Negociaciones salariales: posición de la CTM

"MES: ABRIL"

Abril fue difícil, pues mientras actuábamos para fortalecer nuestra política centroamericana, tuvimos que enfrentar, en casa, los problemas y las presiones que derivaron de la solicitud de aumento salarial de emergencia que interpuso la CTM ante la Secretaría del Trabajo. Esto ocurrió el 11 de abril, y tuvo como antecedente inmediato los aumentos en los precios de la leche y de la gasolina, anunciados los días 4 y 6 de abril, respectivamente.

El aumento en el precio de la leche demostró, según Fidel Velázquez, el fracaso de la política de contención de precios. Su crítica, ahora dirigida contra el gobierno, fue el epílogo de una larga cadena de protestas por el encarecimiento de la vida. Hasta ese momento, el máximo líder obrero atribuía el fenómeno exclusivamente a la falta de solidaridad de los empresarios.

Ahora bien, no era posible dejar de aumentar el precio de la leche, pues estaba bajando la producción. Los ganaderos de la leche ya estaban matando las vaquillas. Éstas son realidades que si no reconocemos en su momento, después se hacen cada vez más difíciles de enfrentar.

Fidel Velázquez me señaló que el alto costo de la leche se debe a que su esquema de producción es malo. Sí lo es, pero no se puede cambiar por decreto. En cuanto a la gasolina, estamos siguiendo el camino que nos trazamos, que es el de valorizar los precios del sector público. Sé que la gente ya está cansada de nuevas medidas; querría que dejáramos las cosas quietas. Tal actitud existe aun en mi gabinete, pero si dejo que la inercia nos gobierne, las cosas pueden empeorar con rapidez, lo que provocaría periodos de escasez de determinados productos, con la consecuente irritación popular.

La decisión de subir el precio de la gasolina se tomó en el marco de una disciplina política clara. En todo caso, no se discutió más allá de si el aumento debía ser de tres o de cuatro pesos. Fui yo quien se inclinó porque el aumento fuera de cuatro pesos, pensando en que el golpe psicológico no sería distinto y que, sin embargo, el diferencial me daría un margen para cubrirme de los imponderables que puedan presentarse en el curso del año.

La petición del aumento salarial de emergencia destapó un problema muy delicado y me obligó a gobernar, de manera constante, en el filo de la navaja: entre una racionalidad económica y un manejo político.

El proceso se inició cuando todavía no tenía una estrategia general respecto al movimiento obrero y, menos aún, una táctica concreta. Tal ausencia resulta, como tantas otras cosas, de la carencia de estudios que permitan hacer planteamientos sistemáticos o que auxilien en la toma de decisiones. No sé si esos estudios jamás se hicieron o si simplemente nuestra costumbre obliga a todo presidente a empezar su gestión con el escritorio vacío.

Para modificar tal situación, le había encomendado a la Secretaría del Trabajo y a la Secretaría de Gobernación que estudiaran las centrales obreras y a sus líderes; en fin, que prepararan un mapa real de lo que es el movimiento obrero. Éste es muy complejo, porque la CTM, que es el núcleo central, tiene un liderazgo muy disparejo en los distintos estados de la República. La CROC, que cuenta con líderes más activos, le está robando clientela a la CTM y a la CROM, mientras mantiene una postura más cercana al gobierno. También están los sindicatos de industrias estratégicas que son, en sí mismos, otro universo. Aunque formalmente militan en la CTM, de hecho tienen una dinámica autónoma.

Sin embargo, reflexionando en un terreno más amplio, la CTM ha ido cobrando mayor peso político al trascender la esfera laboral y plantear enfoques globales sobre la sociedad mexicana. Sus tesis han influido en el acontecer político, y han llegado a ser retomadas por el gobierno. Este proceso se inició en la época de Echeverría, cuando éste alentó a jóvenes economistas para que le brindaran apoyo ideológico al movimiento obrero. Entre ellos puede contarse a Armando Labra, Ifigenia Martínez y Jesús Puente Leyva. Por su parte, el movimiento obrero se ha beneficiado con este tipo de apoyos, pues reconoce que necesita una mayor solidez ideológica para defenderse. Otros individuos trataron de hacer lo mismo para la CNC, pues este grupo tampoco es capaz de plantear, por sí mismo, tesis más amplias. Sin embargo, este esfuerzo no encontró el ambiente necesario para prosperar.

El régimen de López Portillo se inició, al igual que éste, con un control de las demandas salariales. Hubo entonces que compensar al movimiento obrero permitiéndole exponer sus puntos de vista en el nivel macro. Esto ha continuado en el presente. Ahora la CTM cuenta con jóvenes intelectuales como Arturo Romo, de quien me dicen que se acercó a la CTM por medio de Rodolfo Echeverría Ruiz, y que actualmente es embajador. Otro caso sería Ángel Aceves, quien dirige el IEPES y es un economista estudioso. Aceves es más útil, más político que Romo.

La función de estos individuos podría calificarse como de intermediarios entre la CTM y el gobierno. Su fuerza dentro de la confederación depende del contacto real que tengan con el Presidente y sus secretarios. Si éstos se enfrían con ellos, inmediatamente pierden influencia. Su intermediarismo también funciona en el otro sentido: permite al Presidente usarlos para enviar mensajes y orientaciones a la CTM.

La CTM continuará fortaleciéndose ideológicamente, pues ya probó la miel que le significa opinar sobre los asuntos de gobierno. Seguirá demandando la solución de asuntos concretos, pero su negociación abarcará peticiones más amplias e, incluso, posiciones de gobierno para su gente. Sobre este último punto, cabe mencionar que me llegaron a solicitar una secretaría de Estado. Les di una subsecretaría en Pesca, que ocupa Alfonso Calderón. Para compensar esta petición, metí un subsecretario de clara orientación empresarial, Francisco Cano Escalante, en Comercio.

En la situación actual, es importante apoyar a la CTM y no a los sindicatos independientes. El país necesita fortalecer sus instituciones y lograr un equilibrio político sólido. Yo prefiero una alianza franca con el movimiento obrero organizado, que andar con apoyos fatuos a sindicatos independientes. Lo que se necesita es fortalecer alianzas que puedan ser efectivas. Por ello, he propiciado un claro acercamiento con Fidel Velázquez. Su presencia sigue siendo determinante y su actitud, en los primeros meses de mi gobierno, había sido muy solidaria. Un reflejo del apoyo que nos brindó el viejo líder en esos meses se encuentra en lo que, con buen humor, me platicó Farell. Me dijo, algún día que conversamos en el mes de marzo, que había visto desmejorado a Fidel Velázquez, más delgado y cansado. Esa noche no pudo dormir tranquilo: soñó que se moría don Fidel y se despertó sudando.

En ese contexto, en el que nuestra relación con el movimiento obrero organizado era de franca alianza, quiso probarnos don Fidel. El 11 de abril, la CTM presentó al secretario del Trabajo un documento en el que solicitaba la reunión inmediata de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, señalando la necesidad de un aumento salarial de emergencia. Pedía, en ese mismo documento, la congelación de las rentas.

Para saber hasta dónde era posible o necesario elevar el salario, tuve que evaluar, además de los factores económicos, el estado de ánimo del movimiento obrero. Necesitaba saber hasta dónde puedo continuar estirando la cuerda, consciente de que si ésta se estira demasiado, pueden ocurrir problemas como los que atravesaron, en esos días, países que de hecho tienen una situación mejor que la nuestra. Baste con observar las manifestaciones obreras ocurridas en São Paulo o las dificultades que tuvo Francia.

Otro factor importante para evaluar la situación fue reconocer que si bien la demanda de aumento salarial se funda en el encarecimiento real de la vida, la decisión de Fidel Velázquez, al destapar un problema tan delicado, debe entenderse como parte de su estrategia global. Esta estrategia consiste en tomar la delantera en determinados problemas, para evitar que sus propios líderes se le salgan de control o que los sindicatos independientes lo rebasen.

Para medir el estado de ánimo de los trabajadores tuve presente que Fidel Velázquez, en sus peticiones, siempre tiende a cubrirse más de lo que se descubre. Por ejemplo, el hecho de que el desempleo no haya alcanzado el nivel negativo que en un momento dado supusimos, se ha convertido, en su opinión, en una prueba de que a los empresarios no les está yendo tan mal y que, por tanto, pueden y deben dar un poco más al movimiento obrero.

Hubo enormes expectativas sobre cómo procederíamos ante el problema salarial. En verdad era un asunto delicado, pues si no lo manejábamos con todo cuidado podía dar al traste con nuestro programa económico, al dejarle la rienda suelta a la inflación. El momento era crítico, por lo que el peso de mi evaluación sobre los estados de ánimo resultaba determinante. Ésta es la responsabilidad que un sistema como el nuestro impone al Presidente.

A los empresarios les pedí que mantuvieran una posición discreta. Les mandé decir que no era el momento para estridencias verbales, pues si ellos lanzaban ataques contra don Fidel, éste se vería en la necesidad de hacer lo mismo, creándome un ambiente muy difícil para las negociaciones. Lo entendieron y me hicieron caso. Creo que ahora ya puedo decir que los tengo planchados, cuando menos en un 90 por ciento.

Recibí, el 20 de abril, a un grupo de empresarios encabezado por Fernando Marina, presidente de la Canaco. De esa reunión me quedó claro que si bien los empresarios se encontraban a la expectativa, me estaban observando. Me dieron a entender su mensaje: “Ahora vamos a ver quién manda”. En concreto, les dije que mi posición consistía en buscar la moderación salarial. Ellos destacaron que el tiempo y el monto eran determinantes, por lo que los tranquilicé diciéndoles que la decisión no se tomaría antes del primero de mayo, como en esos días empezó a exigir Fidel Velázquez. Por táctica política, no podía ceder ante ese tipo de presiones. Don Fidel y yo somos amigos, pero quise que sintiera que nuestra alianza no significa sometimiento.

Desde luego pensamos en dar respuesta a las otras peticiones que Fidel Velázquez planteó ante la Secretaría del Trabajo, pues a nosotros en nada nos beneficia lastimar su imagen pública o su credibilidad ante el movimiento obrero organizado. Además, estamos conscientes de la necesidad de proteger con más energía el consumo de los trabajadores. Por ello, de inmediato promovimos programas gubernamentales que den mayor apoyo a la canasta de productos básicos y nos dedicamos a desarrollar un plan de vivienda. Teníamos que hacer algo, pero lo haríamos con la calma requerida. El día 13 anunciamos que se reuniría la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, aunque no en forma automática e inmediata, sino de acuerdo con lo estipulado por la ley.

Por su parte, la Secretaría del Trabajo le preguntó a Fidel Velázquez si ya tenía los estudios necesarios para solicitar un aumento salarial de emergencia, esto es, estudios que señalaran cómo repercutiría el aumento en la economía nacional o cómo se afectaría la balanza de pagos. Don Fidel contestó que esas cosas técnicas nos las dejaba a nosotros. Pero nosotros le hicimos ver que no estábamos en tiempos normales, que esta negociación se estaba realizando en medio de una crisis y que, por ello, las dos partes, tanto el gobierno como el movimiento obrero organizado, debían involucrarse y responsabilizarse de las decisiones, porque si éstas acarreaban problemas políticos, las dos partes seríamos afectadas.

La Comisión Nacional de Salarios Mínimos tarda cuando menos 30 días hábiles en hacer los estudios y las negociaciones necesarias, por lo que nada podía decidirse hasta finales de mayo. Esto lo aclaramos con don Fidel, haciéndole ver que no podíamos acatar su petición de fijar los salarios mínimos antes del primero de mayo sin demeritar la fuerza del gobierno. En ese momento pareció entender nuestra posición: no dio muestras de disgusto. Sin embargo, el ambiente crecía en tensiones y expectativas. El esperado anuncio sobre los aumentos salariales y la perspectiva del desfile del primero de mayo calentaban el ambiente.

A pesar de la tensión política que ello significaba, decidí no anunciar el aumento salarial hasta la tercera semana de mayo, con la idea de que los nuevos salarios mínimos entraran en vigor el primero de junio. Lo hice así al apreciar que don Fidel había actuado en forma autónoma, es decir, sin negociar su decisión con las otras organizaciones que componen el Congreso del Trabajo. Esto provocó, por tanto, malestar y disgusto entre los dirigentes de la CROC, la CROM, la COR y otras organizaciones obreras que no aceptan el liderazgo abierto de don Fidel. El Congreso del Trabajo es todo menos monolítico, y esta situación de diferencia interna entre ellos me permitió concluir que la presión que estaban ejerciendo sobre el gobierno era manejable. Por eso, opté por una solución que nos dejara justamente a la mitad del camino entre la fecha propuesta por Fidel Velázquez y la que nosotros habíamos previsto a principios de año.

Respecto a los estudios económicos que solicité a la CTM y al Congreso del Trabajo para medir el impacto que los aumentos en los salarios tendrían en los productos finales al consumidor, con el fin de hacer corresponsables a los líderes obreros de la decisión, no tuve ninguna respuesta. De hecho, don Fidel no preparó estudio alguno y mi petición no le hizo ningún efecto. Él tiene años de negociar los aumentos salariales con base en el regateo, por lo que ni siquiera una crisis económica de la magnitud de la que ahora atravesamos hace posible cambiar su forma de operar. En el fondo, esto demuestra el gran primitivismo de nuestras organizaciones sindicales.

La verdad es que los asesores que auxilian a Fidel Velázquez son profesionales de una calidad muy mediana que, posiblemente para justificarse ante él, le presentan de vez en cuando estudios económicos. Cuando don Fidel ve que esos estudios tienen jiribilla política, los toma y los hace suyos.

También me he dado cuenta de que entre los asesores de don Fidel hay grandes divergencias. Por un lado se encuentran los tradicionales, como Porfirio Camarena y Reyes Medrano, que tienen muchos años de estar trabajando para la CTM. Por el otro lado, hay jóvenes como Arturo Romo y Ángel Aceves, que han decidido hacer carrera política apoyándose en el movimiento obrero. Entre ellos mismos hay profundos desacuerdos y esto se agrava por el recelo que sienten de todos los asesores los líderes de los sindicatos. Esta situación es aprovechada por Fidel Velázquez para jugar, dándose un margen de movimiento entre ellos. Por ejemplo, esta petición de alza salarial no fue negociada por don Fidel con los otros líderes de la CTM, lo que de hecho no importa demasiado, pues éstos manifiestan gran disciplina en torno a su líder, aunque seguramente les irritó mucho que ni siquiera los haya consultado.

Ahora bien, si esta forma tan peculiar de proceder de don Fidel nos dio un margen de tiempo para responder a su petición salarial, también es cierto que sentimos la necesidad de precipitar algunas acciones que teníamos planeadas, a fin de dar rápida respuesta a sus otras demandas. Antes del primero de mayo sacamos los programas de vivienda del Departamento del Distrito Federal y de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología. También hicimos movimientos, si no para incrementar cuando menos para recalcar nuestra acción respecto a los productos básicos, como importar productos para combatir prácticas especulativas o ampliar líneas de crédito de Fonacot para la adquisición de productos básicos por medio de la Conasupo. Reconozco que si bien se habían dado los pasos necesarios para apoyar los productos básicos, no se había hecho la suficiente propaganda o promoción sobre ello.

 
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