Renovación moral: temor a la acción de la Contraloría

"MES: NOVIEMBRE"

Los procesos contra Salomón Nahmad y Jorge Flores Vizcarra han despertado temores en la opinión pública sobre el modo de proceder de la Contraloría. Se ha hablado de la posibilidad de que la Contraloría sea instrumento de venganzas políticas y de que, por otro lado, los funcionarios con manejo de presupuesto, inhibidos por la vigilancia estricta, estén entorpeciendo la administración gubernamental. Se pide, además, piedad para los acusados.

Esto es parte de un fenómeno general en el que primero la gente clama por la acción, y cuando ésta se ejerce, empieza la reacción de “pobrecito”. Las críticas que se hacen encuentran múltiples pretextos. Tal vez el más socorrido es que nos entretenemos con “cacahuates”, cuando debíamos ocuparnos de casos más sustantivos.

Pero a las críticas generales se unen las críticas particulares, pues cada uno de los acusados tiene su propia clientela. Nahmad, quien fue consignado el jueves 20 de octubre como presunto responsable de los delitos de ejercicio abusivo de funciones e irregularidades en el manejo del presupuesto del Instituto Nacional Indigenista, del que era director general, es visto por antropólogos e intelectuales como un “santón”. Su labor entre los indígenas le valió el apoyo de éstos, quienes protestaron por su aprehensión con un “plantón” frente al Instituto.

A su vez, los intelectuales y antropólogos formaron un comité de apoyo y defensa de Salomón Nahmad, que durante un par de semanas movió a la opinión pública con sus escritos. Efectivamente, si uno analiza el currículum de Nahmad, resulta que es esencialmente positivo, lo que por desgracia no lo libera de los errores cometidos.

El caso de Flores Vizcarra, quien era delegado político en Coyoacán hasta el 16 de noviembre en que fue acusado de fraude por cerca de 12 millones de pesos, movió a la clase política, de la que el acusado es un miembro típico. Aquí la pro- testa abierta vino de los miembros del Ejido Nuevo Santa Úrsula, en Coapa, aunque también irritó mucho a los priistas de carrera, que se sintieron lastimados con el desprestigio de Flores Vizcarra.

Yo creo que en estas circunstancias no hay más que perseverar en la línea de acción, independientemente de quién sea o de cuánto sea. La renovación moral no puede medirse según los montos, ni puede detenerse ante quienes iniciaron su gestión conmigo. Respecto al pasado, hemos actuado en los casos en los que ha sido posible integrar un expediente suficiente para hacerlo.

Estoy consciente de que en la realidad todavía estamos muy mal en cuanto a controles y en cuanto a disciplina y, sin embargo, también veo el riesgo de la “controlitis” o de que se genere una atmósfera policiaca. Mi conclusión es que siempre habrá quien piense que es suficientemente listo para burlar todos los controles o, simple y llanamente, quien actúe en forma imprudente. Por eso se justifica una cuota mínima de miedo. Debe permear el concepto de que “el que la hace, la paga”.

Claro que ello debe lograrse, y ahí está lo difícil del equilibrio, evitando rigideces y obstáculos en el aparato burocrático. Además, hay que tener una actitud diferente para aquellos que cometen errores de buena fe, aunque esto sea muy difícil de evaluar.

En fin, yo creo que el miedo que genera la Contraloría va a ser permanente, e incluso considero que hay que fomentarlo. Tenemos que actuar para justificar el sistema y para satisfacer la demanda política de combatir la corrupción. Tal es el caso del momento actual, con la reciente aparición y gran éxito del escalofriante libro Lo negro del Negro Durazo, que orienta la mayor exigencia política en este terreno: la aprehensión del ex jefe de la policía.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.