Introducción


En el sistema político mexicano la elección del Presidente de la República es sin duda la que despierta mayor interés entre la ciudadanía, los partidos y los políticos. Cada seis años, período constitucionalmente señalado para la duración del mandato presidencial, se renuevan, además, la Cámara de Diputados federal y el Senado de la República, es decir, el Congreso de la Unión. Las campañas electorales que preceden a la emisión de los sufragios ponen en acción a todos los partidos nacionales y concentran una gran atención de todos los medios de comunicación y, en general, de la opinión pública nacional. Se trata de un acontecimiento político que llega a todos los rincones del país. Más de un año antes del día de la elección de presidente, cada partido inicia los preparativos para seleccionar a su candidato a la Presidencia y, seis meses antes, para designar candidatos a diputados federales y senadores.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha conservado el poder desde su nacimiento en 1929 con el nombre de Partido Nacional Revolucionario. Cada sexenio, una gran mayoría de los votantes se ha inclinado por el candidato de este partido en las elecciones presidenciales. También las gubernaturas de todas las entidades federativas han sido ganadas históricamente por el PRI. Asimismo, una enorme mayoría de los legisladores federales, locales y presidentes municipales de todo el país han sido candidatos priístas. El PRI es, sin duda, el partido más influyente y poderoso en todos los estados. Es el único capaz de postular candidatos para todos los puestos de elección popular, incluidos los municipios más apartados. Su membrecía, básicamente de campesinos, trabajadores urbanos, sectores medios y empleados públicos, lo hace, con mucho, el de más recursos físicos y humanos.

El 25 de septiembre de 1981 Miguel de la Madrid Hurtado fue lanzado por los tres sectores del PRI (campesino, obrero y popular) como precandidato de su partido a la Presidencia de la República para el período 1982-1988. De la Madrid fue elegido candidato en la VI Convención Nacional del PRI el 10 de octubre y al día siguiente rindió la protesta de rigor.

En comparación con otras campañas presidenciales, ésta presentó características especiales. Por un lado, De la Madrid compitió con otros seis candidatos a la Presidencia de la República y en el proceso participaron nueve partidos políticos, mientras que seis años antes el candidato del PRI no tuvo ningún opositor y en el proceso simultáneo de elección del Congreso de la Unión tomaron parte únicamente cuatro partidos. El cambio fue resultado de la reforma política emprendida por el gobierno del presidente José López Portillo, gracias a la cual desde 1979 hubo representantes de siete partidos en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Por otro lado, la campaña de Miguel de la Madrid se distinguió por su gran movilidad en todo el territorio nacional. A diferencia de otras campañas similares, el candidato regresó más de una vez a cada entidad federativa. Esto se hizo gracias a que las tradicionales visitas a los estados se alternaron con seis giras de prioridades nacionales, que constituyeron una novedad de esta campaña. Además, al final se llevó a cabo una etapa especial de promoción del voto, que no se había hecho antes.

En la campaña presidencial del PRI para el sexenio 1982-1988 pueden distinguirse tres fases principales: la precampaña, que va del 25 de septiembre al 11 de octubre de 1981; siete meses y medio de campaña propiamente dicha, del 14 de octubre, día en que se inició en Apatzingán, Michoacán, al 31 de mayo de 1982, cuando el candidato cerró su visita al estado de Querétaro, tras haber recorrido todas las entidades federativas; finalmente, la etapa de promoción del voto, del 3 al 25 de junio. De la Madrid cerró su campaña el 27 de ese mes en la ciudad de México.

La precampaña fue el momento, señalado por los estatutos del PRI, en que el precandidato lanzado por los tres sectores del partido buscó y recibió la adhesión de los organismos sectoriales y regionales del mismo, con vistas a la votación de la Convención Nacional del 10 de octubre. Durante esos días se trasladaron a la ciudad de México decenas de grupos priístas, algunos encabezados por los gobernadores de los estados, para expresar su apoyo al precandidato. En estos actos, frecuentemente masivos, se inició lo que sería un intenso diálogo del candidato y su equipo con los dirigentes, cuadros y miembros de base de los distintos sectores de su partido.

El 9 de octubre se reunió en la ciudad de México la XI Asamblea Nacional del PRI, que conoció el informe de actividades del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y aprobó el Plan Básico de Gobierno 1982-1988 y la Plataforma Electoral, que constituirían la base ideológica y propagandística de la campaña presidencial. El 10 de octubre la VI Convención Nacional nominó por aclamación a Miguel de la Madrid Hurtado como su candidato a la Presidencia de la República. Al día siguiente el candidato rindió su protesta ante la misma convención.


El candidato Miguel de la Madrid inició su campaña el 14 de octubre en Apatzingán, Michoacán, donde rindió un homenaje a José María Morelos y Pavón, gracias a quien se había promulgado en esa población, el 22 de octubre de 1814, el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana.

El mismo día De la Madrid comenzó las giras estatales de su campaña, en su estado natal, Colima, de donde pasó el día 17 a Jalisco. Al finalizar el año había recorrido 12 entidades federativas en cinco etapas, sin contar diversos actos en el Distrito Federal, adonde regresaba después de cada etapa. Entre enero y mayo estuvo en el resto de los estados, recorrido que se cubrió en otras 12 etapas, hasta finalizar en Querétaro, entidad en la que estuvo del 28 al 31 de mayo.

En cada uno de los recorridos estatales el candidato presidió actos de masas con miembros del PRI, así como diversas reuniones de trabajo en las que se analizaron tanto la problemática específica de cada estado como temas de interés nacional. Además, el candidato sostuvo reuniones con grupos sociales específicos, como empresarios, profesionistas e intelectuales.

Los actos del candidato con el partido tuvieron el doble sentido de una tarea electoral e ideológica, en la que se combinaron la integración de todos los niveles de organización electoral partidista (comités estatales, distritales, municipales y seccionales) y una reflexión ideológica sistemática.

Por otro lado, una de las líneas estratégicas centrales de la campaña fue realizar una amplia consulta popular, que permitiera al candidato conocer las inquietudes, demandas e inconformidades de todos los grupos sociales y que pudiera aprovecharse más adelante para elaborar el plan del próximo gobierno. De manera informal, en casi todos los lugares visitados por De la Madrid hubo personas que espontáneamente, ya a nombre propio o en nombre de grupos determinados, transmitieron de viva voz o por escrito diversas demandas al candidato, mismas que fueron recogidas y sistematizadas por el equipo de campaña. También se realizaron, en diversas ocasiones, encuestas regionales para detectar los problemas más sentidos por la población. La consulta popular formal se realizó en reuniones de trabajo sobre asuntos nacionales, planeación estatal, fortalecimiento municipal y desarrollo agropecuario, organizadas por el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES) del PRI y por los Centros de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (CEPES) de los estados.

En conjunto, se estableció un estrecho diálogo entre el candidato y los más variados grupos sociales, políticos y técnicos. El candidato escuchaba la exposición de problemas, las demandas que generaban y proposiciones para su resolución y, a su vez, sobre la base general ideológica y programática de su partido, reconocía la problemática, la ubicaba en la perspectiva general de la acción del Estado y proponía posibles líneas de solución. A principios de 1982, sobre la base de las primeras etapas de la consulta popular, De la Madrid propuso siete tesis que agrupaban las demandas principales, como guía general de la acción política del gobierno que se formaría si el voto lo llevaba a la Presidencia de la República. En los meses siguientes, en el contexto del diálogo establecido con la sociedad, desarrolló en sendos discursos cada una de las tesis.

A lo largo de esta fase de la campaña se llevaron a cabo seis giras de prioridades nacionales, cada una con un tema considerado por el candidato y su equipo como de interés nacional y que requería una atención especial en el proceso de consulta popular. La mayor parte de estos temas eran asuntos que afectaban de manera importante el desarrollo regional del país. Presididas por De la Madrid, las reuniones de trabajo de cada gira de prioridades nacionales se efectuaron en varios estados (tres en el caso mínimo y siete en el máximo), y la gira duraba varios días (de tres fue la más corta y de siete la más larga). La primera, sobre desarrollo y explotación petrolera, se llevó a cabo en diciembre; hubo dos en enero, acerca del desarrollo portuario y la agricultura de temporal; bosques y selvas fue el tema de la cuarta, realizada en los últimos días de febrero y primeros de marzo; la quinta, sobre frontera norte, fue en abril, y en mayo la sexta, en la que se trató el amplio tema de la participación social en el desarrollo.

El último mes de la campaña de Miguel de la Madrid se dedicó a una gira más a todas las entidades federativas, esta vez sólo a las capitales de las mismas, denominada de promoción del voto. Se inició el 3 de junio, en Saltillo, Coahuila, y terminó el día 25 en la ciudad de Puebla. En cada capital estatal el candidato del PRI a la Presidencia tuvo una reunión con los mejores cuadros del partido en el estado, en la que los exhortaba a renovar los esfuerzos para estimular la votación ciudadana y orientarla en favor de su partido. Además, De la Madrid dirigió en cada caso un mensaje a toda la población estatal a través de la televisión y la radio locales, en el que analizaba los principales problemas de la entidad y exhortaba a los ciudadanos a emitir sus votos en los próximos comicios. Estas visitas a los estados se alternaron con la celebración, en el Distrito Federal, de diversos actos electorales, así como de reuniones con distintos grupos sociales.

El 27 de junio, en la ciudad de México, se efectuó un acto de masas, con el que se cerró la campaña de Miguel de la Madrid. Finalmente, el 30 de junio el candidato dirigió un último mensaje al pueblo de México, a través de la televisión.

Los meses reseñados fueron de intensa actividad política en todo el país. Además de las campañas presidenciales de los nueve partidos nacionales registrados, a partir de marzo se iniciaron en todos los estados y distritos electorales las campañas por las diputaciones federales y las senadurías, con la participación de igual número de partidos. Por otro lado, en el mismo lapso, aunque con distintos calendarios, hubo otras elecciones, de carácter local, en 10 estados, entre ellas las de los gobernadores de Yucatán, Morelos y Chiapas.

Como en casi toda campaña electoral, en los actos políticos y de masas de la campaña del PRI por la Presidencia de la República y por el Congreso de la Unión, había un ambiente festivo, señalado por el constante corear de porras, por el ruido de matracas, cornetas y cencerros, por la presencia de grupos musicales que animaban a los concurrentes y por el uso reiterado de diversos medios visuales propagandísticos. La combinación del ambiente festivo con la seriedad, y en ocasiones la solemnidad, que implica la lucha electoral para la renovación de los poderes Ejecutivo y Legislativo del gobierno federal, dio a las campañas de 1981-1982 un carácter ritual, propicio para la expresión abierta y para la renovación de la esperanza, como ocurre en casi cualquier campaña electoral democrática en todo el mundo.

Por lo que hace al proceso electoral propiamente dicho, las elecciones federales se efectuaron el 4 de julio, primer domingo del mes. Los cómputos oficiales fueron dados a conocer por la Comisión Federal Electoral entre el 15 y el 18 del mismo mes. El Colegio Electoral, órgano del Congreso para calificar la elección de sus miembros, quedó instalado el 15 de agosto. Tras dos semanas de debates, el día 31 quedó constituida la LII Legislatura del Congreso de la Unión, que declaró presidente electo a Miguel de la Madrid Hurtado, el 9 de septiembre.


El contexto económico en el que se dio la campaña fue el del inicio de la crisis financiera que azotaría al país entre ese año de 1982 y 1987. Siendo el petróleo la fuente principal de divisas para el país, el descenso de sus precios internacionales a partir de mediados de 1981 tuvo y tendría graves repercusiones para la economía nacional, aunque a fines de ese año todavía no se percibía con claridad la dimensión de los problemas que se avecinaban y en general se creía que los primeros signos serían pasajeros. La inflación fue el fenómeno de la crisis que más afectó al conjunto de la sociedad, a partir de que en 1981, por segundo año consecutivo, el índice de precios al consumidor aumentó en casi 30%. La crisis financiera que se fue haciendo perceptible y se precipitó en 1982, se caracterizó por una fuga masiva de capitales privados y dos devaluaciones del peso frente al dólar, una en febrero y otra en agosto. Además, durante ese año la inflación se aceleró y llegó a casi 100%. Considerando que los bancos comerciales habían sido un importante agente auxiliar en la fuga de divisas, que a partir del segundo semestre dejó prácticamente sin reservas monetarias internacionales al país, en un momento en el que no era posible contratar más empréstitos, en agosto se estableció un sistema de control de cambios con una paridad dual (dólares "controlados" y "libres"), y el 1 de septiembre el presidente José López Portillo decretó la nacionalización de la banca, lo que generó fricciones graves entre el gobierno y el sector empresarial.

Ante la pérdida de capacidad de pago de la deuda internacional, a finales de agosto el gobierno solicitó y obtuvo una prórroga de tres meses para el pago del adeudo de corto plazo. El 10 de noviembre México firmó con el Fondo Monetario Internacional (FMI), como lo había hecho en 1970 y en 1976, una carta de intención, por la que se comprometió a disminuir el déficit público, a incrementar los ingresos y el ahorro interno, a un control flexible de los precios de productos básicos, a mantener el control de cambios con una paridad realista y a disminuir el proteccionismo comercial mediante la reducción de aranceles. Con este acuerdo el FMI se comprometió a prestar a México 3 800 millones de dólares.

Al tomar posesión como Presidente Constitucional de México el primero de diciembre de 1982, De la Madrid anunció un programa de gobierno que, elaborado en el segundo semestre de 1982, expresaba puntualmente el mandato recogido en la consulta popular de la campaña y ratificado por la votación mayoritaria del 4 de julio, al mismo tiempo que enfrentaba las nuevas y graves condiciones económicas del país.

 
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