Huelgas universitarias

"MES: JUNIO"

Junio comenzó con huelgas en varias universidades del país. Los sindicatos de la UAM, la UPN, la UNAM y 10 universidades de provincia habían demandado, como casi todos los sindicatos del país, aumentos salariales más elevados que los que nuestra economía podía conceder. La diferencia consistió en que mientras los demás trabajadores limitaron sus peticiones a la capacidad económica de sus empresas, o esperaban el anuncio de un aumento al salario mínimo, los centros educativos se fueron a la huelga el 31 de mayo.

La decisión de los sindicatos universitarios seguramente estuvo influida por la convicción de que el ambiente era propicio para formar un frente intergremial de rechazo a la política económica del gobierno, el cual, erróneamente pensaban, podría conducir a una huelga general. El paro masivo realizado el 27 de mayo por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que exigía 100% de aumento salarial, fue apoyado por 200 000 maestros, así como por miembros del SUNTU, de los sindicatos del Politécnico, El Colegio de México y Radio Educación, entre otros. Esta acogida hizo que la CNTE citara a una gran marcha al Zócalo para el 9 de junio.

La actitud de la CNTE debe enmarcarse dentro del enfrentamiento que tiene con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Esta rivalidad, avivada el primero de mayo, hacía prever que el SNTE también tendría que moverse en el terreno salarial, para no perder fachada ante sus bases. El encarecimiento de la vida y la insuficiencia de los salarios eran innegables.

Finalmente, el ambiente estaba caldeado por los recientes conflictos en la Preparatoria Popular. Ahí, el enfrentamiento de grupos antagónicos ya había dejado, en el curso de mayo, un muerto y varios heridos. La agitación interna fue creciendo, y el primero de junio unos 700 alumnos de la Preparatoria Popular de Tacuba realizaron una marcha de la Normal Superior al Zócalo, y de ahí a la Secretaría de Gobernación. Durante la manifestación, los estudiantes golpearon a tres policías preventivos y los dejaron malheridos.

La forma en que desde sus inicios se coligaron los diversos movimientos del sector educativo hizo evidente la presencia del PSUM y del PRT. La izquierda, confundida y descontenta por su pérdida de terreno en las pasadas elecciones presidenciales, busca ahora mayor presencia en las decisiones políticas. El principal peligro estriba en que, para lograr un mayor espacio político, pretenden organizar grandes manifestaciones y agitaciones en la calle, a fin de provocar una acción represiva del gobierno. Parece claro que andaban buscando un “10 de junio” o tal vez hasta un “2 de octubre”. Cualquier acción represiva sería utilizada por ellos para desprestigiar a la autoridad pública y, con ella, a la figura presidencial. Su objetivo es debilitar al gobierno hasta lograr su desestabilización. Sólo así podrían ganar el espacio político perdido.

Cada uno de estos grupos tiene su propia historia y su propia problemática. Sin embargo, para mí tienen el denominador común de estar infiltrados por miembros del PSUM y del PRT, que buscan presentarlos, mediante el conflicto salarial, como un bloque opositor a las políticas del gobierno. Entendí desde el principio que la izquierda aprovechaba la coyuntura abierta por las negociaciones salariales, y el desgaste que provocaron, para retar al gobierno. La participación del SUTIN hizo evidente que estaban utilizando todas sus fuerzas. Por ello, la respuesta también necesitaba ser global, aunque no necesariamente inmediata.

Mi primera decisión fue la de actuar con paciencia, aprovechando la experiencia que me dio la reciente crisis salarial. No se declaró de forma inmediata la inexistencia de las huelgas universitarias, porque sentí que si el gobierno actuaba violentamente podría ayudar a coagular el movimiento. Por el momento, lo esencial era romper la posibilidad de un verdadero frente político del sector educativo.

Recordemos que alrededor del 30 de mayo, además de la UNAM, se fueron a huelga la UAM y la UPN. También lo hicieron las universidades, preparatorias y centros de enseñanza superior de Zacatecas, Guerrero, Tabasco, Yucatán, Michoacán, Puebla, Baja California y Nayarit. El miércoles primero de junio, el rector anunció que pediría a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje que declarara inexistente la huelga en la UNAM, mientras que las autoridades universitarias ofrecieron a los trabajadores un aumento de 1 700 pesos mensuales.

Por su parte, los líderes del STUNAM, el SUNTU y el SUTIN señalaron, en conferencia de prensa, que la carestía había rebasado los límites que pueden soportar los trabajadores e hicieron un llamado a la solidaridad con su movimiento. Ese mismo día, los estudiantes, maestros y trabajadores de las escuelas superiores del Politécnico realizaron un paro de labores de 24 horas en apoyo a las demandas salariales.

El jueves 2, miles de trabajadores de los sindicatos universitarios, del SUTIN, y de la CNTE efectuaron una manifestación. El viernes 3, unos 54 000 maestros del SNTE suspendieron sus labores en las escuelas primarias y secundarias de Puebla, Baja California, Yucatán y Veracruz para realizar manifestaciones y mítines en demanda de aumentos salariales de 100 por ciento.

El sábado 4, miles de maestros de la CNTE efectuaron manifestaciones y se posesionaron de las oficinas delegacionales de la SEP para solicitarme la renuncia del secretario de Educación Pública. Al mismo tiempo, contingentes del SUNTU, el STUNAM, el SITUAM y el SUTIN iniciaron un “plantón” ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje. El miércoles 8, el rector de la UNAM retiró el ofrecimiento de un aumento de emergencia de 1 700 pesos mensuales a cada trabajador. El jueves 9 tuvo lugar la primera gran manifestación encabezada por los dirigentes de la CNTE, el SUTIN, el STUNAM, el SUNTU y el SITUAM. Marcharon de la Normal Superior al Zócalo.

A finales de la primera semana de huelga, hablamos con Evaristo Pérez Arreola, quien fungió como el interlocutor del STUNAM ante el rector y la Secretaría de Gobernación. Le dijimos que si el sindicato levantaba su huelga, nosotros estaríamos dispuestos a apoyarlo para que obtuviera el 50% de los salarios caídos, así como algunas prestaciones, tales como despensas para los trabajadores y el edificio que con anterioridad se le había ofrecido al sindicato. Le dejamos claro que nuestras proposiciones sólo tendrían vigencia mientras el STUNAM no se mezclara con otros grupos sindicales y le advertimos que, de hacerlo, el sindicato recibiría un trato hostil. Insistimos en que para lograr cualquier acuerdo, primero debería levantar la huelga. Quisimos que el SUNTU pagara el costo político de su actuación, asumiendo su responsabilidad por haber iniciado la huelga.

El gobierno intervino en forma directa para controlar los sindicatos universitarios y el rector quedó agradecido por ello, pues bien sabe que sin el apoyo del gobierno no puede sostenerse. Nuestra intervención también impidió que otros grupos gubernamentales jugaran, como en el pasado, con el sindicalismo universitario.

Reflexionando rápidamente sobre lo que ha ocurrido en ese terreno, podría señalarse que las fuerzas políticas de izquierda, al comprender que no podían penetrar el sindicalismo obrero o campesino, concluyeron que su clientela natural era el mundo universitario, magisterial y estudiantil. Esto es así porque estos grupos tienen un buen nivel cultural y, sin embargo, no están ligados al Estado.

El movimiento de 1968 fue un resultado de ese proceso. Por su parte, la reforma política lo fortaleció al legalizar las actividades de los grupos de izquierda. Su avance también debe entenderse como un reflejo de la incapacidad del PRI para penetrar en el mundo universitario. Esto debe modificarse. El PRI debe competir en la lucha político-ideológica que se da en la academia.

De 1976 a 1978, las autoridades universitarias dieron la batalla al sindicalismo, proponiendo, mediante la reglamentación de la Ley Federal del Trabajo, una reforma laboral. Si no lograron su objetivo, cuando menos dejaron clara su oposición a que la operación cotidiana de la UNAM quedara en manos de los grupos de izquierda, los cuales le restan pluralidad al trabajo académico.

Sea como fuere, la huelga universitaria se planteó como un problema de los empleados administrativos, absurdamente erigidos en factótum de la Universidad, a pesar de sus intentos fallidos por atraer a su causa al personal académico.

Los problemas de la Preparatoria Popular los pudimos resolver, de momento, entregando a los manifestantes un local de trabajo adicional. Sin embargo, su problema de fondo es el reacomodo de grupos y facciones políticas en el mundo estudiantil. Lo mismo puede decirse de las escuelas normales y del Instituto Politécnico Nacional. En estos casos, la lucha política entre grupos se da por el reparto del botín, ya que una forma tradicional de negociar con ellos consistía en darles puestos en el gobierno, becas y dinero. En el sexenio pasado participaron en estas actividades gente como Hank, Durazo, Pedro Ojeda y Gustavo Carvajal. La Federal de Seguridad también trataba de controlarlos. Nuestro problema con ellos es que estamos tratando de desmontar todo eso.

La situación es compleja, porque estas agrupaciones estudiantiles, interesadas en provocar una acción represiva del gobierno, pertenecen a grupos de izquierda del más amplio espectro. Nos han mostrado mapas sobre su composición y son realmente complicados: hay maoístas, trotskistas, anarcos, sandinistas, guevaristas, bolcheviques, etc. Naturalmente, están infiltradas por el PSUM, el PRT, el PMT.

Tienen, por otro lado, contacto con varias universidades de provincia, como las de Guerrero, Sinaloa y Puebla, entre otras; con los guerrilleros de Nicaragua y El Salvador; con todas las embajadas socialistas a las que se pueden acercar. En fin, constituyen una verdadera olla de grillos.

Sin embargo, son grupos peligrosos, pues encuentran en las ideas marxistas, que difícilmente comprenden a fondo, una forma de expresar su rechazo a lo existente y de sublimar su frustración por la marginación en que viven. El caso más dramático es precisamente el de los alumnos de la Preparatoria Popular, que son los rechazados de las preparatorias oficiales. Este grupo está constituido por muchachos desnutridos y de baja capacidad intelectual. Constituyen, de hecho, el verdadero lumpen del estudiantado. No hemos encontrado una fórmula para solucionar el fondo de este problema, que exigiría su incorporación a la actividad productiva. Al contrario, ahora parece factible que aumente el número de jóvenes que, por todas las razones descritas, forman verdaderas hordas de agitación.

El mismo jueves 9 de junio en que se realizó la enorme manifestación de los grupos de izquierda, el SNTE emplazó a huelga para el 20 de agosto. Esto fue inevitable, pues los dirigentes del SNTE temieron que la actividad de la CNTE los rebasara.

El movimiento magisterial representa, por su dimensión, un área de conflicto muy grave. La CNTE también está infiltrada por elementos muy radicales del PSUM y del PRT. Nuestra situación en este conflicto se vio agravada pues Jonguitud, que es el líder del SNTE y también gobernador de San Luis Potosí, estaba sentido con nosotros porque no le ayudamos a hacer frente al pésimo ambiente que tenía en la capital de su estado. Además, es un hombre rígido y violento que pretende resolver los problemas a golpes.

Jonguitud, aunque todavía cuenta con el apoyo de la mayoría del SNTE, tiene que reconocer que está perdiendo terreno. Se le han salido elementos en Chiapas, Oaxaca, Hidalgo y el Valle de México. En este sentido, la CNTE está ganando la partida, pues está creciendo. Para el gobierno, este problema es muy grave, pues los maestros se encuentran en todos los rincones del país y tienen un alto nivel cultural y una tradición de movilización. El peligro estriba en que el SNTE se desmorone y deje abierto el control del magisterio a grupos opositores al gobierno.

Por ello, evitamos romper las negociaciones y el diálogo con la CNTE. Tanto el secretario de Educación como el de Gobernación los están recibiendo. Nuestro máximo avance consistió en haber acordado, en medio de los conflictos, la formación de una comisión compuesta por la Secretaría de Educación Pública, el SNTE y la CNTE.

Estamos atendiendo el problema magisterial con un fortalecimiento del diálogo. Queremos escuchar cuáles son sus problemas sindicales y entender qué alianzas tienen con otros grupos, en qué área son conciliables sus puntos de vista y en cuáles son irreconciliables.

Mientras trabajábamos en este sentido, continuaban las manifestaciones. El viernes 17 de junio, unos 50 000 integrantes del SNTE realizaron una manifestación que concluyó frente a la SEP. Al salir yo del edificio del Departamento del Distrito Federal, me encontré con que los manifestantes estaban en el Zócalo. Crucé entre ellos y entré a Palacio Nacional sin ningún incidente, pero la agitación seguía. El 20 de junio, la actividad docente fue suspendida en prácticamente todo el país a consecuencia del paro nacional organizado tanto por la CNTE como por el SNTE. Por otro lado, los líderes del SUNTU, del SUTIN y de la CNTE realizaron una segunda marcha de la Normal Superior al Zócalo.

Además, mientras el conflicto en el sector educativo seguía, enfrentábamos huelgas abiertas en el cine, en la industria del cemento y del hule, y prórrogas en los emplazamientos a huelga de Teléfonos de México y otras empresas públicas. Los arreglos contractuales entre empresas y trabajadores continuaron, no sin cierta fricción.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.