Negociaciones salariales: salarios mínimos y movimiento obrero

"MES: ABRIL"

EL 8 DE ABRIL, 37 000 TRABAJADORES DE TELÉFONOS DE MÉXICO iniciaron su huelga, pese a que horas antes el gobierno había requisado la empresa. Al momento de estallar la huelga, el sindicato de la empresa se encontraba negociando con ésta el contrato colectivo de trabajo, mismo que vencía el 25 de abril.

Los trabajadores pretendían obtener 87% de incremento salarial, así como el 23% correspondiente a los salarios mínimos acordados en enero y 20% por el aumento correspondiente a abril. Al no lograr el apoyo de los demás trabajadores de las empresas paraestatales y ser presionados por el gobierno mediante la requisa y por la sociedad debido al mal servicio, desistieron de su huelga el 16 de abril, y aceptaron un incremento de 38% por revisión de contrato, 18% por el aumento de abril a los salarios mínimos y 2% en prestaciones.

En general, las revisiones de los salarios mínimos y contractuales realizadas en marzo y abril fueron tensas, porque la relación con el movimiento obrero se encontraba tirante desde el 3 de diciembre pasado, cuando Fidel Velázquez propuso la revisión mensual de salarios.

A principios de marzo, el Sindicato Mexicano de Electricistas y otras 30 empresas demandaron un aumento salarial de 23%, amenazando para lograrlo con lanzarse a la huelga. En realidad, sólo el Sindicato Mexicano de Electricistas y la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores se fueron con la finta y suspendieron sus labores. La huelga de los electricistas fue declarada inexistente por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, lo que creó un ambiente lleno de tensiones y obligó al Congreso del Trabajo a manifestar que tal acción era un duro golpe al movimiento obrero y un precedente funesto para las negociaciones laborales subsecuentes.

Pudimos resolver con cierta facilidad las cosas gracias a las viejas discrepancias entre el SME y el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, que nos permitieron sacar a relucir, con toda mala intención, el tema de la liquidación del SME, pendiente desde 1967.

Durante las negociaciones con los telefonistas, el gabinete económico ofreció un incremento de 7 500 pesos mensuales a todos los trabajadores por contra- to, y ellos no aceptaron. Farell y Salinas ofrecieron ese dinero sin consultarme, así que cuando Hernández Juárez se negó a aceptarlo, hice que retiraran la oferta. Yo no quería que se fijara un monto determinado igual para todas las negociaciones contractuales. Mi propuesta consistió en aumentar los salarios mínimos en alrededor de 20%, y dejar la negociación contractual abierta. Así fue como se estableció finalmente, lográndose conjurar casi todas las huelgas.

La dirigencia obrera nacional solicitó aumentos salariales y nos presionó con emplazamientos a huelga, porque la intensidad de la inflación lo hacía necesario. Dimos los aumentos salariales, pero no aceptamos amarrar los salarios contractuales con los mínimos. Tampoco permitimos huelgas en empresas públicas estratégicas.

Estos episodios causaron malestar tanto a los obreros como al gobierno, pero no alteraron nuestras relaciones de fondo, ni significaron realineaciones dentro del movimiento obrero.

El desempeño del presidente del Congreso del Trabajo y líder de los telefonistas, Francisco Hernández Juárez, fue, a juicio del movimiento obrero, acelerado. Su objetivo era lograr un liderazgo destacado, fuerte. Falló su gambito, pero logró consolidar su situación dentro del sindicato de telefonistas.

Yo me di cuenta de ello el primero de mayo, cuando aprovechando que estuvimos juntos durante el desfile obrero, Hernández Juárez me manifestó su agradecimiento por la forma en que se había desarrollado la negociación dentro de su sindicato. Al escucharlo, me pregunté para mis adentros en qué habíamos cedido de más.

Posteriormente, el director de Teléfonos de México, Emilio Carrillo Gamboa, me explicó que si el gobierno se hubiera empeñado en darle un porcentaje me- nor al aumento salarial, el sindicato hubiera tirado a Hernández Juárez. En un primer momento, la alternativa les pareció atractiva tanto a Emilio Carrillo como al mismo Farell. Sin embargo, después de preguntarse quién podría sustituir a Hernández Juárez, y de pensar en la agitación que esto podría traer, decidieron apoyarlo. Así, de manera deliberada, decidieron darle uno o dos puntos arriba de lo estrictamente necesario, lo que le permitió afianzarse.

Como nota al margen, el relevo de Emilio Carrillo de la dirección de Teléfonos de México, y su nombramiento como embajador en Canadá respondió al deseo que en ese sentido me externó. Él me lo pidió en febrero, pero yo le dije que tenía que esperar a que pasara la revisión de los contratos colectivos de la empresa.

Ante el deterioro del poder adquisitivo de los salarios, la meta política que nos propusimos para 1987 consistió en mantener los salarios reales. Por eso aceptamos hacer revisiones trimestrales de los salarios mínimos y, en forma alterna, revisión de los salarios contractuales.

No creo que este ajuste salarial desquicie nuestro combate general contra la inflación, porque no creo que en este momento el salario sea un componente determinante. Existe una inflación inercial de costos, dificilísima de quebrar. Nos encontramos en una situación en que las tasas de interés reciclan el déficit público, potenciándolo como factor inflacionario.

Algunos editorialistas criticaron la actitud de los trabajadores durante el desfile del primero de mayo, señalando que había una clase obrera tan debilitada que ya ni siquiera protestaba. La explicación de que ni las marchas independientes fueran concurridas se encuentra en que los trabajadores han dado prioridad al mantenimiento del empleo y la planta productiva, y han logrado su objetivo.

Por otro lado, las negociaciones salariales reales son tolerables y existe una política social que hace posible sobrellevar esta etapa de crisis.

Yo creo que a pesar de las deficiencias de la política de comunicación social, la gente ha entendido qué es la crisis y cuáles son las políticas que aplicamos. Además, es innegable que el excedente de mano de obra hace que los sindicatos pierdan fuerza.

Finalmente, también podría mencionarse que el liderato obrero ha comparado la situación por la que atravesamos nosotros con aquella que viven otros países latinoamericanos. Baste recordar que ya desde hace un año Fidel Velázquez reconocía que no saldríamos de esta crisis en menos de una década.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.