Relaciones entre México y Estados Unidos: entrevista con Reagan

"MES: FEBRERO"

El 13 de febrero, en la ciudad de Mazatlán, Sinaloa, me entrevisté por sexta ocasión con el Presidente de los Estados Unidos. El encuentro se realizó para cumplir un rito. En realidad, no había un objetivo especial, sino solamente cumplir con el acuerdo de efectuar una reunión por año.

Esta vez se dio en un ambiente muy positivo, porque previo a ella y durante las entrevistas de prensa que concedimos, el presidente Reagan y yo nos enviamos ramos de flores. En dichas declaraciones y en sus discursos, Reagan tuvo para mí sorprendentes alabanzas personales. Expresó: “…quisiera decir públicamente que yo creo, de verdad, que la historia le honrará por la manera sabia y políticamente valiente en que usted guía a México… es un esfuerzo digno de nuestra admiración, nuestro respeto y nuestro apoyo, y sé que su perseverancia se verá coronada por el éxito”.

Yo no pude irme a alabanzas personales, porque no las siento; pero, sobre todo, porque hubieran producido una reacción muy negativa en la sociedad mexicana.

Los resultados concretos de estas reuniones son muy relativos. Creo que hubo un acuerdo sobre comercio, pero nada muy significativo. Lo importante fue que, en términos políticos, nos salió bien a las dos partes. En México, la derecha tenía expectativas de pleito y fue muy positivo que vieran que no era el caso. La izquierda mantiene al respecto una posición tan absurda que ni siquiera querían que recibiera al presidente Reagan. Ésa fue la postura de Cuauhtémoc Cárdenas. La muestra más clara de que esa reunión resultó positiva está en que dos días después ya ni siquiera era comentada.

Mantuve, durante la conversación privada, la estrategia de conducirla. Antes, me esperaba a que Reagan arrancara, para medirlo y reaccionar en consecuencia. Ahora llevé yo la iniciativa. Empecé con el tema del narcotráfico, traté después los problemas comerciales, los de financiamiento, los de migración y los de cooperación técnica. En realidad, en todos hay entendimiento. Las posiciones se han suavizado y hay una búsqueda de cooperación.

Nuestras discrepancias serias, como todo el mundo sabe, son en el terreno de Centroamérica y de nuestros votos en las Naciones Unidas. Sobre Centroamérica, cada quien mantuvo su posición. Reagan insistió en que la presión es lo que está haciendo cooperar a los sandinistas, por lo que no dejará de ejercerla. Yo insistí en que nosotros seguiremos apoyando las negociaciones diplomáticas encabezadas por los presidentes centroamericanos.

Respecto al narcotráfico, la posición de Reagan fue bastante más ponderada. No tocamos el tema del proceso político interno de México.

Las tensiones han disminuido, en buena medida, gracias a la actitud positiva del nuevo embajador norteamericano en México, Charles Pilliod. Ha sido un muy buen embajador, precisamente porque no hace declaraciones, no se mueve, no es activista. Desde finales del año pasado existe este clima y espero que llegue así, cuando menos, hasta finales de mi gobierno, aunque hay que estar alertas, pues nunca sabe uno por dónde puede saltar la liebre, sobre todo porque Estados Unidos es una confederación de intereses sectoriales. Para mantener ese ambiente positivo, voy a cuidar que nuestros diplomáticos no vayan a echar a perder las cosas con actitudes de valentía o provocación innecesarias. Se trata de mantener un ambiente de cordialidad.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.