Ecologistas: lucha contra la nucleoeléctrica de Laguna Verde

"MES: FEBRERO"

El 13 de febrero los titulares de la SEMIP, Alfredo del Mazo, la Sedue, Manuel Camacho, y la CFE, Fernando Hiriart, se reunieron con los representantes de todos los grupos ecologistas y acordaron que no se cargaría el reactor de la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde hasta agotar las conversaciones respecto al peligro que ésta representa. Para entonces la construcción de la nucleoeléctrica, dividida en unidades 1 y 2, tenía un avance en la primera de 98.3%, y en la segunda de 47.1 por ciento.

México hizo su incursión en el uso de la energía nuclear en la segunda mi- tad de los años sesenta. A ello contribuyeron varios factores. Uno fue la preocupación del sector energético por la declinación de las reservas petroleras nacionales ante un consumo creciente de productos petrolíferos, lo que hacía aconsejable buscar nuevas fuentes de energía que contribuyesen a disminuir la dependencia del país respecto de los hidrocarburos.

También fue significativa la campaña de promoción de la energía nuclear realizada por el Organismo Internacional de Energía Atómica, que publicó estudios de planeación energética para varios países en vías de desarrollo, entre ellos México, en los que se asignaba un papel importante a la energía nuclear de fisión para satisfacer las necesidades pronosticadas de electricidad en lo que resta del siglo.

En 1968 se seleccionó, de entre 14 posibilidades, la zona geográfica de Laguna Verde, situada en la costa del Golfo de México, a 70 kilómetros al noroeste del puerto de Veracruz y a 60 kilómetros al noreste de la ciudad de Jalapa, en el municipio de Alto Lucero. Se escogió este sitio principalmente por la disponibilidad suficiente de agua de enfriamiento, que se tomaría del mar; la facilidad de acceso de piezas muy grandes y pesadas, como la vasija del reactor, que se harían llegar por vía marítima, y la relativa cercanía de los principales centros de consumo de energía eléctrica.

Las vicisitudes del proyecto, cuya construcción empezó en 1973, hicieron que en varias ocasiones el gobierno evaluara la conveniencia de continuarlo. La decisión de seguir adelante se apoyó en la convicción de que la energía nuclear representaría para México una diversificación oportuna de sus fuentes energéticas de primer orden y la oportunidad de que el país ingresara en “la revolución tecnológica de nuestro tiempo”.

Sin embargo, fue en 1986, cuando se iniciaron las pruebas preoperacionales, que diversas fuerzas sociales, partidos políticos, agrupaciones ecologistas, grupos científicos y numerosas comunidades veracruzanas generaron un nutrido debate respecto a la conveniencia de cargar el reactor de la nucleoeléctrica de Laguna Verde. Ello se debió, en parte, a los accidentes de los últimos años en los países desarrollados, particularmente el ocurrido el 26 de abril de 1986 en Chernobyl, en la URSS.

Este accidente, que se resintió en países que se encontraban a más de 2 000 kilómetros de distancia, se debió a errores humanos, lo que hizo cuestionable la confiabilidad de los dispositivos de seguridad que supuestamente detectan a tiempo este tipo de fallas.

Aparte de los problemas de seguridad, que hoy se suponen superados por la existencia de nuevos sistemas, también se ha cuestionado mucho el costo del proyecto. Éste ha sido, en efecto, muy elevado, de alrededor de 2 191 millones de dólares. Una termoeléctrica de la misma capacidad —1 300 MW— hubiera costado aproximadamente 844 millones de dólares. Sin embargo, si se suman los costos de operación y mantenimiento, el resultado neto es que el costo total de generación de energía eléctrica en Laguna Verde será similar al de una termoeléctrica convencional, esto es, cerca de 5.6 centavos de dólar por kilovatio/hora.

En fin, siempre se supo que el costo de inversión era altísimo, pero que éste se compensaba con los bajos costos de operación y mantenimiento. El gasto está hecho, por lo que no será esto lo que determine si debe o no operarse Laguna Verde.

Nuestra decisión de continuar con el proyecto es firme. La necesidad de desarrollar tecnología nuclear en México no puede ser pospuesta. No podemos que- mar nuestro petróleo para ampliar el suministro eléctrico, y desgraciadamente no tenemos posibilidades hidrológicas para crear electricidad.

La resistencia al proyecto puede llegar a crear un movimiento de gran envergadura, pero será como en todo el mundo: los ecologistas se tirarán al suelo, armarán manifestaciones y pintarán muros, pero su movimiento no cobrará dimensión nacional.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.