Situación latinoamericana

"MES: MARZO"

El 23 de marzo, en la población de Sapoá, el gobierno de Nicaragua y la dirigencia de la "contra" llegaron a un primer acuerdo con objeto de lograr un cese definitivo al fuego. Esta resolución fue hábilmente promovida por el gobierno sandinista. Aunque puede ser entendida como una derivación de los Acuerdos de Esquipulas, ha cobrado su propia dinámica.

El 24 de marzo vino a visitarme, con un propósito meramente informativo, el Vicepresidente nicaragüense Sergio Ramírez. En esa conversación yo lo sentí optimista respecto a los Acuerdos de Sapoá, ya que pusieron en evidencia el deseo de los propios nicaragüenses de llegar a un arreglo, así como la gran flexibilidad con que actuaron.

Si este nuevo esquema no funciona es porque los norteamericanos lo boicotean. El principal obstáculo para lograr un cese definitivo al fuego en Nicaragua estriba en la persistencia del gobierno norteamericano en su esfuerzo por sacar al gobierno sandinista del poder.

La posibilidad de una intervención militar estadounidense en Nicaragua no ha sido eliminada. El riesgo ha disminuido, pero en cualquier momento los norteamericanos podrían dar un golpe sorpresa. Si no lo han hecho es por temor a no lograr un éxito inmediato y determinante.

La terquedad y dureza de la postura norteamericana, que insiste en eliminar a los sandinistas, han alimentado el rechazo de los países centroamericanos al Grupo Contadora, ahora ampliado al Grupo de los Ocho. Una prueba más de esta creciente animadversión se dio en San José de Costa Rica los días 15 y 16 de enero, cuando los presidentes centroamericanos resolvieron dar por terminada la labor de la Comisión Internacional de Verificación y Seguimiento, en la que precisamente participábamos las ocho naciones que formamos el Grupo Contadora y el de Apoyo. Los centroamericanos argumentaron que querían ser sujetos y no objetos de la política en el área.

La desaparición de la Comisión de Verificación y Seguimiento no afectó el cumplimiento de los Acuerdos de Esquipulas II, propuestos por los mismos centroamericanos, porque estos acuerdos de cualquier manera están totalmente paralizados.

Un claro ejemplo de la presión que los Estados Unidos meten en el área fue el envío de cuatro batallones de marines a Honduras el 16 de marzo, situación que después tuvo que formalizar el presidente José Azcona mediante una petición. Naturalmente, estos hechos causan malestar, y no sólo entre los nicaragüenses.

Así, a raíz de la extradición fuera de la ley del narcotraficante Ramón Mata Ballesteros, el 5 de abril, se organizó una manifestación espontánea, principalmente de grupos universitarios, que culminó en el incendio de parte del consulado de Estados Unidos en Tegucigalpa. Las consecuencias fueron cinco muertos, la suspensión de las garantías individuales durante 15 días y seguramente una terrible sensación de impotencia por parte de la sociedad hondureña.

Por el momento no existe ninguna estrategia para reactivar la labor del mecanismo pacificador latinoamericano. Éste se encuentra flotando, en espera de los desarrollos que puedan tener los acuerdos de Sapoa.

En Centroamérica sólo dos países, Guatemala y Nicaragua, no quieren que muera la acción del Grupo Contadora. Ambos temen que si desaparece Contadora, la amenaza norteamericana será incontrolable.

Yo creo que la labor del Grupo Contadora durante los últimos cuatro años ha servido para evitar el crecimiento del conflicto centroamericano, para evitar una intervención norteamericana directa, para impulsar la responsabilidad de los gobiernos centroamericanos y para crear una conciencia del problema tanto en los Estados Unidos como en todo el mundo. No ha logrado, sin embargo, la pacificación definitiva que se propuso.

Desgraciadamente, la situación latinoamericana es muy inestable y la situación centroamericana lo es aún más. Ahora se habla de que en El Salvador puede caer el gobierno de Napoleón Duarte que, frente a otros grupos de extrema derecha, parece moderado y conciliador. En Honduras ya surge una reacción contra el servilismo que caracteriza a su gobierno. Costa Rica tiene pretensiones infundadas de democracia que resultan grotescas. Nicaragua está sumida en una grave crisis y Panamá está en una crisis total. Guatemala vive presiones entre los esfuerzos democratizadores de su presidente Vinicio Cerezo y la oposición encabezada por los terratenientes y los militares.

En América Latina también existen situaciones muy preocupantes. Perú se encuentra al borde de la quiebra económica y, desgraciadamente, muy cerca de la violencia. Argentina atraviesa una situación muy difícil: existe la amenaza de que en las próximas elecciones ganen los peronistas. Ello se debe a que el país sufre hoy una inflación mensual de 18%. Brasil tiene una inflación de 25% mensual y su proyecto constitucional no parece surgir por ningún lado.

Al ver esto, uno se pregunta qué va a pasar. El panorama es bastante negro. En la coyuntura actual Perú, Argentina y Brasil tienen riesgos de volver a caer en regímenes militares, al igual que Colombia, aunque ahí se trate de un caso de descomposición provocado por el narcotráfico.

La única opción para enfrentar los intereses hegemónicos de Estados Unidos en el hemisferio radica en la fortaleza interna de las diversas naciones. Esto es, en la capacidad que demuestren para conducir su propio proceso político y económico. Por desgracia, esto no parece estar ocurriendo.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.