblaciones por donde pasaría el candidato, anunciando las rutas que seguiría y los lugares públicos de reunión. Asimismo, en ocasiones había comisionados que daban al candidato algún obsequio representativo de la localidad. A veces, se señalaban responsables de elaborar documentos en los que se resumía para el candidato la problemática de los sectores o las organizaciones locales. Toda esta organización se coordinaba, para la ejecución de los mítines, con la Coordinación de Apoyo de Servicios en cuanto a la trayectoria del candidato y a las cuestiones de seguridad del mismo y de la reunión en general.


Esta intensa actividad era, a fin de cuentas, un reflejo de la presencia del PRI en prácticamente todos los municipios del país y entre los grupos sociales más variados. Naturalmente, las características descritas no seguían un patrón homogéneo en todos los estados. En cada uno había variaciones particulares, según la relación que mantuviera el gobernador con el partido, el grado de integración de la estructura territorial, la mayor o menor importancia de los sectores en el estado y la fuerza de las organizaciones en las distintas localidades.

La categoría básica para definir la estrategia de la campaña fue la de consulta popular. Ésta fue planteada como el método idóneo para la planeación democrática, concepto central, como hemos visto, del programa con el que arrancó la campaña del PRI. Los términos de esta frase tenían un sentido inequívoco: consulta, pues se buscaba captar las demandas sociales y no imponer un programa de gobierno; popular, pues se querían escuchar principalmente las voces de las mayorías y no sólo las de los especialistas o de las élites.

En su sentido más amplio, la consulta popular tendría varias modalidades. Una de ellas sería la sistematización de las demandas expuestas espontáneamente por grupos, comunidades o individuos, ya fuera en misivas entregadas directamente al candidato o a miembros de su equipo, o en discursos pronunciados ante el candidato en los actos políticos de la campaña electoral presidencial.


De modo formal, desde el primer momento de las giras estatales, el IEPES organizó y llevó a cabo reuniones de consulta popular con temas específicos de interés nacional. Con la sola excepción de Jalisco, en los demás estados visitados entre octubre y diciembre hubo una reunión de este tipo. Aunque se trataba de temas de interés nacional, para cada entidad se eligió uno que fuera especialmente importante en ella, por ejemplo, participación de la mujer en Colima -donde gobernaba una mujer-, minería en Zacatecas, pequeña y mediana industria en Puebla y silvicultura en Durango. A partir de la tercera, para todas hubo reuniones preparatorias en diversos lugares del país. Se invitaba a participar en estas reuniones a los especialistas más destacados de cada materia. Con algunas excepciones, en la mayor parte de las reuniones del IEPES predominaron funcionarios de dependencias gubernamentales que cubrían la materia de que se tratara, si bien en casi todas hubo representación de especialistas no gubernamentales, de organismos gremiales relacionados con cada asunto y de los sectores del PRI. En las reuniones nacionales participaban entre 15 y poco más de 20 ponentes. La que más tuvo fue la de cultura nacional, realizada en Tijuana el 13 de noviembre, en la que participaron 26. Fue también el tema en el que participaron más expositores no gubernamentales ni del PRI.

Para el desarrollo de las reuniones nacionales del IEPES se diseñó una gran mesa hexagonal, en la que cabían entre diez y 12 personas por lado, de modo que los participantes podían verse unos a otros. El director del IEPES, Carlos Salinas de Gortari, acompañó al candidato en las reuniones efectuadas en cada gira estatal. El hacía una presentación de la problemática que se trataría, y después de escuchar a todos los ponentes, De la Madrid hacía referencias a lo escuchado, sintetizaba los aspectos principales y los ubicaba en el conjunto de acciones administrativas que podían tomarse o reforzarse para resolver los problemas.

Una de las ideas con las que se organizaron todas las reuniones de consulta popular fue que la expresión de los problemas, de las fallas, errores y desviaciones se expusieran con franqueza y total libertad. La campaña fue reiteradamente definida por el candidato del PRI como una oportunidad, que se presentaba cada seis años, para hacer una revisión a fondo del estado de las cuestiones nacionales y regionales. Al tiempo que debían reconocerse los adelantos, debían señalarse los rezagos y las nuevas necesidades que habrían de enfrentarse.

En todos los estados visitados por el candidato se llevaron a cabo otro tipo de reuniones de consulta popular, dedicadas al análisis sistemático de la problemática estatal, con el nombre de Consulta Popular para la Planeación Estatal. En este caso también fueron actos precedidos por reuniones preparatorias. Se llevaban a cabo con el mismo formato físico de la mesa hexagonal, si bien el número de expositores era menor, de entre diez y 15. La mayor parte de éstos eran especialistas del estado mismo, varios de ellos del gobierno local, y otros eran representantes de diversos grupos sociales. En cada reunión se abordaban las distintas facetas del desarrollo del estado respectivo.


En coordinación con el IEPES, estas reuniones estuvieron bajo la responsabilidad de los organismos equivalentes del PRI en los estados, los Centros de Estudios Políticos, Económicos y Sociales. En cada una de las sesiones principales o de síntesis, realizadas durante la gira estatal del candidato, el director del IEPES pronunciaba unas breves palabras sobre la importancia de la consulta popular y de la planeación, y era el director del CEPES de cada entidad quien hacía la presentación general y conducía la reunión. Al final de las ponencias, De la Madrid hacía la síntesis política de lo dicho en la sesión, jerarquizaba los problemas y apuntaba caminos posibles de acción.

Al finalizar la primera reunión de Consulta Popular para la Planeación Estatal, en Colima el 15 de octubre, el candidato describió la participación en estas reuniones: "Escuchamos los planteamientos de los tres sectores del partido. No son el CEPES y el IEPES una mera reunión de expertos, son una reunión de políticos del PRI que tienen sensibilidad social para examinar los problemas del país y para proponer soluciones que integren programas de gobierno". Agregó que los sectores habían invitado como ponentes "también a profesionales, a técnicos y a empresarios para que enriquezcan nuestro panorama y nos permitan cotejar nuestras ideas".

Otra forma de consulta popular de la campaña del PRI, aunque más esporádica, fueron reuniones de trabajo con sectores productivos específicos, en las que se abordaba la problemática propia de los mismos. En los primeros meses reseñados, estas reuniones tuvieron lugar en Jalisco, Baja California y Guerrero. En ellas se trataron, por ejemplo, asuntos agropecuarios, ecológicos, pesqueros y turísticos.

Este esquema de consulta popular formal se enriqueció en el transcurso de estas primeras giras, con la celebración de otros tres tipos de reuniones de consulta popular. Como resultado de la gran importancia que la gente daba a la necesidad de fortalecer el municipio y a los asuntos agropecuarios, se llevaron a cabo reuniones especiales para el análisis de esos temas, por medio del IEPES. La primera reunión para el Fortalecimiento Municipal se hizo en Mexicali, Baja California, el 14 de noviembre, y se realizaron actos similares en el resto de las giras estatales. En estrecho contacto con la Confederación Nacional Campesina, a partir de la gira por Durango, se efectuó en cada estado un Foro Campesino. Miguel de la Madrid asistió a cada una de estas reuniones, incluidas las relativas al municipio, donde escuchó no sólo a expertos, sino también a representantes de los ayuntamientos y de productores agropecuarios locales, que exponían las distintas facetas de la vida y problemas de los municipios y del desarrollo rural.

Otra novedad de la consulta popular formal fue la celebración de la primera gira de prioridades nacionales. Estas giras fueron la innovación de esta campaña que más llamó la atención, pues se salían del esquema de las giras estatales. Eran eventos que duraban varios días, en los cuales había reuniones de trabajo en lugares distintos, todas sobre un mismo tema, que afectaba el desarrollo de regiones diversas y se consideraba prioritario para el desarrollo nacional. La primera, del 9 al 11 de diciembre, fue sobre desarrollo regional en zonas petroleras. Tuvo diez reuniones, en cinco estados: Tamaulipas, Veracruz, Campeche, Tabasco y Chiapas. La reunión de síntesis se hizo en Cárdenas, Tabasco. Al terminar ésta se celebró, en el mismo lugar, un mitin de trabajadores petroleros, en apoyo a Miguel de la Madrid. En colaboración con el IEPES, el coordinador de las giras de prioridades nacionales fue Francisco Rojas Gutiérrez, a la vez secretario de Finanzas del CEN del PRI.


Como en casi toda campaña electoral por el poder ejecutivo nacional en el mundo, la búsqueda del voto para las elecciones se convierte en una revisión del estado de la nación en ese momento y de las opciones para resolver los problemas. Para esto se analiza y se genera una gran cantidad de información sobre cada tema. En México, esta función la cumple principalmente el IEPES. En la campaña de Miguel de la Madrid, la consulta popular efectuada por el IEPES, los CEPES y la Coordinación de Prioridades Nacionales movilizó una enorme masa crítica para actualizar el conocimiento de la realidad del país. De este modo, la consulta popular llevada a cabo entre octubre de 1981 y mayo de 1982 no sólo fue útil para conocer el estado de los problemas y las demandas sociales, y para elaborar el programa de gobierno, sino también para que quienes tenían a su cargo el análisis y la solución de los problemas enriquecieran, con el intercambio de ideas en las reuniones, su comprensión de los mismos.

Para cubrir el recorrido del candidato por todo el país, como era tradicional en este tipo de campaña, entre quienes acompañaban al candidato estaba un grupo de periodistas representativo de los medios de comunicación nacionales, la "fuente", como se denomina en los medios periodísticos. La tarea de organizar con las directivas de los medios la movilización de los reporteros y fotógrafos, así como las facilidades que requerían a lo largo de las giras, estuvo bajo la responsabilidad de la Secretaría de Información y Propaganda del CEN del PRI, a cuyo frente estaba Miguel González Avelar.


En conversaciones con los directivos de los medios, se acordó el número de periodistas que integrarían la fuente de campaña. En general, se pensaba en cada caso en quienes habían tenido experiencias previas en este tipo de eventos. Cada periódico o medio electrónico seleccionaba a sus enviados. Normalmente se trataba de uno o dos en el área informativa y otros tantos en la llamada área de "color", es decir, los que seguían, más que los temas de la campaña, la descripción del ambiente, de la gente, de peripecias, incidentes o reacciones no previstas. Además de los periodistas que seguían al candidato, algunos medios designaban algún redactor para hacer reportajes sobre la situación de los lugares recorridos, previa o posteriormente a la visita del candidato. La fuente en cada gira se integraba normalmente con alrededor de 70 periodistas, en ocasiones más, incluido, en cada caso, un grupo de periodistas locales, de entre diez y 20 personas, según el número de órganos periodísticos locales, que en algunos estados llegaban a ser hasta 30. Cuando esto ocurría, era preciso hacer una selección de los medios, procurando que quedara representada la pluralidad de los mismos. No faltaron protestas, tanto de medios nacionales como locales, que no quedaron representados en la comitiva de prensa. Una campaña de esta magnitud resulta siempre agotadora, también para los periodistas. Producen entonces una gran cantidad de textos informativos, prácticamente diarios durante cada gira. Los puntos de vista críticos de varios de ellos correspondían al enfoque de los medios que representaban, lo que daba riqueza a la información generada. El nivel profesional de la fuente de campaña fue normalmente bueno, pues los reporteros buscaban dar cuenta objetiva de lo que escuchaban y veían.

Para que su trabajo pudiera llevarse a cabo, se estableció un complejo sistema de apoyos. Los camiones en que se transportaba a los reporteros y sus equipos habían sido donados por organizaciones del PRI. La transportación aérea que se requería fue provista también por el PRI.

Previamente a cada gira, una avanzada de la Secretaría de Información y Propaganda llegaba al estado respectivo para instalar salas de prensa con máquinas de telex y de escribir, y teléfonos. En lugares remotos se disponía de líneas de radio. En las ciudades se aprovechaba la señal de televisión cuando la había. En algunos lugares, para poder transmitir de los estados al Distrito Federal tenía que ajustarse la dirección de las microondas, pues la red existente estaba diseñada para la transmisión en sentido inverso. En lugares sin microondas, como en el sureste, se utilizó un sistema de antena montado en una unidad móvil, que transmitía por intermedio del satélite Intelsat II. Para uso de su órgano central y de sus filiales en cada estado, el diario El Sol de México habilitó un autobús con servicios de telefonía y telex, es decir, una pequeña sala de prensa móvil. Antes de cada gira se atendía también lo concerniente al hospedaje y comidas de los periodistas. Cuando era necesario, se les ponía en contacto con los miembros del equipo central de campaña.

Ya durante la gira, todos los días salía un avión de la ciudad de México con la prensa diaria para toda la comitiva. Para el candidato y el equipo de campaña se elaboraba una síntesis de todas las noticias sobre la campaña y de noticias nacionales e internacionales relevantes, y otra síntesis de las opiniones editoriales sobre el candidato y la campaña, de los más importantes medios. El ritmo de la campaña obligaba a tener la información lo más rápido posible. A medio día el avión regresaba a la capital con información de los periodistas para sus medios, cuando no transmitían por telex. La Secretaría de Información y Propaganda preparaba boletines de prensa de los actos más importantes de la campaña. La mayor parte de ellos, sin embargo apareció en los medios informativos con el solo testimonio escrito y gráfico de los reporteros.

La misma secretaría del CEN tenía una unidad de análisis de la opinión pública, que recomendaba al candidato tópicos para su diálogo de campaña. En los estados se levantaban encuestas locales para tener otra aproximación a los problemas más sentidos por los ciudadanos, independientemente de su afiliación y participación política. Esta información demostró ser útil para establecer un terreno común de identificación entre el candidato y la población de cada estado.

En la campaña priísta por la Presidencia de la República entre 1981 y 1982 se hizo un uso más intensivo y diferente de la televisión, en comparación con campañas anteriores. Además de las entrevistas del candidato ya descritas, se realizó una serie de programas de televisión de cobertura estrictamente estatal, denominado "El estado pregunta" ("Aguascalientes pregunta", etc.). En cada programa, con duración de una hora, funcionarios de Información y Propaganda y del IEPES, así como dirigentes del PRI local y legisladores locales, respondían en vivo preguntas y cuestionamientos del público, mediante líneas de teléfono en el estudio de transmisión. Por un lado, el programa fue otro medio para conocer los temas que más interesaban a la población y las críticas a la campaña. Por otro, fue un modo de dirigirse a un público diverso al de los actos de campaña y dialogar con él.

En cuanto a la propaganda, desde el CEN se concertó con todos los responsables de información y propaganda de los sectores del partido, de sus organizaciones más importantes y de los órganos territoriales el acuerdo de hacer una campaña unitaria, con elementos distintivos comunes, objetivo cumplido con éxito y enriquecido con cierto grado de propaganda espontánea de algunas organizaciones. Para lograrlo se elaboraron dos manuales, uno sobre criterios para el diseño de propaganda y otro sobre lemas, que fueron utilizados por las organizaciones y la estructura territorial partidista, primero sólo en la campaña por la Presidencia de la República y más tarde en las campañas para diputados y senadores. Desde el punto de vista del candidato De la Madrid, la propaganda buscaba hacer penetrar sus tesis principales y principios partidistas de modo accesible a la mayoría de la población.

Un aspecto de la propaganda que provocó comentarios y críticas en la prensa fue la llamada "guerra de las bardas". A nivel de la Comisión Federal Electoral, se acordó entre los partidos que quien ganara una barda para pintar su propaganda la conservaría para sí. Sin embargo, en algunas localidades las autoridades priístas no respetaron el acuerdo y se daban noticias de casos en que brigadas de propaganda de partidos de oposición eran hostilizadas. A su vez, militantes del PRI se quejaron en ocasiones de que la oposición había cubierto bardas previamente ganadas por ellos. En general, sin embargo, las "pintas" fueron respetadas por y para todos los partidos políticos, y durante los meses electorales fueron parte del paisaje mexicano.


El 23 de diciembre el presidente y el secretario general del CEN del PRI, Pedro Ojeda Paullada y Manuel Bartlett Díaz, respectivamente, expidieron un acuerdo por el que se establecieron cinco programas que contemplaban acciones tanto para el momento inmediato de la campaña como para una actividad permanente: de Acción Política, de Acción Electoral, de Orientación Ideológica, de Desarrollo Político, Económico y Social, y de Organización y Movilización de las Fuerzas Democráticas y Populares. La coordinación superior de ellos correspondería al presidente del CEN. Para cada uno de los programas se señalaron actividades específicas, órganos del CEN encargados de coordinarlas y responsables directos de las mismas, así como las funciones específicas a cumplir en cada uno de estos niveles. En los listados respectivos se refleja claramente la complejidad de la estructura del PRI.


En el programa de Acción Política se acordaría la actividad partidista de las organizaciones sectoriales, mediante la coordinación de los secretarios de Acción Agraria, Obrera y Popular del CEN por la Comisión Nacional de Acción Política. También se buscaría la ampliación de las vías de participación de los jóvenes y las mujeres en la política y en el desarrollo del país, por representantes del MNJR y la Anfer. El análisis de información, estudios sobre opinión pública, un sistema de información básica, un centro de documentación, la difusión de actividades partidistas y la planeación de los sistemas de propaganda, serían organizados por la Coordinación General de Documentación y Análisis y por la Secretaría de Información y Propaganda, del CEN; en la factura y colocación de propaganda participarían todos los órganos y unidades del PRI, es decir, todas las organizaciones sectoriales y todos los comités territoriales. Fomentar relaciones de amistad con partidos políticos y movimientos populares de otros países y efectuar reuniones internacionales de carácter partidista sería la tarea de la Secretaría de Asuntos Internacionales. La Dirección de Integración Partidista realizaría la evaluación de acciones y actividades partidistas. El programa de Acción Electoral, para "obtener y ejercer el poder público mediante procedimientos democráticos y el sufragio popular", contemplaba, entre otras actividades, una campaña nacional de empadronamiento. Del diseño y la operación de sistemas de capacitación electoral a priístas para ser funcionarios electorales o representantes del partido y de los candidatos en las casillas el día de los comicios, así como de la evaluación de todo el proceso electoral y la verificación de requisitos para el registro de candidatos ante las autoridades electorales, se responsabilizaría el secretario de Acción Electoral del CEN Manuel Bartlett Díaz. La Comisión Coordinadora de Convenciones tendría a su cargo el fortalecimiento de la representatividad de las bases en los procesos internos para postular candidatos a cargos de elección popular. En la promoción del voto por el PRI, así como en la campaña de empadronamiento, participarían todos los órganos y unidades partidistas.


Cuadro sinóptico de la Campaña general del Partido Revolucionario Institucional, 1981-1982

El programa de Orientación Ideológica sería responsabilidad de las secretarías de Capacitación Política y de Divulgación Ideológica, así como de la Comisión Nacional de Ideología. En las actividades de capacitación participarían todos los organismos partidarios. Otra actividad sería hacer ediciones de divulgación ideológica, y producir programas de radio y televisión para difundir la ideología del partido.


En el programa de Desarrollo Político, Económico y Social, el IEPES quedó a cargo de analizar y evaluar "los problemas nacionales y regionales, en función de los recursos disponibles y las demandas populares, para proponer sus posibles soluciones" y de elaborar el Plan Básico de Gobierno. La Comisión Nacional de Información y Evaluación actualizaría el "conocimiento de la realidad nacional en relación con el desarrollo de las actividades de la administración pública". Por su parte, la Secretaría de Acción Social del CEN sería la responsable de organizar un sistema de servicio social de los militantes, para promover campañas de alfabetización y organizar actividades sociales, cívicas y culturales, y procurar la elevación de la condición social y del nivel cultural de los miembros del partido. La Dirección de Promoción y Gestoría de la Comunidad estaría a cargo del sistema nacional de promoción, gestoría y consulta. Finalmente, el programa de Organización y Movilización de las Fuerzas Democráticas y Populares se definió como uno de apoyo a todos los demás, interrelacionado con ellos. Este programa vería la integración funcional de todos los órganos del partido, haciendo registros de filiación, de dirigentes y de organizaciones sectoriales del partido; también se haría un registro de los miembros del PRI que desempeñaban cargos de elección popular o en la administración pública. De estas actividades quedaron la Secretaría de Organización del CEN como responsable directo y la Comisión Nacional de Acción Política como instancia coordinadora. En este programa se haría también una campaña nacional de afiliación, en la que participarían todos los organismos priístas y dirigiría la misma Secretaría de Organización.

Después de describir en términos generales las funciones de cada nivel de esta estructura programática, el acuerdo del presidente y el secretario general del CEN especifica que la comunicación del CEN con los comités directivos estatales, municipales, distritales y seccionales se establecería por conducto del presidente del CEN, con la participación del secretario general y del oficial mayor del mismo. El establecimiento de canales formales de comunicación, se indicaba en el documento, debía llevarse a cabo con la mayor flexibilidad posible, para hacerlos fluidos.

Como anexo de este acuerdo, se distribuyó entre todos los órganos y unidades del partido un "cuaderno de trabajo", en el que se incluyó la descripción de los programas y los responsables de las diversas actividades contempladas. En el cuaderno, además, se especificaban metas y tiempos de realización, detalle de recursos disponibles y reglas de operación. Se aclaró que estos puntos se desarrollarían "con las prácticas, experiencias, características y condiciones de los órganos encargados de llevar a cabo las actividades contenidas en el cuaderno de trabajo".

El programa contenido en el acuerdo había llegado a su versión final después de haber sido sometido a la consideración de los dirigentes estatales y de los delegados generales del partido. De este modo, en cada estado se puso en marcha un programa similar, aunque con mayor énfasis en los procedimientos operativos y tomando en cuenta las características específicas de cada entidad.

Colima 15 de octubre de 1981 Al hablar frente al candidato

Mítines y saludos de paso, entretiempos y vistazos fugaces a las panaderías, a los expendios de paletas y a las boticas de banquetas altas con boticarios atónitos ante el rugir de los -al día de hoy- 15 autobuses de la comitiva. A las miradas tímidas, a las sonrisas coquetas, a las damas del pueblo con atavíos domingueros y a los chiquillos, cientos, miles de chiquillos que dejaron sus escuelas, sus ranchos, salieron al camino a esperar al candidato para verlo pasar como una exhalación, la mano en alto y en la ventanilla del autobús "José María Morelos", y para agitar obedientes y risueños la banderita tricolor, la caña de azúcar empenachada de verde.

Pueblos de Colima como el de Cuauhtémoc, que recibió al candidato en la plaza principal con mucha fiesta, al son de bandas y mariachis, con su reloj y su parián y su señor presidente municipal don Librado Silva García, que además de alcalde es secretario general de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del estado; alcalde y líder cenecista que sin más compromete con Miguel de la Madrid el voto de sus representados, "con pleno corazón, sin titubear, porque usted sabe que los campesinos cuando prometen cumplen y nunca quedan en vergüenza".

Y hasta se arriesga a improvisar para decirle al candidato que aquí en Colima no tienen cabida otros partidos políticos porque todos, toditos, van a votar por el PRI.

Luis Gutiérrez Uno Más Uno

Colima 16 de octubre de 1981 Puebleando

El itinerario de hoy anunciaba: "9:20 horas, salida de Coquimatlán (autobús). Saludo de paso por los poblados de Los Asmoles, Turla, Tecolapa".

Pueblos, rancherías de Colima.

En la logística de una campaña presidencial, saludo de paso significa estrictamente eso: saludo de paso. El autobús aminora la velocidad apenas lo suficiente para que el candidato agite la mano por la ventanilla, esboce una sonrisa y prosiga su marcha a cien kilómetros por hora, llevándose en la mente, quizás, una imagen borrosa de hombres, mujeres, niños, ancianos, como una fotografía fuera de foco.

En un saludo de paso, la maestra de la escuela que hoy suspendió clases y llevó a los chiquillos a la carretera, el comisariado ejidal que llevó a los campesinos, el alcalde de ese pueblo que está 30 kilómetros sierra adentro, los lugareños que desde la semana pasada compraron las serpentinas y el confeti y todos, todos los que se pasaron bajo el sol para esperar cuatro y cinco horas, sólo se quedan con eso: con un saludo de paso.

Así fue con López Mateos. Así fue con Ruiz Cortines. Con Díaz Ordaz. Con Echeverría. Con López Portillo.

Pero hoy fue diferente.

A Los Asmoles, llegaron tempranito Isaías Alvarez, maestro del rumbo; José Ortiz Jiménez, representante de la Confederación Nacional Campesina, don Matías quién sabe qué, porque se llama así, don Matías y nada más, a caballo desde El Rosedal, y diez, quince tractores de la región y chamacos que vienen a cargo de la maestra Celia y ¿cuántos?, ¿cincuenta? ¿sesenta?

El caso es que en Los Asmoles y después de pasar por Lo de Villa y por Coquimatlán, el saludo de paso se convirtió en pequeño, breve, cálido, inolvidable mitin, porque allí estaban un templete blanco y llegó el candidato y se bajó del autobús y se fue hasta el templete y se convirtió en el primer candidato del PRI a la Presidencia de la República que escucha y lee -porque ahí estaban las mantas y los carteles, cómo que no- las demandas de estos pueblos y estas rancherías de la sierra de Colima.

Demandas que de tan francas y directas se antojaron ingenuas.

Que por favor acaben con los intermediarios que se quedan con lo mejor de las ganancias que dejan las cosechas; que por favor se construyan más escuelas; que por favor se ponga una tienda Conasupo y una clínica o centro de salud y que por favor les presten dinero para procurar mejor las siembras.

A ellos, sus paisanos de Colima, De la Madrid les ofreció que hará lo posible por acabar con la conducta ilegítima de los intermediarios y de los coyotes que esquilman a los dos lados y que no es justo que el producto de tantos se lo lleven unos cuantos vivales.

Pueblos y rancherías con mítines relámpago de medio centenar de colimenses. Inusitado en una campana presidencial. ¿A qué baja el candidato? ¿Para qué se detiene? ¿Y a esto le llaman campaña? Mira, mira, aquí no hubo más de 40.

En la confortable frescura del aire acondicionado del autobús de prensa, con cervezas heladas, fruta fresca y bocadillos, el comentario socarrón de quienes llevan dos o tres campañas presidenciales y no conciben a un candidato escuchando a 50 hombres porque no conciben tampoco que esos 50 hombres desean ser escuchados desde hace tres, cuatro campañas presidenciales.

Luis Gutiérrez Uno Más Uno

Baja California 12 de noviembre de 1981 El camión del candidato

Al paso del autobús "Benito Juárez" las manos se alzan y saludan desde lejos. El candidato va sentado en un cómodo sillón giratorio y al aproximarse a Tijuana abre completamente la ventana del vehículo. "Adiós, adiós", responde con un ademán. Sobre su escritorio hay un teléfono que lo comunica con cualquier parte del país, una pila de periódicos de la capital, alguna propaganda de la campaña, carpetas y sus discursos a pronunciar. "Esta campaña es como hacer un posgrado..."

El camión del candidato está dividido en dos. En la parte delantera viaja el candidato, un lugar donde puede tomar los acuerdos del día, afina sus documentos o duerme. En la parte trasera van sus colaboradores, ayudantes o invitados, cuyo número no rebasa ocho personas. Entre los dos cubículos hay una puerta.

Fernando Meraz Excélsior

Sonora 18 de noviembre de 1981 Sabiduría compartida

Por primera vez en 150 años, la comunidad indígena de los pápagos entregó hoy su vara de mando a un hombre ajeno a ellos: Miguel de la Madrid, quien al recibirla fue advertido por el gobernador de los O'tam de I'Itoi: "La vara de gobierno que te damos es una antorcha. Si te quedas mucho tiempo con ella te quemará las manos".

"Así -dijo el candidato en respuesta-, ha quemado a los que en México han prolongado su poder..."

Roberto González Pérez Excélsior

 
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