Ánimo de venganza: reacción contra López Portillo

"MES: FEBRERO"

La intranquilidad es grande, pero estoy convencido de que el ambiente envenenado que vive la Ciudad de México no tiene comparación con lo que ocurre en el resto del país. Aquí siguen moviendo mucho las reacciones contra López Portillo; tratan de presionarme y de obligarme a actuar en contra suya. Siento que es necesario resistir y aguantar, aunque me critiquen y ello tenga un costo muy alto. Estoy convencido de que si actúo contra López Portillo, el problema se volvería a la postre contra mí, pues en el sistema mexicano el Presidente es la figura clave y los ex presidentes no dejan de ser vistos como un reflejo de la Presidencia. Ahora piden que me vuelva contra López Portillo y, si lo hiciera, de inmediato pedirían que me fuera contra Echeverría. ¿Quién vendría después?

El sistema está lleno de defectos, pero no se puede romper de golpe. Si me lanzo contra los ex presidentes y otros ex funcionarios importantes, se generaría una inseguridad entre la gente del sistema, la cual inmediatamente movería sus fuerzas para pedir que, si bien los funcionarios culpables sean castigados, también lo sean los empresarios que se enriquecieron en contubernio con ellos. Acto seguido, me pedirían que también persiguiera a los líderes obreros. Si aceptara perseguir a los funcionarios, a los empresarios y a los líderes obreros, y permitiera que esto se extendiera, ¿quién cerraría la puerta?, ¿dónde estaría el límite? Podría desatarse una guerra civil. Estoy dispuesto a frenar esta moción, aunque mi prestigio se vea afectado.

Me preocupa y me irrita el crecimiento de la actitud de venganza contra López Portillo. Estoy muy molesto porque sé que sirve de pretexto a la derecha para agitar, y que me están endosando el problema. Lo estoy tratando de frenar con medidas concretas. A los banqueros ya les hice saber que, mientras continúe este ambiente, es imposible considerar la indemnización de los bancos. El secretario de Gobernación está en contacto con todos los periódicos, pero cuando no salta uno, salta otro. A veces logra sacar el tema, pero entonces aparece en las cartas a la redacción.

Sé que son los empresarios quienes están detrás de todo esto. Es innegable que la rabia contra López Portillo ha crecido de manera constante. Por ello, la respuesta que la Procuraduría General de la República dio a la demanda de Burgoa, en el sentido de que su acusación no procedía, es conveniente, pues define la posición del gobierno. Yo tengo la impresión de que tanto la clase política como el Ejército ya estaban preocupados de que realmente se llegara a procesar a López Portillo. Espero que la respuesta de la Procuraduría calme, cuando menos, a este segmento de la opinión, y que los ímpetus en torno a este asunto se vayan dispersando. No cabe duda de que esta presión, esta rabia, no tiene precedente en nuestra historia. Habrá que esperar para ver qué ocurre.

Yo entiendo, en el terreno humano, la tragedia que esto debe significar para López Portillo, porque indiscutiblemente la historia hará recuento de ello. Ahora el ex presidente ya está totalmente derrotado. Me ha dicho que no quiere irse de México, pues su deseo es hacer frente a la situación, incluso pensaba en organizar una rueda de prensa o en aparecer en televisión. Por supuesto, yo le sugerí que no lo hiciera.

Vino a verme en los primeros días de marzo Roberto Casillas y me preguntó qué debía decirle a López Portillo. Quería que yo le manifestara si debía o no salir de viaje, si debía o no vender sus casas. Yo le dije que sobre esos puntos no quería emitir mi opinión. Lo que quiero es que López Portillo se responsabilice de sus propias decisiones, para que después no pueda decir que se fue de México porque yo se lo pedí, o que se quedó a petición mía.

Le dije a Casillas que en este momento no quiero dar mi opinión, porque todavía no he tenido que tomar decisiones al respecto. Le hice ver que no sé cómo puedan venirse las cosas en una semana, en un mes, en tres meses. Espero que haya entendido con claridad que sí me resulta conveniente que López Portillo deje de ser un tema central para la opinión pública. Si se fuera de viaje bajarían los chismes, los dimes y diretes que lo han rodeado usualmente: que si se fue a Acapulco, que si se le vio en tal lado… Este tipo de cosas no le benefician, ni tampoco me benefician a mí; pero quiero que sea él quien tome sus decisiones.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.