Elecciones: recapitulación de 1983

"MES: DICIEMBRE"

MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y TRES FUE UN AÑO DIFÍCIL en el terreno electoral. Tuvimos que enfrentar, en medio de la crisis económica y del desprestigio causado por los últimos gobiernos, la renovación de las autoridades en 1 158 ayuntamientos. También se realizaron, en varios estados, comicios para elegir 230 diputados de mayoría relativa y 80 de representación proporcional. En Baja California, la fórmula electoral incluyó la elección de gobernador constitucional.

Pronto resultó claro que el Partido Acción Nacional estaba capitalizando la difícil coyuntura a su favor. De manera que, aunque el PRI continuó ganando la gran mayoría de las elecciones, la fuerza panista se volvió peligrosa, sobre todo en el medio urbano y, más aún, en las capitales estatales.

Cuando yo llegué al gobierno, ya habíamos perdido las ciudades de Hermosillo y Guanajuato. Durante lo que va de mi administración se han perdido San Luis Potosí, Chihuahua y Durango. La fuerza electoral del PAN en estos dos últimos estados preocupó seriamente a la clase política priista. Se llegó a decir, en ese medio, que la forma en que yo permitía los triunfos de la oposición exhibía la existencia de un diseño para cambiar el sistema político mexicano, aprovechando la crisis económica y el repunte del PAN.

Tal situación me puso en una posición difícil, pues no puedo arriesgarme a que mi partido crea que yo tengo un proyecto diferente del de la conciliación nacional, ya que perdería su apoyo, demeritando con ello la autoridad y la eficacia del gobierno.

Tuve que aceptar la evidencia de que los triunfos de la oposición intranquilizaban a las fuerzas que dan sustento al PRI, al extremo de ponerlas en riesgo de desintegración y, con ello, perder el “arreglo nacional”. Los obreros estaban violentamente contra el PAN. Parecían dispuestos, en caso de que se llegara a lo que ellos llamaban un triunfo excesivo del PAN, a responder con acciones fuertes, posiblemente violentas, lo que hubiera puesto en peligro todo el programa económico.

La rebelión interna de las fuerzas del PRI daría al traste con la idea de que el gobierno es capaz de manejar situaciones concretas. Si dejo que se debiliten las fuerzas reales en que me he apoyado, puedo tropezar en mis objetivos fundamentales, que son la superación de la crisis económica y el cambio cualitativo del sistema.

Por ello, lo primero que tengo que hacer es evitar que la crisis económica se me convierta también en crisis política. Estoy convencido de que para combatir la crisis económica y para modificar, sin destruir, el sistema político que tenemos, necesito fortaleza política.

El crecimiento del panismo me preocupa severamente. Su tendencia a ganar las capitales estatales es peligrosa. Una ola de triunfos en ese nivel me puede traer problemas de falta de control, ya que los panistas podrían formar un bloque de capitales de estado para obstaculizar la labor del gobierno.

De momento, estuvimos frente al riesgo de la ejemplaridad, esto es, de que al caer en manos de los panistas unas capitales, esto promoviera la caída de otras. Temí que la estrategia panista fuera precisamente la de organizar un dominó interno, en el que una ficha tirara a la siguiente, pues ello podría conducir al debilitamiento del gobierno en términos generales.

Por ello, alenté al PRI para que luchara con sus mayores fuerzas contra la creciente ola panista, la ola azul. Yo mismo atendí más de cerca los procesos electorales posteriores al de Chihuahua. Hice giras de trabajo por los estados de Baja California y de Sinaloa justo antes de que tuvieran lugar los concursos electorales, a fin de que mi presencia y la del aparato federal sirvieran de telón de apoyo a los priistas de la localidad.

El esfuerzo por fortalecer al PRI no ignora que, tal vez, los triunfos de la oposición pudieran favorecer en el largo plazo la credibilidad del gobierno, en el sistema y en el partido. De momento, sin embargo, hubo que ponderar los riesgos de corto plazo, y reconocer que la autoridad del gobierno es un valor fundamental en nuestro sistema.

Nuestra decisión de permanecer en control del poder necesariamente produjo reacciones distintas en cada área, porque cada quien tiene su estilo. El PRI ha actuado en ciertos lugares con rudeza, pues ésa ha sido su única forma de responder. La novedad, tal vez, es que ahora el PAN también juega rudo, y que en aquellos lugares donde puede, también realiza alquimia o relleno de ánforas.

Sea como fuere, sé que la forma en que se ha actuado ha generado grandes dudas sobre la limpieza de ciertos procesos electorales. Sé que se ha hablado de que el PRI actuó en forma muy brusca en Mexicali, en Mazatlán, en Culiacán y en la ciudad de Puebla.

Por otro lado, el fenómeno del panismo tiene algo de patológico. No fueron realmente panistas, sino líderes empresariales, quienes se presentaron a competir por las presidencias municipales de esos lugares. Baste analizar las características de Eugenio Elorduy, de Mexicali; Jorge del Rincón, de Culiacán; Humberto Rice, de Mazatlán, y Ricardo Villa Escalera, de Puebla, para saber que tienen un proyecto político de participación que se orienta a buscar el debilitamiento del sistema. No creo que en esas circunstancias convenga facilitarles el paso. Villa Escalera, que es sinarquista, incluso utilizó brigadas violentas.

La regla de los procesos electorales es que las organizaciones locales deben responsabilizarse del proceso y, en todos estos casos, la posición de las autoridades locales ha sido que ganó el PRI. Por mi parte, no he querido que el Poder Ejecutivo Federal, por medio de Gobernación, se erija en la instancia revisora, a menos de que se presenten pruebas evidentes. Nosotros debemos actuar solamente como garantes del orden constitucional.

En este sentido, la Secretaría de Gobernación abrió las puertas a los panistas que alegaban fraude electoral en Mexicali. Durante tres días se trabajó y no pudieron los opositores presentar pruebas relevantes, de manera que ellos mismos se dieron cuenta de que no tienen elementos para comprobar, formalmente, el supuesto fraude.

Por otro lado, los actuales partidos de oposición no son viables ni han hecho ninguna aportación política de importancia. Les doy la razón en muchas de sus críticas y en algunas posiciones, pero conceptualmente están cerrados; ni siquiera es posible dialogar con ellos.

Debo decir que sí estoy decepcionado, pues al iniciar mi gobierno tenía la esperanza de poder dialogar con los partidos de oposición. Pensé que podría expresarles mi plan de gobierno, lograr ciertos consensos operativos, para que una vez que fuera posible, y dentro de ciertos marcos, atender sus críticas. Pero no fue así. Para el PAN nada es posible mientras subsista el PRI, y la izquierda lo condiciona todo a que se acabe el sistema capitalista y se imponga el socialismo. Considero que sus actitudes son inconducentes y estériles, por lo que es imposible tratar de entenderse con ellos.

Por el momento, cualquier triunfo que se les reconozca, los dejará insatisfechos. De todos modos seguirán criticando todos y cada uno de los actos del gobierno.

Yo pienso que la crítica de la oposición debería ser más selectiva, para evitar que los partidos políticos que la integran se conviertan en lo que de hecho son: un muro de lamentaciones.

La izquierda se encuentra en una situación muy diferente de la de la derecha, ya que no ha representado un problema electoral. En realidad, la izquierda ha perdido terreno en las votaciones, lo que hace suponer que deben estar reconsiderando su situación. Tienen motivos de preocupación: no les han servido las estrategias de movilización popular, de provocación y de desestabilización, ni tampoco han aumentado los votos a su favor.

Frente a ellos voy a seguir la táctica de la paciencia: dejar que se desangren solos. Por otro lado, ya he tomado medidas para desmantelar sus feudos presupuestales. En Juchitán, por cierto, triunfó sin duda el PRI, por lo que el PSUM sólo tendrá un alcalde en Guerrero.

La relación de los presidentes municipales panistas con los funcionarios priistas es variada, porque los triunfos del PAN se han dado en diferentes lugares y como resultado de problemas distintos. Esta relación está ligada directamente a las características del gobierno local.

En Hermosillo no tengo clara cuál es la situación, lo que me hace pensar que no es problemática. En San Luis Potosí el conflicto es mayúsculo y se debe a las personalidades que ahí se enfrentan: Jonguitud está dispuesto a hacer todo lo que esté en su poder para que Nava fracase, y Nava desea exhibir a toda costa a Jonguitud, de manera que ahí siempre tendré un peligro latente.

En Guanajuato, Velasco Ibarra ha logrado un entendimiento con su presidente municipal, Rafael Villagómez, quien aunque es del PDM, no está muy pegado al sinarquismo. Así que allí no hay pique y las cosas caminan. En Durango, el presidente municipal panista, Rodolfo Elizondo Torres, está enfrentado con los miembros panistas del ayuntamiento, por lo que el gobierno del estado le está abriendo las puertas a un mayor acercamiento. En Chihuahua, Luis H. Álvarez apenas empieza, pero ahí el gobernador es muy moderado, por lo que posiblemente las cosas caminen sin mayor conflicto.

Es importante cuidar el estado de ánimo de la población, sobre todo ahora que entramos al segundo año consecutivo de crisis económica, pues desgraciadamente el malestar se acumula. Sin embargo, yo siento que el revuelo causado por el PAN con motivo de las elecciones ha ido perdiendo fuerza. La irritación que ciertos procesos electorales causaron ha ido bajando. Aunque los panistas, los intelectuales y ciertos grupos específicos queden resentidos, no hay protesta social de importancia. De manera que lo que me permitirá recuperar la confianza de las mayorías es salir de la crisis económica y controlar la inflación.

Los mexicanos, en general, sienten miedo de que se pierda la estabilidad del sistema. Políticamente, la pregunta que se hacen es hasta dónde va a aguantar el sistema y, con él, el PRI. Ya no está en juego la posibilidad de una revolución, como ocurría hace un año, sino la capacidad del sistema para contener las presiones internas. Se preguntan por nuestra relación de fuerzas frente a grupos corporativos de la sociedad, como por ejemplo los sindicatos, los empresarios, la prensa, porque hay que aceptar que también a la gente que está fuera del PRI le preocupa lo que pasa dentro de este organismo.

Todos reconocen que, con sus cosas buenas y malas, el PRI es el gran sistema de negociación que le ha dado paz social a México por 50 años. La misma derecha, por medio de algunos empresarios, me ha manifestado su resquemor por los triunfos del PAN.

Al PRI hay que renovarlo, pero no puedo hacerlo súbitamente y mientras trabajo por conservar la fuerza política que me es indispensable. Además, no creo que debamos encerrarnos en la trampa de pensar que la democratización es exclusivamente una acción interpartidista. La transparencia electoral, aunque sustantiva, no es el único camino en el que debemos ahondar.

Los postulados clásicos de la democracia occidental representan aspiraciones limitadas por realidades ineludibles. En nuestra circunstancia actual debemos atender la forma y dirección en que actúa el gobierno. Yo creo que es muy importante: 1] lograr un mayor prestigio del Poder Ejecutivo; 2] dar más relevancia a los poderes de la Unión; 3] fortalecer el federalismo, pues en el municipio libre está nuestro verdadero potencial de democratización; 4] crear nuevos sistemas participativos, como los foros de consulta popular, y 5] abrir la política de comunicación social a una mayor participación, para lograr que su contenido refleje mejor lo que somos como nación.

El voto se ha emitido como una calificación de la acción pasada. Las críticas que refleja son muy válidas, pero yo no puedo pagar, en este momento, todos los errores del pasado. No puedo llegar hasta el suicidio político en un afán por limpiar las culpas del sistema. Más que el prestigio que pueda darme la transparencia electoral, me interesa la efectividad y la posibilidad de continuar gobernando. No puedo permitir que cunda la desestabilización del sistema.

Yo tengo más confianza en que lograremos la democratización a través del PRI. Para ello, hay que modernizarlo, haciendo más participativa la selección de candidatos a puestos de elección popular. Los defectos tradicionales en este terreno se deben a causas muy diversas. Es un proceso largo en el que se da la lucha y la negociación. En él, el factótum es el gobernador del estado, quien, sin embargo, tiene que trabajar dentro del esquema del PRI.

El gobernador quiere que los presidentes municipales le sean afines, por lo que trata de filtrar su candidato para ver si el PRI local lo acepta, pues siempre hay el riesgo de que lo rechace o haga otra proposición. En principio, el presidente del PRI local es gente del gobernador, así que los problemas empiezan cuando éste negocia la postulación con los sectores del PRI estatal, pues hay que atender las presiones de cada uno de ellos, y escuchar y negociar con sus líderes.

Una vez que el gobernador ya trabajó con el PRI local, presenta sus candidatos al PRI nacional, el cual entonces determina si la selección es aconsejable. En caso de que considere que alguno de los seleccionados será un candidato impopular, debe promover un cambio, pero atendiendo a los equilibrios locales. El PRI nacional negocia con el gobernador y con el PRI local, los que a su vez pueden rechazar la proposición central. El PRI nacional tiene que cuidar que la planilla propuesta cuente con el apoyo de los priistas estatales, pues son ellos quienes deberán promover al candidato. Si no tienen ánimo para hacerlo, éste tendrá una campaña deslucida.

Esta forma de selección no siempre es buena, pues se tiene que contemporizar con muchas fuerzas, con las consiguientes desventajas. La oposición es más libre en este terreno, por lo que ha centrado su atención en postular candidatos populares con arrastre e, incluso, con el apoyo económico necesario para promover sus campañas.

No me acuerdo en qué sitio me platicaron que el PAN localizó a un médico de gran popularidad en el pueblo, que no era panista, a quien le propusieron que abanderara su causa. Al hacerlo, arrolló con la votación. Nosotros no podemos actuar de esa manera. La mecánica de nuestro partido exige que mantengamos las formas de organización, de conciliación y de negociación que lo caracterizan.

Sin embargo, podemos promover que se seleccionen candidatos más populares, convenciendo a todos los escalones del partido de que deben ser más cuidadosos, pues no estamos dispuestos, en todos los casos, a apoyar la selección que hayan hecho. El miedo al fracaso es el mejor acicate.

En todo caso, debemos estar conscientes de que recibimos un PRI debilitado, cuya dimensión y complejidad hacen imposible un cambio rápido. Por ello, y a pesar de todo, la oposición ganó más municipios que en años anteriores, con lo que sin duda ha logrado un avance.

El año próximo será muy movido en términos políticos, aunque más tranquilo que éste en lo que toca a elecciones. Tendremos que articular la demanda social, promover la gestoría partidista, actualizar la ideología del partido y realizar algunos cambios en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI.

Pienso mover a todo el PRI: verticalmente dentro de sus secciones y horizontalmente mediante los grupos regionales. Tengo que prepararme para las elecciones de 1985. En ese año se realizarán las votaciones intermedias para diputados federales, que normalmente tienen un alto índice de abstencionismo, y los comicios para elegir a siete gobernadores. En 1986 habrá elecciones de 13 gobernadores.

Mi trabajo es fortalecer al PRI, que es el único mecanismo político viable en este país. Será de su renovación de lo que podamos esperar avances. Mi convicción en este sentido me hace uno de los presidentes de la República más priistas que han existido.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.