Situación económica: persistencia de la inflación

"MES: JULIO"

AL TERMINAR EL PRIMER SEMESTRE DEL AÑO, el Banco de México informó que la inflación acumulada desde diciembre, medida por el índice de precios al consumidor, era de 45.9%. Lo más grave es que la inflación va en aumento. Medida como el crecimiento de los precios en los últimos 12 meses, llegó a 113.7% en marzo, 120.9% en abril, 125.0% en mayo y 126.7% en junio.

Si bien la inflación es resultado en buena medida de la inercia, la alimentan los mismos factores que impulsan la recuperación económica. La principal complicación para la economía es la alta liquidez provocada por la monetización excesiva de reservas, resultado de los extraordinarios flujos de divisas que los inversionistas ingresan al país.

En el curso del primer semestre de 1987 han regresado aproximadamente 3 000 millones de dólares. Algunos capitales se remitieron a especular en la Bolsa de Valores, otros fueron a dar a los bancos o sirvieron para abatir el endeudamiento externo de las empresas, y otros más se utilizaron como capital de trabajo. De cualquier forma, significaron mayor poder de compra de la producción nacional, sin que ésta hubiera aumentado en ese lapso.

Nuestra preocupación respecto a la inflación ya nos había llevado a un ejercicio apretado del presupuesto. A finales de marzo recortamos el gasto público. El gasto corriente, excluyendo intereses, se mantenía por debajo del registrado un año antes, medido sin inflación. En abril suspendimos todo gasto de capital, específicamente en obras públicas.

Estudiamos la posibilidad de comprar barata nuestra deuda, con el deseo de reducir así su servicio y las obligaciones a futuro. Esto no es fácil, porque las reservas internacionales pertenecen a la nación y no al gobierno.

Finalmente, abrimos la válvula de presión al acelerar la apertura comercial con el exterior. El 20 de julio se anunció que se derogaba la aplicación de precios oficiales de importación en 528 fracciones aduaneras, y que en las 55 restantes esta práctica también se eliminaría a partir de diciembre de 1987. Ese mismo día se dio a conocer que se suprimía el requisito de permiso previo en 72 de las fracciones arancelarias en las que aún se conservaba este control cuantitativo de las importaciones.

La liberalización comercial ayudaría a combatir la inflación, al complementar las políticas económicas dirigidas a reprimir la demanda de bienes y servicios de la economía, en tanto los precios de los productos del exterior, fijados en el mercado internacional y expresados en moneda nacional, tendrían un efecto regulador sobre los precios internos. Esto es, que los productos mexicanos no podrían costar más que los de origen extranjero, pues ello los pondría fuera del mercado.

Conscientes de que la liberalización comercial exige una gran sincronización con el ritmo de desliz del peso, el nivel de las tasas de interés y la determinación de los salarios, hicimos los ajustes necesarios. Hubo que tocar todas las teclas: política de ingresos, de gasto, cambiaria, salarial, etc. Se trató en realidad de un paquete antiinflacionario y no de una medida aislada.

Nuestros actos provocaron enérgicas reacciones de reclamo por parte de los grupos sociales que se veían más afectados en sus intereses, sobre todo algunas agrupaciones de industriales y organizaciones obreras. Estos sectores temían que la entrada más libre de las importaciones al país pusiera en serios aprietos a los productores mexicanos, quienes podrían perder sus mercados internos, quizá hasta llegar a la situación extrema de verse precisados a cerrar sus establecimientos, con la consecuente desaparición de fuentes de ocupación para los trabajadores.

Nuestra respuesta consistió en señalar que la apertura comercial evitaría que el mercado interno estuviera cautivo, lo que contribuiría a que los empresarios mexicanos buscaran orientar más sus ventas al extranjero. Asimismo, la disponibilidad en el país de ciertos insumos importados de mejor calidad y costo que los correspondientes de fabricación nacional podía favorecer el desarrollo de empresas exportadoras eficientes, las cuales en ese momento se veían impedidas para alcanzar los estándares de calidad y precios internacionales en los casos en que los insumos nacionales resultaban insatisfactorios.

La proliferación de compañías mexicanas exportadoras y la diversificación resultante de las exportaciones mexicanas traerían a la economía nacional mayor estabilidad, pues las actividades productivas no dependerían únicamente de la demanda interna. Además, la mayor competencia de los productos mexicanos con los del extranjero coadyuvaría a acelerar la modernización tecnológica de la industria nacional.

Atrás de todos los argumentos había miedo de parte de los empresarios de que el gobierno tomara medidas bruscas, “de choque”. Pronto vieron que éste no era el caso. Los obreros armaron bullicio, porque de eso viven: si los líderes no se movieran, sus bases no se sentirían representadas.

A ambos grupos les aclaré que la situación económica del país me exigía hacer ajustes todos los días, según se movieran los diversos factores que la componen. Es imposible saber por adelantado lo que va a ocurrir y preparar un esquema rígido. Al contrario, según van ocurriendo las cosas, voy abriendo y cerrando válvulas.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.