Contadora: agravamiento del conflicto centroamericano

"MES: ABRIL"

MARZO CONCLUYÓ CON LA APARICIÓN DE PROBLEMAS DIFÍCILES. En los últimos días del mes, el conflicto centroamericano se volvió explosivo. Desde entonces resultaba claramente perceptible que los Estados Unidos estaban dispuestos a apoyar un movimiento armado para derrocar a los sandinistas. A partir de aquel momento, Nicaragua ha sufrido invasiones por el norte, movimientos contraguerrilleros en el sur y aun en el centro. La actuación de personajes como Edén Pastora y Fernando Chamorro, entre otros, parece confirmarlo. Washington está convencido de que no es posible tratar con los sandinistas, pues Nicaragua se ha convertido en un reducto de la acción soviética y cubana. Considera que Nicaragua es una base socialista a partir de la cual se están promoviendo movimientos desestabilizadores en los demás países centroamericanos, con el peligro consiguiente para los países de América Latina en general y, por ende, para su propia seguridad nacional. Los norteamericanos se encuentran totalmente cerrados para negociar con Nicaragua.

El temor de que se precipitara una guerra en Centroamérica me decidió a acelerar las acciones del Grupo Contadora que, de hecho, había estado bastante inactivo desde los pronunciamientos que hizo a principios de año. Alenté al Presidente de Colombia, Belisario Betancur, con quien me reuní el 9 de abril en Cancún, para que no dejara a México solo en esta moción de paz. Le pedí que ayudara a integrar al grupo a Panamá, Venezuela y Costa Rica. Esta última ya se estaba moviendo hacia nosotros. Venezuela, que se había alejado, se estaba acercando de nuevo. Panamá, por su situación histórica, era el miembro más vulnerable del grupo.

Me mantuve en contacto con los presidentes de esas naciones y traté de ampliar el margen de maniobra del grupo. Busqué el apoyo de Ecuador, Perú y Bolivia, consciente de que la densidad dará mayor viabilidad a nuestra política centroamericana.

Con Belisario Betancur tuve un buen entendimiento. Su apoyo al Grupo Contadora significa un giro en la política internacional de Colombia, que la ubica más cerca de la postura de México y menos sujeta a las posiciones norteamericanas.

Betancur me explicó que su interés por desarrollar una política exterior más liberal se relaciona con la política de apertura democrática que trata de establecer internamente. Su objetivo es neutralizar el apoyo cubano a las guerrillas en Colombia. Betancur siente que, al liberalizar su política externa, podrá tener un acercamiento con Cuba, y que ello permitirá moderar y limitar la actividad guerrillera en su país. Aun sin relaciones formales, parece que, desde entonces, estos dos países ya han comenzado a establecer un diálogo.

El nudo gordiano del conflicto en Centroamérica es Nicaragua. Así lo dije francamente en la entrevista que tuve, el día 30 de abril, con un grupo encabezado por el comandante Henry Ruiz, ministro de Planificación de Nicaragua y miembro de la dirección del Frente Sandinista. Les hice ver que los Estados Unidos afirman que el proyecto que se está desarrollando en Nicaragua está promovido por los soviéticos y por los cubanos. De ahí que resulte tan poco conveniente para la causa de la paz en Centroamérica el que ellos anden haciendo peregrinaciones a Moscú para retratarse con Yuri Andropov. Les pedí que actuaran en forma sensata; que me ayudaran a la pacificación de Centroamérica insistiendo en que su revolución es nacionalista, evitando que cunda en diferentes medios la convicción propalada por Estados Unidos en el sentido de que Nicaragua es utilizada por la URSS como pie de entrada para la expansión socialista en América.

Las bases que nosotros consideramos necesarias para que haya una verdadera negociación son iguales para todos los países centroamericanos. Les estamos pidiendo que se abran al diálogo; que inicien un proceso de desarme; que no intervengan o traten de introducirse en los movimientos internos de sus vecinos, y que procuren la salida de todos los asesores militares extranjeros. Por cierto, a ese respecto, los norteamericanos aseguran que los nicaragüenses tienen asesores de todo el bloque socialista: soviéticos, checoslovacos, húngaros, polacos, etcétera.

Insistí, cuando hablé con ellos, en que si no arreglan sus relaciones con Estados Unidos, estarán siempre en peligro. El peligro podrá aumentar o disminuir, pero estarán en riesgo constante. Les hice ver que aun en México, donde tradicionalmente les hemos manifestado nuestro apoyo, existen ciertos grupos de empresarios mojigatos que me han manifestado su temor por la política centroamericana que estoy desarrollando.

Los nicaragüenses aseguran que su acercamiento a los soviéticos es defensivo, que están conscientes de que esta dependencia no les conviene; pero dicen que es su única posible respuesta a las agresiones concretas de las que han sido objeto por parte de Estados Unidos. Señalan que la penetración en su territorio de 2 000 somocistas armados, denunciada ante la ONU el 24 de marzo, así como el impulso a la guerrilla contrarrevolucionaria, son hechos promovidos por los norteamericanos, quienes también le están cerrando al gobierno sandinista toda posibilidad de acción en el terreno económico.

Afirman que, en última instancia, si es necesario, están dispuestos a morir. Pero a México no le interesa el martirologio de Nicaragua. Para nosotros una guerra en Centroamérica representa un alto riesgo político, porque es evidente el peligro de contagio. Estoy convencido de que una guerra centroamericana haría que en México se radicalizaran los grupos de izquierda y aun las guerrillas; proliferarían las manifestaciones y se crearía un ambiente muy tenso. Lo mismo ocurriría en toda América Latina. Por eso, la guerra centroamericana encierra un alto riesgo político para México y para toda América Latina. La paz regional representa para nosotros un interés vital.

Lo que los países latinoamericanos podemos hacer para evitar la guerra está limitado por lo que los países directamente involucrados pongan de su parte. Cuando les he expuesto esto a los nicaragüenses, no me han dado argumentos de fondo en contra. Ellos aseveran que su revolución es nacionalista y que buscan la instalación de un gobierno pluralista. Como muestra de su buena fe señalan que por ello no llevaron a cabo elecciones inmediatamente después del triunfo armado, para dar tiempo a la reorganización de la sociedad. Afirman que su economía es mixta; que 60% de su producción la realiza la iniciativa privada. Dicen que sólo en ese contexto quieren fortalecer a los sectores sociales y que, por otro lado, mantienen una política de no alineación. En realidad, tratan de decirnos que hacen lo mismo que nosotros.

En cuanto a la ayuda que reciben, aseguran que ésta proviene en gran parte de organismos internacionales y de varios países europeos. En fin, sostienen que la aportación que reciben del bloque socialista, en cifras, no es superior al 25 por ciento.

Yo traté de hacerles ver que su liga con los socialistas aumenta el riesgo de la guerra y es insostenible, pues provoca e irrita profundamente a los norteamericanos, quienes han manifestado que no aceptarán ni un paso más de la penetración soviética y cubana en Centroamérica. Les expresé con claridad que si los norteamericanos decidieran invadir Centroamérica, México se rasgaría las vestiduras y se lamentaría, pero no podría actuar. Hoy podemos ayudarlos como mediadores, pero necesitamos su colaboración para que salgan del área tanto los soviéticos como los americanos. Sólo así se dejarán de matar.

En Cuba reconocen estar muy preocupados por el empeoramiento de la situación en Centroamérica. Temen la intervención de Estados Unidos en el área y saben el riesgo que esto implica para ellos. Nosotros tratamos de mantenerlos informados y propiciamos que conserven una actitud serena.

La cuerda está tirante, porque la actitud de George Shultz es muy rígida. Shultz busca el establecimiento de un nuevo gobierno en Nicaragua, pues considera que ya están agotadas todas las posibilidades de diálogo y de entendimiento con los sandinistas. También desea que Cuba vuelva a la comunidad americana.

En el diálogo que sostuve aquí en México, el 19 de abril, con Shultz, Regan, Baldrige y Enders, les señalé que nuestros objetivos en Centroamérica son la paz, la democracia y el desarrollo. Esta afirmación les gustó. Aclaré que el orden de esta búsqueda es determinante, pues es un orden secuencial. Añadí que debemos estar conscientes de que las decisiones que ahora se tomen respecto a Centroamérica determinarán las relaciones entre los Estados Unidos y toda la América Latina hasta el año 2000. Finalmente, les hice ver con toda claridad que a México tampoco le conviene la presencia de nuevas bases soviéticas en América Latina, pues significa un riesgo para nuestra paz y estabilidad. Estas afirmaciones les resultaron muy gratas y así me lo expresaron.

Por su parte, ellos me dijeron: “Ustedes han estado bien en la táctica y mal en la estrategia. Han hecho cosas que los favorecen temporalmente, pero que a la larga han propiciado la participación de los soviéticos en América”. Con ello hacían referencia al apoyo que hemos brindado a Nicaragua y a nuestra posición ante el conflicto interno en El Salvador; esto es, a que reconocimos al Frente Farabundo Martí como una organización revolucionaria con la representación para negociar políticamente. Sienten, con razón, que México ha coqueteado, durante las dos pasadas administraciones, con estos grupos socialistas. Para mí era determinante hablar con claridad frente a los visitantes norteamericanos. Necesito evitar el riesgo de una mala interpretación de parte de los Estados Unidos. Si no lo hago, pueden alborotarnos a la derecha y al Ejército.

Siento que Shultz es un hombre mejor dispuesto a la negociación que Enders. En realidad, el más conservador en la Unión Americana es el mismo presidente Reagan, pero Enders sólo va detrás de William Clark, el asesor presidencial para asuntos internacionales. De cualquier forma, los norteamericanos saben que la situación es delicada. Piensan que si avanza el socialismo en América Latina será en demérito de la figura y la política propuesta por el presidente Reagan; pero también saben que de haber una maniobra sangrienta, Centroamérica puede convertirse en el Irán de Reagan. Por ello, si bien los norteamericanos sostienen en este momento una posición dura, en la que consideran imposible negociar con los sandinistas y prefieren orientar sus esfuerzos a la desestabilización del gobierno nicaragüense, también están conscientes de que la capacidad negociadora del Grupo Contadora es la única alternativa al enfrentamiento. Por ello, resultó infundado nuestro temor a su inconformidad por las acciones del Grupo Contadora. Los norteamericanos manifestaron su aprecio por nuestro esfuerzo, pero se mantienen escépticos ante la posibilidad de que el Grupo logre resultados efectivos.

Nosotros insistimos en que nuestra lucha es por lograr una paz negociada con garantías; es decir, entendemos con claridad que el trato de paz negociada solamente será efectivo si pueden darse garantías que satisfagan ampliamente a los países involucrados. Les pedí que nos ayudaran en la negociación influyendo sobre Honduras y El Salvador. Este último país está viviendo momentos muy difíciles, pues tiene un gobierno débil y un ejército corrupto. Según informaciones que hemos recibido, solamente 20% del armamento que reciben las guerrillas en El Salvador procede de Nicaragua; el 80% restante es armamento que la guerrilla le quita al ejército, que el ejército le vende a la guerrilla o que se compra en el mercado negro.

Las acciones realizadas por el Grupo Contadora han evitado el estallido del conflicto. Cada día que pasa es peligroso; cada día ganamos tiempo en la búsqueda de una paz negociada. El diálogo es fundamental en este proceso. Por ello, les he hecho ver a los Estados Unidos que México es el único país al que oyen con confianza Cuba y Nicaragua. Les dije que Cuba, a la que nosotros mantenemos informada, está consciente del riesgo que existe actualmente, y se está portando en forma razonable. Insistí, por otro lado, en que no se puede privar a Nicaragua de un segmento de sus relaciones exteriores: hay que aceptar que Nicaragua tiene el derecho de relacionarse con el bloque socialista.

La visita de Shultz me dejó claro que las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética están sumamente tensas. Jorge Espinosa de los Reyes, nuestro embajador en Washington, me dijo que el embajador de la Unión Soviética —que tiene 21 años en Washington y es el decano del cuerpo diplomático— le comentó que nunca antes, en su experiencia, habían estado tan tensas las relaciones entre los soviéticos y los americanos.

El 12 de abril, el director del Eximbank, William Draper, me dijo una frase que me impresionó: “Ahora ustedes son la segunda prioridad para los Estados Unidos. El único problema mayor que tienen es una posible guerra nuclear”.

Pero volviendo sobre la visita de Shultz, Enders, Regan y Baldrige, cabe mencionar que originalmente sólo iban a venir a la III Conferencia Binacional México- Estados Unidos los tres primeros funcionarios: Shultz y Enders como representantes de la política, y Regan del dinero. Sin embargo, yo solicité que también viniera un representante del comercio, lo que explica la presencia de Baldrige.

En este sentido, mi interés era hacer sentir a los norteamericanos que pueden ayudarnos por medio del comercio. Nos deben permitir exportar ya que, por el momento, es difícil pensar que nos puedan brindar ayuda adicional en el terreno de la negociación de nuestra deuda externa. La presencia de un representante del comercio era, en todo caso, simbólica, pero establecía la importancia que para nosotros tiene un trato positivo del gobierno norteamericano en ese terreno, pues en la situación actual resulta muy difícil que podamos concurrir de manera libre al mercado internacional. Por ello debemos buscar la forma de evitar el proteccionismo norteamericano respecto a nuestros productos de exportación.

La administración pasada estuvo a punto de lograr un arreglo comercial bilateral con los Estados Unidos, mismo que se suspendió en el último momento, pues los norteamericanos ya estaban en la disposición de esperar al nuevo gobierno para cerrar cualquier trato. En lo sustantivo, este acuerdo significa que otorguen a nuestras exportaciones el beneficio de la prueba del daño, a cambio de lo cual exigen que haya ciertas normas para evitar que nosotros otorguemos subsidios excesivos a nuestras exportaciones hacia Norteamérica. Con la visita de Baldrige, las negociaciones en este terreno se han reabierto. También se volvió a abrir el tema del atún. Todo esto significa que ya se están normalizando las relaciones que estaban suspendidas. La misma reunión binacional constituye una prueba de ello.

Los norteamericanos dejaron ver su voluntad de apoyo, demostrando que México tiene para ellos un interés vital. Respecto a la viabilidad de nuestra política económica, les he hecho ver que, con ciertas flexibilidades que me son indispensables para asegurar la estabilidad política, continuaremos con el programa propuesto. En el terreno del financiamiento también hubo resultados positivos. Creo que sobre esto ya no tienen ninguna duda.

La tensión en Centroamérica, pese a nuestros esfuerzos, siguió cobrando fuerza. El 16 de abril, Brasil detuvo un par de aviones libios que llevaban oculta una carga de armamentos para Nicaragua. El Presidente brasileño me comentó después que su país no había tenido alternativa, pues habían pretendido engañarlos diciéndoles que la carga era de medicinas. De cualquier forma, el incidente cayó como anillo al dedo, en el momento adecuado, para dar elementos comprobatorios al discurso que Reagan pronunció ante el Congreso de su país el día 27 de abril, en el que inscribía el conflicto centroamericano en el contexto de la confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Hay quienes han querido presentar ese discurso como el parto de los montes, cuando en realidad no dijo nada nuevo. El discurso que yo pronuncié en Cancún el día 28, durante la cena que ofrecí a Figueiredo, en el que condené cualquier tipo de intervencionismo en la región centroamericana, no fue una contestación al de Reagan. Ya lo tenía hecho, y no sentí necesario modificarlo.

La posición del Grupo Contadora es clara y está logrando adeptos en los Estados Unidos. Los pronunciamientos de Figueiredo durante su visita a México, en abril, fueron más allá de lo que habíamos previsto. En ellos externó el apoyo sin reservas que Brasil brinda a las gestiones del Grupo Contadora. Señaló que la solución al conflicto centroamericano exige la participación de las naciones latinoamericanas e identificó el origen de la crisis en las condiciones económicas y sociales que viven esos pueblos.

El Grupo Contadora sigue trabajando afanosamente y, sin embargo, todavía no existe un acuerdo pleno sobre la estrategia que debemos seguir para lograr la paz negociada en Centroamérica. En todo caso, esa estrategia no incluye la participación de diferentes grupos políticos dentro de cada país; se refiere simplemente a las relaciones entre países.

Yo siento que las naciones centroamericanas no están cooperando lo suficiente para lograr la paz negociada. En Honduras y Guatemala permea claramente la posición de los Estados Unidos. En El Salvador el gobierno es más moderado. Las posibilidades de que Centroamérica ayude para que se dé en el área una paz negociada dependen en mucho de la posición de Nicaragua. No bastan las invitaciones que el canciller nicaragüense Miguel d’Escoto ha hecho para que visiten su país grupos norteamericanos. Hace falta que el gobierno sandinista haga declaraciones tajantes y abiertas; que ofrezca garantías a Estados Unidos de que Nicaragua no quiere depender de la Unión Soviética. Estas declaraciones, además de exponer su postura de no alineación, deben dejar muy claro que Nicaragua no buscará exportar su revolución, que tratará de mantener una economía mixta y que congelará su carrera armamentista.

La posibilidad de que esto ocurra es incierta, pues en Nicaragua hay dos bandos: aquellos que sí están dispuestos a abrirse en este sentido y aquellos que prefieren morir antes que negociar con Estados Unidos. Yo creo que si los pasos que he mencionado se dieran, sí habría posibilidad de una paz negociada, porque a Reagan no le conviene un conflicto armado que pudiera llegar a ser prolongado y sangriento. Al contrario, el Presidente norteamericano podría presentar, por razones electorales, un acercamiento real con Nicaragua como una victoria personal, pero no veo que esto esté sucediendo.

 
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