Partido Revolucionario Institucional: enfrentamiento con la COCEI en Juchitán

"MES: AGOSTO"

EL DOMINGO 17 DE JULIO, EN LA VENTOSA, CERCA DE JUCHITÁN, Oaxaca, un grupo de campesinos de la Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo invadió terrenos de pequeños propietarios, alegando que se trataba de tierras comunales. La policía estatal intervino para desalojar a los campesinos de la COCEI, pues ya se había iniciado la riña entre éstos y los pequeños propietarios del lugar.

Este hecho cobró singular relevancia, porque el alcalde de Juchitán, Leopoldo de Gyves, era quien encabezaba a los campesinos invasores. De Gyves había llegado al poder en 1981, postulado por la coalición formada por la COCEI y el Partido Comunista Mexicano. Su singularidad, al obtener el triunfo en una alcaldía tan conflictiva, dio notoriedad a los hechos del 17 de julio, que fueron retomados y magnificados por la prensa y los partidos de izquierda, destapándose así la polarización existente entre los juchitecos. El asunto tuvo un realce adicional por la circunstancia de que el clima de violencia de la localidad estaba enmarcado en la contienda electoral para diputados locales, calendarizada para culminar el domingo 7 de agosto.

Pronto se intensificó la hostilidad real y verbal entre los miembros del PRI y del gobierno estatal, por un lado, y los de la COCEI y el Partido Socialista Unificado de México, sucesor del PCM, por el otro. El asunto estaba candente. Influían en él factores antiguos y nuevos. Problemas agrarios y políticos siempre relegados y situaciones producto de nuevas realidades. Sin embargo, lo que resultaba determinante en el momento de los incidentes era la actitud asumida por las autoridades municipales, quienes manipulaban los problemas de la localidad para sus propios fines políticos.

Los partidos de izquierda cobraron interés en la COCEI desde finales de 1976, cuando su radicalismo se hizo notorio. En 1980 esta agrupación se alió, para fines electorales, con el PCM; desde entonces cuenta con su apoyo y con el del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Para estos grupos, Juchitán simboliza la posibilidad de controlar un gobierno. Esto no quiere decir que los miembros de la COCEI se identifiquen plenamente con dichos partidos políticos y, menos aún, que se subordinen a ellos, pues de hecho la COCEI tiene sus propias fuentes de poder. Su radicalismo excede al del PSUM y, por consecuencia, sus acciones a menudo se salen del control de dicho partido.

El “triunfo” municipal de la COCEI generó, desde sus inicios, malestar político en el área. Los miembros del PRI afirman que se hizo una entrega indebida de la alcaldía de Juchitán, como resultado de una cierta actitud de promoción de la izquierda por parte de las autoridades gubernamentales federales. Ello hace que los priistas de Juchitán sientan que las autoridades centrales los traicionaron en aras de una maniobra política más amplia.

Como candidato presidencial me percaté, cuando fui a Juchitán, de que la propaganda antipriísta difundida en el área centraba sus críticas precisamente en el hecho de que el PRI hubiese entregado Juchitán a los comunistas. Durante mi recorrido por las calles del pueblo, muchos vecinos se asomaban por las ventanas y me gritaban: “¡Saque a los comunistas de aquí!”. Claro que esos vecinos eran los ricos del pueblo, los que tenían casas desde donde asomarse, los que se atreven a externar sus opiniones. Sea como fuere, es indiscutible que el ambiente estaba profundamente polarizado. La tensión se podía respirar.

Tal situación hizo crisis en el proceso de la contienda electoral para diputados locales. No sólo se exacerbaron los ánimos, sino que se desenmascararon actitudes inaceptables. La COCEI dio claras muestras de que estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario, incluyendo la utilización de instrumentos violentos, como las invasiones de tierras, para afianzarse en el poder. Sus miembros no estaban dispuestos a dejar el control de una alcaldía que les había permitido utilizar los fondos municipales para fomentar la agitación social en el país, fortaleciendo con ello sus propios fines políticos. Habían hecho de Juchitán su feudo particular.

Mi decisión de impedir que los fondos públicos se destinen a fines ajenos a aquéllos para los que fueron otorgados no habría de encontrar aquí una excepción. Estoy convencido de que tolerar situaciones de esa naturaleza crea un proceso de descomposición de las instituciones.

La movilización del PRI para fortalecer su actividad en Juchitán creó un ambiente de rivalidad que culminó, el domingo 31 de julio, en un enfrentamiento violento con los miembros de la COCEI, al cierre de las campañas electorales. La situación exigió la intervención de la policía y, como el ambiente de tensión no cedió, el miércoles 3 de agosto el Congreso de Oaxaca declaró desaparecido el Ayuntamiento de Juchitán. Ese mismo día, el gobernador de Oaxaca designó un consejo para suplir al alcalde Leopoldo de Gyves.

Los coceístas mantuvieron en su poder el palacio municipal, en tanto que en la ciudad de Oaxaca la Comisión Estatal Electoral aprobó el aplazamiento de las elecciones para diputado local en el municipio de Juchitán. Tuvimos que suspender esa elección para que se bajara un poco la presión política, pues ésta estaba conduciendo a la violencia física entre grupos.

Yo sé que actuar como lo hicimos en Juchitán puede crear problemas al desatar grupos violentos prácticamente incontrolables; en este caso, aun para el PSUM. Pero considero que un peligro global mayor es el desprestigio del concepto de autoridad que indiscutiblemente sobrevendrá si el gobierno permite que subsistan juegos políticos como éste. Ante tal amenaza, prefiero el riesgo del enfrentamiento con grupos violentos aislados, a los que, en todo caso, trataré de ir calmando.

El verdadero problema de Juchitán es de tenencia de la tierra, cuya regularización es entorpecida por los caciques regionales. Nadie ha entrado a fondo para resolver este problema; no lo hizo la COCEI ni tampoco el gobierno local o federal. Yo creo que es necesario crear un Plan del Istmo para resolver los problemas fundamentales del área. Sería, además, la única forma en que, si triunfa el PRI en las elecciones, pueda reconquistarse el consenso en el área.

Los acontecimientos de Juchitán me preocupan en el contexto de lo que siento un problema más amplio: la crisis y la desorientación de la izquierda. Su problema es que no tiene una estrategia y está dividida. Varios grupos, entre ellos la COCEI, se le salen de control a los partidos organizados, y pretenden utilizar métodos violentos.

La izquierda está en crisis desde las elecciones presidenciales, cuando los problemas económicos y políticos del país hicieron evidente que el pueblo mexicano favoreció el voto conservador, aflorando ostensiblemente su horror por los comunistas. Desorientados ante sus fracasos electorales e imposibilitados para actuar, los partidos de izquierda han elegido como táctica la crítica de mis acciones ante la crisis. Han querido progresar a mis costillas, pero de hecho lo que ha progresado es su división interna. Existen tantos grupúsculos que se odian entre sí, que realmente no hay con quién dialogar. El PSUM y el PRT, con quienes formalmente establezco contacto, tienen tanta lejanía de los grupúsculos violentos como nosotros. La inexistencia de una izquierda organizada me hace imposible el diálogo real con ellos y, sin embargo, la amenaza de su violencia subsiste.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.