Situación económica: recapitulación y perspectivas

"MES: SEPTIEMBRE"

TODAVÍA ESTAMOS LEJOS DE SUPERAR LA GRAVE CRISIS ECONÓMICA que venimos padeciendo desde 1982. Sin embargo, hemos evitado que la tasa de inflación continuara en un ritmo ascendente. Este cambio en la tendencia es notable, ya que cuando la inflación pasa de ciertos niveles, su aceleración es más rápida que en las etapas iniciales. Recordemos que algunos analistas económicos vaticinaban que, para mediados de 1983, México alcanzaría una inflación de entre 150 y 200% anual.

La tijera que aplicamos —mayor ingreso del sector público, por un lado, y reducción del gasto, por el otro— ha dado resultados positivos. La inflación de julio, agosto y septiembre nos da una tendencia de 50% anual. Ahora bien, si la medimos de punta a punta, es decir, de septiembre de 1982 a septiembre de 1983, es de 90%. El hecho de que en estos meses la inflación haya estado por debajo de 4% mensual es resultado de que estamos logrando, para mi sorpresa, la meta que nos propusimos en la reducción del gasto. El monto del déficit público será, este año, de 8.3 por ciento.

La reducción sistemática y permanente de la espiral inflacionaria constituye nuestro mayor reto. Lograremos el éxito deseado cuando nuestra inflación no sea mucho más elevada que la de aquellos países con los que comerciamos. Actualmente, la distancia resulta todavía enorme, pues los Estados Unidos, con los que sostenemos la mayor parte de nuestras relaciones económicas, han logrado que este año su inflación descienda a 3 o 4% anual.

Internamente, la crisis subsiste porque la inflación ha encarecido los bienes y servicios, haciendo que la mayoría de los mexicanos pierdan capacidad adquisitiva y, por consecuencia, vean deteriorado su nivel de vida. Además, al contraerse la demanda, las empresas no están trabajando en el nivel de su capacidad instalada y, finalmente, las medidas de austeridad nos han impedido crear suficientes empleos para satisfacer la demanda de quienes arriban al mercado de trabajo.

En tales circunstancias, necesitamos hacer un esfuerzo por mantener la planta productiva. A ello han contribuido los programas especiales que hemos puesto en marcha. Sin embargo, la planta productiva ha sido dañada por la contracción de la demanda, la reducción de las importaciones y la falta de flujos financieros. Esto último es particularmente evidente en las empresas que, endeudadas en dólares, sextuplicaron el servicio de su deuda.

Hasta ahora, el número de quiebras en las empresas ha sido menor que el que estimamos a finales de 1982. Ello se debe a que algunos empresarios han aumentado sus exportaciones, otros han disminuido su producción y otros más han sustituido importaciones. Sin embargo, la mayoría de los empresarios se han apoyado, para salir de sus problemas, en reservas de inventarios o de capital, lo cual significa que pronto pueden agotar esos colchones, poniendo en riesgo la supervivencia de sus empresas.

En ese caso, el gobierno tendrá que hacer algo más para ayudar al mantenimiento de la planta productiva, pues sólo así se evitará el desempleo masivo y el agravamiento de la crisis. Creo que, de ser necesario, tendríamos que tomar medidas que incluyesen financiamientos especiales del gobierno o, incluso, la toma temporal de acciones.

Actualmente, la mayoría de las empresas tienen, dada la reducción de la demanda, capacidad productiva ociosa. En esas condiciones no es posible esperar que los empresarios inviertan. Traen dinero de fuera sólo en la medida de lo necesario, aunque ahora sus dudas son más de naturaleza económica que de naturaleza política.

Por otro lado, las inversiones, detenidas en septiembre de 1982, se reiniciaron desde diciembre. A pesar de ello, realmente no existe un proceso de inversiones nuevo. Tal situación se refleja en el hecho de que la banca ha logrado una fuerte captación de ahorro y, sin embargo, el financiamiento y la inversión están prácticamente paralizados.

Para promover la inversión estamos otorgando selectivamente créditos a tasas subsidiadas a través de fondos de fomento. No hemos querido uniformar las tasas activas por debajo del piso de costos, pues perderíamos todo control sobre los créditos y la iniciativa privada seguramente aprovecharía para especular con dólares y con terrenos. Además, por el momento consideramos necesario no meter a la circulación cantidades importantes de dinero, aunque ello tenga un alto costo para el Estado.

En esta crisis no podemos perder de vista el peligro del desempleo. Hasta ahora se ha evitado que continuara la caída drástica del empleo iniciada en 1982. Nosotros hemos logrado mantener la misma planta de diciembre pasado a la fecha. En realidad, ésta se ha incrementado muy ligeramente. A ello han contribuido tanto la subsistencia de la planta productiva como los diversos programas especiales de generación de empleo emergente que ha puesto en marcha el gobierno federal. En ellos hemos tenido buen cuidado de que, al mismo tiempo, dejen a la comunidad activos permanentes.

El empleo es el reto fundamental de la política de desarrollo. La incapacidad de nuestro sistema económico y social para absorber adecuadamente a la población trabajadora es lo que está en el fondo de todos nuestros problemas.

A corto plazo vamos a seguir afrontando un problema serio en este terreno. No generaremos en este año la cantidad suficiente de empleos para la nueva fuerza de trabajo. Una situación análoga, aunque no tan grave, la avizoramos para el año próximo. Yo creo que sólo a partir del tercer año de gobierno empezará la generación de empleo en cantidades apreciables. Esta demora nos dejará un rezago acumulado que difícilmente podremos absorber.

El empleo está ligado al crecimiento económico, y este año la economía ha decrecido entre 3 y 5%. Para 1984, cualquier cifra superior a cero es una meta razonable, sin que sea sensato pensar en más de 2% en el mejor de los casos. Ya en 1985 puede esperarse un crecimiento de 3, 4 o 5%. Como puede verse, el año próximo tendremos la muy difícil tarea de combinar la lucha contra la inflación con la batalla por la recuperación económica.

Hemos logrado una mejoría importante en las cuentas externas, pero el ajuste se ha producido más por una baja drástica en las importaciones de todo tipo, que por el crecimiento de nuestras exportaciones o por el incremento del turismo. No podemos sostener esta situación por mucho tiempo.

El ajuste de las cuentas externas nos ha permitido contar con las divisas suficientes para cubrir el servicio de la deuda y para efectuar las importaciones más indispensables, a efecto de no paralizar el aparato económico. En México, las importaciones tienen un carácter estratégico. Si bien sólo representan alrededor de 10% del producto nacional, su falta, sobre todo en el área industrial, provoca problemas serios de producción. En el campo, la dificultad para importar insumos indispensables incide en la producción agropecuaria general, aunque el contenido importado del gasto de inversión y operación sea muy bajo.

Nuestra política cambiaria se ha orientado a mantener un tipo de cambio que dé competitividad a nuestras exportaciones e impida el abaratamiento excesivo de las importaciones. También hemos tratado de mantener un tipo de cambio congruente con los diferenciales de inflación entre México y Estados Unidos, pues sólo así se pueden evitar fluctuaciones erráticas en las cotizaciones del peso.

El jueves 22 de septiembre, el Banco de México anunció que el peso se deslizaría diariamente en el mercado libre 13 centavos frente al dólar, lo que equivale a una tasa de 32% anual y a un promedio mensual de 2.3%. Se tomó la medida para dar tranquilidad cambiaria y como respuesta a la presión de nuestros acreedores para el pago de la deuda. Además, la medida evita que los empresarios tiendan a deshacerse de inmediato de su deuda en dólares, lo cual nos generaría una mayor presión de divisas.

El deslizamiento trajo pocas repercusiones sobre el mercado cambiario; tuvimos días de sobredemanda, pero en realidad no hubo ningún problema serio. El Banco de México quería que iniciáramos este proceso desde agosto, pero yo quise que pasaran el Informe de Gobierno y las fiestas patrias, pues creo que de vez en cuando es necesario que la gente tenga un veranito.

Hemos logrado reconstituir la reserva monetaria, que había llegado a un nivel de liquidez prácticamente nulo a finales del año pasado. Ello nos impedía manejar adecuadamente el tipo de cambio, por lo que éste dio los brincos que todos conocemos. Todavía no hemos incrementado la reserva monetaria a un nivel adecuado, pero no cabe la menor duda de que ahora tenemos un margen de maniobra mayor del que disponíamos al inicio de mi gobierno.

Como un primer ajuste, lo que hemos hecho ha sido razonable, indispensable y, además, ineludible. Pero debemos tender a un mayor equilibrio en el sector externo, fundamentalmente basados en un aumento en la capacidad de exportación del país, tanto de mercancías como de servicios.

No es posible ya contar con el crédito externo masivo que usamos en años pasados, pues los mercados financieros internacionales no lo permiten y, sobre todo, porque hacerlo afectaría la disponibilidad de divisas y limitaría muy seriamente el margen de maniobra de los presupuestos públicos.

Nuestras dificultades se agravan, porque el panorama de la economía internacional es muy negativo: el sector externo no se fortalece; subieron las tasas de interés en todo el mundo; continúan las políticas proteccionistas en los países desarrollados; el ambiente internacional se torna sumamente peligroso; la recuperación económica de Estados Unidos no se ha consolidado; la economía mundial está estancada, y América Latina está tronando, lo que necesariamente nos dará un coletazo. En estas circunstancias, parece difícil abrirle paso a nuestras exportaciones, pues nos falta capacidad empresarial y, en especial, de mercadeo. Hay que recordar que nuestra planta industrial creció muy sobreprotegida y no tuvo que abrirse brecha en el exterior.

Así que vamos a tener que vivir de manera permanente con el tema de la deuda y de la escasez de divisas. Solamente hemos redocumentado la deuda de 1982, 1983 y 1984. En 1985, en principio, deberíamos de volver a iniciar ciertos pagos. En ese momento lo que habrá que hacer es tratar de renegociar.

Yo soy de la idea de que la deuda debe refinanciarse constantemente. El problema es el ritmo en que el país puede endeudarse más, considerando el costo que habrá que pagar por el servicio de su deuda. Esto debe calcularse en función de la capacidad del país para generar divisas. En el sexenio pasado apostaron a que el petróleo daría suficientes divisas para pagar el servicio de la deuda, y se equivocaron.

Entendamos que de manera permanente tendremos que seguir captando nuevo dinero a los plazos más amplios y a las tasas más bajas posibles. En tales circunstancias, debemos evitar que se repita una crisis por falta de divisas. Por ello, necesitamos llevar la recuperación económica en forma lenta y gradual.

En realidad, es muy difícil planear a mediano y a largo plazos en circunstancias como las actuales. Hay que hacerlo por etapas y ser muy flexibles en el corto plazo. Nuestra primera meta era sobrevivir, y todavía lo es, pero como el éxito lleva al éxito y el fracaso al fracaso, creo que si este primer año es bueno, el segundo también lo será. Los largos plazos no son más que la suma de cortos plazos vistos con perspectiva.

El ritmo de la recuperación económica dependerá de la medida en que se recupere la confianza, y yo no sé qué tanto tiempo lleva una recuperación sustancial de la confianza. Sé que el proceso se acelera o se retrasa en función tanto de hechos económicos como políticos.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.