Sexto Informe de Gobierno

"MES: SEPTIEMBRE"

EL PRIMERO DE SEPTIEMBRE RENDÍ ANTE EL CONGRESO DE LA UNIÓN mi Sexto y último Informe de Gobierno. Las circunstancias postelectorales causaron una gran expectación sobre lo que habría de ocurrir durante su lectura. Mucho se dijo que sería yo objeto de agresiones por parte de los legisladores de la oposición, pues su deseo de erosionar al régimen es evidente.

Por ello, me preparé psicológicamente, analizando los diversos escenarios que se podían presentar. La noche anterior me reuní con Miguel Montes, quien preside la Cámara de Diputados durante el mes de septiembre, y, por tanto, presidió la sesión del Congreso en la que rendí mi informe. En ella discutimos lo que podía ocurrir.

Quedamos en que si era yo interpelado por los legisladores, él no les daría la palabra; en que si la protesta de los legisladores era silenciosa -como de hecho ya había ocurrido en ocasiones anteriores durante las sesiones del Colegio Electoral, cuando éstos se ponían en pie y daban la espalda al estrado-, continuaría yo mi lectura, y que sólo en el caso de que se diera una verdadera batahola incontrolable -en la que surgieran golpes, empujones u otras manifestaciones de violencia-, saldría yo del recinto legislativo para dirigirme a Palacio Nacional. Ahí, ya tenía yo un podio y las cámaras de televisión necesarias para continuar dirigiendo mi mensaje a la nación. Así, desde un punto de vista legal, habría yo cumplido con mi obligación al presentar por escrito el informe. Desde el punto de vista de la costumbre, lo habría hecho con sólo intentar leer uno o dos párrafos.

El primero de septiembre, la oposición efectivamente estableció una táctica deliberada de hostigamiento, pretendiendo interpelarme de forma constante durante la lectura de mi informe. En 12 ocasiones fui interrumpido. La última vez por el senador Muñoz Ledo, quien causó tal excitación que me obligó a suspender la lectura por un lapso de 10 minutos aproximadamente.

Esto fue así, porque al pretender interpelarme, se levantó de su curul y caminó hacia el podio; de inmediato fue asediado por fotógrafos y reporteros y, naturalmente, por personal del Estado Mayor Presidencial, que dejó claro que le impediría el acceso a la tribuna. Entonces, Muñoz Ledo trató en varias ocasiones de llamar mi atención y, como no lo logró, decidió abandonar el recinto. Esto ocurrió en medio de gritos de apoyo de sus seguidores, los legisladores del Frente Democrático Nacional. Esa gritería fue ahogada por los gritos de “México, México” y después de “traidor”, con los que los priistas lo despidieron del salón.

La intensidad del incidente fue realmente impactante. Sin embargo, ante sus interpelaciones, al igual que frente a las que me hicieron los demás miembros de su grupo político, me mostré imperturbable. La capacidad que tuve para mantenerme sereno, distante, fue resultado del hecho de haber considerado todos los posibles escenarios.

Así, cuando estaba yo leyendo y escuché la voz de Muñoz Ledo interpelarme, la reconocí. Por lo mismo, y como esperaba de él un gran escándalo, decidí no voltear. Lo hice no tanto por el deseo de despreciarlo, como por la convicción de que en todas circunstancias debía mantener yo la serenidad.

Me había propuesto, ante una situación como ésta, mirar hacia el frente y no voltear a ver lo que estaba ocurriendo, a fin de mantenerme firme, derecho, con un mínimo de movimientos en la cabeza o en la cara. Necesitaba proyectar la sensación de aplomo y dignidad que corresponden a la investidura presidencial.

Por ello, cuando Montes me preguntó si deseaba yo continuar con la lectura o si prefería suspenderla, valoré las cosas y señalé que esperaría un poco más. Al ver que Muñoz Ledo se salía, comprendí que era un triunfo para mí, ya que podría continuar la lectura del informe sin ningún problema.

El texto de mi mensaje fue bueno, pero estoy seguro de que para la mayoría de los mexicanos, lo memorable será mi actitud de seriedad y dignidad. Esto es positivo para mí, porque indiscutiblemente penetran más las imágenes que las palabras, las actitudes que las ideas.

La estrategia de la oposición estuvo perfectamente planificada, como lo demuestra el artículo que publicó al día siguiente Leopoldo Mendívil en El Heraldo. Muñoz Ledo, estoy seguro, gozó con el incidente. Su similitud con El gesticulador de Usigli lo convierte en una especie de hechicero. Su cinismo y la fuerza con la que afirma las cosas hacen que su mensaje resulte convincente para muchos.

Lo increíble es que me ha mandado decir, por conducto de dos amigos en común, que él espera que yo comprenda que una cosa es el mundo de la política y otra, el de la amistad. Insiste en que sigue siendo mi amigo, y da como prueba que recientemente visitó a mi hermana.

Muñoz Ledo tiene el descaro de decir que jamás me ha insultado. Esto resulta sorprendente. Baste leer la revista Siempre! del 27 de abril de 1988, la cual publicó una entrevista de Beatriz Pagés con Muñoz Ledo, en la que éste señaló que era yo un Presidente desnacionalizado, interesado en vender el país a los norteamericanos, etcétera.

Recientemente me visitó Ignacio Ovalle, que es un político avezado y culto, y me hizo una sugerencia que ilustra la forma en que conceptúa a Muñoz Ledo. Me dijo que lo que más había que cuidar era que Porfirio no asesinara a Cuauhtémoc Cárdenas, logrando con ello el doble propósito de echarle la culpa al gobierno y quedarse él como cabeza del movimiento.

En realidad, sí me preocupa la seguridad personal de Cuauhtémoc Cárdenas. Por ello, en su momento le sugerí la posibilidad de enviarle escoltas y él la rechazó, pues cuenta con cuatro elementos propios. Recientemente, por medio del general Arévalo, le ofrecí a su esposa apoyo de seguridad. La señora Cárdenas le manifestó al general Arévalo que sí tenía temor, sobre todo en las noches, por lo que aceptó y agradeció la seguridad que se le pudiera brindar.

Vivimos tiempos difíciles en que a todos nos corresponde evitar la violencia.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.