Sindicato petrolero: corrupción y grescas entre sus líderes

"MES: OCTUBRE"

Mientras transcurrían los sucesos que he narrado, permeaba el ambiente político del país una riña de alcances fenomenales: la de los líderes petroleros. Su trascendencia consistió en que fueron exhibidas las estructuras más viciadas de nuestro sistema político. La historia, en síntesis, es la siguiente.

El 8 de agosto, Salvador Barragán Camacho, secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, cometió un grave error de cálculo, pues denunció ante la Procuraduría General de la República a Héctor García Hernández, secretario de Educación y Previsión Social del Comité Ejecutivo del sindicato. Lo acusó de haber defraudado 958 millones de pesos al sindicato e hizo público este asunto mediante una conferencia de prensa.

El error de cálculo consistió en que Barragán Camacho creyó tener armas suficientes para evitar que el proceso se volteara en su contra, a pesar de que García Hernández, conocido en el medio como "El Trampas", era socio tanto suyo como de Joaquín Hernández Galicia, "La Quina".

Las consecuencias no se hicieron esperar. Ocho días después de la denuncia, el 23 de agosto, el principal grupo disidente dentro del sindicato, el Movimiento Nacional Petrolero Independiente Lázaro Cárdenas, acusó a "La Quina" y a Barragán Camacho de usar el membrete del sindicato para disfrutar de concesiones de Pemex. Este grupo dijo que para sanear Petróleos Mexicanos era indispensable que primero se democratizara el sindicato petrolero. Aunque tímida, ésta fue la primera manifestación pública de la lucha intergremial existente entre los petroleros.

Unos días después, el 29, ocurrió aquello que seguramente Barragán Camacho creyó imposible: "El Trampas" cantó. Efectivamente, García Hernández publicó en la prensa nacional una carta dirigida a mí, en la que pedía que se realizara una auditoría al sindicato petrolero, al tiempo que responsabilizaba a Joaquín Hernández Galicia y a Salvador Barragán Camacho de cualquier cosa que le pasara y del destino de 20 000 millones de pesos entregados en efectivo.

Ese mismo día, Fidel Velázquez hizo evidente su postura ante el proceso que se iniciaba. Declaró enfáticamente que el sindicato petrolero se manejaba con limpieza y honestidad, y que el Estado no estaba facultado para realizar auditorías en los sindicatos.

Finalmente, el 31 de agosto, el PDM, el PPS, el PAN y el PSUM pidieron, haciéndose eco de la opinión pública, que las autoridades federales investigaran a fondo la corrupción en el sindicato.

Así que en el curso del mismo mes de agosto aparecieron aquellos elementos que se harían reiterativos: la lucha intergremial; las acusaciones de "El Trampas" contra "La Quina" y Barragán Camacho; el apoyo absoluto de Fidel Velázquez a los máximos líderes petroleros, y la presión que los partidos políticos y la opinión pública ejercieron sobre el gobierno para que éste interviniera a fondo en el caso. Pronto estos factores fueron subiendo de tono y entremezclándose con hechos violentos que los agravaron.

El 8 de septiembre, Héctor García Hernández fue secuestrado por elementos de "La Quina" y de Barragán Camacho en McAllen, Texas. Una hora antes de que esto ocurriera, "El Trampas" había declarado a un enviado de Excélsior que tenía pruebas de que los maquinadores y beneficiarios de la corrupción sindical en Petróleos Mexicanos eran Barragán Camacho y Hernández Galicia. Señaló también que el poder económico y político de éstos era tan grande, que seguramente la Procuraduría General de la República los estaba protegiendo.

Ese mismo día tuvo lugar en la Ciudad de México una reunión plenaria de los secretarios seccionales del sindicato para aclarar, según declaraciones del mismo Barragán Camacho, las falsas imputaciones de que estaban siendo objeto los líderes petroleros con motivo de la acusación de fraude contra García Hernández. Durante la reunión, el secretario de la Sección 33 de Tampico, Abelardo Dosal, declaró que el sindicato era víctima de una campaña iniciada por dos secretarios de Estado a quienes calificó de "churumbeles", refiriéndose a Reyes Heroles y a Farell, que son hijos de españoles. El orador amenazó con que, de continuar los ataques, el movimiento petrolero, en unión con otros sindicatos, podría hacer una revolución. Naturalmente, rechazó la posibilidad de que se practicara una auditoría al sindicato.

Es difícil precisar lo que pasó durante esa reunión sindical, pero me han dicho que ocurrió de todo: se repartieron sumas importantes de dinero, bebieron, discutieron. En fin, parece que fue una reunión tormentosa. El hecho, sin embargo, es que al salir de ella, Óscar Torres Pancardo, secretario general de la Sección 30 del sindicato y presidente municipal de Poza Rica, Veracruz, murió en un "accidente" automovilístico.

Todo lo que rodea ese "accidente" tiene visos de anormalidad. El chofer del vehículo fue asesinado, con una bala que entró por el temporal izquierdo. Sin embargo, los testigos del carro escolta dicen que se "suicidó" al ver que había chocado y que su jefe había muerto.

Las irregularidades cometidas en todo lo relacionado con este asunto fueron calificadas por la opinión pública como manifestaciones claras de la impunidad de que gozan los líderes petroleros. Naturalmente, esta situación deterioró la imagen tanto del sindicato como del gobierno ante la opinión pública.

La prensa se ocupó ampliamente de estos hechos. Se escribieron un sinnúmero de editoriales en los que se enfatizó la corrupción dentro del sindicato. Se habló de la venta de plazas, la desviación de fondos, la venta ilegal de petróleo, las acciones "gansteriles" de sus líderes y la lucha intergremial en el sindicato petrolero. Las interrogantes y especulaciones fueron muchas, pero la principal se refería a la respuesta que daría el gobierno.

Muchos editorialistas me atribuyeron la maniobra de descubrir la corrupción del sindicato de Pemex como un paso más en la campaña de renovación moral. Otros, en cambio, vieron en ella el destape de un conflicto interno por ganar posiciones ante el relevo de los líderes seccionales del sindicato, programado para finales de año, el cual, en última instancia, repercute en el cambio de secretario general del Comité Ejecutivo que tendrá lugar en 1984.

Quienes me atribuyeron la maniobra me concedieron más fuerza de la que tengo, lo que no es malo para mi imagen pública. Lo cierto es que la causa fundamental del enfrentamiento entre los líderes petroleros fue el proceso de sucesión. El año entrante vence la prórroga del periodo de dirigencia de Barragán Camacho, que de cuatro años se había extendido a seis. Sin embargo, desde ahora han empezado a renovar la dirigencia de las diferentes secciones del sindicato, pues debemos entender que éste es una especie de confederación de feudos, en la que, hasta ahora, "La Quina" ha podido establecer un equilibrio por medio de Barragán Camacho.

Cabe también mencionar que la secretaría general del sindicato es, de acuerdo con un pacto interno, rotativa. El sistema está dividido en tres zonas. Éstas son la norte, que incluye Tamaulipas, San Luis Potosí, la parte norte de Veracruz y Chihuahua; la centro, correspondiente a la cuenca del Papaloapan, la zona centro de Veracruz, incluyendo Poza Rica, y las refinerías de Salamanca, Azcapotzalco y Tula, y la sur, que abarca el sur de Veracruz, incluyendo Minatitlán, Campeche y Tabasco. A cada zona le toca la secretaría general por cuatro años.

Barragán Camacho pertenece a la Sección 1 de Ciudad Madero, Tamaulipas, correspondiente a la zona norte. Arribó al cargo en sustitución de Óscar Torres Pancardo, de la Sección 30 de Poza Rica, que está en la zona centro. El próximo turno le corresponde a la zona sur, en la que la sección 10 de Minatitlán es la más importante. A ella pertenece "El Trampas".

Todo parece indicar que Barragán Camacho trató de utilizar el acuerdo de renovación moral que hizo conmigo para manipular la sucesión sindical. Pero cuando el asunto comenzó a salírsele de las manos, tanto él como "La Quina" quisieron verme, pues se dieron cuenta de que el proceso de García Hernández los estaba perjudicando.

Yo no los recibí, porque no tenía detalles de lo que estaba ocurriendo y porque todavía estaba tratando de esclarecer quién es realmente "La Quina": ¿el ladrón o el bandolero social? Necesitaba un cuadro más claro de cuáles eran las fuerzas en juego, para determinar una estrategia que pudiera guiar mis acciones. Mientras tanto, preferí pedirle al secretario de Gobernación y al director de Pemex que me torearan a los líderes petroleros, al tiempo que obtenían la información necesaria.

La prensa insistía en que "La Quina" y Barragán Camacho se habían adelantado a las posibles investigaciones de la Procuraduría, ya que éstas podrían involucrarlos. Se decía, pues, que la denuncia contra "El Trampas" tenía por objeto mostrarme que el sindicato era capaz de realizar la renovación moral en las filas sindicales. Tales opiniones concluían retándome a que tomara las medidas necesarias para acabar con los privilegios y el poder político de los líderes petroleros.

Los hechos se sucedían. El viernes 9 de septiembre, Fidel Velázquez declaró que siempre han existido grupos que pretenden desarticular el sindicato petrolero, y advirtió que no lo lograrían, por ser éste un gremio macizo y fuerte. El sábado 10, Héctor García Hernández, "El Trampas", fue consignado, mientras los partidos de oposición solicitaban a la Procuraduría General de la República y a la Contraloría General de la Federación que se investigara a fondo la corrupción en el sindicato.

El domingo 11, la disidencia petrolera, ahora envalentonada por las frecuentes críticas al sindicato, llegó a acusar a "La Quina" y a Barragán Camacho de ser culpables "del 85%" de la situación económica que vive México. Señaló que, durante la administración de Díaz Serrano, fueron ellos quienes saquearon el país. En esa ocasión, el Movimiento Nacional Petrolero pidió que se desaforara al senador Barragán Camacho para que respondiera ante las autoridades por la corrupción en el sindicato y por la muerte de Torres Pancardo.

El desprestigio de los líderes brotaba por todos lados. Hubo muchos artículos que hablaban de excesos en la vida privada de estos caballeros. En uno de ellos, tal vez no muy fidedigno pero sí muy sonado, Irma Serrano afirmaba que había presenciado, hacía ocho meses, cómo Barragán Camacho y "La Quina" cruzaban apuestas en Las Vegas hasta por 800 000 dólares en un solo tiro.

Por su parte, ambos líderes decidieron en esos días dar entrevistas de prensa. "La Quina", aparte de afirmar que él nunca había robado un centavo a los trabajadores, destacó que el petróleo es lo único que trae dinero a México, y que los "nacionalistas- revolucionarios" no debían permitir que los reaccionarios aprovecharan los errores de los hombres para echar más lodo o suciedad a las instituciones, pues sólo buscaban que "nos pongamos de rodillas" para beneficiar intereses bastardos.

Barragán Camacho fue más claro. El martes 13 de septiembre, en conferencia de prensa, acusó al titular de la Secretaría de Educación Pública, Jesús Reyes Heroles, de atacar sistemáticamente al sindicato. Ese mismo día, Fidel Velázquez brindó el respaldo total de la CTM al sindicato y a sus líderes Barragán Camacho y Hernández Galicia. Señaló que el sindicato petrolero era atacado desde fuera y que ello afectaba al movimiento obrero en general.

El ambiente se estaba poniendo muy difícil. Las declaraciones de don Fidel demostraban que se estaba expandiendo el temor, dentro del movimiento obrero, de que yo quisiera utilizar la renovación moral para hacer una reestructuración sindical. Por ello, el lunes 19 de septiembre, al inaugurar la asamblea del Sindicato de Telefonistas, dije que las tareas de renovación moral y de reestructuración del sindicalismo corresponden exclusivamente a los trabajadores. Hice esta declaración para que se viera que yo no tenía un plan preconcebido para reorganizar el movimiento obrero.

Si Lázaro Cárdenas lo hizo, fue porque no había un sindicalismo fuerte. Ahora que hay un movimiento sindical con posiciones importantes y con un peso político determinante, no puedo meterme a reordenarlo o, por lo menos, no puedo hacerlo mientras combato una crisis de la magnitud de la que hemos vivido en este año.

Para mí es indispensable un entendimiento razonable con los obreros. La opinión pública, por lo menos la más informada, entiende las cosas: sabe que no puedo hacer todo al mismo tiempo; sabe que no puedo atacar a fondo el problema del sindicato petrolero sin considerar, por ejemplo, el peligro de boicot a las instalaciones de Pemex. Además, si entrara yo a resolver el problema de la corrupción en Pemex, tendría que hacer otro tanto en la gran mayoría de los sindicatos. No creo que la situación sea muy diferente en sindicatos como el de la Comisión Federal de Electricidad o el de Ferrocarriles.

En fin, el proceso ha tenido repercusiones amplias. Ha sido interesante observar cómo don Fidel ha aprovechado la circunstancia de que "La Quina" anda bocabajeado para acercárselo. Ahora don Fidel se da el lujo de recibir, orientar y aconsejar a quien antes se comportaba en forma muy autónoma. Las relaciones entre ellos, que incluso eran un poco tirantes, se han fortalecido mucho.

Mientras tanto, la disidencia petrolera también aprovechaba las circunstancias. El sábado 24 de septiembre, el Movimiento Nacional Petrolero acusó a Joaquín Hernández Galicia y a Salvador Barragán de haber asesinado a los dirigentes petroleros Heriberto Kehoe, en diciembre de 1976, y Óscar Torres Pancardo. Ese mismo día, el gremio petrolero de Naranjos, Veracruz, se manifestó en las calles para acusar al líder petrolero local de deshonestidad, nepotismo y corrupción. El domingo 25, algunos trabajadores transitorios de varias zonas petroleras denunciaron la venta de plazas en el sindicato.

En octubre, los grupos disidentes continuaron moviéndose, haciendo acusaciones cada vez más graves a los líderes petroleros y exigiendo de manera más abierta la intervención del gobierno.

La prensa siguió publicando muchos editoriales al respecto, aunque cada vez con menos información, pues ni al sindicato ni al gobierno le convenía que el asunto siguiese tan candente. Sin embargo, los ataques continuaron, ahora dirigidos a los "negocios" del sindicato.

El 27 de septiembre se dijo que el sindicato recibió, en febrero de 1980, la concesión para comprar la barita utilizada en la perforación de pozos. Se habló de ganancias ilícitas superiores a los 14 000 millones de pesos, de empresas fantasmas y de un perjuicio a Pemex por el 45% del valor de lo cobrado.

El 23 de octubre, el Movimiento Nacional Petrolero dijo que los líderes del sindicato habían recibido de Pemex el contrato de venta de los residuos de las refinerías de Salamanca, Tula, Cadereyta y Minatitlán. Añadió que los líderes vendían este producto, llamado slop oil, a una compañía norteamericana por 130 000 millones de pesos anuales.

Durante agosto, septiembre y octubre, la mecha que mantenía vivo el fuego fue el proceso contra "El Trampas". Se le había acusado de defraudar al sindicato desviando el dinero que, en su representación, cobraba a Pemex como parte del 2% que la empresa deduce del monto total de las obras y servicios ejecutados por contratistas libres y que entrega al sindicato para obras de beneficio social.

Inicialmente se dijo que "El Trampas" había cobrado ese dinero sin la debida autorización del sindicato. A pesar de las pruebas que García Hernández dio al respecto, Petróleos Mexicanos cometió el error, el 25 de septiembre, de notificar a la Procuraduría que desde diciembre no existían antecedentes de que García Hernández estuviera autorizado para realizar dicho cobro.

Todo esto avivaba el interés de la opinión pública, sobre todo por la enorme cantidad de dinero de la que se hablaba y por las irregularidades de todo tipo que caracterizaron la muerte de Torres Pancardo. El comportamiento general de los líderes petroleros hizo que el público sintiese que se estaba destapando una verdadera cloaca.

"El Trampas" exhibió documentos que demostraron claramente que sí estaba autorizado por el Comité Ejecutivo del sindicato para cobrar esos cheques. Su explicación, dada a conocer desde el 30 de agosto, era muy clara. Él cobraba los cheques cuando se lo indicaba Barragán Camacho, pues no era el único autorizado para hacerlo, y depositaba ese dinero en una cuenta bancaria personal, para después girar contra ella y entregar el dinero a quien se le indicara. Según sus declaraciones, se lo dio todo a Barragán Camacho y a "La Quina". La explicación es clara. Ahora habrá que ver si puede comprobar esas entregas.

Impulsado por ellos mismos, el asunto iba creciendo, pues García Hernández y Barragán Camacho constantemente se hicieron acusaciones en las que cada vez daban a conocer más irregularidades. Salvador Barragán afirmó que se presentaría al juzgado para un careo con "El Trampas", lo que después no hizo. Las bravuconadas continuaron, pues "El Trampas" acusó a Barragán Camacho, a "La Quina" y a funcionarios medios de Pemex, de corrupción, en tanto que Barragán anunció que en días próximos presentaría otra denuncia judicial contra García Hernández.

Pero el asunto no quedó ahí. Tras estas escenas que desgastaron tanto la imagen del sindicato y del mismo gobierno, ocurrían los eventos que en el fondo las explicaban: se adelantaron las elecciones para renovar los comités ejecutivos en las secciones del sindicato. Es lógico suponer que "La Quina" se movió para evitar las manifestaciones de inconformidad dentro del gremio. Resulta importante señalar que, el viernes 7 de octubre, Barragán Camacho destituyó a David Ramírez Cruz, el líder de la sección de Minatitlán que buscaba la reelección y, con ello, el liderazgo del sindicato.

Para finales de septiembre yo tenía conocimiento de que el problema de la sucesión consistía en que Salvador Barragán Camacho quería reelegirse. Para hacerlo, necesitaba reformar los estatutos del sindicato, situación con la que "La Quina" no estaba de acuerdo, pues sentía que era necesario respetar el pacto interno para mantener el equilibrio entre los líderes petroleros. Su decisión no obedecía a que la gente de la zona sur fuera suya, pues en realidad conforman otro grupo con el que "La Quina" no tiene relaciones muy cordiales. Sin embargo, temía que si no se respetaba el pacto, podría alebrestársele todo el sindicato.

"La Quina" ha entrado en una relación de frialdad con Barragán Camacho, porque siente que éste ha cometido errores en el manejo sindical y ha difundido, con sus excesos personales, una imagen negativa para el sindicato. "La Quina" continúa siendo el factótum en el sindicato, pero para conservar dicha posición necesita el apoyo del gobierno.

Decidí aprovechar el desgaste que este escándalo ha significado para el sindicato para moderar algunas de sus posiciones. En realidad, mi única opción en este momento es aprovechar la fuerza relativa que la situación me brinda. Yo sé que el problema creado por los petroleros está afectando negativamente la imagen del gobierno, pero también sé que el desgaste del sindicato es mayor que el nuestro, y eso es lo que hay que aprovechar.

En todo momento tuve presente que la acción del gobierno en este asunto estaba limitada por la necesidad imperiosa de evitar que se afectara el desarrollo de la empresa. Por ello, a pesar de que hubo cosas anómalas e irregulares en todo este asunto, no fue posible que nos metiéramos a limpiar lo que hay de equivocado en el sindicato petrolero. Tampoco podemos destruirlo, porque no tenemos con qué sustituirlo.

El sindicato es una confederación de feudos muy compleja, en la que resulta difícil saber quién es quién, dónde están, cuáles son sus fuerzas. Para actuar en terreno más firme, había pedido al director de Pemex y a los titulares de Gobernación y del Trabajo que tantearan el camino. Necesitaba serenar a los líderes petroleros para evitar que continuaran actuando en forma que nos dañaba a todos, y para sacarles un pacto de renovación.

Finalmente, el 21 de octubre recibí a Joaquín Hernández Galicia, quien durante todo este tiempo me había estado solicitando una entrevista. "La Quina" llegó menos extrovertido, confianzudo y prepotente de lo que había sido en otras ocasiones. No mencionó para nada que él representaba al gremio más importante del país, ni trató de impresionarme demostrándome que podía ser distante, como lo hizo poco después de iniciado mi gobierno, cuando me dijo que no había venido a mi toma de posesión porque le habían dicho que en esa ocasión yo lo mandaría matar.

Joaquín, porque debo aclarar que los líderes petroleros y yo nos tuteamos desde la época en que yo trabajé en Pemex, estaba sereno y respetuoso, consciente de que no era el momento para desplantes. En fin, Beteta y Bartlett, que me lo habían venido toreando, hicieron una buena labor.

Desde el primer momento me resultó claro que "La Quina" tenía miedo; miedo por el deterioro que para el sindicato han significado los eventos recientes y las opiniones críticas que la prensa ha vertido sobre ellos. Me dijo que estaba convencido de que Reyes Heroles era quien estaba armando las campañas de prensa contra el sindicato.

Su acusación no me sorprendió, porque sé que mi amistad con Reyes Heroles le obsesiona. Ya me había hecho patente que no había olvidado que Jesús Reyes Heroles, cuando fue director de Pemex, lo constriñó e incluso trató de dar poder a líderes contrarios. Recuerdo que durante mi campaña electoral, cuando estuve en Ciudad Madero, los líderes petroleros me preguntaron, sin esconder su recelo, si les iba a poner a Reyes Heroles en Pemex. Antes de la toma de posesión, me pidieron que mejor les dejara a Moctezuma, así que el nombramiento de Beteta seguramente los habrá sorprendido.

Sea como fuere, mi respuesta ante la acusación que ahora hacía Hernández Galicia a Reyes Heroles consistió en desechar la posibilidad de que fuera cierta. Le dije que yo no podía permitir que un miembro de mi gabinete se comportara de esa manera. Le pedí, además, que abandonara la idea de que mis secretarios eran quienes lo estaban atacando, pues de ser ése el caso, ello implicaría que yo estaba detrás del asunto, lo que desde luego no era cierto.

Le aclaré que expresamente les había preguntado tanto a Reyes Heroles como a Farell si ellos tenían alguna participación en tales campañas, y ambos me lo habían negado enfáticamente. Así que la única explicación de que ellos hubieran participado en este asunto es que tuvieran una actitud doble.

—Precisamente ésa es la forma de ser de Reyes Heroles —me contestó "La Quina", e insistió en que estaba participando en esas campañas de prensa.

Yo le repetí que estaba seguro de que no era el caso, pues tenía confianza en lo que mis colaboradores me decían. Le pregunté si tenía pruebas para hacer tal afirmación, y él me respondió que había traído cuatro testigos que había dejado en la antesala. Entre ellos estaban Francisco Hernández Hernández, ex dirigente de la CNC, Samuel Terrazas Zozaya, ex secretario general del sindicato petrolero, y por cierto un individuo a quien Reyes Heroles ayudó cuando fue director de Pemex, y otros dos más que no identifiqué claramente. Me dijo que estas personas podían atestiguar que Reyes Heroles los había maltratado verbalmente.

Le pregunté si estos hechos eran recientes, y contestó que eran anteriores a mi administración. Entonces le hice ver que sus pleitos con Reyes Heroles, cuando éste era director de Pemex, no son mi problema. Añadí, además, que Reyes Heroles está ahora en otra rama totalmente distinta.

En cuanto al pleito con Farell, me explicó que éste proviene de la época en que Farell trató de meterlos al Seguro Social. Yo insistí en que Farell sólo estaba cumpliendo con su obligación, pero "La Quina" me dijo que se había molestado porque "no nos consultó".

Después se soltó diciéndome que lo que pasaba es que tanto Reyes Heroles como Farell eran gachupines, y que tenían ese carácter español tan grosero. Insistió en que no eran como nosotros, pues no se sabían controlar. Yo le dije que tal vez ése era el caso, dando con ello una salida al tema.

El tono de la conversación estaba dado. Entonces "La Quina" reconoció que había corrupción en el sindicato. Pero me dijo:

—Yo soy derecho, soy honrado; jamás he tomado dinero del sindicato. Si tengo algo, es porque me he dedicado con algún éxito a la ganadería. Ahora estoy dispuesto a luchar para limpiar el sindicato. Quiero quitar a esos líderes que venden plazas o se roban el dinero de los trabajadores. Voy a hacer la renovación moral en el sindicato para secundarte.
—Mira, Joaquín —le contesté— no es para secundarme. Hay que reconocer que las cosas que antes se podían hacer y no se veían mal, ahora no se pueden hacer ni se ven bien. Y si nos vamos a renovar, es para que no se nos derrumbe el sistema, porque se nos derrumba a todos. Piensa que el país que teníamos ya se acabó, y que si no actuamos se va a acabar el sistema de vida que conocemos. Se van a acabar juntos las virtudes y los defectos. Por eso yo creo que hay que tratar de conservar las virtudes, deshaciéndonos nada más de los defectos. Yo considero que hay que hacer un saneamiento interno, pero el saneamiento de los sindicatos les toca a ustedes. Una parte me toca a mí, y ésa es la que corresponde al aparato gubernamental. Si yo lo saneo, pues lo de ustedes se va a hacer más notorio. Antes, todo el mundo le entraba por igual, pero si ahora cambia el gobierno, entonces lo que ocurra en los sindicatos, en la prensa y entre los empresarios se va a hacer más notorio. El sistema exige nuevas medidas, así que la renovación moral no la vas a hacer para apoyarme; la tenemos que hacer para que sobrevivan las cualidades del sistema de vida que conocemos.

Como puede verse, el diálogo que sostuve con "La Quina" no fue muy normal, al menos para mí. El nivel intelectual y moral de mis interlocutores es el que me fija la pauta, pues si yo no hiciera el esfuerzo por buscar a cada quien su nivel, no podría dialogar con muchos grupos de nuestra sociedad. Los petroleros tienen una mentalidad primitiva, a pesar de su éxito relativo. Hay que recordar aquello que decía Ruiz Cortines: "Cada quien es inteligente para alguna cosa", y no cabe la menor duda de que "La Quina", a pesar de ser un hombre burdo, ha sido muy inteligente en lo suyo.

Pronto surgió el tema de la sucesión en el sindicato petrolero. Al respecto, "La Quina" me dijo:

—Yo sé que "Chava" se quiere reelegir, pero la verdad es que ha cometido muchos errores que han dañado la imagen del sindicato. Estos errores se deben a su forma de ser. Si él es gastador, mujeriego y escandaloso, si ha cometido excesos, es culpa de su mujer; ella lo hace sufrir mucho. Pero yo lo voy a poner en orden. De acuerdo con nuestro pacto de rotación, ahora le toca la Secretaría General del Comité Ejecutivo a la zona sur, así que el nuevo líder será Sebastián Guzmán Cabrera. Es un ladrón y un traidor. Pero yo lo voy a disciplinar. Por otro lado, voy a tener que sacar a varios líderes locales, como ése de Salamanca, Ramón López Díaz, el que asesinó a su secretaria y está huyendo.

Y vaya que si la historia que me contó ejemplifica la forma de ser de esos líderes. Según "La Quina", López Díaz, en una borrachera con amigos, se puso a jugar a la ruleta rusa. Todos se apuntaron con la pistola, hasta el hijo del líder, pero fue a la muchacha a quien "le tronó".

Ése es el medio de los petroleros. Por ello a Pemex no le conviene meterse en la sucesión sindical. No hay ningún candidato que realmente nos merezca confianza. Es mejor que los problemas afloren entre ellos y que entre ellos se juzguen, siempre y cuando esto no desemboque en una violencia general en el sindicato.

El panorama es difícil. Sin embargo, todos aquéllos a quienes pregunté coincidieron en decirme que "La Quina" era el menos malo de los líderes. Beteta fue dramático al respecto. El 11 de octubre, al concluir la reunión del gabinete económico y cuando todavía estaban presentes Bartlett, Salinas, Farell y Rojas, me dijo que sin "La Quina" Pemex no podía funcionar. Por ello, después de escuchar a Hernández Galicia le dije:

—Mira Joaquín, vamos a entendernos. Yo creo que tú eres el líder petrolero más destacado y que nos conviene trabajar en armonía. Yo estoy dispuesto a respetar la autonomía sindical en tanto no rebase los marcos legales y no haya violencia. Si tú te propones sacar adelante al sindicato, yo te apoyaré. Yo no pretendo meterme en los asuntos internos de ustedes.

La respuesta de "La Quina" fue adquirir el compromiso de sanear el sindicato en dos años. Me dijo respecto a los líderes:

—Sé quiénes son y cómo ponerlos en orden.

Después me preguntó:

—¿Con quién debo entenderme?
—Con el director de Pemex, con el secretario del Trabajo y con el secretario de Gobernación. Y si tienes algún problema muy serio, pues ven conmigo.

De Beteta me dijo que, aunque al principio le había parecido un alzado, ahora se llevaba bien con él. Con Farell —añadió— no tenía por qué tratarse. Lo interrumpí para decirle:

—Cómo que no. Te tienes que entender con él para lo del sindicato. Tienen sus papeles medio chuecos, ¿no?, le dije. No le quedó más remedio que aceptarlo.

Respecto a Bartlett, Hernández Galicia me contó que Acosta Lagunes, el gobernador de Veracruz, le había platicado que cuando yo estuve en campaña electoral por ese estado, les había preguntado a Bartlett y a él si creían que "La Quina" era honesto. El gobernador de Veracruz dijo que él inmediatamente había respondido afirmativamente, en tanto que Batlett había dicho que no lo creía.

Al escuchar la anécdota, comenté que lo que Bartlett seguramente había dicho en esa ocasión era que algunos opinaban que no lo era. Le aclaré, además, que Bartlett debía dudar de todo, pues para eso estaba, para investigármelo.

El asunto no pareció importarle demasiado a "La Quina", quien me dijo, en fin, que ahora ya se llevaba bien con Bartlett. Por mi parte, la indiscreción que la anécdota reveló no me sorprendió, pues he llegado a hacerme a la idea de que es parte natural de la vida política.

Por otro lado, es de señalarse que antes de que pasara una semana me habló Farell para informarme que lo había buscado "La Quina", a quien había encontrado menos prepotente que lo usual. Aprovechó la ocasión para decirle:

—¿Cómo quiere que nos entendamos, bien o mal? Porque yo me sé entender de las dos maneras.

"La Quina", sorprendido, le había dicho que "mejor bien".

Pero, en fin, yo siento que el pacto que hice con "La Quina" fue decoroso. Con otros presidentes, el arreglo era, simple y llanamente, "yo te apoyo, tú me apoyas". Ahora, por lo menos, fue una transacción calificada, condicionada a que realmente el sindicato lleve a cabo una renovación moral.

Claro que habrá que ver lo que significa para "La Quina" sanear su gremio. Ya veremos si no significa sanearlo a su manera, esto es, quitando a los líderes que no se llevan bien con él. No se puede ser demasiado optimista. Hay que entender que los líderes petroleros tienen una mentalidad muy primitiva.

Aun cuando reconozco que el pacto fue insatisfactorio, sé que por ahora no tengo una mejor opción. Habrá nuevos episodios; es un asunto que no está concluido. Estoy consciente de que ha significado un desgaste para el gobierno, de que hay quienes se preguntan: ¿cómo es posible que el gobierno pueda tolerar la corrupción y el desacato a la ley? Y así es, tienen razón en preguntárselo, porque está mal. Pero, ¿qué otras opciones de manejo hay por el momento?

Creo que la opinión pública tiene que comprender que no podemos hacerlo todo, por lo menos no todo al mismo tiempo, y que en las condiciones económicas actuales es indispensable evitar que se afecte el desarrollo de Pemex, o que se deteriore nuestra relación con los trabajadores organizados en general.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.