Granada: el Mediterráneo americano

"MES: OCTUBRE"

El 14 de octubre el primer ministro de Granada, Maurice Bishop, fue derrocado. Cinco días después, el 19, murió balaceado por la policía al tiempo que tenía lugar una manifestación realizada por sus partidarios. La información que yo he tenido es que hubo un pleito interno y que el ala izquierda se inconformó con Bishop, porque éste era muy personalista. Debido a ello vino el golpe de Estado y con él el asesinato. Entonces, los Estados Unidos decidieron intervenir: el 25 de octubre invadieron Granada.

Ahora que los norteamericanos ya se posesionaron de las islas del Caribe, el peligro es que formen un “Mediterráneo” americano en el que nosotros quedemos atrapados en el centro.

Los Estados Unidos me pidieron apoyo y simpatía para su invasión, pero nuestra tradición histórica, que mantiene vivo el recuerdo de las invasiones que nosotros mismos hemos sufrido, nos impide aceptar acciones de ese tipo; aunque ellos nos juzguen ingenuos y piensen que no entendemos la Realpolitik.

Por otro lado, es cierto que ya había en Granada personal cubano construyendo un aeropuerto. Esto bastó para que Reagan afirmara que Cuba tenía planeada la ocupación de la isla, y que ésta ya había sido convertida por Moscú y La Habana “en un bastión para la exportación del terror y la antidemocracia”.

El hecho es que los norteamericanos se posesionaron de esta isla del Caribe, y que los demás países nos enteramos cuando los hechos ya estaban consumados. De manera que el límite de nuestra acción fue la queja. No pudimos hacer nada más. Los países europeos y la misma Gran Bretaña armaron un poco de ruido para que no se dijera que habían dejado pasar el asunto inadvertidamente, pero en el fondo no pueden ni quieren hacer nada.

Realmente, Ronald Reagan, en lo personal, está creando un ambiente de armamentismo y de bipolaridad muy peligroso. Lo ocurrido en Granada es muy preocupante. Constituye un acto de la mayor trascendencia en términos históricos, pues demuestra que los Estados Unidos se han atribuido el albaceazgo del imperio británico. Lo han hecho, porque ya no están dispuestos a tolerar ningún avance adicional de los socialistas en un área que ellos consideran de alta prioridad para su seguridad nacional. Los norteamericanos han decidido brindar a las islas caribeñas el apoyo militar y económico que Inglaterra ya no puede ofrecer.

Reconozcamos que la descolonización británica en el Caribe dejó multitud de naciones que, por su tamaño y población, resultan ridículas, ya que no son viables como naciones independientes. Tal situación hizo que surgiera un movimiento de confederación entre ellas que, al no prosperar, las dejó a la deriva y a merced de las ambiciones de los poderes mundiales. Antes se pensaba que este conglomerado podía tener una identidad propia, una cierta autonomía o, en todo caso, depender de Canadá, que se sentía el heredero de la Commonwealth en esta parte de América y que había manifestado cierta vocación de patronazgo.

La invasión norteamericana de Granada, y lo que ello significa, ha traído problemas de toda naturaleza. La Organización de los Estados Americanos, al admitir en su seno a todas estas pequeñas naciones, dándoles poder de votación, ha demeritado la fuerza de los países latinoamericanos. Esto se vio claramente en la última reunión de la UNESCO, que tuvo lugar en París a finales de octubre, cuando un grupo de países caribeños, apoyados por algunos centroamericanos y por las dictaduras latinoamericanas, quisieron remover a México del Consejo Ejecutivo de esa organización.

México se movió y logró el apoyo de otros países. No obstante, el riesgo de que la votación de estas pequeñas naciones demerite la comunidad latinoamericana está siempre presente. Debemos recordar que esa comunidad caribeña, ahora más que nunca, gravita más alrededor de Estados Unidos que de Hispanoamérica.

Por otra parte, la opinión pública norteamericana consideró que la invasión de Granada fue un éxito táctico. Se ha transmitido la imagen de que Reagan es un Presidente firme y hábil. Él mismo se ha encargado de subrayar que la acción realizada en Granada debe contrastarse con lo ocurrido en Irán, donde la falta de decisión trajo como resultado que se tomaran rehenes norteamericanos.

Ahora bien, en cuanto a las consecuencias que la acción sobre Granada pueda tener en el conjunto de la problemática centroamericana, existen dos hipótesis. La primera señala que, después de lo ocurrido en Granada, Reagan se siente más libre para actuar en lo que él considere “un caso de emergencia”. Esta suposición apuntaría a que lo ocurrido en Granada hace más factible la intervención en Nicaragua.

La segunda hipótesis es que mientras más cerca está el proceso electoral norteamericano, más riesgosa resulta, para la imagen del Presidente, otra acción militar. Se presume que si lo ocurrido en Granada generó una imagen positiva en la opinión pública, sería poco deseable invadir Nicaragua, pues ello podría provocar resultados imprevisibles. Así que esta hipótesis apunta a que no se tomarán medidas nuevas, a menos que sea estrictamente necesario, esto es, a menos que se pueda comprobar que ha aumentado el riesgo de penetración socialista en el área.

El peligro real, en el caso de que Nicaragua fuera invadida con lujo de violencia y derrocado el régimen sandinista, consiste en que los residuos de ese régimen se infiltrarían en todo el país e iniciarían un largo conflicto de guerrillas. Podría darse una situación como la del Líbano, donde la guerrilla parece permanente, sin que se vislumbre solución.

En Líbano, la fuente de abastecimiento de los rebeldes está cercana, pues tienen proximidad con la Unión Soviética. Aquí, su abastecimiento tendría que venir de Cuba. Así que, en el hipotético caso de que fuera derrocado el régimen sandinista, sus residuos, junto con los cubanos, armarían guerrillas en toda Centroamérica, y entonces sí que los Estados Unidos no se tentarían el corazón para atacar directa y frontalmente a Cuba. Esto significaría una terrible masacre, pues el pueblo cubano se defendería hasta el final.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.