Universidad Nacional Autónoma de México: protestas del CEU

"MES: FEBRERO"

DURANTE EL MES DE FEBRERO SE VOLVIÓ A RECRUDECER EL AMBIENTE en la UNAM.

El 3 de febrero, tan sólo dos días después de que se iniciaron los trabajos preparatorios para el congreso universitario, alrededor de 300 ceuistas tomaron las oficinas de la dirección de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y dejaron el escritorio y el sillón del doctor Ricardo Méndez Silva frente a la Torre de Rectoría, para subrayar su repudio a la designación de esta persona como nuevo director de la facultad, ya que —según argüían los ceuistas— había sido una imposición del rector Jorge Carpizo.

Una semana después, ocho miembros de la Comisión Organizadora del Congreso Universitario decidieron retirarse de ese organismo en protesta por las calumnias y ofensas del CEU y del CAU —la facción de maestros que simpatiza con el CEU— contra comisionados y autoridades de la UNAM, quienes habían denunciado el propósito ceuista de apoderarse de la Universidad para imponer un interés político partidista, ajeno al propósito académico.

En comunicados que aparecieron durante los días siguientes, los representantes de la Rectoría condicionaron su regreso a la COCU a un cambio de actitud de los miembros del CEU, tanto en relación con lo sucedido en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales como en la Escuela de Trabajo Social, donde se estaba anunciando un proceso similar, así como también en relación con los trabajos preparatorios del congreso universitario, para los cuales exigían un clima más académico.

El retiro del COCU del grupo de comisionados de la Rectoría imposibilitó que se continuaran los trabajos preparatorios del congreso y provocó otra ola de pro- testa por parte del CEU, que incluyó una huelga de hambre de sus principales líderes durante seis días, un paro de actividades el día 23 de febrero y una manifestación sobre la avenida Insurgentes el día 24, en la que participaron 50 000 personas.

El rector Carpizo exhortó a los comisionados que se habían retirado de la COCU a que analizaran la situación, y el primero de marzo se llegó a un acuerdo que permitió retomar la organización del congreso. Sin embargo, a pesar de que la primera junta en el pleno de la COCU, programada para el 2 de marzo, era esperada con gran expectación por todos los contratiempos que habían surgido, tuvo que ser suspendida por falta de quórum.

Esta situación se repitió cuatro veces a lo largo del mes de marzo. Fue especialmente notoria la ausencia de los representantes del FAU —el brazo académico del rector—, quienes alegaron que el CEU y el CAU no habían cumplido con las garantías exigidas para iniciar los trabajos de la comisión. A su vez, el STUNAM anunció el 18 de marzo que retiraba a sus nuevos representantes de ese organismo, en señal de protesta por la ausencia del FAU. A la semana siguiente, los representantes del FAU declararon que regresarían a las sesiones.

El principal objetivo del CEU y del CAU es la implantación del concepto de universidad popular. Ellos tienen metas extrauniversitarias, es decir, desean un juego más político que convierta a la UNAM en una palanca de poder político. Su fin último es, desde la Universidad, enjuiciar la acción completa del gobierno. Su método es el predominio del asambleísmo. No creo que éstas sean sus únicas consideraciones, pero sí las esenciales. Resulta innegable que encuentran en el burocratismo y en el mal aprovechamiento de recursos banderas que esgrimir.

La Rectoría, por medio del FAU, desea mantener la reforma iniciada por el rector Carpizo en el terreno académico. No quiere que el conflicto universitario se convierta en un conflicto nacional; trata de evitar que el problema de la universidad populista se extienda al Estado.

De manera concreta, el rector se ha propuesto como objetivo bloquear las metas del CEU y del CAU y diferir el congreso universitario hasta después de las elecciones federales. El CEU y el CAU, por su parte, parecen haber aceptado que el congreso se realice después de las elecciones, lo que indiscutiblemente permitirá que se enfríen los ánimos.

Pasadas las elecciones federales, pudiera volver a surgir el conflicto universitario en toda su extensión. Me preocupa que no he visto un proyecto global de la Rectoría para enfrentar este conflicto. Así se lo he dicho a Carpizo, quien me respondió que por táctica no quiere mostrar todas sus cartas.

De ser éste el caso, me parece que está siguiendo una estrategia peligrosa, aunque no puedo negar que me causa cierta duda el hecho de que no me muestre o me explique cuál es su proyecto y cuáles son las etapas en que lo piensa desarrollar. Ello me hace sospechar que no lo tiene y que solamente se está moviendo por reacción a los hechos que están ocurriendo.

De cualquier forma, yo creo que la comunidad universitaria tradicional debería ser capaz de crear, dar a conocer y convencer con un proyecto global. Esto, desde luego, no ha ocurrido.

Ahora bien, los factores más determinantes para que el congreso universitario se pueda llevar a feliz término consisten en la posibilidad de desarrollar una transacción razonable entre las partes. Para ello, se necesita la buena fe de ambas, y yo dudo que ésta exista en el CEU y en el CAU.

Respecto a las repercusiones que el proceso universitario ha tenido sobre el resto de la sociedad, parece que su empantanamiento, esto es, que el aplazamiento constante de logros concretos, termina por hacer decreciente su influencia. Por tanto, yo no veo que las formas de negociación que se han empleado en la UNAM estén haciendo escuela en otros grupos sociales. Yo creo que ese sistema de asambleísmo no lleva a ninguna parte.

Ha transcurrido más de un año desde que se acordó la realización del congreso universitario. Ahora es evidente que no se llevará a cabo antes de las elecciones. También es claro que el congreso tiene poco sentido después de las elecciones, pues se efectuaría con un rector saliente y un gobierno a punto de terminar su mandato.

Carpizo podría reelegirse, pero —por temperamento— no creo que lo haga.

Él se contenta con haber iniciado el proceso de reformas de la UNAM y no haber entregado el poder a alguno de los grupos de interés.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.