Cuauhtémoc Cárdenas y el Frente Democrático Nacional

"MES: ABRIL"

El frente cardenista ha cobrado más impulso del que nosotros suponíamos que iba a lograr. Nuestra decisión de llevar a la quiebra a Aeroméxico ha tenido un valor simbólico importante, ya que al sumarse con actos anteriores como la quiebra de la Fundidora de Monterrey, ha hecho que penetre más claramente en la conciencia de los ciudadanos nuestra decisión de disminuir el tamaño del Estado.

Este planteamiento, que yo anuncié desde el inicio de mi gobierno como uno de los cambios estructurales que realizaría, no provocó de inmediato la reacción que uno supondría, sobre todo si partimos de la aceptación de que en la cultura política de nuestro país se ha educado a la población a pensar que el Estado debe ser siempre más grande, pues sólo así será más fuerte. Apenas ahora está permeando en la población que el cambio ideológico que propuse iba en serio.

De hecho, resulta sorprendente que no haya sido sino hasta finales del quinto año de mi gobierno cuando surgió una oposición frontal a mis planteamientos. Yo entiendo que el Frente Democrático Nacional encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas abandere a los grupos que se resisten a aceptar la necesidad de modificar el tamaño y la naturaleza del Estado.

Estamos rodeados de funcionarios que durante sus gestiones en el gobierno actuaron a favor de un crecimiento estatal, y que hoy encuentran inentendible que estemos dando marcha atrás a esa política. Para ellos, como lo ha expresado Porfirio Muñoz Ledo, nuestra propuesta sólo puede entenderse como una posición neoliberal entreguista, que tiende a desmantelar un Estado que costó muchos años armar. Para ellos, mayor tamaño significa más fuerza. Se niegan a aceptar que, pese a que en la teoría no hay ninguna dificultad para entender la conveniencia de que el Estado maneje empresas, en la práctica se ha fracasado; ha habido enormes abusos de la administración y de los sindicatos.

Mi propuesta, que parte del reconocimiento de la inviabilidad económica de los estados populistas y, por ende, exige redefinir la función del Estado, supone, inevitablemente, una revolución en nuestra cultura política. Hoy es difícil saber cuántos piensan de una manera y cuántos de otra.

Tenemos que aceptar que si la educación impartida por el Estado ha tenido éxito, serán muchos quienes opongan resistencia a las nuevas concepciones. No es fácil que entiendan que para el Estado es más difícil controlar a sus propias dependencias que a los grupos que le son externos.

Lo fundamental para el éxito de nuestra propuesta será el éxito que tengan medidas como la quiebra de Aeroméxico. Sabemos que la gente está harta de la ineficiencia y del abuso, pero tenemos que comprobar con hechos que podemos brindar una mejor alternativa. Ello pesará más que cualquier ideología.

La votación de julio será un termómetro para darnos cuenta de qué opina la sociedad mexicana. Es posible suponer que muchos grupos sindicales se orienten por aquel lado. También será interesante el análisis regional de la votación.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.