Quiebra en Aeroméxico

"MES: ABRIL"

EL 12 DE ABRIL, LOS TRABAJADORES DE AEROMÉXICO iniciaron una huelga por violaciones al contrato colectivo. Tres días después, la empresa fue declarada en quiebra. Llegamos a la conclusión de que la aerolínea no era viable, como tampoco lo es Mexicana de Aviación, dados sus estados financieros crecientemente deficitarios, producto de un sistema organizativo ineficiente y de condiciones laborales absurdas.

El deterioro acelerado de las empresas de aviación civil del país nos obligaba a aumentar su subsidio. Por ello, desde hace más de un año pusimos a la venta Mexicana de Aviación. Sin embargo, diferentes circunstancias, aunadas a la complejidad de los problemas que hemos tenido que afrontar en los últimos meses, hicieron imposible la operación. En nuestro esquema original, pensábamos primero vender Mexicana y después Aeroméxico.

La huelga de los trabajadores de tierra fue el elemento catalizador para hacernos tomar la decisión de que Aeroméxico quebrara. Lo hicimos, al igual que en el caso de la Fundidora de Monterrey, porque sólo aprovechando la coyuntura de la huelga podríamos evitar que los trabajadores hicieran uso del recurso denominado conflicto económico. La conveniencia de que Aeroméxico quebrara estaba presente desde finales del año pasado. No se había concretado por falta de oportunidad.

Desde que yo colaboro en el gobierno, he asistido a tres planes para reestructurar Aeroméxico. En todos los casos se ha partido del supuesto de que el gobierno absorbería los pasivos, daría los créditos necesarios y brindaría el aval requerido. Las profundas implicaciones de la decisión habían hecho que nunca se llevara a cabo.

En esta ocasión, el secretario de Comunicaciones y Transportes se resistía a aceptar la conveniencia de la quiebra. En su afán por defender a la empresa, realizó diversos estudios en los que me presentó varias hipótesis. Una de ellas consistía en unificar Mexicana y Aeroméxico. Yo me opuse, no sólo porque me parecía absurdo abundar en el gigantismo de las empresas públicas, sino porque me resultaba inaceptable la posibilidad de que una huelga de trabajadores paralizara el país.

Participaron en el proceso de toma de decisión los secretarios de Comunicaciones y Transportes, del Trabajo, de Programación y Presupuesto, de Hacienda y, en una etapa, el de Turismo. Quienes llevaron el empuje a favor de la quiebra fueron Aspe y Farell. Sólo al final, cuando ya no vio otra opción, aceptó Daniel Díaz Díaz.

El plan que ahora tenemos consiste en diseñar una nueva empresa que sea viable. Ello supone una nueva organización, un tamaño adecuado, una red y un equipo diseñados para ser funcionales y económicos. Desde luego, como factor sustantivo, se habla de un nuevo contrato colectivo de trabajo. En un sentido más amplio, pensamos que es necesario que subsistan dos empresas troncales capaces de dar un servicio internacional rentable y que se fortalezcan las compañías regionales.

Las acciones de la nueva empresa que sustituya a Aeroméxico se ofrecerán hasta en un 30% a los pilotos. De las restantes, la mayoría quedará en manos privadas, para que este sector se ocupe de la dirección, y sólo una parte simbólica quedará en manos del gobierno.

Consolidado este esquema, nos basaríamos en él para reestructurar Mexicana. Esperamos poder realizar la transformación sin tener que apoyarnos en el mecanismo de quiebra.

Cuando declaramos la quiebra, y a fin de evitar las molestias posibles a la ciudadanía, pusimos a volar aviones con pilotos de Transporte Aéreo Federal. Primero rentamos un avión del Banco de México y pusimos también en servicio otro de la Fuerza Aérea. En todo momento estuvimos muy conscientes del daño que la quiebra causaría a determinadas empresas y personas, concretamente en las áreas turísticas.

Afortunadamente pudimos llegar a un acuerdo con los pilotos de Aeroméxico, y el 3 de mayo se restableció, por medio de la Sindicatura de la Quiebra de Aeroméxico, el servicio básico necesario para conservar tranquila a la ciudadanía, sirviendo a las 12 principales ciudades del país. Unos días después aumentamos ciudades y número de vuelos. Esto fue fundamental para que la opinión pública, que yo siento que apreció nuestra decisión, no se revirtiera en contra nuestra.

Sólo encontrando este espacio de tranquilidad, tanto en el medio sindical como entre la ciudadanía, pudimos diseñar con la calma necesaria la empresa requerida. Buscamos que no quedaran ciudades marginadas del servicio. Una de las cosas que haremos es ampliar las concesiones a las líneas regionales.

Los factores que más influyeron en la consecución del arreglo con los sindicatos fueron la perspectiva de que se formara una nueva empresa y la mala conciencia que tenían, esto es, que se dieron cuenta de que en una batalla frente a la opinión pública ellos perderían. También es importante destacar que, en el caso de los pilotos, 80% de sus ingresos derivan de prestaciones y sólo 20% del salario y, como la liquidación se hace con base en el salario sin prestaciones, ellos podrían salir muy afectados si los hubiésemos liquidado conforme a la ley.

Estaban conscientes de los abusos cometidos. Aeroméxico está tan sobrada que con muchos menos aviones se va a poder cubrir la misma red. Por otro lado, los pilotos estaban obligados a volar 70 horas al mes, lo cual es razonable en términos internacionales. Sin embargo, en la realidad solamente estaban volando 30 horas, aduciendo siempre diferentes excusas o razones.

Yo creo que el impacto de la liquidación de Aeroméxico en la opinión pública ha sido positivo, y que se ha apreciado el valor que se requirió para tomar la decisión. Para evitar reacciones negativas con las otras organizaciones sindicales, le dimos aviso, con unos días de anticipación, a Fidel Velázquez. Él entendió. Nos avisó que no aplaudiría, pero que tampoco se opondría.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.