Empresarios: sucesión en el Consejo Coordinador Empresarial

"MES: MAYO"

El 22 de mayo, en el avión, cuando regresaba de inaugurar la LI Asamblea General Ordinaria de la Confederación Nacional Ganadera en Mérida, Jacobo Zaidenweber me platicó que ya estaba todo arreglado para que el próximo presidente del Consejo Coordinador Empresarial fuera Juan Sánchez Navarro.

Este comentario supuestamente era un corolario a una plática anterior en la que me habían preguntado qué características me gustaría que tuviera el nuevo dirigente del CCE, a lo que yo había respondido que deseaba que fuera alguien ideológicamente moderado, a fin de hacer fácil el diálogo durante la sucesión presidencial. Había señalado entonces que no quería radicalismos, y menos todavía a un partidario conocido de Acción Nacional.

Para cuando Zaidenweber me hizo el comentario en el avión, yo tenía conocimiento de que la terna había estado compuesta por Nicolás Madahuar, propuesto por el Grupo Monterrey y a quien Andrés Marcelo Sada quería usar como títere, y por Silvestre Fernández y Juan Sánchez Navarro, ambos de la Concamin. Este último grupo presentó dos candidatos, alegando que tanto la Coparmex como la Concanaco y el Grupo de Hombres de Negocios ya habían colocado a alguno de sus miembros en la presidencia del organismo cúpula.

Respondí al comentario de Zaidenweber preguntando si ya se le habría quitado lo doctrinario a Sánchez Navarro, lo que llevó a mi interlocutor a preguntarme por qué lo calificaba así. Contesté que aunque Sánchez Navarro es un hombre muy respetable, en ocasiones era poco pragmático. Añadí que se orientaba por ideas preconcebidas con las que yo no coincidía, aunque desde luego respetaba…

Zaidenweber entendió y a los tres días me informaron que en realidad la designación recaería en Agustín Legorreta, quien antes había sido descartado por considerarse que no había sabido defender la banca durante su nacionalización, por dirigir una de las malqueridas casas de bolsa y por ser amigo del Presidente. Esto último era desde luego una exageración, pues mi “amistad” con Legorreta derivaba de cuando trabajé en el sector financiero. El hecho es que sí me pareció un candidato más adecuado, porque a diferencia de Sánchez Navarro, es un hombre joven interesado en cuidar su futuro.

Antes de tomar posesión, Legorreta me explicó que se sentía obligado a señalar en su discurso inaugural que la nacionalización de la banca había sido un error y una injusticia. Le respondí que si su afirmación era moderada, mi respuesta también lo sería, pero que si enfatizaba demasiado el asunto, yo también tendría que hacerlo.

Otro incidente que ilustra la forma en que fui arredrando a los empresarios tuvo lugar con motivo de la inauguración de la asamblea anual de la Concanaco en Chihuahua, el 18 de mayo. En dicha ocasión, y como respuesta a los silbidos que en las asambleas anteriores habían dirigido al secretario de Comercio y Fomento Industrial, Héctor Hernández, decidí no asistir.

Ellos me pidieron, por conducto de Emilio Gamboa, que enviara en mi lugar al secretario de Turismo, Antonio Enríquez Savignac. Mi respuesta fue que, como no estaba dispuesto a jalarle el tapete a Héctor Hernández, mandaría a uno de sus subsecretarios. Finalmente, acepté darles una reunión de trabajo en Los Pinos, a la que llegaron más moderados.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.