Contadora: países involucrados, países interesados

"MES: JULIO"

El claro apoyo que Felipe González dio al Grupo Contadora tuvo para México una significación simple y llanamente moral; pero, por otro lado, la fuerza moral es la única que tiene México en este conflicto.

Para junio, ya casi todos los países latinoamericanos y europeos habían apoyado al Grupo Contadora, al igual que muchas organizaciones políticas en diversas partes del mundo. Incluso el embajador itinerante de los Estados Unidos, Richard Stone, quien me visitó el lunes 13 de junio, manifestó un apoyo abierto al grupo.

La visita de Stone me permitió ver que los Estados Unidos están haciendo dos juegos al mismo tiempo: el de la guerra y el de la negociación. Subrayan mucho el aspecto militar, probablemente para lograr una mejor negociación. Los nicaragüenses también están jugando a los audaces: reciben más armamento socialista, se preparan para la guerra y utilizan la agresividad verbal. Realizan acciones como la expulsión de diplomáticos norteamericanos de Nicaragua, que les costó el endurecimiento de la postura de Estados Unidos.

Sin embargo, para junio, los nicaragüenses estaban más abiertos a la negociación. En ese cambio pesa el hecho de que ellos saben que Cuba y la Unión Soviética no van a entrar a defenderlos en caso de una guerra. Esto se ve limitado, sin embargo, porque entre los líderes nicaragüenses hay quienes realmente creen que el socialismo marxista es la única vía de solución para su país, y en ese terreno están dispuestos a comportarse como adolescentes políticos.

El Grupo Contadora ha tenido que vivir episodios singulares, en los que ciertos líderes radicalizados, obcecados, ni siquiera quieren dialogar en torno a una mesa. Es muy difícil lograr un acuerdo amplio entre todos los países centro americanos, por lo que en el fondo la única posibilidad de una negociación real tiene que darse entre los Estados Unidos y Nicaragua. Al respecto, Felipe González me dio la razón, entendiendo que debe lograrse un arreglo honorable que limite el armamentismo. Tal acuerdo puede darse formalmente entre Nicaragua y Honduras que, en este caso, representa el títere de los Estados Unidos.

A finales de julio estaba aumentando el riesgo de eventos más graves en Centroamérica. El conflicto había caído en un callejón sin salida, poniendo en duda la acción del Grupo Contadora, que si bien había servido para contener la tensión en el área, no había logrado su objetivo central: la negociación entre las partes en conflicto.

Tal circunstancia me hizo pensar que deberíamos reunirnos los presidentes de los países miembros del Grupo Contadora. La idea fue muy bien recibida por Belisario Betancur, quien convenció a Luis Herrera Campins, que albergaba ciertas dudas sobre la conveniencia y oportunidad de la reunión. Ricardo de la Espriella aceptó con mucha facilidad al saber que los otros tres ya estábamos de acuerdo.

La convocatoria la hice un martes para el sábado siguiente. La reunión tuvo lugar en Cancún el 16 y 17 de julio. El comunicado conjunto que se publicó al término de la reunión hace hincapié en la necesidad de fortalecer la vía del entendimiento político para solucionar los conflictos de Centroamérica. Propone congelar el armamentismo e iniciar la reducción del inventario actual de armas; proscribir la existencia de instalaciones militares extranjeras; crear mecanismos adecuados para evitar incidentes fronterizos; impedir el trasiego de armas de un país a otro, y promover la distensión y la comunicación entre los gobiernos del área. Propone también, naturalmente, las medidas necesarias para una supervisión internacional que dé garantías a todas las partes involucradas.

Fue elaborado, en gran medida, por la cancillería mexicana que, de hecho, ya tenía mucho del trabajo adelantado. La reunión resultó exitosa, porque se ratificó la solidaridad del grupo y, con ello, se aumentó su prestigio.

Las acciones que de ahí se derivaron se convinieron con facilidad; estuvieron permeadas por el sentido de urgencia y de peligro. Para dramatizar la situación, yo propuse que, el mismo día en que diéramos a conocer el comunicado, mencionáramos que lo enviaríamos tanto a Reagan como a Castro. Creo que esto generó un cierto impacto.

El hecho es que lo enviamos tanto a los "países involucrados" como a los "países interesados". Con esta terminología definimos durante esa reunión a los países del área centroamericana, por un lado, y a los demás países de América, por el otro.

Durante la reunión de Cancún acordamos que cada uno de los cuatro presidentes del Grupo Contadora hablaría personalmente con cada uno de los cinco presidentes centroamericanos. Yo realicé esa tarea entre el lunes y el miércoles siguientes a la reunión. La respuesta que recibí de todos los mandatarios fue formalmente buena. Me agradecieron la atención y expresaron su gran interés en examinar con cuidado el documento que se les envió.

Por su parte, tanto Estados Unidos como Cuba respondieron por carta. Castro brindó su apoyo a la búsqueda de un acuerdo negociado, siempre y cuando se respetara la participación de los guerrilleros salvadoreños. Enfatizó que Cuba secundaría toda solución que resultara aceptable para Nicaragua y para las fuerzas revolucionarias de El Salvador. Al hacernos llegar su carta, nos dejó saber que consideraría positiva su publicación.

Por ello, cuando recibimos la carta de Reagan, pensamos que sería buena idea publicarlas juntas. Nuestro secretario de Relaciones Exteriores hizo las consultas pertinentes al gobierno norteamericano, el cual aclaró que prefería que la carta de Reagan no se publicara. Adujo como pretexto que la había enviado a diferentes países de Centroamérica y que, como seguramente todavía no había alcanzado su destino, resultaba indeseable que en esos países se conociera a través de la prensa. El hecho es que Reagan, en su carta, señalaba que el problema centroamericano debía dilucidarse en la OEA. Esto significa, evidentemente, que no considera que el Grupo Contadora sea el foro adecuado.

Otro de los compromisos que hicimos en Cancún fue que los presidentes que estuvimos ahí tendríamos acercamientos directos con los mandatarios de los países centroamericanos o con sus personeros. Yo recibí el jueves 21 a Henry Ruiz, ministro de Planificación de Nicaragua. Durante esa entrevista, me di cuenta de que los nicaragüenses ya están convencidos de que tienen que negociar. Ahora los duros son los Estados Unidos y, por consecuencia, Honduras.

La viabilidad de las medidas que propone el comunicado conjunto de Cancún estriba en que éstas significan, en el fondo, un arreglo honorable para todas las partes. También partimos del supuesto de que a nadie beneficia la guerra.

A Estados Unidos le conviene la congelación de la intervención socialista en Nicaragua, aunque esto no conlleve la necesidad de acabar con el régimen nicaragüense actual. Debe respetarse la posibilidad de subsistencia de ese gobierno, así como su derecho a conservar sus alianzas con los países socialistas.

Por otro lado, partimos del convencimiento de que Nicaragua no representa un interés vital para la Unión Soviética, y que a ésta no le conviene que el conflicto centroamericano se traduzca en una confrontación con los Estados Unidos. También hicimos un llamado a la comunidad internacional, especialmente a los países industrializados, para que apoyen a los países centroamericanos a superar su grave crisis económica. Esto es necesario si quiere evitarse el incremento de la relación entre Nicaragua y la Unión Soviética. Es de suponerse que hay muchos países industrializados interesados en limitar esta relación. Finalmente, la experiencia cubana ya demostró que si los países occidentales se cierran a la problemática de un país pobre, éste se verá en la necesidad de recurrir al apoyo de los socialistas. Dicho de otra forma, si a Cuba se le hubiese planteado una opción como la que ahora pretendemos ofrecerle a Nicaragua, Cuba no sería lo que hoy es.

Los mismos países latinoamericanos tienen que comprender que, en la medida de sus posibilidades, deben ayudar a la subregión. México ya lo ha hecho. Posiblemente es el que más ha hecho, aunque Venezuela también ha ayudado. Brasil, pese a las dificultades por las que hoy atraviesa, debe ser capaz de brindar algún otro tipo de apoyo, aunque sólo sea asistencia técnica.

El entusiasmo del Grupo Contadora se fundamenta no en la idea de lograr una maniobra quijotesca, sino en la conciencia de la necesidad de la paz en la región. Fue México quien promovió la formación del grupo mediante sus relaciones con Venezuela y al apreciar el cambio en la postura de Colombia. Panamá, por su parte, está consciente del peligro que le significará una guerra en el área. Sabe que de ocurrir ésta, inmediatamente aumentarían los efectivos militares norteamericanos en la Zona del Canal, y que con ello podrían perder todo lo que han ganado en los últimos años.

De los otros presidentes involucrados, Betancur es el más activo. En ello influye su carácter; es un activista con vocación por la política exterior. De manera tal vez más definitiva, pesa el hecho de que está iniciando su gobierno, en tanto que Herrera Campins está por terminarlo, lo que lo obliga a actuar con más cautela. A De la Espriella le queda un año, y sabe que es posible que después de él predomine un grupo militar más conservador, lo que lo lleva a actuar con moderación.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.