Izquierda: promoción de marchas

"MES: OCTUBRE"

El primero de octubre, un grupo de más de 1 000 indígenas chiapanecos, organizados por la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos, inició una muy publicitada marcha a la Ciudad de México. En ese momento sus peticiones no eran claras, aunque hablaban de libertad para campesinos encarcelados; reconocimiento del Sindicato de Obreros Agrícolas; reacomodo e indemnización para los afectados por la presa Itsantún; cambios de régimen de propiedad y agilización de los expedientes en trámite, e incremento de los créditos a los pequeños productores del campo.

En realidad, el objetivo de sus organizadores, claramente relacionados con otras fuerzas de izquierda, no era resolver problemas u obtener decisiones, sino llegar a la Ciudad de México. Esto fue así, porque la marcha era una maniobra paralela al paro de labores que, a nivel nacional, estaban organizando el PSUM, el PRT y sus satélites. La marcha estaba programada para llegar a la Ciudad de México el día 17, y el paro debía realizarse el día 18.

La marcha de los indígenas chiapanecos fue planeada para que llamara la atención de la opinión pública, haciendo que los campesinos miserables que la protagonizaron se convirtieran en un espectáculo desafiante y en una bandera de lucha contra el sistema. Por ello resultaron inútiles nuestros esfuerzos por llegar a un arreglo con ellos. Los emisarios que mandamos a todo lo largo del trayecto regresaron convencidos de que los marchistas estaban cerrados al diálogo y empeñados en llegar a la Ciudad de México.

Esto ocurría al mismo tiempo que los grupos de izquierda empleaban todos sus recursos para organizar una movilización nacional que paralizara al país el día 18. Empezaron a organizarse para este fin desde agosto o tal vez desde julio. Su objetivo era lograr una conmoción nacional que les diera la presencia política suficiente para presionar por un cambio en la política económica, mismo que han pretendido desde el inicio de mi gobierno.
En todo este asunto, lo que a nosotros nos atemorizaba era la posibilidad de la violencia callejera. Temíamos que tuvieran que intervenir la policía o el Ejército y que ello suscitara situaciones de violencia que después permitieran a estos grupos imputarnos actitudes represivas. Sabemos que éste ha sido su objetivo: crear víctimas para poder tildar al gobierno de autoritario y represivo.

Durante la etapa de gestación del llamado Paro Cívico Nacional, no permanecimos inactivos; hicimos lo posible por restarle fuerza. Modulamos la toma de ciertas decisiones, a fin de que no se le echara más leña a la hoguera. Concretamente, en el área de precios y tarifas, detuvimos toda decisión hasta después del 18 de octubre, lo que congestionó nuestro calendario.

También realizamos una tarea preparatoria de cierta importancia política, orientada a disuadir a la opinión pública de participar en este tipo de movimientos. En ella logramos la colaboración de la prensa, de la radio y de la televisión, que dieron poca cobertura al asunto. También obtuvimos una actitud prudente de parte del movimiento obrero organizado, que hizo explícito su rechazo al paro. Finalmente, movilizamos a todo el aparato político, lo que mostró que el sistema sí funciona.

El resultado del paro, para ellos, fue decepcionante. No lograron la agitación deseada salvo en Guerrero, donde sí hubo violencia aguda; el paro pasó inadvertido en el resto de la República. Tal hecho significó un deterioro para la izquierda, que nosotros, naturalmente, nos encargamos de subrayar. Con apoyo de los medios de comunicación, le sacamos jugo a su fracaso, pero sin destacar los problemas de violencia. Nos abstuvimos de exhibir la evidencia de los actos vandálicos cometidos durante esa jornada, porque sentimos que el hacerlo aumentaría la intranquilidad ciudadana y fomentaría sentimientos morbosos.

En fin, es lógico pensar que los partidos y organizaciones políticas de izquierda continuarán, pese a su desencanto, buscando el momento y la oportunidad de lograr movilizaciones nacionales. Sin embargo, ahora actuarán con más cautela.

Por otro lado, nosotros indujimos a los 360 indígenas de Chiapas que finalmente llegaron a la Ciudad de México el 17 de octubre, a que no participaran en el Paro Cívico Nacional del día 18. No hubo ningún problema para lograrlo, pues ellos mismos se dieron cuenta de que el paro había fracasado y no quisieron desgastarse con él. Sus líderes prefirieron proyectar una imagen exitosa. Rápidamente firmaron los acuerdos necesarios con el secretario de la Reforma Agraria y emprendieron el retorno.

Ahora bien, la apariencia de que por llegar a la Ciudad de México se resolvieron las demandas de los indígenas, estimula la posibilidad de que se organicen marchas similares. Así, el 17 de noviembre, un grupo de 8 000 seudoestudiantes, maestros, trabajadores y campesinos de Guerrero iniciaron una marcha a la Ciudad de México para demandar a los gobiernos federal y estatal la entrega de un subsidio por 3 000 millones de pesos para la Universidad Autónoma de Guerrero.

En el camino hicieron tropelía y media: asaltaron coches e interrumpieron el tráfico. Al llegar aquí, la Secretaría de Educación les repitió que tenían que hacer cuentas claras del dinero que se les había entregado, antes de pedir la dotación de un subsidio mayor. Esto bastó para que se regresaran.

En este caso, la opinión pública fue sumamente negativa para los marchistas. Muchos opinaron que el gobierno debía ser más estricto y evitar este tipo de actos. Sin embargo, nosotros concluimos que convenía dejarlos llegar a la Ciudad de México para evitar la represión, pues sabemos que lo que ellos buscan, de nueva cuenta, es provocarnos, con la esperanza de que esto se traduzca en pifias del gobierno.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.