Pacto de Solidaridad Económica: éxito

"MES: MAYO"

EL 22 DE MAYO, DENTRO DEL MARCO DE CONCERTACIÓN del Pacto de Solidaridad Económica, se acordó prolongar los compromisos contraídos en el acuerdo del 28 de febrero. El éxito del pacto consiste en mantener la inflación bajo control. En mayo será de cerca de 2%, cuando apenas en enero pasado llegó a más de 15 por ciento.

Sin embargo, nada ocurre de manera automática. Días antes de este acuerdo, parecía haber diferencia entre los sectores respecto al curso de acción que se iba a tomar. El sector obrero estaba totalmente convencido de que el pacto no debía sufrir ninguna modificación, en tanto que los empresarios deseaban hacerle ajustes en varios terrenos. Algunos estaban inquietos por los precios y otros por el tipo de cambio. Aspe, Farell y Petricioli se manifestaron en coincidencia con el sector obrero. Héctor Hernández se mantuvo atrás, a la expectativa de lo que hicieran los otros secretarios.

Tengo la impresión de que metimos el pacto con calzador. Lo logramos con el apoyo de Fidel Velázquez, pero con gran escepticismo de parte de los empresarios. Por tanto, tengo dudas de hasta dónde lo podremos sostener. Lo que más me inquieta son los precios de garantía y de los derivados agrícolas, aunque también existe en el ambiente la idea de que se debe modificar el tipo de cambio, porque se ha dado un crecimiento muy fuerte de las importaciones, a pesar de que estamos en recesión. De inmediato no es grave, porque tenemos reservas, pero esta situación no es sostenible.

Sea como fuere, tenemos que sostener a como dé lugar el pacto por varios meses, solucionando problemas específicos. La pregunta que desde ahora surge es: ¿qué vamos a hacer en agosto?

La modificación del pacto en el mes de agosto nos traería las críticas de muchos, en el sentido de que con ello se comprueba que sí fue un instrumento electoral. El pacto es de naturaleza económica, pero no podemos negar su contenido político. El abatimiento de la inflación ha cambiado la situación preelectoral y, en la medida en que esto es cierto, adquiere un significado político. Es innegable que de haberse desbocado la inflación, la situación política del país y las expectativas respecto a las próximas elecciones serían totalmente distintas.

Tengo alguna esperanza de que la situación se pueda contener por la baja significativa de las tasas de interés. Ello hace que sólo algunos de los precios que- den rezagados. Sin embargo, en estos meses voy a tener la atención puesta en todo el proceso, porque estoy convencido de que en la política económica se necesita tener una gran sensibilidad en la punta de los dedos.

Los tiempos cuentan mucho: no hay duda de que el mes de junio estará dominado por las próximas elecciones, que serán una distracción. Julio, a su vez, estará dominado por los resultados de las elecciones y las propuestas que generen.

De cualquier forma, habré de mantenerme muy pendiente de los indicadores económicos. Si siento que la situación puede descomponerse, mi meta sería lograr un ajuste concertado, esto es, no permitir que la situación nos dé un chicotazo. De hacerlo, no sólo se afectaría el pacto, sino de manera irremediable, mi prestigio personal. La diferencia significativa está en que desde ahora concertemos el ajuste. En todo esto hay mucho de azar, dadas las tremendas vulnerabilidades de la economía mexicana.

Al sector obrero le gusta el pacto, porque la concertación le permite influir en la política económica. A los empresarios les causa preocupación y los pone nerviosos, porque les quita libertad. Se cuestionan las perspectivas del pacto; se preguntan si siempre se les van a vigilar los costos, los precios y las utilidades. Ellos sienten, y con razón, que una economía concertada no es una economía de mercado libre, que es lo que ellos postulan y ambicionan.

El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Agustín Legorreta, pronunció un discurso en la Universidad Anáhuac, el 18 de mayo, en donde cometió un grave error. Tuvo la debilidad, de señalar que el pacto había sido promovido y concertado por los empresarios.

Esta versión absurda le valió de inmediato las críticas de diversos grupos de la sociedad, entre los que se distinguen quienes por origen o ideología de por sí abominan a los empresarios. El sector obrero también se molestó y, dentro del gobierno, su afirmación también causó malestar. La consecuencia fue que los otros empresarios inmediatamente le reclamaron su impertinencia, que sin duda los debilitó.

En lo personal, Legorreta me mandó ofrecer disculpas; tan apenado estaba por lo ocurrido, que incluso me mandó preguntar si podía asistir al proceso de concertación del pacto.

Este incidente cobró peso en la medida en que vulneró enormemente la posición de los empresarios, que en esta tercera ronda de negociaciones se mostraron muy suaves. De manera que el incidente Legorreta ayudó a amarrar el pacto.

Cuando vinieron a verme varios empresarios para decirme que Legorreta no había dicho lo que la prensa decía que había dicho, yo les contesté que si no lo había dicho, lo pensaba. Esto es cierto, porque los empresarios están decididos a cambiar el país y creen que lo pueden hacer.

Baste ver el discurso que pronunció Eduardo García Suárez el 24 de mayo, durante su toma de posesión como presidente de la Canaco, para saber cómo piensan. En este discurso exhibe con claridad el rencor que le tienen al gobierno, a la Revolución, y lo decididos que están a dar la lucha para evitar que lleguen gobiernos que ellos consideran socializantes.

Otro ejemplo claro de esta perspectiva está en una publicación hecha por la Coparmex en noviembre de 1987, en la que se habla sobre modernización. En ella, los empresarios exponen su filosofía con toda candidez y franqueza. Todavía, por ejemplo, critican los cambios constitucionales que realicé a principios de mi mandato. Están convencidos de que sigo una línea maquiavélica que llevará a México a la socialdemocracia.

Durante la firma de esta nueva etapa del pacto expuse la conveniencia de utilizar la concertación para llevar adelante tareas distintas del combate contra la inflación. Creo que es una metodología que se puede aplicar a muchas acciones de tipo económico. Hay que convencer a la gente de ello.

Hasta ahora no se ha dado una concertación plena, ya que la que se realiza para el pacto es relativa. En ella no hay un libre juego de ideas, ni siquiera un verdadero diálogo. Sólo al final, para aparecer en la televisión, nos reunimos los participantes.

De hecho, el gobierno presenta una propuesta que, en primera instancia, conoce Fidel Velázquez. Una vez negociada con él, se le presenta a los empresarios. Lo que se da es un proceso de negociación por separado, que permite a los representantes del gobierno afinar las cosas hasta llegar a una situación aceptable para todas las partes.

Este proceso está lejos de ser una concertación auténtica. Sin embargo, tan- to obreros como empresarios la encuentran positiva. Los campos en los que podría funcionar la concertación son muchos; puede mencionarse la posibilidad de crear un plan industrial, un plan de productividad, o la de coordinar inversiones complementarias.

Es interesante ver que la concertación ya está empezando a penetrar en los estados. Ahí se logran ciertos acuerdos. Algunos gobernadores sí actúan y, al reunir a los diferentes grupos, crean un ambiente positivo. No obstante, siempre están atentos al proceso de concertación nacional.

A la fecha se ha logrado un importante abatimiento de la inflación y del desequilibrio financiero del sector público. Para asegurar la consolidación y permanencia de estos logros, lo básico es abatir el déficit público. Hay que hacer otras cosas también, pero, sin el abatimiento del déficit público, nada resultaría.

Tenemos que avanzar en la renegociación de la deuda, aunque en ese terreno soy poco optimista, ya que no veo un ambiente propicio para que se logren grandes cosas. No veo cómo se pudieran dar avances que representaron concesiones significativas para los deudores, sin que ello condujera a una severa retracción del financiamiento privado. El hecho es que no existe un esquema de financiamiento alternativo. Si no se paga una deuda, pierde el banco y pierden los fiscos.

A la fecha ya ha habido un retraimiento tremendo del financiamiento privado. Por ello, aunque sea monstruoso que haya transferencia neta de recursos al exterior, tenemos que seguir pagando. Nuestra meta es renegociar hasta lograr un refinanciamiento neto, aunque sea moderado.

Las pruebas que tendrá que vivir el pacto antes de probar su éxito definitivo son severas. Incluyen el ajuste a los precios de garantía, la corrección del rezago de los precios y tarifas oficiales, el paso de la desinflación a la reactivación económica y el sostenimiento de la expansión de las exportaciones. Si movemos los precios de garantía en una proporción mayor, se afectarán todos los precios derivados.

Por otro lado, es cierto que se están rezagando los precios y tarifas del sector público y que esto es grave al conjuntarse con la caída del precio del petróleo y la caída de ventas de servicios del Estado en una etapa de recesión. Ello nos obliga a cortar cada vez más el presupuesto, y cada recorte en este terreno es ya muy doloroso. A corto plazo, el punto más delicado son los precios de garantía.

La apertura comercial ha servido para combatir la inflación en algunos aspectos. Ha sido importante en sectores como el del vestido, el calzado o el papel. No ha dado pie a una importación de lujo excesiva; más bien ha propiciado la importación de prendas de muy mala calidad, causando malestar entre los compradores.

Nuestro indicador más importante, la inflación, sigue bajando. Hasta ahora hemos logrado que el pacto funcione bien.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.