Presupuesto de 1984

"MES: NOVIEMBRE"

El martes 15 de noviembre envié al Congreso de la Unión la Ley de Ingresos y el Proyecto de Egresos de la Federación para 1984. La diferencia principal en la elaboración y concepción del presupuesto de este año respecto a aquellos que yo presenté cuando era secretario de Programación y Presupuesto se encuentra en el hecho de que este documento se da como parte de un proceso ubicado dentro de una estrategia más amplia aprobada desde la Presidencia de la República.

El presupuesto de este año se elaboró en el marco del Programa Inmediato de Reordenación Económica, el cual por necesidad elaboramos y pusimos en marcha al iniciar mi gestión, así como en el marco de un Plan Nacional de Desarrollo ya editado. Todo esto dio orientaciones importantes al presupuesto, pero lo más importante, tal vez, es que la política económica está aprobada con convicción a nivel del Presidente de la República. Esto hizo que el proceso fuera poco conflictivo en relación con los anteriores.

Durante el gobierno de López Portillo, los miembros de su gabinete se dividían en expansionistas y restrictivistas, formándose lo que él mismo titulaba “verdaderas iglesias”. Yo, en cambio, no he tolerado discusiones conceptuales de fondo, aunque, claro, cada uno de los miembros del gabinete ha pedido más dinero y ha tratado de obtenerlo, pero sin que por ello haya llegado la sangre al río. No ha habido retos o frases pomposas, como ocurría antes, cuando se decía que si no se entregaba tal o cual cantidad se estaba poniendo en riesgo la soberanía nacional o la acción de la justicia social.

Ahora se dio una discusión enmarcada, en la que si bien hubo jaloneos, nunca se llegó a un trance dramático, como de hecho ocurría con frecuencia durante las administraciones de López Portillo y de Echeverría. Otra diferencia importante es que antes siempre existía el temor de que en el último instante el Presidente cambiara de opinión.

Un factor que facilitó mucho el proceso fue la clara conciencia de que yo le doy mucha importancia a la disciplina presupuestaria. Por otro lado, la Secretaría de Programación y Presupuesto cuidó mucho que no se me presentaran conflictos trabados. Desde septiembre, según avanzaba la elaboración del presupuesto, me fueron informando de los problemas que se iban presentando, lo cual me permitió asegurar que en todos los casos se llegara a arreglos bilaterales entre la Secretaría de Programación y Presupuesto y las otras secretarías interesadas.

Además, en mis acuerdos con los diferentes secretarios pude percibir sus presiones y sus necesidades. Ellos me las fueron exponiendo y también me fueron señalando sus diferencias de opinión con la Secretaría de Programación y Presupuesto. En esos casos yo siempre les recomendé que trataran de arreglarse y que me avisaran si no lo lograban. Así que se ejerció un poder de negociación y no de enojo.

El éxito presupuestal de 1983 es innegable, aun cuando el presupuesto de ese año se gestó en un momento en que no había gabinete con el cual negociar las diferentes partidas, lo que me obligó a determinarlas sin apoyo en el diálogo. Lo cierto es que logramos mantener el PIRE y resistimos la prueba de los hechos.

Dos fueron los factores determinantes que nos permitieron lograrlo: que el país contaba con reservas en todos los órdenes y que funcionaron bien los programas de empleo. En un momento dado acepté estos programas porque no tenía otra cosa que ofrecer para paliar la crisis en términos sociales. Su éxito, sin embargo, ha sido una sorpresa para mí.

Aquí cabría reflexionar sobre cómo pudo realmente darse un ajuste de la magnitud del que se realizó en este año, esto es, qué fue lo que permitió disminuir el déficit público de 18.5 a 8.3%. Es difícil saberlo, porque no conocemos con detalle y en forma específica la situación real en la que se encontraba la sociedad a la que aplicamos determinadas medidas económicas. Éste es un tema que habrá que estudiar a fondo más adelante. Tengo la impresión de que el país ha logrado el reajuste gracias a que teníamos reservas de toda naturaleza, y creo que en la explicación histórica que sobre esto deberá darse algún día, debe enfatizarse la estrategia política del ajuste económico.

En cuanto a la Ley de Ingresos, mi gobierno rechazó la proposición empresarial de disminuir el IVA para reanimar la demanda y, con ella, la actividad económica en general. Después de considerar detalladamente con Silva Herzog si era posible bajar dos o tres puntos el IVA, vimos que los cálculos de ingreso-gasto no nos lo permitían sin repercusiones en la carga fiscal. Por lo menos no era posible hacerlo este año. El esfuerzo tarifario es de 500 000 millones de pesos y parecía imposible dejar de compensarlo con el esfuerzo fiscal.

A pesar de la baja recaudación del IVA y de la gran evasión, será posible mantener el nivel de ingresos que necesitamos. Sin embargo, creo que tan pronto como se pueda, tal vez en 1985, sería conveniente reducir el IVA en algunos renglones.

En cuanto a egresos, el presupuesto de 1984 privilegia aquellos rubros que generan empleo y castiga al sector industrial, particularmente a Pemex. Ésta fue una decisión muy difícil de tomar, pero vimos que en el corto plazo resultaba necesario dar prioridad a aquellos sectores que brindan mayor ocupación a la mano de obra como, por ejemplo, comunicaciones y transportes.

Sin embargo, lo fundamental para recuperar los niveles de empleo es inducir al sector privado a que se mueva. La demanda está deprimida, pero ellos tienen capacidad ociosa. La generación de empleos en la iniciativa privada se dará tanto en el uso de esa capacidad ociosa como en el desarrollo de las exportaciones, rubro en el que todavía tienen un margen muy amplio de acción.

De manera que una de mis principales preocupaciones para el año entrante será fomentar el sector privado. Para lograrlo trabajaré no solamente con actitudes concretas al respecto, sino tratando de eliminar las trabas burocráticas que normalmente obstaculizan su desarrollo. Tenemos que atacar políticas al menudeo para resolver problemas específicos. Debemos hacer análisis por sectores para conocer mejor la situación y tenemos que brindar más crédito a los particulares. Esto último se logrará porque vamos a tener una menor demanda de crédito interno de parte del gobierno. Así que para fomentar la iniciativa privada es necesaria, esencialmente, una labor de bordado fino. Uno de los principales logros del primer año de mi gobierno ha sido mantener la disciplina presupuestaria. Esto se logró sin un costo político significativo, esto es, sin graves protestas y sin ataques excesivos a la Secretaría de Programación y Presupuesto.

Creo que la ausencia de respingos importantes ante la disciplina presupuestaria no debe atribuirse tanto a una actitud de miedo o borreguismo de parte de los funcionarios, sino al hecho de que se tomó conciencia de la gravedad de la crisis y de la necesidad de un gobierno fuerte que articule lo heterogéneo y controle las fuerzas centrífugas. En este sentido, la campaña de comunicación social sobre la problemática económica ha tenido éxito no nada más entre los ciudadanos, sino también entre los funcionarios.

Finalmente, pienso que en el programa económico de 1984 debemos hacer un esfuerzo enorme por tratar de evitar que se deterioren más los salarios. No es prudente seguir disminuyendo el nivel de vida de los mexicanos. ¿Lograremos disminuir la inflación sustancialmente? Es imposible determinarlo. Lo único que se puede asegurar es que existe una tendencia a la baja y que, si todo funciona bien, como espero que ocurra, es posible aspirar a 40% anual.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.