Candidatura de Salinas

"MES: ENERO"

La candidatura de Carlos Salinas de Gortari ha sido bien recibida por los empresarios, porque significa la continuación de una política económica con la que ellos, en principio, están de acuerdo. La dirigencia obrera, concretamente Fidel Velázquez, la ha recibido bien, porque Salinas logró el respeto y la simpatía de este líder máximo de los trabajadores. Los petroleros, en cambio, la tomaron muy mal. “La Quina” no ha cesado de manifestar su desconfianza e incomodidad por la nominación de Salinas, pues le atribuye la paternidad de las medidas que mi gobierno tomó para moderar la fuerza del sindicato petrolero. Concretamente, les molesta el acuerdo de obras públicas que los afectó tan severamente.

En realidad, desde antes de la nominación, “La Quina” se la pasó vociferando que no quería que la candidatura recayera en Carlos Salinas. Ahora, además de criticar al gobierno y a la política económica con la que no está de acuerdo, actúa, lo que es peligroso. Según información que hemos recibido, ayuda económicamente a los partidos de oposición. A Cuauhtémoc Cárdenas le da dinero y lo apoya con movilizaciones.

El sindicato petrolero cuenta con aproximadamente 150 000 miembros, pero “La Quina” tiene además áreas de influencia significativas. En el peor de los casos, su rebelión, si llegara a ser absoluta, podría significar hasta medio millón de votos. Lo grave es que también auspicie a la oposición y pague notas periodísticas para que se critique a Salinas.

Formalmente, “La Quina” ha manifestado su disciplina al PRI, aunque no le guste el candidato. El problema es que anda criticando y moviéndose por abajo del agua. Dicen que amenaza con que su sindicato no aceptaría candidaturas del PRI a diputados y senadores, si el partido lo “despoja” de una sola. Dudo que la amenaza sea cierta, porque el sindicato requiere esas posiciones.

Sabemos que estas acciones de “La Quina” preocupan a los demás líderes petroleros. “La Quina” no tiene un apoyo unánime a su acción, aunque no podemos negar que tiene el control del sindicato.

La clase media y los intelectuales han recibido de manera dividida la candidatura de Salinas, ya que es el área en que la sociedad está más politizada y, por tanto, existían simpatías divididas entre todos los precandidatos. La prensa, en general, ha recibido bien a Salinas. El clero, que anda muy activo haciendo política desde el púlpito y es, en conjunto, muy antigobiernista, habría recibido mal a cualquier candidato del PRI.

Los políticos tradicionales son acomodaticios y saben que no se puede dar una eliminación total de su sector. Sin embargo, se dan cuenta de que Salinas continuará con la tendencia iniciada en este sexenio, que ha implicado desplazar a los políticos tradicionales de los puestos de mando y decisión. Saben que necesariamente el candidato hará con ellos una transacción, pero no creo que tengan grandes expectativas. Me refiero al conjunto de la llamada clase política tradicional, porque desde luego Salinas tuvo buen cuidado de ganar la simpatía de algunos de los viejos políticos, como es el caso de Alfonso Corona del Rosal o de Francisco Galindo Ochoa.

La oposición está furibunda con la candidatura de Salinas. Es, de todos los precandidatos, el que más les pudo molestar. Tal vez sentían que con los otros había más áreas para la composición, para el arreglo, y que con Salinas es con quien podrán encontrar menos puntos de transacción.

La personalidad del candidato no ha variado desde su nominación. Conmigo sigue igual de atento, muy cuidadoso de no lastimarme. Sin embargo, noto en él una tendencia a reacciones nerviosas. Responde al “bote-pronto” y esto es peligroso; tiene que ser más pausado. Por otro lado, siento que se ha ido soltando, aprendiendo, como lo hacemos todos en el curso de una campaña.

Respecto a las diferencias que pudiera haber entre su campaña presidencial y la mía, encuentro, en primer término, que le falta una armazón ideológica, como pudiera ser la que yo logré con las siete tesis. No sé por qué haya ocurrido esto. No es, ni mucho menos, que le falte capacidad a Salinas; además, él vio y vivió la utilidad que en mi campaña tuvo el haber conformado las siete tesis. Tal vez no lo ha hecho porque no quiere hacer las cosas de la misma manera que las hice yo, porque tal vez todos, cuando iniciamos una campaña, queremos ser diferentes de nuestros antecesores. Sin embargo, luego llega uno a la conclusión de que no se puede ser muy novedoso, cuando menos en el fondo.

El candidato debe tener un discurso conceptual que vaya dirigido a las elites, que si bien son una minoría, tienen mucha influencia. Igualmente, la campaña tiene que estar llena de lemas muy sencillos, dirigidos a la mayor parte de la población, y orientados a responder a las demandas de los diversos segmentos.

Entiendo que las circunstancias de su campaña son distintas de las mías, que a mí me tocó hacer campaña al final de una etapa de auge y que a él le toca hacer la suya después de seis años de crisis. Por otro lado, a mí me tocó hacer mi campaña cuando la gente demandaba la reafirmación de valores fundamentales, porque había vivido una etapa en que los aspectos mundanos que caracterizaron el régimen de López Portillo parecían asfixiarlos. Éste no es el caso ahora.

También comprendo que tal vez la actitud de decepción e incredulidad en que vive hoy la gente hace más difícil la creación de una ideología que la satisfaga. Sin embargo, y aunque esto sea así, el candidato no puede limitarse a recoger demandas, porque éstas son de naturaleza muy variada. Por ello, la tarea del candidato es recoger las demandas y articularlas; crear una oferta política articulada. Para ello es necesario tener una armazón ideológica. Yo recuerdo que ante la necesidad de responder a la multiplicidad de ideas que se me expusieron, lo primero que hacía era ubicarlas en el contexto de una de mis tesis de campaña.

Para crear una estructura capaz de sistematizar mis respuestas, lo primero que hice fue “machetearme” los principios ideológicos del partido, documento que, por cierto, poca gente conoce. Con esa base pude ubicar mis respuestas. Por ello siento que, mientras no haya una armazón ideológica, la campaña no toma forma.

Por otro lado, fue mi convicción, y lo es todavía, la necesidad de reiterar sistemáticamente ciertas ideas para que penetren en la conciencia de la sociedad. Solamente repitiendo a lo largo de toda mi campaña las siete tesis, logré hacerlas conocidas. De la misma forma he reiterado, durante todo mi gobierno, la necesidad del cambio estructural.

Creo que, por decepcionada que se encuentre la sociedad, hay ciertos principios que siguen estimulándola. Hay que buscar aquellas áreas de consenso. ¿Quién puede estar contra el nacionalismo revolucionario? Tal vez los timoratos se asustan de la palabra revolucionario. Pero, ¿quién puede estar contra el nacionalismo?, ¿quién puede no desear una democratización integral de la sociedad?, ¿o una sociedad más igualitaria?, ¿quién puede ir contra la renovación moral?, ¿o contra la descentralización?, ¿o contra la planeación democrática?, finalmente, ¿quién puede estar contra el enunciado que pide desarrollo, empleo y combate a la inflación?

De hecho, los cuatro temas esenciales siempre han sido los mismos: nacionalismo y soberanía, democracia, justicia social y desarrollo económico. Sobre ellos hay que seguir bordando. Salinas de Gortari tiene campo suficiente para hacerlos suyos. Realmente, ni siquiera es necesario decir cosas nuevas, simplemente hay que saber reformularlos, darles un nuevo vocabulario.

Eso fue lo que yo hice. Las siete tesis que yo presenté, en el fondo, no son más que los mismos principios ideológicos de la Revolución mexicana, de nuestro partido, que por razones mercadotécnicas, expuse de esa manera.

Creo que Salinas debe crear su armazón y así se lo he dicho. Le he comentado que, puesto que ya arrancó con el término “modernización”, ahora simple y llanamente aclare en qué consiste la modernización económica, en qué consiste la modernización social, en qué consiste la modernización cultural, en qué consiste la modernización de la política exterior y, de esa manera, vaya creando los conceptos necesarios. Sin embargo, hasta ahora, las respuestas de Salinas han sido más a problemas concretos, relacionados con los públicos locales, lo que ha terminado por confundir al público nacional.

Yo estoy seguro de que próximamente arrancará Salinas con estas ideas a las que ha denominado “retos de la modernización”. Le dije hace poco: “Mire, lo que necesita es ponerle apellido a la palabra modernización. Defina qué es y luego póngale apellido; con eso sale su plataforma doctrinaria”.

En términos operativos, me parece que al principio Salinas arrancó con campañas demasiado cortas en los estados: ya lo ha corregido. Por otro lado, creo que su campaña ha dado la imagen de mayor cercanía con la gente, esto es, que saluda al niño, que habla con la viejita, en fin, toda una serie de cosas que yo también hice, pero a las que no se les dio tanto peso al transmitir mi imagen. Creo que el enfoque es positivo.

Por otro lado, las entrevistas que concede por teléfono les gustan a unos y a otros no. En todo caso, la crítica de más peso es que ha faltado explicar cuál es la estructura o mecánica de su campaña.

La aceptación pública de la campaña de Salinas ha sido mucho más difícil de lo que fue la mía, porque la población está muy escéptica. Me parece muy bien la invitación de Salinas para que la gente hable. Sin embargo, es difícil en las circunstancias actuales convencer a la opinión pública, porque en una campaña no se puede hablar con mucha franqueza de los temas que más afectan a la sociedad, tales como la estructura sindical, la soberanía limitada, la politización del empresariado, la relación con la Iglesia, el neoimperialismo norteamericano, la inconsistencia de los partidos políticos, la necesidad de modernizar el partido, las deficiencias de la educación, la inmanejabilidad de las concentraciones urbanas.

En fin, hay temas que no se pueden abordar a fondo y que, por tanto, impiden realmente llegar al corazón de lo que interesa a la gente, de lo que todos sabemos que es determinante.

En esta contienda electoral van a estar mucho más peleados los votos para elegir diputados y senadores, e incluso para Presidente de la República. Esto se debe a que existe malestar, los partidos opositores son más agresivos y el PRI se encuentra en desventaja respecto a campañas anteriores, entre otras cosas porque cuenta con menos dinero. Ya se acabó el momento en que las elecciones eran un trámite. Son, cada vez más, una disputa real.

Además, ahora se presentan problemas adicionales, como la invitación que el PAN ha estado haciendo a la desobediencia civil. No veo imposible que este movimiento llegue a prender, porque el PAN está organizando seminarios y cursos de capacitación con base en experiencias extranjeras. El clero, por su parte, también está invitando a la desobediencia civil, lo que amplía el peligro real de que ésta se dé.

Clouthier, el candidato del PAN, habla a partir de la desesperación, la ofensa, la desesperanza y la rabia. Invita a desestabilizar el Estado. El mismo camino están tomando los otros partidos políticos. Esto puede ser una ventaja, porque la gente votará por quien le brinde más seguridad.

Sin embargo, es indiscutible que estamos ante un momento peligroso. La sociedad está golpeada por el deterioro en su nivel de vida y se vuelve cada vez más demandante, más exigente. Le pide al gobierno que le resuelva problemas que el gobierno no tiene capacidad de resolver y, en la medida en que esta actitud se autoalimenta, todos pretenden convertirse en contestatarios del Estado. Se corre el peligro de que la inconformidad, la visceralidad, el malestar y la rabia superen la capacidad de control del Estado y caigamos en una especie de situación anárquica.

Hay peligro de inestabilidad si la sociedad se vuelve contestataria sin ser propositiva. No es posible reclamar respuestas cuando no se está dispuesto a ser propositivo. La participación es compromiso y no nada más agitación.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.