Candidato a la Presidencia

"MES: OCTUBRE"

El 4 de octubre en la mañana, tan pronto como el presidente del PRI anunció oficialmente quién sería el candidato del partido a la Presidencia de la República, vino a saludarme el general Juan Arévalo Gardoqui. Lo hizo exclusivamente con el deseo de manifestarme su beneplácito y de reiterarme que el Ejército sería leal a mi gobierno hasta el último día de mi mandato.

Por la tarde de ese domingo recibí la visita de varios de mis colaboradores. El primero en llegar fue Francisco Rojas, quien dada su larga relación de amistad con Salinas de Gortari venía a expresarme, con toda autenticidad, su júbilo. Después fueron llegando prácticamente todos los que fueron precandidatos a la Presidencia de la República.

Vino Sergio García Ramírez a manifestarme su adhesión y comentarme el incidente relativo a su supuesto destape. Me explicó que en el curso de toda la noche entre sábado y domingo recibió muchos telefonemas; me detalló quiénes le hablaron y quiénes lo visitaron. Insistió en que en todo momento él conservó una clara conciencia de que solamente había dos personas que podían comunicarle su futura nominación: el Presidente de la República y el presidente del PRI, y que, como no recibió esos llamados, él se comportó con plena discreción. En pocas palabras, vino a decirme que él no había sido culpable del incidente.

Manuel Bartlett se presentó para manifestarme su adhesión, su lealtad y su disciplina. De igual manera lo hicieron Miguel González Avelar y Ramón Aguirre. Aparte de los precandidatos, me visitaron Bernardo Sepúlveda, Gustavo Petricioli y Fernando Gutiérrez Barrios. Vi con simpatía el acercamiento de estos colaboradores, pues lo sentí como una auténtica manifestación de adhesión.

Sé, sin embargo, que si otros no me buscaron ese día fue porque temieron ser inoportunos. En realidad, fuera de los precandidatos, lo que determinó la presencia de algunos fue la seguridad en sí mismos.

En ese contexto destacó la ausencia de Alfredo del Mazo, quien no vino a visitarme sino hasta el día siguiente, temprano en la mañana. Alfredo también quiso manifestarme su disciplina y lealtad, así como explicarme los motivos de su equivocación. Desde luego, se encontraba profundamente abochornado por lo ocurrido.

En los días posteriores pude apreciar cómo la gran mayoría de los que fueron precandidatos lograron superar la situación. Manuel Bartlett manifestó su aplomo y profesionalismo; no he tenido de su parte ninguna demostración de resentimiento.

Sergio García Ramírez y Miguel González Avelar han actuado impávidamente, como no dándose por enterados de que habían sido precandidatos.

Ramón Aguirre al principio estuvo tristón, desanimado, pero se compuso con rapidez. El que Salinas lo haya invitado a comer un día y a tomar unas copas otro y, sobre todo, el que haya invitado a uno de sus hijos a participar activamente en la campaña en el Distrito Federal han bastado para contentar a Ramón Aguirre, quien de nuevo trabaja sin ningún problema.

El que no pudo recuperarse fue Alfredo del Mazo. El viernes 23 de octubre vino a decirme que no quería seguir ejerciendo sus funciones como secretario de Estado, pues ya no se sentía capacitado para ello. Se encontraba profundamente desanimado. En ese momento yo consideré que, si lo impulsaba, saldría adelante. Le sugerí que tomara unas vacaciones, convencido de que con darle cierto tiempo recobraría el aliento suficiente para enfrentar su situación.

Al volver de su viaje, Alfredo insistió en que ya no se sentía con la capacidad de ejercer su función como secretario de Estado, porque, según él, la gente ya no le hacía caso. Esto naturalmente denotaba una situación más psicológica que real. Hablé con él, le traté de hacer ver que el cumplimiento de una tarea, por sí mismo, conlleva una satisfacción. Pero él no respondía, no tomaba aire, no se animaba.

También me reiteró que su familia había resentido mucho lo ocurrido. Por ello me pidió, y tuve que acceder, que le diera una salida a través de una embajada.

Para mí también era un problema tener una secretaría acéfala.

Reflexionar sobre lo que le ha ocurrido a Alfredo es doloroso para quienes lo estimamos. No puede negarse que su acción entre el sábado 3 y el domingo 4 de octubre fue un grave error político; no solamente actuó de manera desbocada, sino que lo hizo públicamente. Yo puedo entender que, en cierto momento, haya creído que la designación se inclinaría a favor de Sergio García Ramírez, pero lo que no resulta comprensible es que lo haya manifestado mediante boletines de prensa y de viva voz en el radio.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.