Negociaciones salariales: corresponsabilidad de las partes

"MES: JUNIO"

CREO QUE ES IMPORTANTE QUE HAYA PASADO ESTA NEGOCIACIÓN SALARIAL, en la que algunos creyeron ver la crisis más aguda de lo que va de mi administración.

Deseo un cambio de fondo, porque ya no quiero que en estos casos el desgaste sea para el gobierno, en general, y para el Presidente, en lo personal, al tener éste que negociar sector por sector, área por área, punto por punto. Ya no quiero que el país vuelva a sufrir el desgaste de dos meses de incertidumbre, como ocurrió durante estas pasadas negociaciones.

Mi interés por limpiar y sanear al movimiento obrero es decidido. Lo he demostrado con hechos, y lo dije con claridad y fuerza el 9 de junio en Guadalajara. En esa ocasión quise hacer público, para que lo entienda con claridad el movimiento obrero, que no me gustó la forma como se manejaron durante el proceso de la negociación salarial y que no quiero que me lo vayan a repetir. Ya no es posible aceptar que actúen en forma errática, pidiendo 50% de aumento salarial para luego bajarse intempestivamente a 25%. Tampoco es aceptable que el único trabajo de los líderes obreros sea hacer declaraciones en los periódicos.

Quiero cambios cualitativos que impidan que los trabajadores me sigan presionando sin corresponsabilizarse. Por ello, cuando Fidel Velázquez me planteó, mientras comíamos el viernes 10 de junio, el famoso pacto de solidaridad entre los obreros y los patrones, le dije que no podía aceptarlo, pues suponía una congelación de precios que yo sabía que no se podía cumplir. Añadí que buen trabajo me ha costado tratar de recuperar la confianza en el gobierno, como para salir con promesas que de antemano sé que van a fallar.

Lo que necesito es que los trabajadores hagan verdaderas negociaciones con los empresarios, pero no están preparados para ello. No saben hacerlas. Es necesario presionar para que madure el movimiento obrero, para que aprenda a negociar. Lo mismo puede decirse de los empresarios. Ambos deben capacitar a sus grupos de asesoría y apoyo para que los ayuden en las negociaciones.

Recapitulando sobre el proceso, Fidel Velázquez nos pidió, cuando le advertimos que los salarios mínimos deberían incrementarse en sólo 15%, que se prorrogara la fecha en que éstos se iban a dar a conocer. En otras palabras, cuando comprendió que no cederíamos a sus presiones, orientó sus esfuerzos al desarrollo de las negociaciones contractuales.

Ya ubicado en este nuevo frente, nos pidió que diéramos una pauta para el desarrollo de esas negociaciones; esto es, una pauta como la que significó el aumento de 10, 20 y 30% anunciado por López Portillo en 1982. Si hubiésemos cedido a esta solicitud, el proceso de negociación contractual hubiera sido más ordenado, pero hubiera tenido resultados económicos nefastos. No lo hicimos y, sin embargo, Fidel Velázquez siguió su juego, logrando que varios de los arreglos entre los trabajadores y los patrones se dieran por arriba de 15%. Naturalmente los cacareó mucho, pues ello ayuda a su imagen y le permite conservar la dirigencia máxima del movimiento obrero.

En este proceso de negociación salarial, el gobierno mostró su autoridad. En primer lugar, no cedimos ni en el monto ni en la fecha que originalmente nos solicitó Fidel Velázquez. En segundo término, no accedimos a su petición de marcar una pauta para el desarrollo de las negociaciones contractuales.

De mayor trascendencia en el largo plazo puede resultar el hecho de que estas negociaciones se dieron directamente entre los trabajadores y los patrones, eliminando por primera vez, en muchos años, el papel del Estado como árbitro obligado en ellas. Si podemos mantenernos en esta línea será un cambio de fondo que podrá representar un verdadero parteaguas en el estilo de las relaciones que el Estado sostiene tanto con los trabajadores como con los patrones, pues ambos grupos de la sociedad volverán a desarrollar actividades que les corresponden y que, hasta ahora, el Estado había venido realizando por ellos.

La modificación en la forma de negociar implicará un cambio en la conducta de ambos grupos. Los líderes obreros de cada empresa tendrán que moverse más para defender los intereses de sus agremiados directos y, en esa medida, deberán ser más responsables ante las bases que representan, pues de su actuación dependerán los logros concretos. Esto alterará todas las relaciones internas en las centrales obreras, ya que la descentralización de la negociación fortalecerá al movimiento obrero, obligando a los líderes a competir individualmente. De ocurrir esto, habrá un movimiento obrero más activo, que si bien hará más complejo y laborioso el trabajo del gobierno, responderá mejor a la complejidad real de la sociedad.

La negociación directa también alterará la forma de proceder de los empresarios, pues los obligará a asumir su papel y, con ello, su responsabilidad. Hasta ahora, ha sido muy cómodo para ellos dejar que el Estado funja como intermediario, sin compartir con él el desgaste político y la responsabilidad que tal función implica.

Cuando comenté con Felipe González la situación por la que estábamos atravesando y la forma como en México se dan las negociaciones salariales, el Presidente socialista no salía de su asombro. En España, la negociación salarial se da directamente entre obreros y patrones; el gobierno sólo les advierte que si pasan de ciertos niveles habrá repercusiones en la competitividad de los productos españoles en el exterior. De manera que el nivel de injerencia y responsabilidad de nuestro gobierno en este proceso sorprende aun a los socialistas. La comparación pone en evidencia los extremos del paternalismo gubernamental en el que se ha desarrollado nuestra sociedad, deformación que ha llegado a considerarse natural. Esto es lo que hay que modificar.

La forma de negociar de Fidel Velázquez con el Estado lleva una fuerte carga de inercia. Sin embargo, es importante reconocer que se mueve con habilidad durante el proceso mismo de la negociación. Según las reacciones que va encontrando de parte del gobierno, cambia de señales, buscando siempre la salida que le permita mantenerse, ante la opinión pública, en su posición de máximo dirigente obrero. Su liderazgo le cuesta barato, pues lo maneja mediante declaraciones a la opinión pública, sin necesidad de recurrir a grandes movimientos.

En el proceso actual, su liderazgo quedó en una situación de claroscuro, pues no logró lo que se propuso. Sin embargo, supo salir del atolladero mediante los arreglos contractuales. Difundió ampliamente los aumentos fijados por arriba de 15%, pero ello no altera el desgaste que el proceso mismo le acarreó. Si bien sigue siendo el máximo líder del movimiento obrero organizado, debe reconocerse que ya no tiene el mismo poder de presión. Su autoridad no sufrió un resquebrajamiento grave dentro de la CTM, pero sí se debilitó considerablemente ante las otras centrales obreras, tales como la COR, la CROM y la CROC. Su forma de actuar, precipitada y autónoma, las alejó de la CTM y las acercó al gobierno, el cual tendrá que premiar su disposición de apoyo en los momentos más críticos de la negociación, dándoles más espacio y posibilidad de juego. Con los grandes sindicatos estratégicos, don Fidel debió quedar muy sentido, pues si bien sus líderes le manifiestan gran respeto, se mantuvieron totalmente al margen durante este proceso.

Ante el gobierno, es innegable que la posición de Velázquez sufrió un cierto resquebrajamiento. Nuestras relaciones se han enfriado, pues si bien sigo convencido de la conveniencia de que el Estado tenga alianzas institucionales firmes con el movimiento obrero organizado, he aclarado que éstas están condicionadas a que el gobierno tenga una salida decorosa, esto es, a que la relación no implique sometimiento al aliado.

En cuanto al futuro político del movimiento obrero, considero indeseable, aun a mediano plazo, que éste llegara a formar un partido clasista. Siento que nuestra sociedad no tiene la articulación necesaria para funcionar con base en el fraccionamiento clasista de los grupos políticos. Yo creo que en México resultan convenientes los partidos pluriclasistas, como el PRI. Las tesis de interés nacional deben surgir del diálogo interno entre todos los grupos que representa el PRI. Por ello, lo que debe buscarse es el restablecimiento del equilibrio de los sectores que conforman el partido. La CTM no debería tener una fortaleza mayor que la de la CNC o la de la CNOP.

En este proceso de negociación salarial, los empresarios se distinguieron por su falta de iniciativa. Dejaron que el gobierno se plantara, que contuviera los salarios y que sufriera solo el desgaste que ello implica. Si bien es cierto que yo al principio les pedí que no fomentaran una polémica agria, también lo es que ellos hubieran podido dar la cara un poco más, exponiendo con claridad razonamientos que convencieran a la opinión pública de la imposibilidad de aumentar los salarios en forma importante. En fin, debieron participar más y no agazaparse esperando a que el gobierno diera la pauta. El único que más o menos actuó fue Jacobo Zaidenweber.

Probablemente una de las razones de esta falta de iniciativa de los líderes empresariales es que entre ellos hay grandes diferencias y no existe un liderazgo unido. Tal vez, en el fondo, se encuentra el hecho de que los líderes empresariales ya no saben cómo moverse. Se les ha hecho ver que la forma en que se habían manejado durante los últimos 12 años, dedicándose a las críticas generales y presionando con argumentos ideológicos, no va a funcionar durante mi gobierno. La verdad es que ya no saben cuál es su función y esto los aleja de sus representados. Los empresarios temen que lo único que estén logrando los líderes empresariales sea un distanciamiento del gobierno.

En la gira de trabajo que hice los días 9 y 10 de junio por el estado de Jalisco, invité a Prudencio López y a Alberto Bailleres. Ellos aprovecharon la ocasión para preguntarme qué debían hacer con las organizaciones empresariales. Les contesté que debían manejarlas. De alguna manera es triste ver que ni aun los empresarios, que supuestamente representan el grupo más moderno y sofisticado de nuestra sociedad, saben cómo manejar sus organizaciones políticas. Incluso ellos vienen a pedir consejo y orientación al Presidente.

El desarrollo de las negociaciones salariales les dio más oxígeno y posibilidad de acción a los empresarios. Ello ocurrió al abrirse las negociaciones bilaterales.

El cambio les gustó, porque sienten que en esa negociación pueden relacionarse mejor con los líderes obreros, con quienes pueden hablar de situaciones concretas de las empresas. También influye el hecho de que estos líderes son para ellos mucho más manejables que los dirigentes nacionales. Ahora bien, debemos reconocer que este proceso de negociación bilateral, que satisface tanto a los empresarios, se caracteriza actualmente por un factor determinante a su favor: la abundancia de mano de obra.

La actitud general de los empresarios respecto a las políticas que está siguiendo el gobierno ha mejorado. Parece que la estrategia económica que he impuesto los ha convencido. Claro, existen algunos que quisieran una política económica en la que hubiera menos gasto público y en la que no se aumentaran tanto las tarifas y los impuestos. No obstante, en general, todos están de acuerdo en la política que estamos siguiendo y solamente buscan que ésta sea más eficiente.

La complejidad de este proceso salarial también me permitió conocer mejor a mis colaboradores. Se movieron bien. Cada uno jugó el papel que le correspondía. Sin embargo, el proceso también hizo evidente la importancia que para ellos tiene una orientación de mi parte. La necesitan para poder trabajar, pues al recibirla se sienten mucho más seguros de sí mismos. Esto es lógico, pues a los secretarios lo que más les importa es no “quemarse” con el Presidente. De manera que si el Presidente les dice por dónde tienen que caminar, trabajan con confianza, tranquilos. Pero, independientemente del temor que puedan albergar, es importante destacar lo decisivo que es que el Presidente defina la actitud con que deben tratarse los problemas; hay que reconocer que el sistema no opera solo: el Presidente necesita dirigir la maniobra.

Esta última afirmación es válida en un sentido más amplio. Por ello, creo que fue muy importante sacar adelante el Plan Nacional de Desarrollo, que representa una definición amplísima de la política y las actividades de cada una de las áreas del gobierno. El plan fue propuesto como un documento cualitativo y, en ese terreno, constituye un planteamiento muy macizo.

Tenemos que definir las pautas de nuestro desarrollo. Vamos trabajando y estamos listos para entrar a nuevos capítulos, que seguramente serán polémicos. Para hacerlo, no tengo otra opción que fortalecer el poder presidencial, pues si no lo hago, corro el riesgo de que todos, al mismo tiempo, ataquen al gobierno.

El fortalecimiento del poder presidencial no significa una concentración de poder, sino tan solo la creación del ámbito necesario para su ejercicio. Su uso adecuado debe fortalecer el juego democrático. En nuestro contexto, esto significaría fortalecer al Poder Judicial; dar más juego a los gobernadores; propiciar mayor libertad en la opinión pública; fortalecer al PRI y, dentro de él, a los sectores campesino y popular; fomentar un mayor diálogo con los diferentes sectores de la sociedad. En fin, lo que resultó claro es que en este momento no debemos temer al fortalecimiento del poder presidencial. Lo que más daño nos puede causar es justamente la falta de gobierno.

La negociación salarial realzó la capacidad reguladora del gobierno, el cual cobró mayor ascendencia entre los empresarios, al tiempo que disminuyó su prestigio entre los grupos de izquierda.

Las huelgas de la Universidad Autónoma Metropolitana, la Pedagógica y la UNAM, que estallaron a fines de mayo, pusieron en evidencia que los sindicatos de “izquierda” pensaban retar al gobierno. Pero antes de tratar los problemas que enfrentamos en el sector educativo en particular, y con los grupos de izquierda en general, quisiera terminar un tema que de alguna manera ya inicié.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.