Chiapas: plan de desarrollo

"MES: MAYO"

El 12 y 13 de mayo dimos a conocer, durante mi gira por el estado, el Plan Chiapas.

Chiapas es posiblemente la entidad que tiene la población y la situación social y económica más heterogéneas en todo el país. Por un lado, 28% de su población es considerada indígena y, en este sentido, es el estado que, relativamente, tiene más indígenas en la República. Por otro lado, la falta de comunicaciones ha permitido que subsista una organización política basada en cacicazgos.

Este atraso político lleva aparejada una mala distribución de la tierra. El grupo económicamente más poderoso es el de los cafetaleros, quienes mantienen una vida arcaica. Me dijo el gobernador que todavía tienen cárceles privadas en sus fincas, a las que reducen a los trabajadores cuando se emborrachan. Perdura ahí una forma de explotación sumamente atrasada, pues la actitud de los finqueros parte de la idea de que pronto se les va a quitar todo cuanto poseen y que, por tanto, no vale la pena hacer ningún esfuerzo por mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores. Están decididos a sacar, a la brevedad, todo el dinero que les sea posible. No están realizando ningún esfuerzo de reinversión.

El estado es rico en recursos naturales. Sin embargo, su población está mal distribuida, ubicándose en las zonas altas, que son más pobres. Ahí se encuentran los indios, y como no existen vías de comunicación, éstos han permanecido aislados, conformando grupos verdaderamente decadentes, con poca posibilidad de ser incorporados al progreso sin romper definitivamente sus esquemas culturales. En este sentido, Chiapas sólo es comparable con Oaxaca, puesto que Yucatán tiene una población más homogénea.

Otro aspecto problemático en Chiapas es el enfrentamiento entre los grupos de misioneros protestantes y los sacerdotes católicos. El protestantismo en Chiapas ha penetrado, logrando, en muchas ocasiones, que algunas comunidades no solamente se conviertan al credo que ellos predican, sino también que adopten ciertas actitudes vitales y éticas que han repercutido en la mejoría de su nivel de vida. Este fenómeno, naturalmente, causa celo e irritación entre los sacerdotes católicos, quienes son los primeros en promover las invasiones de tierras en esos pueblos.

A los problemas propios de la entidad, ahora se suman los que resultan de ser frontera con Guatemala. Actualmente viven en el territorio chiapaneco entre 30 000 y 50 000 refugiados, quienes ya están teniendo enfrentamientos con nuestra población, que los rechaza.

Yo creo que lo que resultará más efectivo para la modernización en el Plan Chiapas es el establecimiento de vías de comunicación. Esto, sin duda, transformará las estructuras de la sociedad chiapaneca.

El Plan Chiapas, que representa la mayor inversión que destinaremos a un solo estado, busca modernizar la entidad. Su habitual problemática política y social se agrava por su ubicación estratégica: su frontera con Centroamérica le da relevancia política y sus recursos petroleros la ubican en la perspectiva de un cambio acelerado.

Es posible considerar que la enorme inyección de recursos que se destinó a esa entidad puede traer modificaciones en sus estructuras económicas, sociales y de dominación, como de hecho ocurrió en Tabasco durante el sexenio pasado. Ahí, el desarrollo petrolero cambió la situación del estado: dañó severamente la agricultura y la ganadería; provocó una fuerte migración a las ciudades, y dio lugar a una inflación superior a la nacional y al surgimiento de grupos de presión política antes inexistentes, como el de los transportistas o el mismo sindicato petrolero.

En el caso de Chiapas siempre ha existido un marasmo social. En el sexenio pasado, el gobierno del estado tuvo, gracias a la bonanza petrolera, mucho dinero disponible, pero lo gastó de una manera sumamente desordenada. Ahora nosotros, con el Plan Chiapas, creamos una estrategia que significa un adelanto en materia de orden, concepto antes inexistente.

Ahora bien, es imposible prevenir y planear nuestra actuación ante todos los problemas que se puedan presentar. Lo único que está a nuestro alcance es estar alertas y funcionando de manera eficiente. En realidad, como se puede ver, mucho en la acción de gobernar es echarse al agua. No es posible detenerse hasta lograr una organización perfecta y cabal, para entonces entrarle a los problemas. Las circunstancias no nos permiten ese tiempo; hay que aventurarse a hacer las cosas, aunque, claro, dentro de parámetros racionales.

Por ello es necesario crear planes para todos los estados. Así podremos decirles a los gobernadores: “Aquí está tu chamba”. Sólo así estaremos en condiciones de definir metas y caminos.

Sin embargo, hay gobernadores que son verdaderamente impermeables al trabajo ordenado, otros tienen temperamento abúlico y se encuentran decididos a no dejarse perturbar por la crisis y sus problemas. El gobernador de Guanajuato, Enrique Velasco Ibarra, por ejemplo, está muy enamorado y se ha abandonado en aras de un romance que seguramente ha de ser muy bonito, pues me informan que se pasa las tardes caminando por el campo. Acaba de casarse y parece que lo único que le interesa es vivir una especie de luna de miel permanente. A Graciliano Alpuche Pinzón, de Yucatán, lo veo muy limitado. Y Carlos Jonguitud, de San Luis Potosí, está muy enojado con nosotros porque no lo apoyamos para ganar la presidencia municipal de su capital, elección para la que ya tenía las boletas electorales preparadas. Ahora resiente que no lo ayudamos a aplastar a Salvador Nava, el presidente municipal panista que ganó esas elecciones. De manera que aun haciendo planes, resulta difícil lograr que los gobernadores asuman su responsabilidad y se pongan a trabajar.

La única forma de superar esta situación consiste en procurar que las estructuras gubernamentales funcionen con la mayor eficacia y que cumplan adecuadamente sus atribuciones. Pero mientras esto sucede, no se puede dejar de actuar. Hay que prever los problemas que se puedan ir presentando, pero entendiendo que las estructuras políticas reaccionan a base de retos; los planes concretos representarán retos concretos para los gobernadores.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.