Iglesia católica: beligerancia renovada

"MES: NOVIEMBRE"

A mediados de noviembre tuvo lugar la XXXII Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Con ese motivo, algunos obispos hicieron declaraciones en las que puede apreciarse el deseo de reclamar derechos que la Constitución les limita.

Esta beligerancia renovada de la Iglesia en México se debe, en primer término, al actual clima de crisis y el consecuente desprestigio del régimen, situación que quieren aprovechar todos los grupos de presión para ver qué sacan y cómo lucran. En esto la Iglesia no se distingue de los empresarios, de los obreros o de la prensa.

Algunos eclesiásticos han solicitado la revisión de artículos constitucionales precisamente cuando ya han probado el peso de su influencia en las elecciones.

Su éxito, que consiste en hacerle el “caldo gordo” al PAN, se demostró en Chihuahua. Por ello, en Baja California fue conveniente cambiar al obispo antes del proceso electoral, servicio por el cual hemos de pagar una buena cuenta. Lo cierto es que precisamente porque ya conoce el peso político de su influencia, la Iglesia no quiere permanecer al margen.

Pero viendo más lejos, creo que su actitud trasciende la coyuntura. Pienso que existe un segundo factor, el más determinante en la actitud de la Iglesia católica mexicana: el proceso de politización y socialización que está viviendo la Iglesia en el mundo.

La politización de la Iglesia se debe, en alguna medida, a la influencia del Papa. Desde Roma llegan a México consignas mundiales que se filtran. Por ejemplo, la iniciativa de tratar de recapturar la educación nacional aparece en una pastoral reciente del Papa.

Ahora bien, creo que la actitud del Papa también debe enfocarse de una manera más amplia, pues los sacerdotes consideran que es su obligación evangélica predicar la moral, y que esta prédica ya no puede limitarse a una moral íntima, personal, sexual, familiar. Piensan que su prédica debe orientarse necesariamente a los problemas de la sociedad, pues de ellos derivan las conductas privadas.

La Iglesia está consciente de que si se margina de la problemática social, puede marginarse de la realidad. Esto es producto de una socialización que, en el sentido más amplio, caracteriza nuestra época. Cada vez más, y en todos los ámbitos, parece imposible sustraerse de los problemas sociales en que se desenvuelve el hombre; la Iglesia tampoco puede hacerlo. Visto con perspectiva histórica, tal vez pueda decirse que la Iglesia ha ido flexibilizando sus normas de moral privada en la medida en que ha ido cobrando más interés por la moral social.

Aquí en México, los sacerdotes tienen conciencia de que su influencia es realmente enorme y abarca a todas las clases sociales. Siendo así, hay que evitar caer en la trampa del enfrentamiento clásico entre gobierno y religión. Hay que en- tender que lo que está pasando en la actualidad no es la repetición del proceso vivido en el siglo XIX, y que tampoco tiene nada que ver con el problema de los cristeros. Plantearlo así sería simplificar nuestra realidad.

Creo que hay que actuar con cautela, respetando un proceso histórico inevitable y tratando de convencer a la jerarquía eclesiástica de que lo que más les conviene es estar con nosotros y no tratar de subvertir a los gobiernos revolucionarios, lo que equivale a subvertir el proceso histórico concreto de nuestro país.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.