Pacto de Solidaridad Económica: modificación en la mecánica

"MES: MARZO"

EL 28 DE FEBRERO, CONTRA LO ORIGINALMENTE ANUNCIADO, dimos a conocer que, dentro de la estrategia del Pacto de Solidaridad Económica, los compromisos acordados para el mes de marzo consistían en no aumentar los precios y en mantener fijo el tipo de cambio.

El factor que motivó la aceleración del proceso de desinflación, abandonando el planteamiento original de indización gradual a la baja, fue el temor de que alguna de las múltiples variables que afectan al pacto no evolucionara de manera adecuada, alterando a todas las demás. Concretamente, nos preocupó la posible caída del precio del petróleo. Había en el aire, además, como elemento objetivo que permitió esta aceleración, el éxito obtenido en el curso del mes de febrero.

A finales de marzo volvimos a dejar en crecimiento cero los precios y logramos ampliar a dos meses el plazo para una nueva negociación. Este cambio en la mecánica del pacto fue posible porque logramos convencer a los otros sectores de que la negociación mensual, en sí misma, se estaba convirtiendo en un factor de riesgo, al desatar la incertidumbre y el ánimo especulativo antes de cada acuerdo. Un claro ejemplo de ello se encontraba en las premoniciones catastrofistas que desde enero se hicieron sobre la negociación que tendría lugar a fines de febrero.

El acuerdo que logramos a finales de marzo cubría los meses de abril y de mayo, lo que nos evitaba que hubiera negociaciones antes del primero de mayo. Con este mismo sentido político, buscaremos una sola negociación para junio y julio, evitando elementos de inquietud o distracción antes de las elecciones. Sería deseable lograrlo también para agosto y septiembre, aunque eso ya es me- nos importante. Lo idóneo, sin embargo, sería lograr una sola negociación para octubre, noviembre y diciembre. De esa manera, el nuevo gobierno contaría con un mes para organizarse antes de tener que sentarse a negociar por primera vez.

Los compromisos adquiridos en el sentido de no aumentar precios y tarifas, de dejar fija la paridad y de tratar de evitar el aumento de los precios, por su mismo carácter ambicioso, hacen vulnerable al pacto, ya que en algún momento podría ser necesario adoptar una política menos rígida en materia antiinflacionaria, lo que podría afectar la credibilidad del programa.

El pacto de ninguna manera es un mecanismo asegurado. En todo momento habrá que estar pendiente de los riesgos que se puedan presentar. Sin embargo, buscaremos evitar ajustes que estimulen de nuevo la inflación. Esperamos que el proceso mismo traiga implícitos ajustes compensatorios. Por ejemplo, que el rezago de los precios se compense con la baja en las tasas de interés y la apertura selectiva de la economía.

El tipo de cambio es el problema más difícil. Por ahora es notable la forma en que se han incrementado las reservas en el Banco de México. Actualmente se encuentran en el orden de los 17 000 millones de dólares, que es una cantidad elevadísima. Ello ayuda a controlar el tipo de cambio, pero lo definitivo es el mejoramiento de las expectativas, pues en la medida que la gente oye que otros traen dólares, ellos también los traen.

De cualquier forma, hay que reconocer que existen muchos puntos delicados. Uno de ellos consiste en que, si para el mes de abril o mayo logramos que la inflación baje a 2%, la gente comenzará a clamar por una reactivación económica. En ese caso, aparecerán escollos peligrosos. De momento, lo único que puedo decir es que afrontaremos las circunstancias dependiendo de cómo se vayan moviendo los factores de la economía.

Por ahora las cosas van por buen camino. La actitud de la gente es positiva y esto se fundamenta en los resultados obtenidos. El hecho más significativo es que la inflación va declinando. Esto alienta al sector productivo, como también lo hace la baja en las tasas de interés y el fortalecimiento de nuestras reservas internacionales. Por ello hemos podido evitar prácticas especulativas o contrarias al pacto, tales como el acaparamiento de productos con su secuela de desabasto, o movimientos cambiarios que busquen un beneficio rápido y que ejerzan presión sobre las reservas internacionales.

En términos objetivos, hay que reconocer que la persistencia de un déficit financiero del sector público genera cierta presión inflacionaria, que es absorbida en el corto plazo con las reservas internacionales, situación que no puede mantenerse por tiempo indefinido. Nos satisface pensar que el año pasado el déficit del sector público fue de 16% y que este año esperamos que sea de 10%, siendo mucho más pequeño en los últimos meses del año que al principio.

Para combatir este déficit estamos ajustando el presupuesto nominal, a fin de que no sea inflacionario. Lo más significativo es que estamos logrando la meta del superávit primario que nos propusimos.

El Pacto de Solidaridad Económica demostró la capacidad de conciliación de la sociedad bajo la rectoría del Estado. Fue trascendente, porque dio al gobierno margen de maniobra para hacer frente a la crisis y, en general, a los problemas de la coyuntura.

La concertación se logró precisamente por las circunstancias críticas por las que atravesaban la sociedad y los factores de la producción. El desarrollo de la economía, que parecía ir muy bien hasta octubre, y que se trastocó severamente en el curso de un mes, creó la angustiante sensación de no saber cómo salir del remolino. Había temor, deseo de asirse de algo concreto, necesidad de encontrar un esquema lógico en que apoyarse.

Este esquema surgió del Estado, el cual además pudo ofrecer a los diferentes factores de la producción la posibilidad de un diálogo que, entre ellos, es inexistente. Es decir, la coyuntura dramática hizo evidente que ninguno de los factores de la producción, por sí mismo y de manera independiente, tenía la capacidad de propuesta y de diálogo que tiene el gobierno. Por ello aceptaron y se apegaron al esquema que les propusimos.

El factor intangible, subjetivo, que permitió la aceptación del pacto fue la oportunidad psicológica que la misma crisis creó: la gente estaba asustada, temía el conflicto social y el endurecimiento político. Por ello estuvo dispuesta a realizar un esfuerzo extraordinario. En la segunda y tercera fases de negociación, esto es en las realizadas a finales de febrero y a finales de marzo, lo fundamental para lograr la continuación del pacto fueron los resultados que ya se estaban dando.

Implícita en la aceptación del pacto y en el desarrollo mismo de su mecánica estuvo la confianza alcanzada por mi administración. Yo creo que el gobierno actual ha sido calificado de serio, sensato, trabajador, conciliador, ponderado, sereno, confiable, tolerante, paciente e institucional. Para crear esa imagen he necesitado cinco años y medio. He trabajado con la voluntad explícita de evitar lucimientos superficiales. Por ejemplo, ante los numerosos cambios que recientemente he tenido que hacer para sustituir a los funcionarios que fueron nominados por el partido para puestos de elección popular, me he movido de manera lenta, suave, sin publicidad, buscando siempre que se mantenga el ambiente de tranquilidad, evitando grandes movimientos. Este tipo de discreción en la forma de actuar transmite la sensación de estabilidad en la integración del gobierno, que yo juzgo muy positiva.

Por otro lado, hubo factores objetivos que permitieron la implantación del pacto, que no existían al inicio de mi gobierno y que nos llevó tiempo construir. Destaca el saneamiento de las finanzas públicas, la corrección de la balanza de pagos, la reestructuración de la deuda pública y el acrecentamiento de las reservas internacionales.

Sin embargo, yo siento que envuelta en todo este proceso se encuentra la forma específica en que he realizado la tarea política, a la que concibo como la necesidad de dar una directriz de conciliación con propósitos definidos.

Yo no invito a la conciliación en abstracto, buscando resolver problemas de manera salomónica; invito a objetivos definidos, porque creo en la eficacia política. Considero que siempre deben evaluarse los resultados de acuerdo con las metas propuestas, por lo que hay que tener metas concretas. Sólo así puede evaluarse la capacidad real de acción del gobierno. Tanto en la teoría como en la praxis debe existir un equilibrio entre el qué y el cómo, es decir, entre el objetivo que nos proponemos y la forma de lograrlo.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.