Relaciones entre México y Estados Unidos: entrevista con el presidente Reagan

"MES: AGOSTO"

La entrevista que sostuve con el presidente Ronald Reagan el día 14 de agosto, en Baja California, tuvo por objeto crear un clima de comunicación, reactivar acciones gubernamentales bilaterales que revitalicen el funcionamiento de los mecanismos ordinarios de nuestra relación y, mediante el trato personal, disipar las posibles tensiones.

El presidente Reagan y yo conversamos en privado durante dos horas, de las cuales dedicamos hora y media a Centroamérica. Lo que pudo haberse ganado con esa plática es brindar al Presidente norteamericano más elementos de juicio sobre nuestra postura. Creo que el diálogo que con él sostuve fortaleció, a sus ojos, la imagen de que nuestro país actúa de buena fe.

También traté de hacerle ver que las propuestas del Grupo Contadora son sensatas y viables. Insistí en los riesgos para la región de una política armamentista, que acerca la posibilidad de una guerra sin salida y envenena el ambiente entre Estados Unidos y la América Latina, al romper el concepto de solidaridad continental.

El presidente Reagan me escuchó, tal vez sólo por cortesía, o tal vez movido por el hecho de que su política hacia Centroamérica está agitando no sólo a la opinión internacional, que de hecho no le importa, sino también a la opinión interna norteamericana, la cual le es vital. Los norteamericanos están muy divididos en cuanto a su política centroamericana. Nuestra acción en Contadora nos ha prestigiado ante ellos, porque necesariamente reconocen que la vía bélica es sumamente riesgosa.

Los demócratas nos apoyan abiertamente y quieren utilizar la política latinoamericana como arma electoral, por lo que todos sus precandidatos me han pedido entrevistas. Los republicanos también están divididos. Por ahora, la política centroamericana la ha estado ejecutando William Clark. Él ordenó las maniobras de la flota norteamericana frente a las costas nicaragüenses, sin consultar con el Pentágono ni con el Departamento de Estado. Los militares están muy molestos, pues ellos piensan que si han de entrar en Centroamérica, lo harán para arrasar, y no para actuar a medias, como sucedió en Vietnam.

En todo caso, yo creo que el presidente Reagan reafirmó la impresión de que México está actuando de acuerdo con su leal saber y entender, y no como resultado de un juego más amplio promovido por la Unión Soviética. De haberse logrado esto, el avance sería importante, pues es conocido que el mandatario norteamericano tiende a creer en las teorías conspirativas que señalan que todo el que no actúa de acuerdo con la conveniencia norteamericana, lo está haciendo por impulso y promoción directa de la Unión Soviética.

Aquí cabría hacer un paréntesis para señalar que, en la opinión pública mexicana, nuestra postura hacia Centroamérica ha sido mucho más ampliamente aceptada de lo que fue la política estridente que, respecto a Nicaragua, siguió López Portillo. Es posible que la ultraderecha esté en contra de nuestra política centroamericana, pero en general tal actitud ha bajado de tono. No por ello debemos olvidar que fácilmente puede volverse a provocar una reacción en ese sentido.

Un incidente reciente puso en evidencia la sensibilidad de la opinión mexicana respecto a nuestra relación con los socialistas. Me refiero al torpe anuncio que hizo la Secretaría de Hacienda el 6 de septiembre, en relación con el préstamo que le hicimos a Cuba. La imagen que se proyectó, y que irritó profundamente a la opinión pública, fue la de que estábamos regalando millones de dólares a los cubanos, divisas que no tenemos.

Pero volviendo al presidente Reagan, cabe señalar que es un gobernante con ideas claras, aunque bastante simples. Es de esas personas que tienen odio irracional al comunismo y que consideran que ya es hora de frenar la agresividad soviética. En verdad, me resulta sorprendente que un Presidente de los Estados Unidos pueda estar encerrado en un esquema de política exterior tan simplista como lo es el bipolar. Y señalo esto sin desconocer que la Unión Soviética ha ido avanzando, de hecho, sobre los intereses americanos, y que dentro de los Estados Unidos se ha creado la sensación de que los soviéticos les están tomando el pelo.

Reagan ataca verbalmente a la URSS con una enorme frecuencia. Hace grandes escándalos para desprestigiar o herir a los soviéticos, como ocurrió con motivo del avión sudcoreano derribado por éstos, o como fue negar el permiso para que aterrizara el avión de Gromiko en Nueva York. Sin embargo, la URSS ni reacciona ni altera su política: sigue minando los intereses norteamericanos en el sureste asiático, en África, en el Medio Oriente y en América Latina. Parecería que los soviéticos tienen más malicia política y que, en el fondo, los detalles no les importan. Dejan a los Estados Unidos actuar solos, sin contestarles, mientras ellos avanzan en sus posiciones políticas.

Por otro lado, hay que considerar que los rusos tampoco tienen tantas alternativas. Ellos también están sufriendo una crisis económica de productividad y de abasto; tienen inquietudes frente a los satélites y una relación muy delicada con China.

En verdad, esta época es de las más frustrantes en materia de política internacional; no parece haber salida a ninguno de los problemas existentes. Parece una época estéril y, al mismo tiempo, peligrosa, en la que el enfrentamiento entre la Unión Soviética y los Estados Unidos deja poco margen de maniobra a los demás países.

Sobre la forma de gobernar del presidente Reagan, acerca de la que se especula tanto, mi impresión es que él lleva el control básico del gobierno, aunque sin meterse en detalles. En ese sentido, le da un gran juego a los ejecutores. Su política económica ha tenido, por el momento, un éxito considerable. Ha logrado abatir la inflación mostrando tendencias a la recuperación del empleo; sin embargo, esto ha ocurrido al tiempo que ha crecido el déficit gubernamental, lo que genera una presión inflacionaria latente. Debe remarcarse que un elemento central de su política económica ha sido la sanidad financiera y, sin embargo, el gasto militar la está echando por la borda.

De más gravedad es el hecho de que no se han tocado los problemas estructurales de productividad y obsolescencia de la planta industrial, lo que se refleja en la pérdida de competitividad de la economía norteamericana. Si esta realidad no es afrontada, los movimientos macroeconómicos no solucionarán los problemas de fondo y el ciclo recesivo puede reiniciarse en cualquier momento. En tal caso, los afectados seremos todos los países del mundo occidental, porque ante los desajustes de su economía, los norteamericanos tienen mecanismos muy poderosos para cubrirse. Por lo pronto, la política económica de Reagan ha tenido resultados positivos en el corto plazo, y eso es lo importante para efectos electorales.

En lo que se refiere a las políticas migratoria y comercial de los Estados Unidos, hay que aceptar que éstas son vistas actualmente como políticas residuales, esto es, aquellas que deberán ajustarse según caminen las cosas en otros rubros. Frente a los problemas comerciales o migratorios se percibe una falta de concepción política. Tal parece que se está actuando en forma exclusivamente doméstica, o sea, sólo atendiendo a las presiones de los intereses internos. Otra concepción elemental de los norteamericanos se aprecia en su deseo de exportar su ideología a los demás países del mundo. Ellos se siguen concibiendo como los adalides de la libertad y de la democracia. No obstante, su egocentrismo los lleva a señalar que los países occidentales tienen que esperar a que se dé la recuperación económica en Estados Unidos para aspirar a lograr la suya propia. Parecen decir a los otros países: “Espérense, pues si nos va bien a nosotros, también les va bien a ustedes”.

Los intereses de Estados Unidos no van a variar y, por ello, a los mexicanos nos resulta igual si gobiernan los demócratas o los republicanos. En el fondo, la única diferencia entre ellos es que los demócratas son más suaves de forma y los republicanos son más cínicos.

Para concluir mi opinión sobre Reagan, diré que él en lo personal sabe agradar. Es un buen showman: cuenta chistes y es ameno. Políticamente, tiene buenas maneras, pues a pesar de que durante la entrevista yo le dije algunas cosas fuertes, él escuchó con serenidad y cortesía, e incluso se mostró afectuoso.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.