Situación económica: devaluación y caos

"MES: NOVIEMBRE"

ANTE UN ATAQUE ESPECULATIVO CONTRA EL PESO, el 18 de noviembre el Banco de México se retiró del mercado libre de cambios, a fin de evitar una rápida desacumulación de reservas monetarias. De inmediato, el valor de mercado del peso cayó, en promedio, 40%, pasando momentáneamente de 1 712 pesos por dólar a 2 500 y 2 700 pesos en la Ciudad de México y hasta 3 200 pesos por dólar en las casas de cambio de la frontera.

Las razones que tornaron pesimistas las expectativas del público sobre el futuro de nuestra economía fueron muchas. En el ámbito externo se reforzaron las tendencias alcistas de las tasas de interés internacionales; el dólar estadounidense siguió devaluándose ante el yen y las principales monedas europeas, pero no ante el peso mexicano, y continuó hablándose de un creciente proteccionismo en Estados Unidos.

Estos elementos plantearon varios problemas para México: menores exportaciones hacia el vecino país —por su menor crecimiento y las políticas proteccionistas— y mayores pagos del servicio de la deuda por el alza de los intereses y la revaluación de las monedas de varios de nuestros acreedores.

En el ámbito interno, ante el desplome de la Bolsa Mexicana de Valores y la tendencia al aumento de las tasas extranjeras, fue necesario elevar las tasas de interés nacionales para evitar la fuga de capitales. Sin embargo, esto contribuía a aumentar la inflación, por presión de los costos financieros para las empresas, y desestimulaba el repunte de la inversión privada.

El temor de un futuro con recesión e inflación se basaba en el hecho de que efectivamente existía un déficit público muy alto, y en que la expectativa de una mayor inflación hacía imposible reducirlo.

Un fenómeno subyacente y otro complementario también influyeron en la coyuntura. Por un lado, existía una altísima liquidez como consecuencia del regreso de capitales y, por otro, la presión sobre el mercado de divisas coincidió con una demanda extraordinaria de dólares, dados los arreglos que se estaban haciendo para pagar anticipadamente la deuda privada mexicana contratada por medio del Ficorca.

Esto último fue posible porque los banqueros internacionales prefirieron castigar al 50% sus créditos a cargo de empresas privadas mexicanas, con tal de no tener que esperar 20 años para su amortización, a lo que estaban obligados como resultado de los acuerdos con la banca internacional sobre la deuda externa del país. Como había liquidez privada y pública, muchos empresarios decidieron adelantar sus pagos para aprovechar el descuento. Éste fue un fenómeno paralelo que presionó al mercado cambiario, aunque naturalmente lo central fue resultado del retiro de dinero de la Bolsa de Valores.

Estas consideraciones, de hecho, sólo son el conjunto de los pronósticos más negativos. Cobraron sentido como una amenaza real, porque los inversionistas creyeron en ellos. El desquiciamiento de la economía fue una profecía autocumplida.

Lo que no deja de impresionarme es que entre el 19 de octubre y el 17 de noviembre, Miguel Mancera y Gustavo Petricioli me estuvieron insistiendo en que la demanda de dólares no era tan preocupante. Sin embargo, el 18 de noviembre, de pronto, me informaron que estaban saliendo del país diariamente entre 100 y 200 millones de dólares, y que se trataba de una tendencia afianzada.

No recuerdo si fue un lunes o un martes, pero con toda informalidad Miguel Mancera me habló por teléfono y me dijo que consideraba necesario que el Banco de México se retirara del mercado libre de cambios para evitar una rápida desacumulación de nuestras reservas internacionales. Sorprendido, le pregunté si ya había consultado la decisión con Petricioli. Me dijo que sí, que tanto él como Pedro Aspe habían hablado con Petricioli, quien se encontraba en Oaxtepec preparando su comparecencia ante la Cámara de Diputados, y que éste había estado de acuerdo.

Le pregunté a Mancera en qué fecha aplicaría la medida, a lo que me respondió, con toda naturalidad, que ese mismo día. Desconcertado, le hablé a Petricioli a Oaxtepec y, medio en clave, le pregunté si habían consultado con él Mancera y Aspe. Petricioli respondió que sí, que lo habían ido a ver y que él estaba de acuerdo.

Finalmente, un rato después, me habló Mancera para decirme que ya no era posible tomar la medida ese día, pero que se tomaría al día siguiente.

Visto en retrospectiva, me parece increíble que el director del Banco de México me haya informado por teléfono una medida de tal trascendencia. Esta anécdota demuestra cómo los altos funcionarios financieros fueron sorprendidos por los dramáticos desarrollos de esos días. Al igual que en el manejo del mercado bursátil, hubo errores de previsión, análisis y actuación.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.