Dedicatoria

Al releer, después de quince años, este texto, reviví los sentimientos de angustia con los que enfrenté las vicisitudes narradas. En retrospectiva, me doy cuenta de cómo la gravedad de los acontecimientos absorbió la totalidad de mi energía y atención, llevándome a sacrificar parte de mi vida familiar y social. Por ello reconozco, con claridad creciente, que si fui capaz de soportar la responsabilidad y la tensión de conducir el país en esos días difíciles fue gracias a que tengo la fortuna de contar con el afecto incondicional de mi esposa Paloma y de nuestros hijos Miguel, Margarita, Enrique, Federico y Gerardo.

Paloma me brindó su total solidaridad. Quiero, una vez más, destacar la labor eficaz, discreta y comprometida que ella realizó como presidenta de los patronatos del DIF y del Voluntariado Nacional. Ahora, su respaldo a mi determinación de publicar este libro es, como todo el apoyo que siempre me ha brindado, invaluable para mí.

Finalmente, el ejemplo de mi madre, que no sólo no se doblegó ante la adversidad, sino que nos enseñó la satisfacción que produce el deber cumplido, guió siempre mis acciones.

A todos ellos, con cariño y gratitud, dedico este libro.

Ciudad de México, octubre de 2003

 
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