Pacto de Solidaridad Económica: cuidando su desarrollo

"MES: FEBRERO"

En la segunda semana de febrero me buscaron Aspe, Petricioli y Farell, para comentarme que sentían que el pacto no se estaba cumpliendo, pues muchos empresarios estaban subiendo precios más allá de lo justificable. Pensaban que había un descontrol de parte de la Secretaría de Comercio y, concretamente, de Héctor Hernández. Me insistieron en que si los precios seguían elevándose al mismo ritmo, se iba a venir abajo el pacto. Venían clamando por un mayor control de precios y por una mano más firme.

Quien intervino en forma sensata sobre este aspecto fue Javier Bonilla, presidente de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y secretario técnico de la Comisión de Seguimiento del Pacto de Solidaridad Económica, quien señaló: “Las cosas se concertaron sin fijar límite al alza de precios, por lo que ahora no podemos reclamar a los empresarios lo que no se concertó con ellos. Además, si nos metemos a un control de precios más drástico, vamos a perder de manera definitiva el apoyo de la iniciativa privada, que hasta ahora ha visto con buenos ojos el pacto, porque no supone una mayor intervención estatal. Si cambiamos en este punto, vamos a perder de conjunto el apoyo de ese grupo”.

Ante estos planteamientos y, sobre todo, al ver que los otros tres secretarios relacionados con el pacto se unían para informarme su descontento respecto a la actuación de Hernández, hice que éste regresara de Suiza, donde se encontraba en la reunión anual del European Management Forum. Le expuse las críticas que había oído, e hice de su conocimiento las inconformidades de los otros secretarios sobre a su quehacer. Le pedí que se reuniera con ellos y que actuara en consecuencia.

A partir de ese momento comenzó a reunirse con aquellos grupos empresariales que se sabía estaban elevando sus precios por encima de lo razonable. El objetivo era hacerles ver el peligro de que fracasara el pacto, y advertirles que, si no actuaban de una manera que beneficiara a todos, difícilmente podrían ser considerados como amigos del régimen…

El trabajo de Hernández está dando resultados, y prueba de ello es que los otros secretarios están satisfechos. Parece que el único sector que se ha mantenido muy reacio es el de la industria químico-farmacéutica.

Por otro lado, les pedí que realizaran estas concertaciones por escrito, por que los documentos dan seriedad al trabajo del gobierno, pues impiden que después cada uno diga que entendió los acuerdos de la manera que más le convenga.

Tenemos, sin embargo, dos problemas que pueden afectar de manera negativa la inflación. Por una parte, está la fijación de precios de garantía y, por la otra, el salario universitario. Ambos pueden alterar la paz social.

En lo que se refiere a precios de garantía, me trajeron inicialmente una fórmula que implicaba subirlos todos de golpe y de inmediato. Ello repercutiría mucho en la inflación del mes de marzo, por lo que yo pedí que se hiciera una calendarización. La SPP, que sostiene la posición dura, pidió que la tonelada de maíz se aumentara a 290 000 pesos y que, a partir de ese parámetro, se derivaran los precios correspondientes de los demás productos agrícolas. La CNC pedía 340 000 pesos por tonelada y el gabinete agropecuario propuso una situación intermedia de 310 000 pesos. Aun así, el efecto sobre los precios al consumidor o sobre las finanzas públicas puede ser grande.

Héctor Hernández se opuso muy vehementemente a esta última alternativa, ya que ha trabajado mucho para ir disminuyendo los subsidios. Claro, la otra fórmula es bajar las utilidades de los industriales, pero ésta, desde luego, es la más difícil: requiere más trabajo y concertación.

Yo pedí que el importe de los precios de garantía se distribuyera en el tiempo. Pregunté cuál era la necesidad de anunciar ahora los precios de los productos de todas las cosechas. Señalé que yo consideraba mejor esperar a cada cosecha para anunciar su precio. Por ahora, lo único que urge definir es el precio del frijol. Les pedí a los secretarios del pacto que me estudiaran las fórmulas.

La fijación del salario universitario también se consideró como un tema explosivo, dado el ambiente prevaleciente en los centros de estudio y, particularmente, en la UNAM. Allí, el 3 de febrero, 300 ceuistas expulsaron físicamente al director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y una semana después insultaron al rector en el seno de la Comisión Organizadora del Congreso Universitario, provocando el retiro de una parte de sus integrantes. El CEU respondió con huelgas de hambre. A ello tiene que añadirse que el malestar de los académicos por sus sueldos los ha llevado incluso a hacer manifestaciones.

Sabemos que hay maniobras para producir agitación. Sin embargo, no quise dar pie a la ruptura del pacto. Por ello, aprobé la fórmula de otorgarles 38% de aumento salarial, esto es, lo correspondiente al 15 de diciembre y al 20 de enero, y cuatro puntos más.

González Avelar me manifestó sus reservas sobre la posibilidad de arreglar los problemas. Yo le sugerí que estudiara caso por caso y que, en aquéllos en los que pudiéramos otorgar alguna cosa distinta del salario, buscáramos hacerlo.

Por otra parte, el lunes 15 de febrero recibí a Agustín Legorreta, para oír de él cómo veía el desarrollo del pacto. Me dijo estar satisfecho en lo fundamental. Señaló que entendía las fallas que inevitablemente tenía un proceso tan complejo como éste. Me comentó que tenía conocimiento de que había posiciones en el gobierno en contra de Hernández, e insistió en que la persona que actuaba de manera desafortunada era el subsecretario de Comercio Interior, Jesús Sánchez Jiménez. También me dijo que él veía como un riesgo muy alto el remover, en este instante, a Héctor Hernández, pues, como quiera que sea, contaba con la confianza básica de los empresarios.

Legorreta me manifestó que tenía miedo de que ciertas fallas del pacto dieran pie a que el gobierno tomara medidas drásticas. Me pidió que les callara a Fidel Velázquez, quien se la ha pasado declarando contra los empresarios, señalando que es culpa de ellos que no se cumpla el pacto.

Yo le dije: “Ustedes hablen entre sí, no me pidan siempre que los triangule”. Sugerí que le pidiera a Farell que organizara unas reuniones entre Fidel Velázquez y él, a solas, para que pudieran platicar con claridad. Sé que la primera tuvo lugar el miércoles 17, y que salió bien. Ahora piensan realizar una comida semanal.

Durante mi entrevista, le dije a Legorreta que si los empresarios lo consideran necesario, yo les organizaría la reunión. Naturalmente dijo que no, que era preferible dejar al Presidente como última instancia. Sin embargo, insistí en que, en el momento en que me necesitaran, me avisaran.

También me reuní la tercera semana de febrero con Fidel Velázquez. Capté de él la opinión de que no hay más alternativa que el pacto. Naturalmente, siente que los empresarios están fallando. Yo le insistí en que unos sí, pero otros no, y que lo que estábamos haciendo, en lugar de agredirlos de conjunto, era concentrándonos en aquellos que no están colaborando.

Para completar este comentario sobre el avance del pacto, cabe señalar que, hasta la tercera semana de febrero, la entrada de divisas había sido positiva y no había fuga de capitales sino, por el contrario, un claro superávit.

Me preocupó el alza de la Bolsa de Valores en el mes de enero. Temí que fuera excesiva. Me propuse moderarla para evitar que vuelva a ocurrir un alza y una caída precipitada, porque ello arrastraría otra vez la confianza de la sociedad.

En resumen, la opinión que he captado, tanto de obreros como de empresarios, es que aunque el pacto no vaya tan rápido como nos lo propusimos, no hay otra alternativa; no quedaría más que la anarquía que todos tememos.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.