La precandidatura


El viernes 25 de septiembre de 1981, a las diez de la mañana, los sectores campesino, obrero y popular del PRI distribuyeron a los medios de comunicación un boletín en el que se informaba que esa misma mañana habían manifestado al presidente del Comité Ejecutivo Nacional del partido, Javier García Paniagua, su decisión de apoyar al entonces secretario de Programación y Presupuesto, Miguel de la Madrid Hurtado, para que fuera el candidato del PRI a la Presidencia de la República. Según información de la prensa, ese día se habían reunido a las ocho de la mañana, en la residencia presidencial de Los Pinos, los dirigentes del sector campesino, Víctor Cervera Pacheco, del sector obrero, Fidel Velázquez Sánchez, y del sector popular, Humberto Lugo Gil, así como el presidente del CEN y el titular de la Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP), y en presencia del presidente José López Portillo los líderes sectoriales se habían pronunciado en el sentido ya mencionado. Además del boletín conjunto, cada uno de los sectores emitió uno propio, en el que señalaban que las organizaciones afiliadas al sector se habían inclinado por Miguel de la Madrid para ser postulado como candidato. El secretario de Gobernación, Enrique Olivares Santana, se comunicó con todos los gobernadores para informarles que el precandidato del PRI era De la Madrid.

Con esta designación terminó un período de inquietudes y especulaciones sobre quién sería el candidato del PRI, iniciado aproximadamente un año antes. Durante ese lapso se había mencionado a varios altos funcionarios como posibles candidatos. Además del propio De la Madrid, habían sido nombrados los secretarios de Gobernación, Enrique Olivares Santana, de Hacienda y Crédito Público, David Ibarra Muñoz, de Educación Pública, Fernando Solana Morales, del Trabajo y Previsión Social, Pedro Ojeda Paullada, y de Comercio, Jorge de la Vega Domínguez. Asimismo, se había mencionado a Javier García Paniagua, presidente del CEN del PRI desde el 19 de marzo de 1981, día en que había sustituido a Gustavo Carvajal Moreno en ese puesto. Hasta el mes de junio, cuando fue relevado de su cargo, también se había pronunciado insistentemente el nombre de Jorge Díaz Serrano, director general de la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex); su remoción lo había dejado sin posibilidades de alcanzar la candidatura del PRI.

Desde que ocupó su cargo al frente del PRI, García Paniagua encauzó en el partido el proceso de selección del candidato a la Presidencia de la República, iniciado, como cada sexenio, a finales del cuarto año del mismo. Emprendió entonces una gira por todo el país, durante la cual hizo una consulta con los dirigentes locales del partido. Según creencia general, la decisión sobre quién sería el candidato del PRI a la Presidencia de la República la tomaba el presidente en funciones. Diversos analistas opinaban que la decisión era tomada tras una consulta hecha por el propio Jefe del Ejecutivo entre los diversos grupos sociales. Pensaban que con esta información, con la recabada por el presidente del CEN y considerando el desempeño de los miembros del gabinete mencionados como posibles precandidatos, el Presidente señalaba a quien pensaba que estaba mejor preparado para asumir la jefatura política del país. El presidente López Portillo había descrito esta función como la del "fiel de la balanza". La decisión la daban a conocer los sectores del PRI.

Durante los meses previos al "destape", y con una intensidad creciente, los comentaristas de prensa ponderaron cualidades y defectos de los señalados, así como datos diversos que eran tomados como señas indicativas de la fuerza política de cada uno de ellos o de las inclinaciones del Presidente hacia uno u otro; a este efecto, se comentaban las veces que los secretarios mencionados aparecían en público con el Primer Mandatario o acudían a las oficinas presidenciales a reuniones de trabajo. Conforme se acercaba la fecha en que se conocería la decisión, en los círculos políticos casi no se hablaba de otra cosa y cada quien hacía sus propios pronósticos y los confrontaba con los de los demás.

La carrera pública de Miguel de la Madrid, nacido en la ciudad de Colima el 12 de diciembre de 1934, se había desenvuelto principalmente en el sector financiero gubernamental. Abogado egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1957, había completado su formación académica en Estados Unidos, entre 1964 y 1965, con una maestría en administración pública de la Universidad de Harvard. En este último año había sido nombrado subdirector general de Crédito de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), cargo que ocupó hasta 1970, cuando pasó a ser subdirector de Finanzas de Pemex. En 1972 regresó a la SHCP, donde permaneció hasta 1975 como director general de Crédito. Ese año fue ascendido a subsecretario de Hacienda y Crédito Público por el presidente Luis Echeverría y confirmado en el cargo un año después por el presidente entrante, López Portillo. De ahí pasó a hacerse cargo de la SPP, en 1979.

El precandidato de los sectores priístas había tenido una amplia experiencia como profesor de derecho constitucional en la UNAM, entre 1958 y 1968, lapso en el que también perteneció al Instituto de Estudios Jurídicos de la misma institución. Entre 1957 y 1981 publicó varios libros y artículos sobre diversos aspectos de derecho constitucional. Su labor docente y sus escritos le dieron un reconocido prestigio intelectual.

Su inclinación a la política se había manifestado desde sus tiempos de estudiante, con su activa participación en la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Derecho. En 1963 se hizo miembro del PRI y orientó al servicio público su desempeño profesional fuera de la Universidad. En su obra académica formuló una concepción del Estado mexicano que resalta, en una perspectiva histórica, la riqueza jurídica e institucional del sistema político mexicano. En discursos, ponencias y declaraciones como funcionario público enmarcó esa visión en los principios ideológicos de su partido.

Como secretario de Programación y Presupuesto aplicó su experiencia en el estudio y práctica de la planeación, para hacer un proyecto general de desarrollo del país, cuya ejecución implicaba una racionalización de la administración pública federal. El proyecto, que abarcaba, sistematizándolos, los planes sectoriales y regionales elaborados durante la administración del presidente López Portillo, fue presentado con el título de Plan Global de Desarrollo 1981-1982. Se trataba, sin duda, del más completo intento de planeación de las actividades gubernamentales hecho hasta entonces. El documento partía de premisas políticas y líneas estratégicas generales, y establecía una jerarquización clara de prioridades para el desarrollo; estos mismos criterios se aplicaban en la consideración de cada sector de la administración, y se incluían estrategias de coordinación del gobierno federal con los estatales y con los sectores privado y social de la economía. El sustento ideológico del plan era el nacionalismo revolucionario que se deriva de la Constitución de 1917, como proyecto nacional del partido en el poder. La articulación de las premisas políticas, pues, estaba dada en función de la definición de los objetivos y prioridades del proyecto nacional.

El "destape" de Miguel de la Madrid sorprendió a una gran cantidad de observadores, pues aunque era mencionado como uno de los individuos que podían alcanzar la candidatura del PRI, y su nombre había "sonado" más en los días previos, se concedían en general mayores posibilidades a otros de ellos. Se dio, además, en el contexto de una polémica iniciada a principios de los años setenta y que había cobrado intensidad en los análisis periodísticos del proceso de nominación de candidato del PRI a la Presidencia de la República. Se afirmaba que la clase política gobernante sufría un proceso de división entre "políticos" y "tecnócratas". Se definía a los políticos como funcionarios altos y medios que habían hecho su carrera, no únicamente en el medio administrativo sino también en puestos de elección popular. Se consideraba tecnócratas a funcionarios relativamente jóvenes, en general con estudios de posgrado en el extranjero y que sólo habían ocupado cargos administrativos. Se consideraba a éstos desprovistos de "sensibilidad política", por su falta de experiencia electoral y porque carecían, supuestamente, de experiencia en la negociación con los diversos grupos sociales, en especial en situaciones de conflicto. Según este razonamiento, la complejidad creciente del aparato de Estado -y, por tanto, del gobierno- había hecho necesario el nombramiento de funcionarios con una gran preparación profesional y técnica, que los capacitara para llevar a cabo los proyectos de modernización administrativa.

De este modo, se dividió a los posibles precandidatos en políticos y tecnócratas. Miguel de la Madrid fue encasillado entre éstos últimos, lo que dio lugar a comentarios en el sentido de que con su postulación como precandidato los tecnócratas habían consolidado su primacía sobre los políticos, tendencia iniciada en el sexenio del presidente Luis Echeverría Alvarez. No faltaron comentaristas que matizaban esta división, señalando que era ingenuo pensar que un político sin habilidades técnicas o un tecnócrata sin habilidades políticas pudiera gobernar con éxito. En todo caso, se dijo, se trataba más de una diferencia entre dos generaciones de políticos, en el contexto de una complejidad mucho mayor del país y de la administración pública.

El 25 de septiembre por la tarde se efectuó un acto en el patio central de Palacio Nacional, en el que la dirigencia del PRI expresó públicamente su respaldo a De la Madrid. Desde poco después del medio día se había comenzado a preparar el estrado y el sonido, y grupos de priístas se fueron reuniendo a las puertas de Palacio Nacional. A las cuatro de la tarde se repartían brazaletes de colores y banderines, y había mantas con mensajes de apoyo a De la Madrid, pancartas y estandartes portados por diversas organizaciones de los tres sectores del PRI. Antes de que llegara el precandidato se oían porras, los típicos instrumentos de ruido, así como conjuntos musicales que tocaban algunas piezas.


A las seis, con todos los lugares del patio abarrotados de priístas, dio comienzo el acto. Tomó la palabra, en primer lugar, el presidente del CEN del PRI, Javier García Paniagua, quien indicó al precandidato que los líderes de los sectores del partido le expresarían su apoyo. A continuación, el secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y a la sazón presidente del Congreso del Trabajo (CT), Fidel Velázquez, dio el voto de adhesión del movimiento obrero organizado a la precandidatura de Miguel de la Madrid, después de advertir que transmitía la decisión del CT, reunido en pleno por la mañana. Agregó que el movimiento obrero no se entregaba fácilmente a las personas y que en este caso había sido en extremo acucioso para concluir que De la Madrid era "el mejor hombre para representar digna y honrosamente a nuestro país". Ya habría tiempo, concluyó, "para expresarle a usted los puntos de vista del movimiento obrero, que tampoco se entrega sin dar a conocer cuál, en su concepto, debe ser un gobierno revolucionario que mire por el bienestar general".

Humberto Lugo Gil, secretario general de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) dijo que la decisión del sector popular en favor de De la Madrid se había tomado después de recoger la opinión mayoritaria de sus representados en ese sentido. Añadió que el desarrollo económico debía cumplir cabalmente una función social, para erradicar injusticias y marginación y alcanzar mejores niveles de vida para las grandes mayorías. Afirmó que entonces, como nunca, era clara esta posibilidad, gracias al crecimiento económico de los últimos años.

A su vez, Víctor Cervera Pacheco, secretario general de la Confederación Nacional Campesina (CNC), basó el apoyo del sector agrario a De la Madrid en su participación en programas de gobierno que habían llevado mayor justicia social al campo. Como Fidel Velázquez, finalizó diciendo que había más por expresarle al precandidato. "Pero los campesinos de México hablamos poco y demostramos mucho en las urnas electorales".

Finalmente, De la Madrid Hurtado recibió, "emocionado y plenamente consciente de los deberes que entraña, su adhesión a mi precandidatura". Dijo que aceptaba el apoyo que se le había expresado porque la candidatura significaba la continuidad de su profesión, "habiendo dedicado mi vida al servicio del movimiento revolucionario hecho gobierno". Indicó que esperaba saber aprovechar la experiencia de las generaciones precedentes y confiaba en contar con su visión histórica y con el diseño de un programa de gobierno para el cambio, gracias a la oportunidad que el presidente López Portillo le había dado de colaborar "en la elaboración y aplicación de esa obra democrática y participativa, el Plan Global de Desarrollo, que no es otra cosa sino la definición coherente de la realización de los objetivos que están inscritos en la declaración de principios y en el programa de acción del Partido Revolucionario Institucional".

De la Madrid propuso ampliar la democracia mediante el fortalecimiento de la participación popular en las decisiones políticas y en todas las actividades sociales, sobre el fundamento del nacionalismo, "condición y soporte de la Revolución Mexicana", y por medio de la planeación democrática. Reconoció el patriotismo de la conducción del presidente José López Portillo y expresó que en un proceso de continuidad histórica correspondía al PRI, en ese momento, una doble función: llevar a cabo una campaña electoral vigorosa que condujera al partido a una nueva victoria y continuar apoyando al jefe del Estado, José López Portillo, quien tendría la más plena solidaridad del PRI en la reunión Norte-Sur, promovida por México para iniciar el diálogo entre países industrializados y subdesarrollados, el mes siguiente en Cancún.

Hizo después un llamado a los jóvenes para formar, "con base en sus limpias esperanzas y en la toma entusiasta de un reto, una nueva imagen de la política, anclada en la convicción ideológica, la autenticidad, la entrega leal y la integridad moral". Agregó que la presencia de la mujer era indispensable en las tareas del partido, en especial en la campaña que se iniciaba. Afirmó que sobre la base de la independencia, la democracia y la libertad, el gran reto que enfrentaba la Revolución Mexicana en ese momento era "caminar a una sociedad más igualitaria". Finalmente, aseveró que el partido ya estaba en campaña y exhortó a sus copartidarios a emprender "juntos esta nueva etapa de la Revolución".

Terminada la ceremonia, el precandidato recibió, en el que hasta ese día había sido su despacho en Palacio Nacional, el saludo de mano, según la prensa, de poco más de 8 000 personas.

Mientras estos hechos tenían lugar -a bordo de un buque-escuela de la Armada de México, durante una gira de tres días de Cozumel a Tuxpan-, el presidente López Portillo hizo declaraciones a la prensa acerca del precandidato del PRI. Explicó que era necesario desechar las cargas emocionales y los prejuicios maniqueístas que situaban a De la Madrid como tecnócrata y no como político. Expresó su creencia de que era el mejor hombre del sistema, que poseía una inteligencia privilegiada, una preparación excepcional y una firme ideología revolucionaria.

Desde el día mismo del "destape" del precandidato De la Madrid, éste previó la probabilidad de ser nominado candidato del partido en la VI Convención Nacional -que debía celebrarse estatutariamente para señalar al candidato-, por lo que constituyó el que sería su equipo central de colaboradores en la campaña y delineó la estrategia general de la misma. El coordinador general de la campaña electoral para la Presidencia de la República sería Manuel Bartlett Díaz, hasta ese momento asesor político del secretario de Programación y Presupuesto. Carlos Salinas de Gortari, quien ocupaba el cargo de director general de Política Económica y Social de la SPP, organizaría las reuniones de consulta popular. Miguel González Avelar, quien se encontraba al frente de la Dirección General de Difusión y Relaciones Públicas de la misma secretaría, se ocuparía de la relación con los medios de comunicación. Francisco José Rojas Gutiérrez, entonces coordinador general de Control de Gestión de la SPP, fungiría como tesorero. Finalmente, Emilio Gamboa Patrón continuaría como secretario particular de Miguel de la Madrid.

La estrategia indicada por el precandidato desde el primer momento fue la de hacer una campaña exhaustiva. Se visitarían todos los estados de la República y cada uno de los principales municipios, más los que se pudiera en los días que se programaran para cada entidad. En cada una de éstas el candidato quería entrar en contacto con el mayor número posible de organismos de su partido y con grupos de todos los sectores sociales: obreros, campesinos, clases populares, intelectuales, profesionistas, empresarios y medios de comunicación. En cada estado se realizaría una reunión para la planeación, en la que se analizaría la problemática estatal, una reunión de análisis sobre un tema de interés nacional y otras reuniones de consulta popular, además de los actos político-electorales con las organizaciones sectoriales y regionales del PRI.

En los días de la precandidatura, De la Madrid recibió el apoyo de un gran número de organismos sectoriales de su partido. Obreros, campesinos, profesionistas, técnicos, pequeños comerciantes, autotransportistas, barrenderos, aseadores de calzado, vendedores ambulantes y habitantes de barrios populares le expresaron su solidaridad.

Igualmente, los organismos regionales manifestaron su apoyo. Miles de militantes llegaron de todo el país a la ciudad de México a patentizar su adhesión. De casi todos los estados llegaron gobernadores al frente de numerosos grupos de priístas, en su calidad de jefes del partido en las entidades federativas. A veces acompañando a los contingentes de sus respectivos sectores, en ocasiones en grupos más pequeños y a título individual, se presentaron senadores, diputados, secretarios de Estado, funcionarios en activo, ex funcionarios, militares y estudiantes técnicos. A su vez, De la Madrid acudió a las sedes de los tres sectores, obrero, campesino y popular.


En estrecho contacto con la dirigencia del PRI, correspondió a Manuel Bartlett dar un orden al entusiasmo de las múltiples organizaciones y grupos partidistas que deseaban manifestar su adhesión al precandidato. Esto significó hacer una agenda en la que todos tuvieran acceso a él, dando prioridad a las organizaciones sobre los individuos. La multiplicidad sectorial y territorial de estas manifestaciones fortalecerían la precandidatura. En apretadas jornadas de trabajo, De la Madrid escuchó y respondió a todos.

Los primeros dos días, 26 y 27 de septiembre, los actos de apoyo se llevaron a cabo en Palacio Nacional, en donde se ocuparon dos salones, los pasillos y el patio central, para dar cabida a los cientos de personas que acudían a manifestar su solidaridad a Miguel de la Madrid. El día 28, en que el presidente López Portillo regresó a la capital después de concluir su travesía por aguas territoriales del Golfo de México, los actos se realizaron en San Angel, al sur de la ciudad, en la casa y los jardines del número 2 de la calle de Arturo, donde se encontraban las oficinas de los asesores del secretario de Programación y Presupuesto. A partir del 29, y hasta el 8 de octubre, las reuniones masivas se efectuaron en el monumental Palacio de los Deportes y en la Sala de Armas Fernando Montes de Oca del conjunto deportivo de la Magdalena Mixhuca, mientras los actos más pequeños continuaron haciéndose en la casa de San Angel y en otra que el partido tenía en Coyoacán.

En general, el objetivo de todos los discursos pronunciados ante el precandidato fue felicitarlo y mostrar el apoyo a su nominación como candidato del PRI a la Presidencia de la República, así como exponerle algunos problemas populares. Por su parte, De la Madrid llamó al partido a realizar un análisis a fondo de los problemas nacionales y a buscar las soluciones más adecuadas. Insistió en la necesidad de impulsar la participación popular, tanto en la campaña como en el gobierno, pues sólo así se lograría un avance más rápido y democrático del país.

Entre el 26 y el 28 de septiembre, De la Madrid recibió el apoyo, principalmente, de las clases medias y populares agrupadas en el PRI: de la CNOP, de la FSTSE, del PRI del Distrito Federal, del SNTE, de la CNPP, de la Confederación Nacional de Cooperativas de la República Mexicana (CNCRM), de diversas organizaciones de profesionistas, de maestros y estudiantes del IPN, del voluntariado del PRI, de varias agrupaciones de colonos. También diversos grupos de mujeres y jóvenes, pertenecientes a la Anfer y al MNJR. Igualmente, la Asociación Nacional Revolucionaria General Leandro Valle, formada por militares en retiro, se pronunció por el precandidato señalado por los tres sectores del partido.

Además de un grupo de colimenses presidido por su gobernadora, que se había reunido con el precandidato el 26, entre el día 29 y el 2 de octubre manifestaron su adhesión contingentes numerosos de otros 28 estados de la República. En esos mismos días Miguel de la Madrid acudió a la sede de la CNC y se reunió con la CCI, con diputados federales y senadores pertenecientes al PRI, con la Confederación Nacional de Autotransportistas (CNA), con taxistas, con grupos juveniles y con otras organizaciones de la CNOP. El 2 de octubre, por la tarde, estuvo en la sede del Congreso del Trabajo.

Varios de estos actos se dieron en medio de un ambiente festivo, con cencerros y un gran despliegue de mantas y carteles. Por ejemplo, el 26 en la tarde 28 contingentes del PRI del Distrito Federal estuvieron en Palacio Nacional acompañados de conjuntos de mariachis y de música veracruzana y norteña, y entre los priístas de los estados llegaron varios grupos de música y baile regional. Además, el 29 de septiembre, día de San Miguel, diversos organismos priístas, sobre todo de la CNOP, así como el gobernador de Oaxaca y representantes de municipios del mismo estado, se presentaron ante la casa particular del precandidato con mariachis, organilleros y orquestas de tambora y tuba, que interpretaron las tradicionales Mañanitas. Miguel de la Madrid agradeció el festejo y recibió algunos regalos, acompañado por su esposa, Paloma Cordero de De la Madrid, y por sus cinco hijos, Margarita, Miguel, Enrique, Federico y Gerardo.

El 30 de septiembre el precandidato acudió a la residencia presidencial de Los Pinos a presentar al presidente López Portillo su renuncia como titular de la SPP, para estar en total disponibilidad para llevar a cabo su campaña electoral. Dos días después el Presidente designó a Ramón Aguirre Velázquez, hasta ese momento subsecretario de Presupuesto, como nuevo secretario de Programación y Presupuesto.

Entre el 3 y 4 de octubre De la Madrid se vio obligado a suspender sus actividades públicas por una afección en la garganta, según se informó por la prensa, después de haber pronunciado 81 discursos en los días previos. El 3 se reunió con sus colaboradores más cercanos para afinar la estrategia de la campana, y el día 4 permaneció en su casa con su familia.

Durante los cuatro días siguientes se reunió principalmente con líderes y militantes de grandes sindicatos y confederaciones obreras, como la FTDDF, la CROC, el STPRM, la CROM y la COR. El 6 estuvo en la sede de la CNOP. Asimismo, recibió a un grupo de ex compañeros de la Universidad -de la generación de abogados 1952-1956 de la Facultad de Derecho-, visitó la sede de la Confederación Deportiva Mexicana (Codeme), donde observó una exhibición de jóvenes deportistas, y recibió 51 vehículos automotores que aportó la FSTSE para la campana presidencial. El último acto de esta fase, llamada de precampaña, se llevó a cabo en el edificio del Congreso del Trabajo, con 4 000 obreros de la COR. De la Madrid expresó entonces su satisfacción por hacer el cierre de esta etapa acompañado por los trabajadores.

En los actos de adhesión de esos días se inició el diálogo de quien sería el candidato del PRI a la Presidencia de la República con los líderes y las bases del partido. En varias de estas reuniones, además de las expresiones de solidaridad con el precandidato, se expusieron planteamientos relativos a la problemática nacional y regional. Por ejemplo, el 26 de septiembre el presidente del II Comité Distrital del PRI en el DF, Rubén Darío Herrera, se refirió a la carencia y la precariedad de viviendas de 85% de la población de la delegación Cuauhtémoc; el 29, el líder de la CNC, Víctor Cervera Pacheco, habló de la necesidad de aumentar la inversión para el desarrollo agropecuario y de coordinar y homogeneizar la capacitación que diversos organismos del gobierno prestaban a los campesinos, pues la desorganización, más que entre los campesinos, se originaba en la dispersión de esas actividades; el 2 de octubre, durante la reunión del precandidato con los líderes y algunos contingentes de las 34 organizaciones afiliadas al Congreso del Trabajo, el presidente en turno del mismo y secretario general de la CTM, Fidel Velázquez, le entregó un documento titulado Proposiciones del Congreso del Trabajo para incluirse en el próximo Plan Básico de Gobierno 1982-1988.


Por su parte, en los discursos pronunciados para agradecer las adhesiones, De la Madrid hizo pronunciamientos en los que recogía algunas demandas generales de la sociedad y que fueron tomadas por la opinión pública como indicativos de lo que propondría en su campana. Así, el 26 de septiembre, en respuesta a un planteamiento del presidente del XVII Comité Distrital del PRI del DF, Crescenciano Flores, De la Madrid afirmó que existía "una demanda popular para una renovación moral de la sociedad", en referencia a prácticas establecidas de corrupción en el gobierno y en la relación de éste con la sociedad; agregó que realizarla requeriría el esfuerzo de todos los mexicanos y definió a la moral social como el cumplimiento de las responsabilidades de cada uno. En otra referencia al tema, hecha ante agrupaciones del PRI y del IPN el 1 de octubre, reiteró que la renovación moral implicaba a todos los sectores de la sociedad y aseguró que la mayor parte de los funcionarios y empleados públicos eran honestos.

El 27 de septiembre, ante los trabajadores del IMSS, y el 2 de octubre, ante un grupo de sonorenses encabezado por su gobernador, Samuel Ocaña, el precandidato consideró que a pesar de adelantos evidentes, en los terrenos económico, político y social logrados por los gobiernos de la Revolución Mexicana, quedaban todavía grupos, clases y regiones marginados de los beneficios del desarrollo, problema cuya solución constituía "el reto de los revolucionarios de ahora".

El 1 de octubre, ante la delegación del PRI de Zacatecas y el gobernador, José Guadalupe Cervantes Corona, De la Madrid se refirió a la necesidad de fortalecer el federalismo, pues "no podemos seguir tolerando centralismos que ya estorban en lugar de ayudar".


En varias ocasiones repitió que era necesario que la participación popular se manifestara de diversos modos. El 1 de octubre, reunido con priístas de Tlaxcala a cuyo frente iba el gobernador Tulio Hernández, señaló que la campaña electoral sería "una oportunidad para plantear problemas y buscar soluciones. Vamos a conocer el estado de nuestros problemas y vamos a hacerlo con el pueblo de México". Y añadió: "Yo no traigo programa definido, traigo ideología, pero el programa vamos a hacerlo juntos". Esto lo reiteró ante la CROM, el 8 de octubre: "quiero que ese plan sea de todos los mexicanos, no un plan de una persona o de un grupo de expertos".

Las demandas más comentadas por articulistas de la prensa fueron las del movimiento obrero. Los medios de información impresos siguieron de cerca los pronunciamientos del líder de la CTM y del CT, Fidel Velázquez, en torno al precandidato De la Madrid, a partir de su aseveración de que el movimiento obrero organizado le daría a conocer sus puntos de vista acerca de los problemas nacionales y de que éste no se entregaba fácilmente. El día 29 el líder obrero hizo otra declaración, en la que afirmó que su apoyo a De la Madrid estaría condicionado a la satisfacción de las aspiraciones de mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores, quienes ya no estaban dispuestos a hacer más sacrificio de sus condiciones salariales, especialmente cuando la situación económica era mejor que la de hacía cinco años.

Las proposiciones del CT para el Plan Básico de Gobierno que le fueron entregadas a De la Madrid el 2 de octubre fueron tomadas por una parte de la opinión pública como la condicionante de la que había hablado el veterano líder obrero. En el documento se consideraba que era necesario garantizar a toda la población niveles adecuados y suficientes de alimentación, vivienda, salud, seguridad social, educación y esparcimiento. Además del uso de los instrumentos de política social para alcanzar esa meta, debía asegurarse a los asalariados un ingreso económico acorde con el concepto constitucional de salario remunerador. Para lograr estos objetivos era preciso, según estas propuestas, revertir los términos de la acumulación de capital en favor de los sectores público y social de la economía. Por ello, se recomendaba fortalecer la rectoría económica del Estado y nacionalizar industrias vinculadas directamente con el consumo básico de la población, como la de alimentos y la químico-farmacéutica.

Tanto en esa reunión con el CT como en otras posteriores efectuadas con diversas organizaciones sindicales, el precandidato del PRI a la Presidencia de la República reafirmó la vigencia de la alianza histórica del gobierno con el movimiento obrero, reconoció rezagos en materia de justicia social y aseguró que las recomendaciones de los trabajadores organizados serían tomadas en cuenta, pues la Revolución no podía dar pasos atrás. El movimiento Obrero diría hacia dónde se debía caminar, en beneficio de las mayorías populares, afirmó De la Madrid.

El diálogo de Miguel de la Madrid y su equipo con la dirigencia obrera del CT fue constante. Así, una vez iniciada la campaña, con el paso de los días el apoyo de los organismos sindicales pertenecientes al PRI se manifestó plenamente, tanto a nivel nacional como en los lugares visitados por el candidato durante sus giras estatales. De este modo, lo que fue visto por algunos como disidencia frente a la selección del precandidato, cobró su verdadera dimensión de independencia, apoyo razonado y disciplina partidista.

Simultáneamente con las adhesiones que se manifestaron en la ciudad de México, en todos los estados se prepararon y llevaron a cabo asambleas sectoriales y regionales del PRI en las que fueron nombrados los delegados que asistirían a la XI Asamblea Nacional y a la VI Convención Nacional. Conforme a la convocatoria expedida por el CEN el 29 de septiembre y publicada el 2 de octubre, la Asamblea sería el 9 de octubre y la Convención tendría lugar el 10 y el 11. Con estas actividades se inició la movilización electoral del PRI en todo el país.

Con el fin de coordinar adecuadamente la estructura del partido con las necesidades de la campaña electoral de Miguel de la Madrid, desde el 1 de octubre fueron designados algunos de los colaboradores del precandidato para ocupar cargos importantes en el CEN del PRI. Ese día Miguel González Avelar fue nombrado secretario de Información y Propaganda, en sustitución del senador por Morelos Jaime Canseco. El día 5 Carlos Salinas de Gortari ocupó el puesto de director general del IEPES, en sustitución de Jorge Tamayo López Portillo, y al día siguiente fueron designados siete nuevos subdirectores y tres miembros del Consejo Técnico del mismo Instituto. Los designados y las subdirecciones fueron los siguientes: Manuel Camacho Solís en Estudios Políticos, Miguel Limón Rojas en Estudios Sociales, Enrique Soto Izquierdo en Estudios Jurídicos, Francisco Ruiz Massieu en Coordinación Regional, Manuel Cavazos Lerma en Programas de Desarrollo, María de los Angeles Moreno Uriegas en Estrategia y Desarrollo, y Antonio Murrieta Necoechea en Asuntos Estatales; fueron ratificados Aceves Saucedo, en la subdirección de Estudios Económicos; Enrique Fernández B., en la de Estudios Agropecuarios; Alejandro Posadas Espinosa, en la de Organización; Carlos Noriega, en la de Sistemas de Información, y Rosario Enríquez Morán en la de Documentación y Análisis. Los tres nuevos integrantes del Consejo Técnico fueron Zoila Sepúlveda, Enrique Jackson Ramírez y Gustavo Varela, como secretario particular del director general quedó Juan Mariano Acoltzín Vidal. El mismo día se nombró a Héctor Murillo Cruz, Martín Reyes Vayssade y Servio Tulio Acuña como subsecretarios de Información y Propaganda.


Previendo la confirmación de la candidatura por la Convención Nacional, se inició el diseño de un sistema de comunicación, información y propaganda para la campaña electoral, bajo la dirección de Miguel González Avelar. Una de las primeras cosas fue seleccionar un símbolo que identificara al candidato Miguel de la Madrid. Se encargaron seis logotipos a diseñadores por contrato y se recibieron otras 120 propuestas como colaboraciones espontáneas. Una de éstas fue la seleccionada, al cumplir con los requisitos de sencillez, de fácil identificación y de ser un signo que en su grafía no excluyera a ningún grupo o sector social, es decir, que fuera incluyente. En este terreno, hubo que dar una nueva estructura a la Secretaría de Información y Propaganda del CEN, dada la intensidad prevista de información y propaganda que tendría la campaña. Otra tarea que se cumplió en esos días fue la de acordar con las directivas de los medios de comunicación nacionales y con agencias informativas del país y extranjeras las modalidades de movilización de la prensa para acompañar en sus giras al candidato a la Presidencia de la República.

Conforme a la convocatoria expedida por el CEN del PRI, el día 9 se celebró en el Teatro Ferrocarrilero de la ciudad de México la XI Asamblea Nacional del partido, órgano supremo del mismo, en la que el secretario general del CEN, Guillermo Cosío Vidaurri, leyó el informe de actividades de la dirigencia nacional correspondiente al período comprendido entre el mes de marzo y ese momento. En el documento, de 19 cuartillas, se afirmaban la unidad y la fuerza electoral del partido, así como la seguridad de obtener nuevos triunfos en los comicios que se avecinaban. Se daba cuenta, para el período que cubría, de la expedición de 732 500 cédulas de afiliación y de 1 065 000 credenciales, y de la realización de 93 convenciones, 279 asambleas para designar precandidatos a diputados locales y 106 para designar precandidatos a presidentes municipales. En la misma reunión fueron ratificados en sus cargos el Presidente y el Secretario General del CEN.

El director del IEPES, Carlos Salinas de Gortari, puso a consideración de la Asamblea, y ésta aprobó, el Plan Básico de Gobierno 1982-1988 y Plataforma Electoral, con los que el partido buscaría el voto favorable de la ciudadanía. Para la elaboración de este documento, se precisaba en la presentación del mismo, se habían tomado en cuenta "los avances del Sistema Nacional de Planeación, del Plan Global de Desarrollo 1980-1982, las principales propuestas de los tres sectores del partido y los trabajos de las comisiones del IEPES". En esto último se hacía alusión a los trabajos que el IEPES había iniciado desde el 26 de junio, fecha en que se efectuó una Reunión Preparatoria del Plan Básico de Gobierno y la Plataforma Electoral 1982-1988, en la que se decidió la formación de comisiones, para elaborar el documento, mismas que quedaron integradas una semana después. Entonces se dijo que el Plan Básico se terminaría en 60 días, es decir, en los últimos de septiembre o primeros de octubre. El mismo 25 de septiembre Jorge Tamayo entregó al Presidente del CEN el resultado del trabajo de las comisiones, para que fuera puesto a disposición del precandidato De la Madrid, quien lo modificó, ayudado especialmente por Carlos Salinas de Gortari, introduciendo conceptos centrales del Plan Global de Desarrollo, así como propuestas específicas de los sectores priístas hechas en los días de la precandidatura. Ésta fue la versión aprobada por la Asamblea Nacional. En las palabras con las que presentó el documento, el director del IEPES aclaró que se trataba de "un punto de partida para la etapa de consulta popular que se inicia". También especificó que el concepto central del Plan era la planeación democrática, entendida como la instancia "en la que se articulan la orientación política -es decir, la ideología de la Revolución-, la participación popular y las acciones de gobierno". (Véase el recuadro.)


Al día siguiente de la Asamblea, el sábado 10 de octubre, se inició la VI Convención Nacional Ordinaria del PRI, con un solo asunto en la orden del día: la elección y nominación del candidato del partido a la Presidencia de la República para el período 1982-1988. Miguel de la Madrid Hurtado, quien llegó a la Convención con una gran fuerza política, obtenida con las adhesiones masivas a su candidatura, fue elegido por aclamación.

Cerca del medio día, la Convención, que sesionaba en el Teatro Ferrocarrilero, decidió trasladarse a pie al edificio del Congreso del Trabajo, que se encontraba cercano. Ahí, Javier García Paniagua comunicó a Miguel de la Madrid la decisión de la Convención. Al agradecer la distinción, De la Madrid afirmó que adquiría "el solemne compromiso de mantener viva, vigente y actuando a la Revolución Mexicana. Tomó el compromiso con ustedes de hacer una campaña de amplia participación popular para que los planes de gobierno, dentro de la planeación democrática, sean el producto de la voluntad y de las ideas del pueblo de México".


El 11 de octubre Miguel de la Madrid rindió su protesta como candidato del PRI, a las 11 de la mañana, en el Palacio de los Deportes. Desde dos horas antes la totalidad de los 20 000 asientos del enorme domo estaban ocupados, lo mismo que los alrededores, por delegaciones de todos los estados del país y grupos de las organizaciones sectoriales del partido. Desde las nueve y media habían llegado todos los gobernadores, senadores y diputados federales del PRI, así como personas allegadas al candidato e invitados de grupos sociales como el empresarial y el de los artistas. Las puertas del Palacio de los Deportes se hallaban bloqueadas, pues cientos de personas estaban ansiosas por entrar. Una valla humana esperaba el paso del candidato; a lo largo se oían bandas musicales. Un horizonte de mantas, banderines y carteles adornaba el acontecimiento y expresaba solidaridad con el candidato. Fue un hecho notable en el oriente de la ciudad de México, pues a pesar de ser domingo se produjeron embotellamientos de tránsito.

En el interior del Palacio de los Deportes el estrado estaba ocupado por 400 personas aproximadamente, entre ellas, todos los ex presidentes del CEN del PRI, con excepción de Porfirio Muñoz Ledo, entonces embajador de México en la ONU. Un palco sería ocupado por la familia del candidato. El escenario frente al presídium y a los lados se hallaba tapizado de mantas de los sectores, sus organizaciones y los organismos estatales, que expresaban principios del partido y adhesión a De la Madrid. Sobre el presídium sólo había dos grandes fotografías, la del presidente López Portillo y la del candidato, y el escudo del PRI hecho con flores. El ruido antes de la llegada del candidato era ensordecedor: campanas, tambores, matracas, cencerros, sirenas y bandas musicales animaban la recepción. Los fotógrafos de la prensa no dejaban de accionar sus cámaras y los periodistas observaban y afanosamente iban de entrevista en entrevista.

A las diez y media llegó De la Madrid al cruce de Añil y Francisco del Paso y Troncoso, a unas cuadras del Palacio de los Deportes, en un convoy de doce vehículos y ocho motocicletas. Ahí descendió del autobús que lo conducía y subió a otro, descubierto, en el que lo esperaban el presidente y los integrantes del CEN. Vitoreado por más de 40 000 personas, en medio de las melodías del Himno Agrarista, del Corrido Petrolero y de la canción Camino Real de Colima, el vehículo tardó casi media hora en llegar al local en que se efectuaría la ceremonia, rodando lentamente entre la multitud. Al arribar a éste las porras y los vítores inundaron el ambiente. El candidato y sus acompañantes recorrieron una pasarela especialmente instalada hasta el estrado. Más de cinco minutos duraron todavía las aclamaciones.

Acto seguido, el presidente del CEN del PRI, Javier García Paniagua, tomó en nombre del partido la protesta como candidato a Miguel de la Madrid. Después, éste pronunció un discurso, que fue interrumpido con aplausos 26 veces.

En la entrada de su discurso, el candidato asumió tres compromisos: mantener la alianza con las clases populares del país; recoger las demandas y los sentimientos de todas las organizaciones priístas, para transformarlas "en banderas que nos unan y en claros dictados que nos comprometan", y conducir al partido a un nuevo triunfo electoral. Después, expuso las bases de su ideología, tras afirmar que había militado en el PRI toda su vida. Reiteró su creencia en los principios de la democracia integral, de las libertades individuales y los derechos sociales, de la economía mixta, de la participación social en el gobierno, del nacionalismo y de la soberanía. Recordó que en la historia nacional el pueblo había logrado superar los momentos más difíciles, haciéndose cada vez mejor.

Luego, De la Madrid especificó la alianza con cada uno de los sectores mayoritarios del PRI, campesinos, obreros y clases populares, así como con los jóvenes y las mujeres, conforme a sus problemas y demandas específicas. Hizo entonces un reconocimiento a los adelantos que el país había logrado durante la presidencia de José López Portillo.


Sobre la campaña que comenzaría en tres días, el candidato dijo que sería el instrumento para llegar al programa del siguiente gobierno. Mediante el diálogo y la consulta popular, el Plan Básico de Gobierno y Plataforma Electoral sería confrontado con la realidad nacional, para encauzar esta reflexión colectiva a una síntesis de prioridades. Esto implicaba que en la campaña se ahondara en el estudio de los rezagos, los errores y las desviaciones, para rectificar y enmendar lo que fuera necesario y ampliar los adelantos alcanzados, que demostraban que el partido de la Revolución era todavía la mejor opción para el pueblo.

De la Madrid señaló dos ideas básicas, que englobaban la ideología revolucionaria y orientarían su gobierno: la independencia política, económica y cultural, y la democracia política y social. Como reforzamiento de la participación democrática, agregó que un gobierno verdaderamente popular se hacía con participación popular. El instrumento de esta vinculación era la planeación democrática.

En este marco, ante un enorme auditorio atento a sus palabras, indicó la necesidad de dos tareas centrales: "la renovación del movimiento revolucionario y la renovación moral de la sociedad". Dijo que el proyecto nacional continuaba vigente; eran algunas prácticas las que demandaban rectificación. Se proponía, explicó el candidato, enriquecer el significado y los objetivos de la Revolución y acendrar la formación ideológica de los jóvenes. También se proponía, añadió, reforzar la acción del PRI como la mejor expresión de los intereses populares y mantener una estrecha conexión entre el gobierno y el partido.

La moral social, continuó Miguel de la Madrid, comprendía "el cumplimiento de los valores éticos de cada individuo para con la Patria, para con la comunidad a la que se pertenece... La renovación moral de la sociedad significa para nosotros el fortalecimiento de la acción política y social en contra de las transgresiones que atenten contra la moral social. Cada sector debe definir la parte que le corresponde en su tarea. Al Estado compete cumplir con su responsabilidad, exigiéndose moralidad a sí mismo y, conforme a nuestras leyes, prevenir y en su caso corregir y sancionar toda inmoralidad que atente contra el interés público. Se debe gobernar con el ejemplo". Aclaró que la sociedad mexicana no era corrupta, pero era preciso reaccionar a tiempo frente a los fenómenos de corrupción. La renovación moral no era una prédica personal, sino una exigencia del pueblo mexicano.

El objetivo fundamental de la Revolución Mexicana, dijo el recién nominado candidato del PRI a la Presidencia de la República, era la justicia social. "Nuestra preocupación central frente a todas las políticas, todos los programas, todas las acciones, en todas las circunstancias, será la lucha contra la desigualdad. Sigue vigente la proclama de Morelos: moderar opulencia e indigencia." La desigualdad, dijo, es contraria a la ética del movimiento revolucionario. "Nos apoyaremos en la planeación democrática, en la rectoría del Estado, en los instrumentos para la redistribución del ingreso y en la palanca trascendente de la educación popular."

Otras prioridades señaladas por De la Madrid ante la Convención fueron la revisión del sistema educativo, mantener el crecimiento económico, proteger el consumo popular, combatir la inflación y la carestía, luchar redobladamente contra la marginación, proteger y elevar la calidad de la vida, elevar la eficiencia nacional y mantener con firmeza los principios de la política exterior.

Finalmente, convocó al partido a emprender una campaña que lo llevara una vez más al poder, en la cual se recogieran las indicaciones del pueblo y su apoyo. Una campaña en la que, "con fundamento en el Plan Básico y en la Plataforma Electoral aprobados en la Asamblea reciente, sea el diálogo popular el que defina los lineamientos del futuro plan de gobierno. El pueblo tiene la palabra". Al terminar sus palabras, el candidato fue nuevamente ovacionado por sus compañeros de partido.

Al salir del Palacio de los Deportes, De la Madrid se dirigió a la central de autobuses del oriente de la ciudad, donde recibió 15 vehículos aportados por organizaciones de autotransportistas afiliados al PRI, para la campaña electoral. Después, fue al nuevo edificio del partido y, en las que serían sus oficinas a partir de ese día, sostuvo una reunión con los dirigentes del CEN. Terminó sus actividades partidistas con un acto de la CNC en la explanada del mismo edificio. Ese mismo día se confirmaron los nombramientos del equipo de la campaña para la ejecución de la misma.

Prácticamente todos los comentaristas políticos de la prensa se refirieron al precandidato seleccionado por el PRI y por el presidente José López Portillo. Lo que más llamó la atención como característica de De la Madrid fueron sus pronunciamientos sobre la necesidad de una renovación moral de la sociedad mexicana. Se estimó que la propuesta había sido bien acogida entre los grupos sociales. La autocrítica y la crítica implícitas en esos señalamientos dieron una credibilidad inicial al discurso del precandidato.

Las constantes referencias a la ideología de la Revolución Mexicana hechas por De la Madrid, en opinión de algunos comentaristas, revelaron facetas insospechadas en el precandidato. Habiendo sido definido como el técnico de la programación, sorprendieron sus declaraciones en el sentido de no tener un programa definido de antemano, pero sí ideas claras sobre el proyecto histórico nacional. Algunas críticas vieron en este aspecto del discurso un intento premeditado para borrar la imagen de tecnócrata. Como contraparte, se comentó también que una ideología sólida y un conocimiento de la historia política como el que revelaba el precandidato del PRI no se podían adquirir de la noche a la mañana.

Para los analistas políticos fue notable la cantidad de discursos pronunciados por De la Madrid. Algunos consideraron el hecho como un riesgo, pues pensaban que habría un desgaste. Por medio de las palabras, según este razonamiento, se establecían compromisos, y si más tarde éstos no se cumplían, el candidato perdería en credibilidad. Por otro lado, se señaló la voluntad de diálogo y acercamiento del precandidato con las agrupaciones de su partido.


Los 14 días transcurridos entre el "destape" y la XI Asamblea Nacional fueron de trabajo muy intenso para el precandidato y su equipo. Encontrarse con un gran número de organizaciones y grupos partidarios, así como con otros grupos y personas que simpatizaban con el precandidato; escuchar y agradecer a todos e intercambiar opiniones con ellos; elaborar la agenda de estos encuentros; diseñar la campaña que vendría; elaborar el Plan Básico de Gobierno y Plataforma Electoral; seleccionar un emblema con diversos desarrollos para identificar al candidato; crear un sistema de comunicación e información, y organizar los equipos y formas de trabajo para la campaña fueron todas tareas agobiantes. En la prensa se comentó que en esos días el precandidato había encanecido notablemente. Además de los actos públicos en los que participó verificó y aprobó los detalles del diseño de la campaña en su conjunto.

De una labor ciertamente ardua como es la de un secretario de Estado, Miguel de la Madrid pasó a ser el centro de la atención política del país, con el trabajo aún más intenso que esto implica en cuanto al contacto con los grupos sociales y políticos, y a preparar en pocos días una campaña nacional exhaustiva. El aprendizaje del candidato fue de una magnitud equivalente. Durante la precandidatura estuvo al frente de 135 actos políticos, recibió a 353 grupos que lo felicitaron y le manifestaron su adhesión, sostuvo 11 conferencias de prensa y se reunió constantemente con su equipo para acordar y detallar la estrategia y los sistemas de la campaña. En esos días pronunció una gran cantidad de discursos frente a grupos de todas las clases sociales y escuchó los distintos lenguajes e inquietudes de los mismos. Aunque sus cargos en la administración pública le habían dado una amplia experiencia en el diálogo y en intervenciones públicas, el nuevo nivel de este género de actividades era de una dimensión muy diferente. Algo similar, aunque en menor escala, se puede decir de sus colaboradores cercanos.

Por otro lado, la noticia de su precandidatura y sus pronunciamientos, como sucede cada seis años con el candidato del PRI a la Presidencia de la República, fueron ampliamente difundidas por los medios de comunicación a todo el país. Su figura pasó a ser una de las centrales en la atención pública nacional. Por su parte, los miembros del equipo que coordinaba la campaña empezaron a ser conocidos por todo el PRI y por los más diversos grupos políticos.

Para el 11 de octubre, habiendo improvisado la mayor parte de sus discursos, De la Madrid era ya un orador más experimentado y eficaz, de definiciones claras, con un estilo mesurado y circunspecto. La fuerza política lograda con el cúmulo de adhesiones recibidas y por las posiciones logradas en el PRI, más la intensidad de este primer momento de diálogo público y de reflexión y decisión sobre lo que sería la campaña hicieron de la etapa de precandidatura una oportunidad excelente para habituar al candidato del PRI a la Presidencia de la República al ritmo y al tipo de actividades de la campaña que comenzaría el 14 de octubre.

Distrito Federal 25 de septiembre de 1981 El destape

El anuncio oficial a las 10 de la mañana acabó con las tensiones: "Los tres sectores del Partido Revolucionario Institucional manifestaron esta mañana al C. presidente del Comité Ejecutivo Nacional, Javier García Paniagua, su decisión de apoyar la precandidatura del señor licenciado Miguel de la Madrid Hurtado", decía el primer párrafo del comunicado.

En 30 minutos la noticia recorrió el país de costa a costa y de frontera a frontera; tas radiodifusoras interrumpieron sus programas habituales; los periódicos meridianos detuvieron rotativas; el júbilo estalló entre el pueblo por el solo anuncio; las televisoras empezaron a transmitir videotapes del precandidato; el país se conmocionó...

José Miranda El Sol de México

Distrito Federal 25 de septiembre de 1981 El primer acto de adhesión

Hubo un lapso de calma en la sede del PRI. Todo sería a las seis de la tarde. Mientras tanto, los 40 distritos del partido del DF parecen avisperos. Se hacen llamados a los militantes de las colonias populares. Un gran número de autobuses se ubican en distintos puntos de la ciudad. Se inició la gran movilización de adhesión al precandidato. En tanto, los reporteros acosan tras la puerta de la antesala de la presidencia del CEN del PRI. Se afinan detalles. García Paniagua está con el precandidato, se rumora.

Ya en la Secretaría de Programación y Presupuesto se inicia la concentración... Cientos de personas se arremolinan en la oficina del Secretario de Programación y Presupuesto. Esperan ser los primeros en felicitarlo.

En los sindicatos y organizaciones de trabajadores no asalariados se preparan las pancartas, las mantas, los lemas. Todo en unas cuantas horas.

Los extras de los periódicos ocupan las esquinas del primer cuadro. Los encabezados resaltan las iniciales de "M de la M". La noticia ocupó la atención nacional. Los diputados del PRI se confunden entre la masa popular. Todos hacen esfuerzos por llegar a la primera fila. Se entabla una lucha cuerpo a cuerpo por llegar hasta donde estará el precandidato. El sudor consume energías. Todos levantan las pancartas y mantas. Los billeteros se adelantan y se instalan frente al improvisado estrado cubierto con una alfombra roja. Al otro extremo los tianguistas, los boleros, los vendedores ambulantes. La manifestación de adhesión ocupa hasta los dos pisos del antiguo edificio sede del Poder Ejecutivo. No hay espacio mínimo en los barandales repletos de empleados de la SPP, donde fueron tendidas un gran número de mantas del Voluntariado del PRI del DF, de los campesinos de Xochimilco, de la Brigada del Camino, de los trabajadores de vehículos de alquiler, del Frente Unido de Pepenadores, de la CNOP, de la CNC. Todos con Miguel de la Madrid Hurtado para candidato del PRI.

José Luis Camacho El Día

Distrito Federal 27 de septiembre de 1981 La salutación

La larga fila se extiende a lo largo de la oficina, de pasillos, de todo el patio y todos pasan. Primero son cien, doscientos, quinientos, mil. El cordón humano no termina de pasar. Los minutos corren y Miguel de la Madrid no termina de saludar y recibir felicitaciones y actos de adhesión de la gente. Ahora los trabajadores del Seguro Social, ahora maestros, ahora gente del sector popular del PRI, profesionales, campesinos.

Los líderes no se despegan de su lado, también felicitan a los que acuden a saludar al precandidato en la oficina de la SPP habilitada como salón de recepciones. La gente encargada de su seguridad, "walkietalkie" en mano, organiza todo. Aprisa, no se detenga. Camine, salga. Fórmese. Por allá... Espérese, ahora sí, pásele. La fila es interminable, pero son pocos, es domingo y sólo llegaron en el segundo mitin, el de los maestros, tres mil gentes, tres mil maestros que como con la emoción de un escolapio saludaron a Miguel de la Madrid.

Se alisan el cabello, se arreglan el suéter, se limpian los zapatos con las valencianas de los pantalones, se arreglan la camisa, el pantalón y pasan al salón muy callados; pero con un brillo en la mirada. "Es que vamos a saludar a nuestro candidato... ¿por qué nuestro? Bueno, pues porque es del pueblo de México y nosotros somos del PRI..."

Sí, es como siempre, unos rompen el ritual de saludarlo de mano y se acercan un poco más fuerzan el abrazo. El les sonríe. Da las gracias y continúa con el siguiente.

Alfonso J. García Novedades

Distrito Federal 1 de octubre de 1981 A título personal

Llegaron discretamente, sin hacer ruido. Se parapetaron detrás de los políticos, pero asistieron, conscientes y decididos. No hablaron, mas hicieron sentir su presencia, su peso (específico). Y también su apoyo, aparentemente sin condiciones manifiestamente espontáneo. Llegaron "a título personal", aunque representan y son líderes destacados del sector empresarial, pero no constituyen, en bloque, una alternativa.

Séptimo día de la postulación de Miguel de la Madrid Hurtado, cubierto de salutaciones de gobiernos de los estados y también, aunque sus nombres se mencionaron sotto voce, de los de miembros del sector empresarial que tuvieron audiencias privadas o, discretamente, asistieron a los mítines priístas efectuados en la Sala de Armas Fernando Montes de Oca de la Magdalena Mixhuca.

Día en que las manifestaciones de adhesión se vuelven monótonas, adquieren el carácter de estar preparadas en serie en este escenario partido por la mitad para dar orden y coherencia a las muestras de apoyo.

Abelardo Martín Uno Más Uno

Plan Básico de Gobierno 1982-1988 y Plataforma Electoral

El documento presentado por el director del IEPES a la XI Asamblea Nacional del PRI se divide en cuatro grandes apartados. El primero se titula "Por la reafirmación de los valores de la Revolución Mexicana", y en él se hace una síntesis de la ideología y principios históricos del PRI y un desarrollo de los conceptos que integran el proyecto nacional: nacionalismo, pluralismo y respeto a las minorías, democracia, economía mixta con rectoría económica del Estado, derechos sociales, soberanía e internacionalismo, y participación popular.

El siguiente apartado trata sobre la planeación democrática. Se inicia con la memoria de los primeros pasos dados en México en materia de planeación, desde el Plan Sexenal 1934-1940. Se define a la planeación como el "instrumento técnico al servicio de los propósitos políticos y sociales fundamentales del país", que se utiliza sin menoscabo de las libertades ni de los derechos sociales y se fundamenta en las demandas colectivas. También se define como un necesario ejercicio de congruencia, en el que se reconocen los adelantos logrados, en términos del proyecto nacional, al tiempo que se identifican "las deformaciones y las incongruencias entre la ideología política y las acciones públicas, o de la conducta ciudadana, para estar en mejores condiciones de alcanzar los propósitos". Este ejercicio de autocrítica debería quedar reflejado en el plan de gobierno.

Se señala que para entonces la planeación demostraba ya su utilidad en la práctica y que era un proceso irreversible e indispensable para concebir el país en el largo plazo, en el marco de "una conducción racional y organizada del proceso de cambio social", que el desarrollo del país exigía. Era preciso, continuaba el documento, avanzar en el proceso "con una creciente participación política de los grupos mayoritarios, ampliando los compromisos populares del Plan y con el Plan". Para ello, habría que establecer una legislación que obligara al sector público a sujetarse al sistema de planeación y sentara bases para la coordinación de acciones con los gobiernos locales y los grupos sociales organizados. Los compromisos adquiridos de este modo para el desarrollo del país se expresarían en un Plan Global de Desarrollo que, en función del proyecto nacional, fuera la norma del gobierno siguiente.

El apartado que sigue se titula "Plataforma electoral: una nueva etapa de la Revolución (objetivos y estrategias)". En primer lugar, se confirman los objetivos nacionales señalados en el Plan Global de Desarrollo vigente en ese momento: reafirmar la independencia nacional y fortalecer la participación popular en el desarrollo; dar a la población mínimos de bienestar; impulsar un crecimiento económico alto y firme, y mejorar la distribución del ingreso entre personas, grupos sociales y regiones geográficas. El objetivo inmediato sería presentar a los ciudadanos la mejor plataforma electoral y emprender un proceso de consulta popular que derivara en el plan de gobierno para el siguiente sexenio. La parte de estrategia está dividida en 28 puntos, que son proposiciones y compromisos concretos sobre igual número de temas, agrupados en cuatro partes: política, economía, sociedad y cultura, y política exterior.

Finalmente, el cuarto apartado del documento aprobado por la Asamblea Nacional, titulado "Políticas de desarrollo nacional", detalla el desenvolvimiento y la situación en ese momento de la política, del desarrollo social, del desarrollo regional, de la economía, de los sectores de la administración pública y de los instrumentos para el desarrollo económico. Tanto en la Plataforma como en este apartado se aborda el tema de la inflación, calificado como uno de los problemas más complejos y preocupantes de la economía y la sociedad. Se rechaza resolverlo mediante programas de choque y por la vía de la recesión, y se propone un enfoque que considerase las múltiples fuerzas que intervenían en el fenómeno, utilizando "preferentemente el fomento de la oferta interna y la modulación de la demanda, y una política comercial con enérgicas medidas para prevenir especulaciones y subsanar diferencias regionales y temporales de oferta".

Distrito Federal 11 de octubre de 1981 Esperado al candidato

A las nueve de la mañana -dos horas antes del acto- [de aceptación formal de la candidatura], el Palacio de los Deportes y sus 20 mil asientos estaban ya ocupados, las puertas bloqueadas y miles de personas ansiosas por entrar. Una valla humana de tres kilómetros de longitud -donde tocaron 30 bandas musicales traídas del interior del país-, precedió el acto central de protesta, recorrido que el candidato hizo en un autobús de 28 plazas descubierto y rodeado de un imponente aparato de seguridad. El acto también produjo un gran embotellamiento en el oriente de la ciudad y dejó al transporte capitalino sin más de 700 autobuses, utilizados para los asistentes.

El candidato se levantó a las 7:30 horas, como de costumbre. A las 8:30 se reunió a desayunarse con su familia en Francisco Sosa 421. Ya para entonces había leído la síntesis periodística y visto algunos periódicos. De la Madrid vestía traje azul marino, camisa azul claro y una corbata guinda con rayas blancas.

Ayer, a las seis de la mañana, cientos de trabajadores terminaron los preparativos en el Palacio de los Deportes y desde las 7 horas comenzó a llegar la gente. Delegaciones de todos los estados del país, contingentes del sector popular, obrero y campesino. A las 9:30 horas comenzaron a llegar los políticos: la totalidad de los gobernadores del país, senadores, diputados, los hombres allegados al candidato, empresarios, banqueros y artistas. Los finos trajes, las mujeres escotadas y atractivas, los trajes de manta y los rebozos se confundían en esta multitud.

El Palacio de los Deportes parecía imponente. El podio, previsto para sólo 300 personas, daba cupo a 400. Ahí, el más notorio era Jesús Reyes Heroles, ex secretario de Gobernación y ex presidente del PRI, que marcó así su reaparición en la política, luego de poco más de dos años y medio de ausencia. Todo el escenario se hallaba tapizado de mantas y leyendas alusivas al candidato y miles de fotos. Sobre la gran escenografía sólo dos fotografías: la del presidente López Portillo, la del candidato y el escudo del PRI hecho de flores.

El ruido antes de que llegara el aspirante era ensordecedor. Campanas, tambores, matracas, cencerros, sirenas, tamboras y bandas animaban la recepción.

Roberto González Pérez Excélsior

Distrito Federal 11 de octubre de 1981 Sí, protesto

En el interior del auditorio deportivo, el ruido se convirtió en estruendo a la llegada del ex secretario de Programación y Presupuesto que avanzó, solo, por el pasillo de acceso. A unos pasos de distancia lo precedía el presidente del PRI, Javier García Paniagua.

El presidente del partido, que hacía 48 horas había sido ratificado como tal, le tomó la protesta. Dijo García Paniagua: "Ciudadano Miguel de la Madrid Hurtado, ¿protesta usted cumplir la declaración de principios, el programa de acción, los estatutos del partido y, en caso de que el voto popular lo favorezca en los comicios constitucionales, desempeñar con patriotismo, lealtad, honradez y eficacia el cargo para el que resulte electo, sin otro límite que el de sus capacidades y con un alto sentido de dedicación al servicio de los intereses del pueblo y del partido?"

Y con voz firme, el brazo derecho en alto, la mano extendida, respondió De la Madrid Hurtado con la frase de protocolo: "¡Sí, protesto!"

Terminó García Paniagua: "Si no lo hiciereis así, que la Revolución Mexicana os lo demande".

Y quedó solo De la Madrid Hurtado, desde ese momento -las 11:10 de la mañana-, ya como candidato a la Presidencia de la República postulado por el PRI; solo, en el podio del orador, dirigiendo su mensaje al pueblo de México.

El candidato priísta, quien adelante tenía a 35 000 priístas llegados de todo el país, senadores, diputados y pueblo, mucho pueblo, hablaba con vehemencia de sus proyectos e ideas.

Reiteró en esta forma su lealtad a las clases que crearon y conformaron al partido. Expresó "mi profunda solidaridad y alianza con los campesinos, los obreros y las clases populares y medias que dan vida, sentido y movimiento a esta formidable organización política que define el rumbo de México".

Al establecer el compromiso, plantear argumentos, esbozar posibilidades y fundamentar su posición, ya al finalizar su discurso, dijo: "El pueblo tiene la palabra".

Y terminó con vivas al Partido Revolucionario Institucional y un sonoro ¡Viva México!

De la Madrid salió del estadio deportivo como había entrado, en medio de vítores, ruido de matracas, porras y entusiasmo.

Jorge Avilés Randolph El Universal

 
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