Centroamérica: diferencias entre la guerrilla de El Salvador y de Nicaragua

"MES: NOVIEMBRE"

LA CUESTIÓN CENTROAMERICANA ESTÁ CALIENTE y se está calentando aún más. Por ello, no resultó sorprendente que el jueves 10 de noviembre me visitaran tanto el embajador itinerante de los Estados Unidos, Richard Stone, como el jefe de Estado nicaragüense, Daniel Ortega.

Sin embargo, cabe aclarar que fue casual el hecho de que hayan coincidido el mismo día. Stone estaba realizando una visita por el área y me había pedido, aunque no con demasiada anticipación, una cita. Cuando ésta ya estaba acordada, Daniel Ortega decidió hacer una gira para visitar a los presidentes de los países del Grupo Contadora. Si Ortega vino primero a México, y aquí coincidió con Stone, fue porque Nicaragua le tiene más confianza a México que a cualquiera de los otros países del Grupo Contadora.

Así que, aunque no fue preparado, puede considerarse significativo el hecho de que ambos hayan estado en México el mismo día. Demuestra que podemos dialogar con las dos partes en conflicto y, en principio, influir en los acontecimientos.

Richard Stone es una de las caras amables de los Estados Unidos. Inició la conversación diciéndome que su país agradece el esfuerzo que realiza el Grupo Contadora y que continúa apoyando la búsqueda de una paz negociada. Su afirmación me obligó a responderle que me daba mucho gusto que los Estados Unidos ratificaran su apoyo a Contadora y que, sin embargo, a veces resultaba muy desorientador escuchar a otros voceros autorizados de su gobierno manifestarse abiertamente contra los sandinistas, pues parecía que la política norteamericana se manejaba por dos carriles simultáneamente.

Al escuchar esto, Stone y su acompañante, el embajador de Estados Unidos en México, John Gavin, se rieron, pues para nadie es un secreto que el Senado norteamericano acaba de aprobar la continuación de las actividades "encubiertas" de hostigamiento contra Nicaragua, así como el apoyo militar y económico de la Agencia Central de Inteligencia a unos 15 000 contrarrevolucionarios que combaten al gobierno sandinista. Tanto esto como los planes auspiciados por los Estados Unidos para que Condeca protagonizara la invasión de Nicaragua, han sido mencionados por la prensa norteamericana.

Para salir del paso, Gavin dijo, mientras reía, que la política norteamericana se manejaba por cuando menos cuatro carriles. Con ello tuvieron que reconocer abiertamente que se están moviendo en el frente de la negociación y de la agresión al mismo tiempo.

El hecho, como quiera que sea, es que los norteamericanos han afinado su esquema para una posible negociación en Centroamérica. En primera instancia, ahora consideran necesaria la búsqueda de un acuerdo tanto entre los diferentes gobiernos como entre las fuerzas políticas y sociales en el seno de cada país. Este último punto, propuesto por el Acuerdo Franco-Mexicano, fue el que en su momento los escandalizó tanto. Por ello, su cambio sólo puede entenderse como resultado de que han reconocido que en El Salvador, si dejan que las cosas lleven su ritmo, la guerrilla más radical va a triunfar. Ahora están convencidos de que el gobierno de ese país necesita negociar con las fuerzas en conflicto.

Pero al aceptar esta proposición, pretenden aplicar a Nicaragua la receta de El Salvador. Tal postura ignora que son ellos quienes están sosteniendo en Nicaragua la lucha contra el gobierno. Al escudarse tras una misma fórmula para situaciones diversas, piden que los sandinistas dialoguen y lleguen a un acuerdo con el clero, con los empresarios, con la prensa y con algunos grupos contrarrevolucionarios.

Estos requerimientos concretos forman parte del esquema de cuatro puntos que tienen en mente para una negociación en Centroamérica, y que de hecho coincide con lo que México ha propuesto y los sandinistas han aceptado. Los cuatro puntos son: que Nicaragua sostenga una postura de no alineamiento con el bloque socialista; que se comprometa a no promover la subversión entre sus vecinos; que se produzca un proceso democrático interno, y que se mantenga el esquema de economía mixta.

Los sandinistas están de acuerdo con estos puntos. Ellos reconocen que no quieren alinearse con la Unión Soviética o con los socialistas, pero para no hacerlo requieren la ayuda económica de otros países, incluso, en el largo plazo, de los mismos Estados Unidos. Están de acuerdo en que no haya subversión en los países vecinos, siempre y cuando se les brinden a ellos las seguridades necesarias para no verse ahogados. Desean que exista una democracia plural. Afirman que ya están dialogando con la Iglesia, con los empresarios y con la prensa. Naturalmente, se encuentran más renuentes a platicar con los "contras". Quieren que haya elecciones, pero en el plazo y con las modalidades que ellos fijen. Finalmente, están también de acuerdo en que se fomente la economía mixta.

Parecería que al afinar el esquema se está más cerca de la solución, pero en realidad no es el caso. El problema se torna más candente porque en él influye la situación mundial, esto es, la mayor tensión en las relaciones entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Por su parte, Guatemala, Honduras y el gobierno de El Salvador mantienen una posición ultradura, porque se sienten amenazados. Costa Rica está cada vez más cerca de ellos, a pesar de que el 13 de noviembre renunció Fernando Volio, su canciller ultraderechista.

La situación real en Nicaragua es que ya están invadidos. Daniel Ortega me mostró un mapa de las fuerzas contrarrevolucionarias dentro de su país y, aunque existe una concentración en la parte noroeste, hay un franja que rodea todo el país y que apunta hacia Managua. Con este mapa fue con el que Ortega vino a pedirnos que hiciéramos algo.

México tiene un mayor compromiso con Nicaragua del que tiene con El Salvador, porque en Nicaragua el acoso al gobierno constituido es en buena medida externo, en tanto que en El Salvador se está dando un proceso de guerra civil. Nosotros hemos querido mantenernos al margen de la problemática interna de cada país, y hemos luchado por la solución de los problemas entre los diversos países. He decidido mantenerme al margen del esfuerzo por detectar fuerzas concretas dentro de la política interna de los diversos países centroamericanos. Creo que no conviene brindar apoyo político y económico a ese tipo de grupos, aunque ésta haya sido la política que aplicaron Echeverría y López Portillo.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.