Descrédito postelectoral

"MES: JULIO"

El resultado de las elecciones del 6 de julio quedó, para grandes sectores de la población, en entredicho. Ello se debió a que la oposición no cejó de afirmar, antes y después de las elecciones, que se preparaban o habían realizado fraudes masivos que invalidaban el triunfo de los candidatos priistas, incluyendo el presidencial.

Tres factores nutrieron la credibilidad de la oposición. En primer término, el tardío, pero rápido ascenso de la popularidad de Cárdenas en el Valle de México. En segundo, la ausencia de cifras que sustentaran las declaraciones de triunfo del PRI. Y, por último, la lentitud con que se dieron a conocer las cifras oficiales.

La popularidad de Cárdenas en el Valle de México creció de manera sorprendente en el último mes y medio previos a la elección. Su visita a la Ciudad Universitaria en los primeros días de julio, como lo atestiguaron editoriales y encuestas publicadas en el diario La Jornada, demuestra su éxito en el medio académicoliberal. Sus miembros se fueron convenciendo de que el PRI estaba atrapado por los sectores más tradicionales del partido.

Esta percepción resulta paradójica, pues en realidad fue Cárdenas, y no Salinas, quien arrancó su campaña proponiendo mayor solidaridad con el sindicalismo y las organizaciones campesinas, y sólo la falta de apoyo de éstas lo llevó a desarrollar una política dirigida a los individuos.

El hecho es que permeó más la forma que el fondo. Esto es, que mientras las propuestas reales de cambio las sustentó Salinas —quien propuso la modernización de la relación entre el Estado y la sociedad, así como la consolidación de una economía orientada al futuro—, los grupos medios urbanos identificaron el cambio con Cárdenas, quien no logró articular ninguna propuesta concreta, pero desarrolló su campaña fuera de los medios tradicionales.

Una muy buena parte de su éxito derivó de su franco enfrentamiento con el PRI y el gobierno. Ello se reflejó en la prensa capitalina, que lo difundió a todo el ámbito nacional, comprobando que el Valle de México sigue siendo una gran caja de resonancia.

La declaratoria de triunfo del PRI, sin datos sólidos, dio pie a un gran malestar. No creo, ni aun viendo los resultados, que hubiera sido conveniente posponer este pronunciamiento. Necesitábamos darlo por sentado el día 7, ante el peligro de que cundiera la convicción de que Cuauhtémoc había ganado en todo el país y no sólo en ciertas regiones.

La falla estuvo en que se declaró el triunfo del PRI sin ninguna base en cifras. Otro hubiera sido el resultado si el PRI hubiera sido capaz de decir que, con base en un muestreo de 30% de las casillas, concluía que Salinas había obtenido más de 50% de los votos. El problema fue que el PRI se confió plenamente en Gobernación y no armó su propio aparato de captura de datos.

Otra falla objetiva del PRI fue su desatención a la acción electoral. Baste señalar que en el Distrito Federal hubo 1 700 casillas sin representantes del PRI. Esto fue totalmente injustificado.

Finalmente, hay que reconocer que, ante su derrota en el Distrito Federal, Morelos y Michoacán, el PRI se quedó sorprendido e inmovilizado. No fue capaz de dar una respuesta rápida, lo que permitió a sus opositores armar una maniobra inteligente para denunciar el supuesto fraude.

Estas fallas provinieron de la falta de entendimiento entre Carlos Salinas de Gortari y el CEN del PRI. La tensión en las relaciones entre Carlos Salinas y Jorge de la Vega resulta de su falta de empatía.

Cabe mencionar que, desde el inicio de su campaña, Salinas me pidió que nombrara a Camacho presidente del partido. En esa ocasión le dije que no lo juzgaba conveniente para la estructura del partido. Añadí que sería pagarle mal a un partido que había recibido bien su candidatura. Insistí en que el CEN del PRI se había preparado para realizar la campaña y que no sería conveniente dejarlos fuera.

También debo reconocer que, ya avanzada la campaña, Jorge de la Vega vino a verme para decirme que existía el rumor de que Camacho sería nombrado secretario general del partido. Me dijo que, en tal caso, él ofrecía su renuncia, pues dicho nombramiento a favor de Camacho, quien tenía fama de ser la persona más cercana a Salinas, haría que él perdiera todo ascendiente dentro del PRI.

Yo le di la razón y hablé con Salinas, a quien le dije que yo consideraba inoportuno que a mitad de la campaña se diera un cambio en la dirigencia del partido, pues ello mandaría una señal muy inquietante a la mayoría de los cuadros del partido. Salinas aceptó mi punto de vista.

Sabemos que el día de la elección, mientras Salinas se encontraba encerrado en su oficina con Camacho y creo que con alguna otra persona, el CEN del PRI se mantenía a la expectativa. De la Vega iba y venía, pero no tenía, ni podía transmitir a sus compañeros, un sentido de participación. Esta falta de identificación de Salinas y su grupo con el partido resultó muy negativa. La capacidad de amalgamar es la capacidad de mando.

En mi opinión, ante circunstancias como las vividas por el PRI la noche del 6 de julio, lo que se requería era reunir a todos los dirigentes priistas, hacerlos sentirse cercanos, interrogarlos, escuchar sus opiniones y, en presencia de todos, to- mar decisiones conjuntas entre el equipo de Salinas y el equipo del partido.

Estas diferencias trascendieron entre los dirigentes de los tres sectores y entre los gobernadores, quienes no se entendieron ni lograron un acercamiento con la gente que acompañó a Salinas durante su campaña. Ellos hacen un claro distingo entre Salinas y su gente, manifestando simpatía por Salinas. La honestidad de sus expresiones es difícil de conocer, lo que abre la posibilidad de que, si las cosas no se desarrollan en forma que los satisfaga, se pueden ir enfriando con Salinas. Dudo que se le retiren, pero es posible que se enfríen. Habrá que ver cómo se desarrollan las cosas.

Esta situación me hace cuestionar si fue o no un error el que yo hubiese impedido que, como me lo solicitaba Salinas, Manuel Camacho dirigiera el partido desde mayo. Aún ahora, creo que eso no era conveniente, pues la presencia de Camacho hubiese lesionado mucho a diversos grupos internos del partido, en un momento en que la escisión de Cárdenas y Muñoz Ledo creaba la posibilidad de que otros priistas se fueran con ellos. Temí entonces, y lo creo ahora, que la conmoción del cambio hubiera conducido a resultados peores de los que recogimos.

El tercer factor que ayudó a que la oposición ganara credibilidad y la perdieran el PRI y el gobierno fue la lentitud con la que se dieron a conocer las cifras oficiales. Inicialmente fue una estrategia deliberada de la Comisión Federal Electoral, pues los primeros resultados, los de la Ciudad de México, eran claramente contrarios al PRI. Organizamos cocteles informativos ponderados, a fin de dar a conocer información que se acercara más a nuestra expectativa en el ámbito nacional.

Después de la primera etapa, la lentitud ya no fue deliberada; no era posible acelerar la producción de información, ni creo que en un futuro pueda variar mucho, dado el factor humano.

De cualquier forma, la lentitud de la información acrecentó la incredulidad en la honestidad del proceso electoral. No obstante, logramos impedir que se afianzara la idea de un triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en la elección presidencial en todo el país, que luego hubiera sido imposible acotar a su verdadera medida.

Además de lentitud en la información, hubo un manejo sumamente torpe de la comunicación social. Resulta absolutamente increíble que hayamos dejado las acusaciones de fraude de la oposición sin contestaciones inmediatas, directas y frontales. Es claro que faltó la estrategia necesaria para dar respuesta a sus ataques, los cuales se iniciaron de manera concertada desde el mismo 6 de julio.

En dicha ocasión, y en los días subsecuentes, los candidatos a la Presidencia de la República de los partidos de oposición declararon de manera conjunta, y por separado, que había existido fraude masivo en las elecciones, y que la Comisión Federal Electoral no daba las cifras porque las estaba “maquillando”. Ello hizo evidente que la oposición tuvo mayor capacidad para capitalizar y manipular los errores del gobierno de la que tuvimos nosotros, que dejamos pasar inadvertidos ante la opinión pública los errores de nuestros contrincantes.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.