Renovación moral: concesiones y caso Díaz Serrano

"MES: MARZO"

MARZO FUE, DE ALGUNA MANERA, UN VERANITO. Me permitió un respiro antes de que se levantara la ola de nuevo.

La ceremonia conmemorativa de la expropiación petrolera fue un acto importante. Los discursos del director de Pemex, Mario Ramón Beteta, y del líder del sindicato petrolero, Salvador Barragán, generaron expectativas y comentarios.

Barragán escogió ese 18 de marzo para exponer la particular visión que de nuestra historia tiene el sindicato petrolero. En su discurso, los presidentes de la República y los directores de Pemex fueron juzgados de acuerdo con las concesiones concretas que le dieron al sindicato. Joaquín Hernández Galicia, "La Quina", quien representa el poder tras el trono en ese gremio, ya me había dicho otro tanto. Resulta claro que ellos no parecen considerar, por cinismo o primitivismo político, que las concesiones que han obtenido sean excesivamente ventajosas y, menos aún, instrumentos para la corrupción. Por ello, se han comprometido conmigo a sanear Pemex, sin ver en esto una amenaza a sus intereses.

Resulta difícil deslindar qué de todo esto es autojustificación y qué una concepción primitiva de las relaciones laborales. A ellos les parece perfectamente razonable que el sindicato tenga concesiones, que subcontrate con grandes utilidades, pues, según su decir, las dedican a obras de naturaleza social, funcionando así como agentes redistribuidores de la riqueza. En última instancia, señalan que los empresarios han ganado más que ellos con los contratos de Pemex.

Es muy difícil conocer lo que realmente ocurre en el mundo que gira en torno a Pemex. Mario Ramón Beteta todavía no lo sabe. Tal vez ni Díaz Serrano lo sepa después de cinco años de haber manejado esa empresa. Por ejemplo, hay quienes sostienen que "La Quina" es un líder honesto, cuya fuerza consiste precisamente en haber destinado los ingresos del sindicato a obras que benefician a sus trabajadores, justificando este procedimiento como el costo real de la paz en Pemex.

Lo que es un hecho es que tanto la administración pasada como la antepasada dieron grandes concesiones al sindicato de Pemex. Esto no debe verse como una decisión exclusiva de los ex directores, sino como una decisión política más amplia. Tal vez se consideró que era el costo necesario para garantizar el funcionamiento y la efectividad de la empresa. Es indiscutible que una huelga en Pemex afectaría gravemente a la empresa y al país en su conjunto.

El problema estriba en que las concesiones obtenidas por el sindicato están plasmadas en su contrato colectivo y en que los líderes sindicales las consideran logros concretos de los trabajadores. Por lo menos, así lo afirman. No hay que perder de vista que el sindicato pedirá más en cada ocasión, y que su meta será manejar totalmente la empresa, como ocurrió después de la expropiación. El hecho es que será muy difícil modificar los términos del contrato colectivo y que su renegociación constituirá un problema político muy serio. Tal vez sea posible influir en la forma de aplicación del contrato. En todo caso, las modificaciones deberán ser graduales.

En lo que se refiere a las denuncias por corrupción que se han presentado contra Jorge Díaz Serrano ante la Procuraduría General de la República, hay que reconocer que están mal fundamentadas. El Partido Socialdemócrata habla de todo y no concreta nada; su denuncia, presentada el 18 de marzo, es política. La del Partido Mexicano de los Trabajadores, puesta el día 22, está mejor fundamentada, pero no ofrece elementos comprobatorios. La posibilidad de integrar un expediente efectivo en este terreno se encuentra en las implicaciones que se deriven de los expedientes de Ignacio de León y de Jesús Chavarría, funcionarios de Pemex ya sentenciados.

Ante la opinión pública, Jorge Díaz Serrano es claramente culpable. Su amistad íntima con De León y Chavarría es elemento incriminatorio suficiente. Para la Procuraduría General de la República, la cosa no es tan fácil. Se requieren pruebas concretas. El trámite tiene que ser ortodoxo, y es difícil pensar que Díaz Serrano, como director de Pemex, haya firmado algún papel que pueda constituir prueba en su contra.

Yo no puedo actuar fuera de la ley en este caso, aunque amplios sectores de la opinión pública continúen condicionándome su confianza a que castigue a los corruptos. También se menciona entre ellos a Carlos Hank González, aunque por el momento la atención parece concentrarse en Díaz Serrano. La culpabilidad comprobada de Chavarría y De León se une a la convicción popular de que los problemas actuales de México se deben al mal manejo de Pemex. Habrá que esperar para ver cómo evoluciona el expediente de Díaz Serrano en la Procuraduría.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.