Programa del Sureste: búsqueda de integración

"MES: OCTUBRE"

EL 12 DE OCTUBRE PUSE EN MARCHA EL PROGRAMA DEL SURESTE, que abarca los estados de Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Chiapas y la parte istmeña de Veracruz y Oaxaca.

El objetivo del programa es ampliar la integración del sureste, que es la zona más subdesarrollada del país. Para enfatizar su importancia, hice una gira de cuatro días por los estados de Campeche, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo. El Programa del Sureste es prioritario para mi gobierno, porque considero impostergable combatir el rezago histórico del bienestar social en esa área.

El sureste, ahora estratégico en términos geopolíticos y económicos, se caracteriza por la irregularidad en la tenencia de la tierra y por los fenómenos de sobreexplotación humana que aún persisten y que han dado cabida a la penetración de la izquierda.

El atraso crónico del sureste se debe a causas muy complejas. Muy probablemente la composición racial del área sea determinante. Ahí, la gran cantidad de población indígena dispersa y heterogénea ha hecho que el proceso de mestizaje avance con mayor lentitud que en otras regiones del país.

Durante la Conquista y la Colonia, el desarrollo del centro del país fue medular, pues ahí coincidían las grandes concentraciones de población indígena y las minas, que fueron el punto de atracción de los españoles. El norte fue siempre una zona de colonización en la que los indígenas, dada su naturaleza nómada y bárbara, fueron expulsados o aniquilados por los españoles. Por eso el norte es una zona mucho más criolla. Ahí se dio una reducción gradual de la población indígena.

En el siglo XIX, el norte fue favorecido por la expansión de los ferrocarriles, en tanto que las condiciones geográficas del sureste lo mantuvieron escasamente comunicado. De allí la dispersión poblacional, la insalubridad y la dificultad del desarrollo.

El sureste tiene, además, una tradición conflictiva. Los gobiernos federales han tenido que crear, en cada época, estrategias para preservar su unión. Primero hubo que retener Chiapas, después fue necesario, para coartar su vocación separatista, dividir políticamente la península de Yucatán. Sólo así pudo debilitarse el poder de Mérida y fortalecerse el de la Federación. Juárez fue quien determinó la separación de Campeche, y Quintana Roo surgió como resultado de la guerra de castas.

Más recientemente, la Federación invirtió en grandes obras hidroeléctricas y, finalmente, en la exploración y descubrimiento de la zona petrolífera. La explotación petrolera, que ahora es el pilar de nuestra economía, ha vuelto más compleja la situación del sureste, pues las modernas instalaciones requeridas están sobrepuestas en un medio en el que subsisten vestigios prehispánicos. Además, su avance ha destruido equilibrios tradicionales, haciendo que se agreguen nuevos problemas a los que nunca fueron resueltos. Todo esto ha hecho que la oposición de izquierda penetre en esa zona, haciéndola crítica también en términos políticos.

Finalmente, debemos reconocer que, geopolíticamente, el sureste es un área peligrosa, pues está frente a Cuba, frente a Centroamérica y frente al Caribe. Su situación es más delicada que la del resto del país, dada la posibilidad de una guerra centroamericana.

De manera que el Programa del Sureste tiene una altísima prioridad para mi gobierno. Los gobernadores del área tienen la disposición de apoyarlo; su capacidad para ejecutarlo es cosa diferente. El que más me preocupa es Alpuche Pinzón, el gobernador de Yucatán, pues Eugenio Echeverría, de Campeche, tiene su dinámica propia, y aunque ha sido acusado de corrupción y nepotismo, como varios de los otros, es capaz de hacer cosas: ha ampliado la frontera agropecuaria del estado y tiene control político de la entidad. En Yucatán sólo se mencionan las cosas negativas.

Pedro Joaquín Coldwell, de Quintana Roo, es bueno, y Absalón Castellanos, de Chiapas, también lo hace bien: le pone entusiasmo a su tarea. Agustín Acosta Lagunes, de Veracruz, es bueno aunque tiene sus críticas, y Pedro Vázquez Colmenares, de Oaxaca, también trabaja bien. Si este último tiene problemas, es porque el estado los tiene también.

A Guerrero no lo incluimos en el programa porque no quisimos extender tanto el concepto del sureste, aunque esta entidad tiene, en la sierra de Guerrero, una cierta analogía con Chiapas. La diferencia de Guerrero es que tiene a Acapulco, que siempre ha servido como fuente generadora de empleo y de recursos.

Como dije, la presentación del programa me llevó a cuatro estados entre el 12 y el 15 de octubre. Las diferencias entre los gobernadores de Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo son notables y, por consecuencia, también lo fueron las giras. El esfuerzo de realizarlas es válido, pues estoy convencido de que la presencia del Presidente de la República resulta integradora. Los resultados son muy variados y dependen mucho del gobernador. Sin embargo, aun cuando las giras puedan resultar fallidas, como ocurrió en Yucatán, el Presidente puede, al sentir la ausencia del gobernador, retomar un problema. Así lo hice allí con el caso del henequén. De manera que, en ocasiones, las giras también pueden servir para llenar vacíos.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.