Quinto Informe de Gobierno: momento de optimismo

"MES: SEPTIEMBRE"

TRADICIONALMENTE SE HA DICHO QUE EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA llega a su Quinto Informe de Gobierno con la fuerza acumulada durante su gestión, aunada al poder que le da la proximidad de la nominación del candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Esta fortaleza presidencial en el quinto año de gobierno es un fenómeno complejo. Tiene que cimentarse en factores objetivos que den al país bases para sentirse más optimista y prestigien al Presidente, pero adicionalmente su fuerza se ve incrementada en forma deliberada como resultado de los hábitos políticos de nuestro sistema. Esto es, que los distintos grupos sociales muestran adhesión al Presidente de la República, pues desean que éste tenga el poder necesario para evitar que la sucesión presidencial se le salga de las manos, ya que todos reconocen que ello equivaldría a generar fracturas dentro del sistema político, dentro del parti- do y dentro del país.

Todos desean evitar los conflictos que puedan romper la cohesión nacional o, incluso, alterar el proceso de toma de decisiones. En suma, la idiosincrasia política mexicana exige un Presidente fuerte durante el quinto año de su gobierno. Existe, sin embargo, una minoría que, como en toda familia, desea que haya bulla, acción, movimiento, agitación.

Por ello, algunos personajes políticos, cuando sienten que el quehacer político se está dando de manera tranquila, hablan de falta de vitalidad social. Estos individuos son por naturaleza y vocación agitadores y, como todos dentro de la sociedad, también tienen un papel.

Nosotros evaluamos la intensidad, la forma y la oportunidad de sus comentarios y de sus acciones. Cuando sentimos que cobran cierto vuelo, actuamos para evitar que una tendencia minoritaria se vuelva mayoritaria. Así entiendo el intento de la Corriente Democrática encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo de trastocar el proceso de la sucesión presidencial.

El Quinto Informe de Gobierno, como todo informe, buscó reflejar y responder a lo que podría denominarse los sentimientos de la nación, así como crear un clima a futuro. En dicha ocasión partí de la apreciación de que existía en la sociedad un ánimo ascendente. Se reconocía el éxito relativo de mi gobierno, dadas las gravísimas situaciones por las que habíamos atravesado.

En el terreno económico había una tendencia a la recuperación, que hacía tolerable la persistencia de la inflación. Esto es, que la economía no era juzgada exclusivamente en términos de la inflación, sino también de otros indicadores, y que el balance era positivo.

En el terreno político se nos reconocía que, pese a las dificultades vividas, el país se desarrollaba en paz y libertad, y que se había mantenido y aun acrecentado el poder del gobierno.

Nuestras explicaciones habían calado, recuperándonos legitimidad. Habíamos trabajado con un cuchillito de palo hasta dejar una huella; habíamos horadado piedras, cambiando brocas cuando éstas se rompían. Esa perseverancia había cuajado. La penetración del lenguaje presidencial era tal, que con frecuencia se oía en voz de otros.

La sociedad empezaba a admitir los cambios que a principios de este sexenio no quería entender o que incluso le causaban repulsión. Las razones de nuestras acciones eran aceptadas, como consecuencia de los hechos, el diálogo y la publicidad. Por ejemplo, el rechazo unánime e irreflexivo, tanto de la derecha como de la izquierda, a las reformas constitucionales que en materia económica propuse en diciembre de 1982 se había revertido ahora en consenso: las habíamos acreditado en el curso de cinco años.

Este caso ejemplifica cómo la derecha y la izquierda extremas no supieron aprovechar los espacios que el desprestigio y la deslegitimación en que encontré al gobierno crearon a su favor. No solamente no ampliaron sus ámbitos de pensamiento y acción, sino que los perdieron. El gobierno del PRI demostró ser el gran centro capaz de mantener a las minorías en los extremos.

Al hacer un prebalance de mi gobierno y evaluar sus esfuerzos y logros, también realicé un inventario mental de las áreas que más se han resistido al cambio. Ellas son: en primer lugar, los partidos políticos, pues la inercia de sus hábitos e idiosincrasias los hace impermeables. El PRI se ha modificado más que los de derecha e izquierda, pero desde luego en forma insuficiente. En segundo lugar, el movimiento obrero, cuya resistencia a modernizar sus ideas y organización es casi total. En el tercer sitio estaría el sector educativo, cuyos componentes -maestros, instituciones y universidades- son reacios al cambio. Trabajan y viven en la cultura de la impunidad. Luego, viene la prensa, que sigue igual de corrupta, amarillista y superficial. Finalmente, está la burocracia relacionada con la procuración de justicia, en la que policías y jueces parecen incapaces de superar viejos hábitos.

Con el Quinto Informe de Gobierno procuré fortalecer el ánimo positivo de la sociedad, a fin de que el candidato del PRI a la Presidencia de la República pueda apoyarse en una espiral ascendente. Usé el informe para crear una plataforma adecuada a la campaña política en ciernes. En lo político, mi meta es llegar a la sucesión presidencial con un gobierno acreditado y un sistema político cohesionado y fuerte. En el terreno económico y social busqué recoger el mejor ánimo e incrementar las expectativas.

Con estas ideas en mente, reiteré, lo largo de todo el discurso, el sentido y la importancia de la renovación nacional. Procuré, en la introducción del informe, acentuar y proyectar, de manera consciente, los logros de mi gobierno. Por eso empleé reiteradamente palabras como proeza, perseverancia, firmeza, serenidad, claridad. También intercalé en el informe un apartado denominado "Grandes líneas de estrategia", en el que hablé del avance en los cambios propuestos.

Finalmente, en el mensaje político aclaré aquello que a todos angustiaba: mis metas para el sexto año de gobierno. Dije que en esa última etapa buscaría consolidar lo ya iniciado, sin caer en la tentación de hacer todo lo que no se había logrado en el curso del sexenio. Esto es, que mis metas serían cualitativas y no cuantitativas. No es que desconozca lo mucho que falta por hacer, pero no creo que el último año deba ser una carrera desbocada con el fin de dejar una huella específica. Yo considero que ya dejé mi marca, que ya cumplí. Esto es importante para mí mismo; me da la tranquilidad de espíritu necesaria para dedicarme a consolidar la renovación nacional que inicié.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.