Descentralización y reforma municipal

"MES: FEBRERO"

La descentralización es uno de los principales programas de mi gobierno. Sin embargo, empiezo a sentir que, por lo menos en lo que se refiere al terreno educativo, no se tomaron en consideración todos los conflictos que este proceso traería. Del sindicato estamos oyendo rechinidos por aquí y por allá. Habrá que replantearse todo esto, pero indiscutiblemente se procederá. El sector salud presenta menos obstáculos en este terreno.

Este proceso dará mayor fuerza a los gobernadores. Sin embargo, ellos ven con preocupación la reforma al artículo 115 constitucional que propuse, pues no sólo fortalece políticamente al municipio, al generalizar la representación proporcional en los cabildos y precisar el procedimiento que se debe seguir para la suspensión del ayuntamiento, sino que le da más facultades administrativas y, lo más significativo, especifica los rubros económicos que pertenecen a la hacienda municipal. El hecho de que la descentralización llevará el dinero directamente de la Federación a los municipios angustia políticamente a los gobernadores. Sienten que si los municipios reciben de manera directa el dinero, difícilmente podrán tener un control político sobre ellos. Esto también tenemos que revisarlo con más calma, porque hay que reconocer que la descentralización podría convertirse en el elemento revitalizador de los cacicazgos en aquellos municipios donde aún subsisten grupos políticos atrasados.

De lo que no cabe duda es de que la descentralización significa un cambio, sea que dé fuerza en ciertas áreas a los gobernadores o se la disminuya en otras. Por ello, pienso que las características esenciales de los futuros gobernadores deben ser, en principio y desde luego, mejor preparación pero, sobre todo, capacidad de afrontar y aceptar el reto del cambio.

Creo que se debe innovar en el estilo político. Lo que me pregunto es si existe el material humano para hacerlo. En la selección de gobernadores es importante considerar dos cosas: por un lado, que sean buenos candidatos, puesto que si no tienen un arrastre suficiente, hay el peligro de que pierda el PRI y gane la oposición. Por otro lado, que tengan la capacidad de ser buenos gobernantes. Desgraciadamente, no siempre van unidas estas dos características. A veces quien es un buen candidato no es un buen gobernante, y viceversa. Ser un buen candidato es un requisito indispensable en las circunstancias actuales; sin embargo, no por ello podemos o debemos descuidar el otro aspecto.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.